La identidad de tu padre se hace trizas y con ello se descompone una parte de la tuya. Es cuando te das cuenta de que la una no puede entenderse sin la otra. Y le miras a los ojos y llega la pregunta que lo cambia todo, la pregunta que pone tu existencia patas arriba: ¿quién hay ahí? Es tu padre, sus mismos gestos, su mismo timbre y tono de voz, su misma mirada pero habla otra persona, o parece hablar por boca de otra persona. Sí, técnicamente lo monstruoso es "aquello que no está en su propia naturaleza".
La última novela de Agustín Fernández Mallo me ha gustado mucho. Ya sabía yo (porque estas cosas se saben, se huelen) que iba a ser muy buena, pero es que es MUY buena.
Con su estilo intelectual y frío, con sus complejas ramificaciones rizomáticas, consigue llegar a un raro nivel de sentimentalismo que emociona. Y con una historia tan personal y autobiográfica consigue hacer que muchos nos reconozcamos. Yo, desde luego, me he reconocido, como él, como hijo que ha sido testigo del deterioro "monstruoso" de su padre.
Y me quedo con ese concepto de "lo monstruoso" para reflexionar sobre otras cosas. Todo fracaso, toda decrepitud, todo error, incluso todo dolor, pueden llegar a ser asumibles, pero "lo monstruoso" es inconcebible y es lo que nos desarma. Y "lo monstruoso" es, como bien dice Fernández Mallo, algo muy sencillamente definible: "aquello que no está en su propia naturaleza".
Monstruosa es una mente que ya no es la de la persona que conocemos y queremos; monstruosas son unas células que han perdido su código y su esencia y se están reproduciendo locamente en nuestro cuerpo, que parece que ya no es el suyo. Monstruoso es aquello que, sobre el dolor o el malestar que produce, es un disparate sin sentido, y eso es precisamente lo terrible.
Dicho lo cual, cambio bruscamente de tercio:



