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domingo, 5 de julio de 2026

Fracaso de la arquitectura prescriptiva

Nota previa:

No tiene nada que ver con esta entrada, pero reparo en que hoy hace justo dieciséis años que estrené este blog, escribiendo esta primera y temerosa entrada con la que no me podía ni imaginar dónde iba a llegar. En este momento veo que el blog tiene 2.991.629 visitas desde su fundación. Muchas gracias a quienes venís por aquí de vez en cuando y lo leéis. Y, en general, me decís cosas muy gratas. (Justo me acaban de poner un comentario muy negativo y seguramente muy justo a una entrada de hace quince años. Me llama la atención que textos para mí ya olvidados, y algunos de ellos muy apresurados y muy poco rigurosos, sigan suscitando lecturas y opiniones. Es tremendo).

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En la película Qué verde era mi valle hay muchas escenas muy plásticas. Una de ellas es la de la salida de la iglesia en la boda de Angharad (Maureen O'Hara). El velo de la novia oscila con suavidad, y finalmente se eleva en vertical cuando ella se sube al coche. Una imagen muy poderosa y que a la vez da una idea de ligereza y evanescencia que combina extrañamente con la tristeza de la novia.

Algunos comentaristas celebraron la preciosa casualidad de la elevación vertical del velo justo en ese momento, y dijeron que John Ford tenía mucha suerte, pero hay al menos una entrevista (la he visto) en la que Maureen O'Hara explica que de suerte y de casualidad nada de nada: que Ford hizo colocar unos grandes ventiladores fuera de plano que produjeron ese efecto tal como él lo tenía previsto.

lunes, 9 de marzo de 2026

Peregrina paloma imaginaria

Borges señala(1) un fragmento de Jaimes Freyre que considera "poesía puramente verbal": es decir, pura forma sin significado:

Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.

Borges dice: "no quiere decir nada y a la manera de la música dice todo". Añade que él quisiera una poesía de compromiso entre la forma y el significado, pero no denigra esta. Su musicalidad le gusta mucho. Y yo añadiría que todos somos capaces de escribir algo con significado, de contar algo que nos interesa o preocupa, de decir algo que queremos decir, pero hacerlo estéticamente, bellamente, con una forma atractiva, está al alcance de muy pocos. Y, al fin y al cabo, no es la principal función de la poesía la de transmitir ideas y pensamientos, sino la de asociar palabras de una forma sonora y atractiva.

martes, 3 de marzo de 2026

En qué orden

En un famoso episodio de Los Simpson Marge le escribe una carta a Frank Gehry pidiéndole que diseñe un gran edificio para Springfield. El famoso arquitecto lee la carta con desinterés, la arruga y la tira al suelo. Pero cuando la ve hecha un burruño le gusta mucho su forma y decide hacer el proyecto que le piden. 


Es una broma, un chiste bastante ingenioso, ¿pero tiene algo de verdad? ¿Cómo proyectaba Gehry? ¿En qué orden iba tomando cada decisión y dando cada paso?

viernes, 14 de febrero de 2025

Arquitectura para la vida

A mis amigos, compañeros y maestros


En el año 1953 los arquitectos daneses Jorn Utzon (1918-2008) e Ib Mogelvang (1919-1993)(1) hicieron unos dibujos a mano alzada y los presentaron al concurso de casas baratas Skansa en Skane (Suecia).

Son dibujos muy buenos, muy agradables, muy cálidos y muy vivos, que aunque están pensadísimos dan una sensación de espontaneidad e inmediatez. Pero lo que muestran sobre todo es versatilidad. Mirad estas plantas:

viernes, 23 de agosto de 2024

Desprecio y veneración

He leído (en un grupo de Facebook de admiradores de Frank Lloyd Wright) que la Torre Price está cerrada, sin uso, y que el dueño está vendiendo las decoraciones interiores.

