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lunes, 26 de agosto de 2019

En mi hambre mando yo

(A Antonio y a Ekain, naturalmente).


El otro día mi amigo Antonio Esteban Hernando, estupendo arquitecto y pintor, ha puesto en su muro de Facebook esta foto con este texto:


Hoy he visto uno de los silos manchegos "decorados" por artistas urbanos. Lo que me temía.
No tengo nada en contra de estos artistas, pero eso de convertir estos magníficos edificios en "lienzos" me produce vergüenza ajena.
Demuestran una incultura y una falta de sensibilidad y de respeto por el patrimonio realmente lamentable.
Y lo peor de todo es que lo quieren vender como iniciativa cultural e integradora.
Qué pena, cómo duele ver estos gigantes desprovistos de la nobleza de su arquitectura que es digna y sobradamente expresiva por su rigor, sencillez, austeridad y potencia plástica.
Los han rebajado a la categoría de trapo pintable, de gran camiseta decorada a mano.
Siempre he considerado que una pintura de cualquier técnica, tamaño o valor debe empezar por conocer y analizar el soporte en el que se va a apoyar, aunque sólo sea por aprovechar al máximo sus posibilidades. Aquí no ha habido nada de eso. Las formas arquitectónicas, el sustrato constructivo del soporte no importa, se desprecia. Seguro que estas características del edifico les han resultado más un estorbo que un estímulo plástico.
Me avergüenzo, como arquitecto, como pintor y como castellano manchego de adopción.

Esta denuncia tan dolida y lúcida ha tenido muchas respuestas. A mucha gente le ha indignado que vandalicen de esa forma obras tan características y magistrales, que marcan, con las iglesias, los modestos skylines de nuestros pueblos, y en la mayoría de ellos son los únicos ejemplos de arquitectura racionalista y moderna.

Como bien dice Antonio en uno de los comentarios a su hilo, ¿consentiríamos que unos "artistas urbanos" hicieran uno de esos bellos murales en alguno de los paños de la catedral de Toledo? ¿Consentiríamos que se lo hicieran a un palacio renacentista o barroco cualquiera, incluso al menos importante? ¿Por qué a una obra inscribible en el Movimiento Moderno sí se puede?

Y, como también dice, ¿el "artista urbano" del ejemplo de arriba se ha tomado la molestia de analizar los relieves que forma la estructura en fachada, los ritmos de los pilares, la cornisa? En absoluto: Ha pintados sus esqueletos como le ha dado la gana. Le importa todo un pito. Todo salvo su estúpida y grosera pintada. Nadie ha merecido la pena antes que él. Nadie ha hecho nunca nada digno de atención antes que él.

domingo, 29 de mayo de 2011

Las manos (2)

Siguiendo con mi interpretación libre, y esta vez apoyado en el libro de Salvador de Madariaga Retrato de un hombre de pie, voy a comentar hoy un aspecto de las manos que, por otra parte, comparten muchos autores: La inteligencia está en las manos. O, mejor dicho, hay una inteligencia de las manos, y a su vez la del cerebro despertó por las manos.
La evolución nos hizo erectos. De la postura cuadrúpeda pasamos lenta y fatigosamente a la bípeda, y nos encontramos de pie, dominando la vertical, oteando el horizonte desde una altura algo mayor que a cuatro patas. Y, sobre todo, nos encontramos con dos extremidades que ya no nos servían para andar, que estaban de más.

Pero, igual que nunca se tienen armarios de más en una casa, y que tengamos los que tengamos siempre los tendremos llenos, tampoco sobra nunca una mano en la naturaleza. La excedencia de las manos "deambuladoras", su vacación, provocó su reconversión en manos "agarradoras", y más tarde en manos "hábiles". Se habla con gran naturalidad de la forma como el pulgar se fue desplazando hasta oponerse a los otros cuatro dedos y así hacer pinza con ellos. No debió de ser cosa de un fin de semana, pero lo cierto es que tal evolución fue posible porque las manos estaban de más, y la Naturaleza, como el padre de unos amigos míos cuando éramos pequeños, no puede consentir que nada ni nadie esté sin hacer nada.
Así, la estúpida mano cuya única función era apoyar los nudillos en el suelo, pasó a ser la gran estrella del ser humano: su herramienta.
La mano podía agarrar una piedra y lanzarla, tomar un palo y golpear. Eso lo hacen algunos primates evolucionados.
El hombre de pie, vertical, dominador, se encontró con que tenía manos secretarias, ayudantes. Y de agarrar un bulto y tirarlo pasó pronto a pelarlo, a rasparlo, a hendirlo... A construir útiles. Así sus manos llegaron a ser herramientas que fabricaban herramientas.
La mano útil y trabajadora, artesana, artefáctica, es inteligencia pura. Me dispongo a meter un palo en un panal para sacarlo lleno de miel, y resulta que no entra. Entonces, sin pensar, quiero decir sin pensar con la cabeza, sino pensando con las propias manos, lo afilo, lo rompo, lo astillo. Pruebo hasta que su extremo, o una protuberancia, o una ramificación de él, entre donde yo quiero. De ahí a los aipods, emepecuatros y microscopios no hay nada más que horas de vuelo y de rodaje, pero el principio generador es el mismo: la mano que no puede estar ociosa y que piensa.
Es una delicia ver trabajar a alguien que tiene habilidad manual, ver a las manos saberse su cometido y actuar con seguridad. Uno (que propende a la torpeza) se puede pasar las horas muertas viendo a un carpintero o a un cerrajero, por ejemplo.
Este famoso autorretrato de Lissitzky consta de un fotomontaje con su cara (de cuya calvicie tal vez no estuviera muy satisfecho, puesto que en todas las demás fotos suyas que conozco lleva gorra) y con su mano armada con un compás. Se nos muestra así, se reconoce así: cabeza y mano. (¿Cabeza pensante y mano ejecutora, o mano también pensante? ¿O mano más pensante aún que la propia cabeza, a juzgar por la primera fotografía?).