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lunes, 13 de julio de 2026

Arquitectura para la gente

A Ekain Jiménez, que ha contado esta noticia en
Bluesky, y de quien he tomado la información.


Se ha convocado un concurso internacional de arquitectura para proyectar el Museo Nacional de Ecuador, y finalmente, entre 17 finalistas, ha ganado la idea de Alberto Campo Baeza + MAODA, titulada "Ecos del Sol".

Enhorabuena. Pero no mucha.

Nada más conocerse el fallo del jurado han saltado las opiniones de la gente, de los ecuatorianos llamados a disfrutar del estupendo museo nacional de su país [Tomo algunas de Instagram]:

domingo, 20 de mayo de 2018

Más gente normal

Hace unos meses escribí una entrada sobre los reyes de España, su forzado ambiente familiar y, sobre todo, su casa, a la que titulé "Gente normal".
Pues hoy toca hablar de más gente normal.
A la pareja protagonista de hoy le han dado palos por todas partes respecto a si tienen derecho o no lo tienen a comprarse la casa que se han comprado. Yo no tengo intención de discutir nada de eso. Vamos, es que ni me lo cuestiono. Pues claro que tienen derecho. Si se han comprado esa casa con su dinero lícitamente ganado, o con una herencia familiar o con cualquier otro medio justo y han pagado sus impuestos y han cumplido sus obligaciones nadie tiene nada que decir. Estaría bueno. (Aunque ellos lo dijeran de otros políticos: Allá ellos).

Estamos en un estado de derecho legítimamente constituido y sus políticos tienen las retribuciones legalmente establecidas. Si se compran una casa como si se compran un piano de cola. Eso es cosa de cada uno.

(Comenté esto en twitter y recibí alguna respuesta defendiendo que esta pareja sí podía pero los reyes no, y alguna otra en sentido contrario: que los reyes sí pero estos no. No estoy de acuerdo con ninguna de las dos posturas. Yo creo que son lícitos los dos casos y que dimanan de la estructura jurídica-democrática-política sobre la que se sustenta el estado español. La casa real tiene sus asignaciones presupuestarias y los políticos las suyas, y cada uno cumple con su función prevista por nuestro ordenamiento, así que no hay nada que decir).

Yo solo voy a mostrar la casa. Esto es un blog mayormente de arquitectura, y si me sorprendió para mal la casa de los reyes me ha sorprendido casi para peor esta casa.


Repito que se está hablando mucho sobre si una pareja de izquierda puede gastar tanto dinero, y repito que a mí eso no me importa. Lo que sí me importa es que unos líderes que propugnan un nuevo modelo de sociedad y una nueva estructura de dignidad del ser humano quieran esos cargaderos de madera, esos canecillos, ese pilar con esas zapatas de madera encima, esos chapados de piedra a modo de picatostes sumergidos en el chocolate, esa rueda de carro, esas sillas, esos pavimentos...

(NOTA.- Estas son fotos de la web que vende la casa, y los muebles y objetos decorativos son los de los dueños actuales. Los nuevos propietarios pondrán los suyos, pero dada la arquitectura de la casa, que les ha gustado, supongo que ellos están en esa onda y que lo que pongan seguirá una línea parecida).

martes, 30 de enero de 2018

Gente normal

Estos días los españoles estamos celebrando que nuestro rey cumple cincuenta años.
En esta tesitura le han grabado a la familia real un vídeo con el que de nuevo quieren convencernos de que son "gente normal". Comen lentejas, la niña se quema... Lo normal.

La infanta quemándose con las lentejas.

Yo no soy especialmente monárquico, pero tampoco antimonárquico. Lo que sí creo es que la monarquía es algo anacrónico y obsoleto. Me parece que en esto estamos todos más o menos de acuerdo, y que incluso los monárquicos defienden la institución por lo que tiene de simbólico más que por su utilidad práctica real. (O, dicho de otro modo, su utilidad práctica real es ser simbólicos).

Sin embargo -y a mi juicio erróneamente- desde hace muchos años, desde que se olieron la tostada y notaron su discutible encaje en una sociedad democrática moderna, todos los miembros, funcionarios y adláteres de la Casa Real se empeñaron en convencernos de que los Borbones eran "gente normal".
Pues bien: A mí no me parece bien que los reyes sean "gente normal". Creo que su única razón de ser es la de ser sublimes.
Para gente normal ya me quedo con mi tía Eduarda.
Yo quiero un rey, una reina, unas princesas, unas infantas y unos etcéteras simbólicos, magníficos, excelsos, óptimos, extraordinarios, admirables... de todo. De lo bueno lo mejor. Ese es el único sentido de su existencia, su única razón de ser.

En el aspecto político no deciden nada, no gobiernan, no mandan, pero la Constitución Española le da al rey la potestad de declarar una guerra. Ahí es nada. La decide el gobierno, pero quien le da forma, quien le da voz, es el rey.
Y así todo. El rey simboliza la unidad de la patria, la defensa de la nación, la estructura de la sociedad y hasta el mapa del territorio. El rey recibe a los campeones del mundial de fútbol y va a los entierros de las víctimas del terrorismo porque el rey es nosotros. El rey es yo, y yo, en algunas ocasiones, no quiero que me represente un político de carne y hueso, sino un ser etéreo, sublime, sobrehumano: mi rey.

lunes, 13 de febrero de 2017

Gente que

Gente que ríe.
Gente que juega.
Gente que experimenta.
Gente que propone.
Gente que arriesga.
Gente que hace el tonto.