No conozco el grado de fiabilidad de esta noticia, que está sin contrastar y en la que no profundizo porque no me veo con fuerzas para entender todo el proceso (parece que el edificio está protegido e inventariado y que la Frank Lloyd Wright Foundation lo ha denunciado y las autoridades le están exigiendo al dueño que recupere los elementos que haya vendido hasta ahora). Lo que yo pretendo, a raíz de esta noticia, mejor o peor entendida por mi parte, es mencionar dos males de la arquitectura: el desprecio y la veneración.

jueves, 30 de noviembre de 2023

Objetos inconvenientes - El diseño de la crueldad

La artista provocadora e incomodísima Katerina Kamprani (katerina.kamprani en Instagram) ha diseñado unos cuantos objetos provocadores e incómodos a los que ha llamado Inconvenient Everyday Objets (Objetos Cotidianos Inconvenientes) que son tan bellos como insoportables, como dolorosos, como crueles.


miércoles, 14 de junio de 2023

Hay rabas y callos

El prodigioso pabellón de España de la Expo 58 de Bruselas, de los arquitectos José Antonio Corrales Gutiérrez y Ramón Vázquez Molezún, después de despertar el interés y la admiración de todo el mundo arquitectónico fue desmontado (es lo que pasa casi siempre en estos casos) y reimplantado en la Casa de Campo de Madrid, donde tuvo un papel poco destacado y acabó abandonado, maltratado y destrozado (algo que también suele pasar)(1).

Entre los intentos fracasados de uso, el desinterés y la vandalización, Juan Daniel Fullaondo contaba a menudo(2) una pequeña anécdota personal, pero que me parece muy gráfica: 

Fue a visitarlo a la Casa de Campo. Se adaptaba a la pendiente del terreno banqueándose sobre unos muros de ladrillo. Fullaondo dice que "algún ingenio local había perforado ese paramento, creando una especie de gruta, con un letrero pintado a mano con pintura negra sobre el ladrillo, que proclamaba orgullosamente bajo el bosque de capiteles exagonales: 'Hay rabas y callos a la madrileña'. A eso se llama sabor local".

martes, 17 de agosto de 2021

Razón de ser

El otro día el siempre atento David García-Asenjo, arquitecto, profesor y comunicador de la arquitectura, se hizo eco de este tuit:

Quien lo publicó tiene un perfil cuyo nombre completo es Architects Against Humanity (Arquitectos contra la Humanidad) y cuyo nick es @arch_crimes (@arqui_crímenes: crímenes de los arquitectos, o de la arquitectura).

El tuit muestra una imagen de Nueva York de un tiempo pasado y, a lo que se ve, añorado por el autor, en el que aparecen las sedes de tres periódicos: The New York World, The New York Times y The New York Tribune. Y el texto que acompaña a dicha imagen dice algo así como: "Una época en la que (aparentemente) solo sabían construir de manera bella en la ciudad de Nueva York". 

De todo ese texto quizá lo más interesante para mí sea ese apparently entre paréntesis, porque de lo que habla, ciertamente, es de apariencia. Vemos mansardas parisinas, torres góticas, arcadas renacentistas, pero lo que más me llama la atención es la cúpula de San Pedro. Nada menos que la miguelangelesca cúpula de San Pedro de Roma en un periódico de Nueva York de finales del siglo XIX (1890). (Por no decir cuánto más me llama la atención que se siga añorando y deseando eso en 2021).

No quiero escribir (una vez más) sobre autenticidad, mentira, ética, adecuación y todas esas cosas, pero es que el ejemplo que esgrime @arch_crimes me parece de lo más aleccionador, pues muestra un momento de especial desorientación y confusión en la arquitectura, y también a la vez de enorme energía y esperanza, y me gustaría decir apenas dos palabras sobre ello. Tengo la gran suerte de que me lean no solo arquitectos, sino también no arquitectos con curiosidades variadas, y pienso especialmente en estos porque el ejemplo es muy interesante para hablar de una cuestión seguramente demasiado trillada por los arquitectos, pero de la que siempre se sacan nuevas reflexiones.

jueves, 17 de junio de 2021

El irresoluble problema del chorrito

En este blog ya hemos hablado otras veces de la fábrica de leche Clesa de Alejandro de la Sota en Madrid, pero volvemos a ello porque el tema vuelve a estar en el candelero.

