(La primera parte de esta entrada ha superado todas mis previsiones. Ya dije que ahí estaba todo lo que sabía sobre el asunto, pero también prometí -insensato- extenderme un poco en los dos corolarios que enuncié. Así que voy a divagar sobre ellos).
Cuando me compré mi casa los intereses de los créditos hipotecarios estaban sobre el
15%. Hacia 1993 empezaron a bajar, y a bajar, y a bajar...
Parecía que por fin la gente se iba a poder comprar una casa con cierta comodidad, pero entonces el precio de éstas empezó a subir, y a subir, y a subir...
"Ellos" sabían hasta dónde se nos podía apretar el dogal, y cuántos centímetros de lengua podíamos sacar, así que siguieron teniéndonos a todos con la lengua fuera. De manera que la bajada del esfuerzo pagador causada por la de los tipos de interés se compensó automáticamente, como si hubieran abierto una compuerta entre dos recipientes, con la subida de los precios.
(A esto se refieren cuando dicen que el mercado se autorregula. Qué cabrones).
Por otra parte, siempre se había pensado que la vivienda era la mejor inversión posible, porque nunca bajaba de precio, pero ahora se generó la expectativa de que cualquiera podía ser propietario, y se inventaron hipotecas a treinta años, a cuarenta, a los que hicieran falta, para que todo el mundo se embarcara en la compra de una casa. Daba igual que fuera carísima; tú sólo tenías que fijarte en cuánto tenías que pagar al mes, y la verdad es que con unos intereses muy bajos y muchísimos años de amortización tu pago mensual era asumible (aunque te pasaras media vida pagando sólo intereses, sin devolver apenas nada de capital).
Los ciudadanos eran felices. Todo era maravilloso.
Dos dibujos de El Roto en la época del boom.
Ya, ¿pero por qué las casas eran tan caras? Pues porque una casa no es ninguna tontería. Porque una casa requiere el trabajo de mucha gente durante mucho tiempo, y muchos materiales caros... ¡Mentira! Con esa explicación no cubres ni la mitad del precio de tu casa.
Un avión a reacción sí es caro, y un diamante de tropecientos quilates, y un robocop. ¿Pero una casa?
Y lo que más costaba de la casa era el suelo, que, como dije el otro día, en realidad es algo que cuesta poquísimo.
Un diamante cuesta mucho porque hay muy pocos, pero suelo hay para aburrir, y encima las leyes del suelo lo fueron liberalizando y "facilitando" para que costara menos, pero iba costando más cada vez.
¿Por qué? Vamos a hablar de cómo se calcula el valor de un suelo por el... (tranquilos; sed fuertes)... ¡método del valor residual!
1.- El método del valor residual. ¿Cómo calcularíais el número de ovejas que hay en un rebaño? Me refiero a un gran rebaño, a un rebaño enorme, con un número abrumador de ovejas que no se pueden ni contar.
Pues muy fácil: Contáis las pezuñas y dividís entre cuatro.
¿Os parece absurdo? Pues con el valor del suelo se hace una cosa tan absurda o más.
Se parte del precio de venta de la vivienda. (¿Por qué? ¿Por qué sabemos perfectamente el precio final de venta de una vivienda si no sabemos el precio de uno de sus componentes, que encima es el más caro con diferencia?). De ese precio final de venta le vamos descontando todo lo que interviene, cuyo importe conocemos perfectamente (beneficio del promotor, gastos financieros, licencias, notaría, honorarios de diversos profesionales, coste de la construcción...) y lo que queda es el valor del suelo.
Estupendo. ¿Pero cómo es posible -repito- que sepamos el precio de una vivienda antes de saber el de uno de sus componentes?
Esto en sí mismo es una monstruosidad. El precio de la vivienda no es analítico, aditivo (como el de un avión, un diamante o un robocop). No parte del precio de sus componentes. Por el contrario, es un precio previo porque es meramente un precio especulativo. El precio de la vivienda es un "porque sí".
¿Cómo es posible que se sepa lo que cobra cada profesional, lo que cuesta cada ladrillo y lo que supone la licencia de obras, el estudio geotécnico y el laboratorio de control y no se sepa cuánto cuesta un solar? Pues por lo que dijimos el otro día: Porque el solar, de por sí, no cuesta nada (o casi nada), y se agarra al valor de expectativa. El solar es el pelotazo. Un bien que cuesta muy poco dinero y que, por arte de birlibirloque oportunista puede llegar a costar una fortuna.