El pasado 20 de septiembre salió en el diario El País un artículo sobre el calamitoso estado de conservación e incluso de ruina inminente y demolición a la vista de la casa Vallet (en la calle de Belisana nº 5, de Madrid), obra del arquitecto José Antonio Coderch.
Hace cuatro años y medio mi compañero David García-Asenjo escribió este artículo en el que ya se temía lo peor para la malhadada casa.
Viendo la foto que acabo de poner, la verdad es que se le quitan a uno las ganas de todo, y ya solo desea que la tiren de una maldita vez y la dejen morir en paz.
La casa nunca tuvo suerte, y desde su terminación su autor renegó de ella porque se introdujeron demasiados cambios en obra. No obstante, a pesar de todo eso aún tenía muchas condiciones para ser apreciada y admirada, y para enseñarnos muchas cosas a los arquitectos y a los ciudadanos en general.
¿Qué queda de todo ello? Unos paños sencillos, demasiado sencillos en un barrio de casas ricas y lujosas, y que, con la desidia, la inopia y el odio habituales en este tipo de casos, han quedado como sencillamente cutres y cochambrosos.