Man Ray. Juliet y Margaret Nieman. 1945

Gente que se divierte.
Gente que busca.
Gente que investiga.
Gente que crea.
Gente que estudia.
Gente que construye.

El Lissitzky, Rascacielos horizontal. Estribanubes. 1924

Gente que lee.
Gente que trabaja.
Gente que estimula.
Gente que baila.
Gente que ama.
Gente que celebra.

Van Doesburg y Van Eesteren. Imagen arquitectónica. 1923

Gente que piensa.
Gente que canta.
Gente que mira.
Gente que escucha.
Gente que siente.
Gente que hace.


Matisse. Interior con berenjenas. 1911

martes, 5 de noviembre de 2013

Consumidores y consumistas

Ahora que se nos cae la política, que se nos cae la ideología, que se nos cae la cultura, la fe, la estructura... todo, la única certeza que nos queda es que vivimos en una sociedad de consumo y que el consumismo sigue siendo el rey de todo.
No nos damos cuenta, pero nosotros, que ya no somos (o apenas somos) ciudadanos, lo que sí somos es consumidores, que al parecer vale mucho más.
Los consumidores mandamos, y lo hacemos con un poder absoluto. No tenemos que dar cuentas a nadie. Somos soberanos por nuestro capricho, porque sí, porque nos da la gana.
No tenemos que justificar nada, ni explicar nada, ni tener razón. Somos los amos y podemos comportarnos, si queremos, como niños caprichosos. Podemos ser políticamente incorrectos, injustos, lo que queramos. Puedo dejar de comprar un champú porque no me gusta la cancioncilla de fondo del anuncio, y puedo comprar un modelo de zapatilla porque me encanta esa chica que la anuncia. Sí; ya lo sé: Los publicistas saben todo eso y nos manipulan. Ya. Pero démosle la vuelta a la idea.
En los albores de la publicidad se anunciaban las propiedades del producto anunciado. ¡Pardillos! ¿Veis ahora que algún anuncio explique cómo es lo que anuncia?
Just do it. La chispa de la vida. Be water, my friend. I'm lovin' it.
Pues por eso mismo. Saben que consumimos a ciegas, sí, pero también que consumimos a capricho, y temen que nuestro capricho les traicione y les deje con el culo al aire.

Dejemos esa idea ahí, fermentando o madurando, y mientras tanto veamos este fragmento de la planta sótano de un edificio de viviendas. Está sacado de un folleto de una oficina inmobiliaria. Es decir: Es así como pretenden vendernos un piso. Aparece el plano del piso y, al lado, el del sótano con la plaza de aparcamiento y el trastero que le corresponden.
No es un ejemplo especialmente torpe ni especialmente siniestro. Es bastante convencional. Es lo que hay.
¿Podéis mirar durante unos segundos la rampa y la plaza en cuestión? ¿Y el pilar? ¿Podéis imaginaros aparcando ahí?


Pues la gente lo compraba en un pispás en "los buenos tiempos". Siempre he pensado que muchos prestaban más atención a la compra de unos pantalones que a la de su casa.
La gente iba a las oficinas de ventas de las urbanizaciones los sábados o los domingos, cuando no había tráfico en la carretera, y se creían ciegamente lo que se les decía: que ese bloque de pisos en el Km 65 estaba a 15 minutos de Madrid. (Juro que lo he visto en una publicidad inmobiliaria de unos pisos de Ocaña (Toledo): a 15 minutos de Madrid. Ni en el Air Force One). Y se dejaban engañar sabiendo que les estaban engañando.
-A ver: ¿Usted de dónde viene?
-De Madrid.
-¿Y cuánto ha tardado?
-Una hora y cuarto, pero porque era domingo. Seguro que un miércoles a las siete y media de la mañana sí que tardo esos quince minutos.

El resto de su vida en un atasco. Ojos ciegos. Tampoco parecían darse cuenta de las enormes naves industriales que tenían justo enfrente, y que, por ser domingo, estaban cerradas y silenciosas.
De verdad: Un pantalón se lo prueban primero, y miran un par de ellos en un par de tiendas. Pero un chalet no. Ni un piso. El piso a que se refiere el dibujo de arriba ni lo enseño. ¿Para qué? También es muy "convencional". Lo que hay. Lo que se lleva.
(Por cierto: Tiene "cocina americana". Sigo sin saber lo que es eso. Yo he visto en la tele las cocinas de Bill Cosby, del Príncipe de Bel Air, de Las Chicas de Oro, de Los Simpsons, de Padre de Familia, de Dos Hombres y Medio, de Modern Family... ¿Qué es eso de "cocina americana"? Sheldon Cooper y Leonard Hofstadter la tienen integrada en el salón, sí, pero amplia y cómoda, no una especie de minibarra contra la pared y pegada al sofá).
El del edificio que estoy diciendo es un solar en el que hubo una casa "de pueblo" de dos plantas y patio trasero. Una casa. Una sola casa. Se derribó y ahora hay un edificio con sótano, tres plantas y "bajo cubierta", con un total de siete apartamentos. Siete.
Parece mentira que cumpla la normativa sobre pendientes de rampa, radios de giro, dimensiones de la plaza... e incluso parece mentira que los servicios técnicos del ayuntamiento respectivo dieran su informe favorable y los concejales pelaran cigalas a costa de esta promoción. Parece mentira. Pero lo que más mentira parece es que alguien la comprara. Lo más increíble de todo es que estuviéramos todos tan locos que compráramos ese tipo de cosas.