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martes, 8 de agosto de 2023

Dominga y el urbanismo

La joven ilustradora Elizabeth Justicia ha creado un personaje, Dominga, que es una anciana tranquila pero con venazo, que ha vivido lo suficiente como para asumir los avatares de la vida y que también nos muestra los problemas que tenemos todos: el desamparo, las ilusiones perdidas, el miedo, el paso del tiempo... Es una mujer que está sola y que habla sola ("Mejor hablar sola que callar acompañada"), y dice cosas con un sentido del humor profundo y reivindicativo, que demuestra que tiene bastante más carácter que lo que podría parecer. También es un ejemplo de tantas mujeres anónimas que viven sobreponiéndose a todo y salen adelante.

Elizabeth Justicia y su personaje Dominga

El día 15 de mayo de este año apareció la figura de Dominga en un banco del parque de la Alameda de Cervantes en Soria. No es nadie en especial; es una señora "normal", una de tantas a quienes no prestamos suficiente atención y a quienes deberíamos hacer más caso.

martes, 2 de marzo de 2021

La unidad churro

La profesión nos lleva por donde quiere, y a mí me ha llevado durante tres décadas y media de pueblo en pueblo, a salto de mata, sobre todo por la provincia de Toledo. También por la de Madrid y, muy esporádicamente, por las de Cuenca y Ávila.

En estos trotes he salido a menudo de casa muy temprano y en ayunas, con la esperanza de desayunar de paso por algún pueblo. Mi colección de fracasos ha sido escandalosa. El último hoy mismo.

Ayer por la tarde quedé telefónicamente con un cliente para verlo hoy a las nueve de la mañana en su casa, que está en un pueblo de la provincia de Toledo por el que he pasado de largo varias veces, pero que no conocía. Así que, previendo que iba a levantarme temprano y que iba a tomarme en casa tan solo un café bebido, y escarmentado de pasar por cada pueblo intermedio con los ojos atentos y sin ver ningún local mínimamente hospitalario (para acabar desayunando en un antro un desabrido café con una antipática pareja de magdalenas industriales en camisa de plástico)(1), me documenté. Tiré de Google y le pedí que me buscara churrerías en ese pueblo o en otro cualquiera de mi camino. ¡Bingo! ¡En el de mi destino había una!

Más interesado en ver su ubicación que la de la casa de mi cliente, vi además unas cuantas reseñas muy favorables. Pues asunto resuelto: Hoy iba a desayunar como un sátrapa oriental pero castizo: un buen café con leche (o a lo mejor hasta un chocolate, ya ves tú) con un par de porras (o a lo mejor tres, que de perdidos al río).

Así que hoy he ido confiado a ese pueblo, sin necesidad ya de pasar por los intermedios mirando a todos lados buscando algún sitio medio decente y con riesgo de tener un accidente. No: Hoy iba sobre seguro. Iba a un pueblo próspero y civilizado que tenía churrería. Mi mirada al frente, mi pulso firme, mi determinación optimista y confiada.

Pero cuando por fin he llegado he visto que la churrería estaba cerrada. Y debía de llevar cerrada más de cinco años, a juzgar por la mierda que había acumulada al pie de la puerta y por lo roñosa que estaba esta.

Y me he encontrado de nuevo en un sitio inhóspito de la España Deschurrada, sin saber dónde y cómo podría desayunar. Y me han venido de golpe toda el hambre y todo el desaliento. Más que hambre, un vacío triste y macilento en el estómago estragado. Qué ganas de llorar.

He preguntado a uno que pasaba por la calle y me ha mirado con cara rara, como diciéndome que la gente decente desayuna en casa. Me ha señalado la plaza del ayuntamiento y me ha dicho que ahí había dos bares.

