Borges señala(1) un fragmento de Jaimes Freyre que considera "poesía puramente verbal": es decir, pura forma sin significado:
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.
Borges señala(1) un fragmento de Jaimes Freyre que considera "poesía puramente verbal": es decir, pura forma sin significado:
Hoy se cumplen cincuenta años. Yo tenía quince. Qué de cosas han pasado desde entonces.
En estos días hay mucha rememoración, y entre el material con el que he sido bombardeado ha estado esta imagen:
La cortinilla del NO-DO. Un diseño que quería ser grandioso, imperial, pero que se queda un poco (o bastante) pobre. Y eso que es solo la imagen, y os he ahorrado la sintonía (tiii, tiririti riti riti riti tááá. Titiri titiri ráá) y la voz aflautada del personajillo locutor. Qué ridículo parece ahora todo, pero qué importante era. Uf.
Esa portada palidece ante la de cualquier película de Hollywood. Qué esplendor tenía la Metro, la Columbia, la Paramount, la Universal... Esas sí eran formas impresionantes de empezar películas, y no esta tan triste.
De entre todo el impacto cutre de esa imagen no puedo evitar fijarme en lo que me parece más obvio: la cinta ondeando y enroscándose a las dos columnas. ¿Que hay en esa cinta entre "EL" y "MUNDO", pero, sobre todo, entre "ESPAÑO-" y "LES"? ¿Qué mensaje o qué universo paralelo se nos oculta en los pequeños tramos que quedan detrás de los fustes?
Todos hemos tenido a alguien que nos lo ha dicho: nuestros padres, nuestra abuela paterna o nuestra tía Herminia. Entrábamos corriendo, urgidos por una novedad o un hallazgo, donde estaban reunidos nuestros familiares, lo proclamábamos con entusiasmo y en vez de pasmarse ante nuestros asertos nos recriminaban: "Buenos días lo primero". No entendíamos nada: Lo que estábamos contando era emocionante, importante, divertido, y nos cortaban para exigirnos que cerráramos el chorro y diéramos los buenos días. ¿A quiénes les podían importar los buenos días? No obstante, al parecer era obligatorio darlos.
Imaginaos a Hitler o a Rommel mandando callar al espía que traía los datos del lugar y el momento exactos en que se iba a producir el desembarco en Normandía y gritándole: "¡Buenos días lo primero!" Imaginaos al excitadísimo espía intentando pese a todo decir cuántas tropas, cuántos barcos y con qué armamento iban a desembarcar y a sus superiores arrestándolo e incluso mandándolo fusilar por cabezota e indisciplinado, y no haciéndole caso por no haber dado los buenos días. (¿Os imagináis?)
Pues con lo de Normandía es casi seguro que no ocurrió, pero con la arquitectura ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo. Nos hemos creído portadores de nuevos conceptos de espacio, de nuevas y mejores eficiencias, de mayor lógica constructiva y de más avanzado régimen de confort, pero nos obstinamos en proclamarlo sin dar los buenos días (o, mejor dicho, los damos de una manera muy rara) y nos mandan al cuarto de los ratones sin escuchar ni apreciar nuestra buena nueva.
Vamos a hacer una prueba. Proponédsela a vuestros amigos cultos pero no en arquitectura ni especialmente interesados en ella. Mostradles estas cuatro parejas de edificios y pedidles que elijan el que más les guste de cada una.
Yo lo he hecho y los resultados son prácticamente unánimes: derecha, izquierda, izquierda e izquierda.