Una vez terminado el ciclo útil y productivo de la fábrica, esta quedó fuera de uso, amortizada e inútil. Esta es la naturaleza de las cosas: que tienen una vida y una duración y acaban quedándose obsoletas o innecesarias. Cuando no tienen otro valor añadido se desechan y se sustituyen. No hay ninguna tragedia en ello. Al revés: El edificio cumplió bien su función durante décadas pero ya no vale. Además la ciudad ha cambiado y lo que antes eran terrenos de periferia y morralla han pasado a quedar empotrados en la trama urbana. Lo más adecuado es tirar la vieja fábrica y hacer viviendas.

Pero en este caso resulta que estamos (¿lamentablemente?) ante una obra maestra. ¿Qué podemos hacer? Ya no puede seguir siendo una fábrica de productos lácteos, pero tampoco podemos derribarla. ¿Qué hacemos con ella? ¿Un centro cultural? ¿Unas oficinas municipales?

De pequeño (tendría unos ocho o diez años) fui con el colegio a ver la fábrica, que entonces estaba en pleno funcionamiento y era un orgullo de eficacia y tecnología para la marca.

Yo no sabía (ni mis profesores tampoco) que ese edificio era obra de un arquitecto muy estimable. Yo no podía sospechar que muchos años más tarde acabaría siendo arquitecto yo también. Ahora, retrospectivamente, echo de menos no haber sido consciente de aquello y no haber reparado en nada arquitectónico, espacial o lo que fuera que fuese que fuera aquello.

Tan solo recuerdo nítidamente que había una cinta encajonada que transportaba muchas botellas de vidrio usadas y las llevaba hacia un punto en que las limpiaban. (Entonces todos devolvíamos los cascos de las gaseosas, de las cervezas y de lo que fuera, y se reutilizaban). Me pareció fascinante. Es lo único que se me quedó, y ya solo eso mereció la pena. Las botellas entraban en el circuito amontonadas, apretujadas, caóticas, pero entonces eran agrupadas, alineadas, ordenadas, y llevadas con gran precisión al punto de limpieza. Allí cada botella era agarrada por un brazo mecánico y volteada. Le entraba un chorro de agua muy caliente que la lavaba y desinfectaba, y ya limpia seguía su camino hacia el secado y quedaba como los chorros del oro para ser llenada otra vez de leche y volver a ser vendida.

Os aseguro que en esa visita no habría sido capaz de escuchar a nadie que me hubiera hablado de arquitectura. (Nadie lo hizo). Mirar cómo las botellas acudían dócilmente al enjuague del chorrito era lo más hermoso del mundo. No fallaba ni una.


El genial Alejandro de la Sota había hecho un edificio que funcionaba muy bien: con la misma precisión que el chorrito de limpieza. Cada espacio respondía perfectamente a un uso, y su altura, su orientación, sus dimensiones, su forma de recibir la luz estaban pensadas precisamente para hacer cada una de esas funciones de forma óptima.

¿Qué hacer entonces cuando esas funciones desaparecen? El edificio deja de tener sentido.

Pero no solo al dejar de ser una central lechera, sino incluso siéndolo. Las cosas cambian muy deprisa y hay que ir adaptando los espacios cada día, y normalmente de forma perentoria y sin pensar más allá.

No entremos aún en qué hacer en ese edificio cuando ya no es una central lechera, sino también mientras lo fue. De pronto no se considera higiénico reutilizar las botellas de vidrio y todo el tinglado del chorrito ya no sirve. De pronto desaparecen las botellas de vidrio y vienen las de plástico y los tetrabricks. Y entonces resulta que tal muelle de carga que conectaba esta entrada con este almacén ya no sirve así, o que en este gran espacio hay que hacer una rampa, o que la gigantesca tolva ya no es necesaria y hay que desmontarla.