Introduje mi anterior entrada contando un episodio de un escritor insoportable para mí que escribió un prólogo a un libro sin hablar de ese libro, sino de uno que había escrito él sobre el mismo tema. Pues bien, todos conocemos gente así de toda edad y condición, de todo lugar, profesión y pelaje, pero en la sacrosanta arquitecturidad es algo que se da muy especialmente. Y es que tenemos que tener siempre presente que nuestra profesión es muy de artista y de querer llamar la atención.
Me acaba de volver a pasar: un homenaje a un viejo arquitecto en el cual quienes decían unas palabras no lo hacían en honor del compañero (y en cierto modo maestro), sino en el suyo propio. Hay muchísima gente que solo sabe hacer autohomenajes.
A esa actitud permanente e insufrible de "el guapo soy yo", "el listo soy yo", "quien tiene que destacar a toda costa soy yo" la acompaña, lógicamente, un estilo verborreico pasmoso. Se trata de que nadie entienda nada. Se trata de decir "heliotropo" siempre que se pueda, sea eso lo que sea.
Nota: He buscado una palabra sorprendente en el fondo de mi memoria y me ha salido eso: "heliotropo". No sabía qué podía ser. Me podía sonar más o menos a "bicho vegetal" o algo así. He buscado una imagen en Google y me ha salido esta:










