Esta es la entrada que quería escribir el otro día, pero ya visteis cómo me engancharon los de la tele y me descabalaron mis planes. En todo caso, sí me dio tiempo a deciros que el agua pesa, que la estimación que hacemos los arquitectos (guiados por la norma) cuando calculamos la estructura de un edificio residencial es que sobre la terraza haya una sobrecarga de uso de 2 kN/m2, y que eso equivale a una piscina portátil con no más de 20 centímetros de altura de agua (sin tener en cuenta el propio peso de la piscina, que suele ser muy ligero).
Por lo tanto, poner una piscina no prevista ni calculada sobre una terraza existente es peligroso (ya que suelen tener bastante más de 20 cm de agua). No quiero decir que vayan a hundirse necesariamente. Es más, la inmensa mayoría de piscinas no se hunden, pero reducen el margen de seguridad que nos permite a todos dormir tranquilos y pueden producir daños de mayor o menor consideración.
En todo caso, poner una piscina portátil en una terraza y llenarla de agua es una idiotez. Son, verdaderamente, piscinas para idiotas.