He ido, me he asomado, y he comprobado que, en efecto, la gente decente desayuna en casa, y a los bares va por la mañana a tomarse el carajillo o el botellín con "alcahueses". He mirado primero en un bar y luego en el otro y no he visto sobre los mostradores no digo ya unos churros, sino al menos bollos, bizcochos, magdalenas... nada. Así que he salido a la calle, he visto una panadería, me he comprado una bolsa de palmeritas industriales muy pringosas y me he ido con ellas al coche, donde me las he comido a palo seco.

viernes, 24 de enero de 2020

Destacar

Hace un par de fines de semana he estado de "turismo interior" y he visto muchas cosas interesantes. Pero he de confesar, lamentablemente, que aunque yo sea un amante y un defensor de "lo moderno" (entiéndase esto como se quiera), ha sido muy deprimente constatar la penuria arquitectónica y urbanística media de lo construido en el siglo veinte y en lo que llevamos del veintiuno.

He disfrutado de algún palacio renacentista, alguna iglesia barroca y alguna casona judía o mudéjar que, sin ser grandes cosas en sí mismas, mostraban un carácter, un tono medio y una adecuación espacio-temporal estupendos. Y, sobre todo, las casas de arquitectura anónima, incluso pobretona en el reseco sur de Castilla y en el norte de Andalucía, con su silencio y modestia crean entornos amables, habitables, tranquilos y al mismo tiempo duros y agrestes. Llenos de vida y de fuerza.

Pero, por el contrario, cuando he visto el tono medio de lo de ahora (dándole a ese "lo de ahora" unos sesenta o setenta años de margen) he constatado su futilidad, su bajeza, su paletez, que hacen que en cualquier ciudad, salvando dos o tres hitos valiosos de arquitectura contemporánea que vemos con unción y devoción, prefiramos pasear por el casco antiguo por más anodino que sea antes que sufrir los barrios nuevos y, no digamos, las urbanizaciones.

¿Qué ha pasado?

Puse esta foto en las redes sociales:

Valdepeñas (Ciudad Real). Puerta del Vino

y obtuve muchas reacciones de estupor. No es para menos. (Aparte de que podéis clicar la foto para verla más grande, os dejo aquí un enlace para que podáis daros un paseo virtual).

¿Qué mente enferma ha podido perpetrar esa cosa? ¿A qué corporación municipal o a qué jurado le pudo parecer bien que se hiciera eso?

Este ejemplo está tomado en Valdepeñas, pero no quiero ensañarme con esta ciudad: Es un fenómeno incomprensible que arrasa y vandaliza cualquier otra que se nos ocurra visitar. Pero ya que estoy con este famoso emporio manchego del vino aprovecho para poner una foto de sus bolardos. ¿Apetece una copita?


De verdad: Qué gracia y qué humor tiene la gente. Qué derroche de imaginación el de todos los ayuntamientos. Así da gusto vivir en estos entornos sugerentes, simbólicos y divertidos.

Sin embargo, creo que todas estas chorradas y mamarrachadas no son lo peor. Creo que mucho más doloroso que estos chispazos de pobre ingenio y de dudoso gusto son los paisajes urbanos desabridos, son los entornos tan chungos en los que vivimos casi todos nosotros.

sábado, 30 de enero de 2016

Urbanismo participativo vs. urbanismo asambleario

(A Emilio)

¿Deben los ayuntamientos escuchar a los ciudadanos o es mejor que se líen a remodelar las calles y plazas sin hacer caso a nadie? La respuesta es obvia. O sea: la pregunta es completamente innecesaria.
Pues claro que hay que escuchar a los ciudadanos. Estaría bueno. Estamos hartos de que los alcaldes hagan todo tipo de barrabasadas sin contar con nadie, y de que sus arquitectos les secunden diseñando "de espaldas al pueblo" (Doña María dixit).
¿Pero hasta qué punto hay que escuchar a los ciudadanos? ¿Y a cuántos ciudadanos hay que escuchar?
Este es un tema peliagudo y peligroso, porque por ese camino, y en aras de querer diferenciar entre democracia y demagogia, podemos desarmar el tema, anularlo y acabar despreciando a la gente y apoyando los comportamientos autoritarios y dictatoriales de quienes mandan. Cuidado. También decían (antes se decía mucho) que no había que confundir libertad con libertinaje, y se escudaban en eso para no dejar hacer nada a nadie.
Vamos, que yo sí soy partidario de que quienes gobiernan escuchen al pueblo.
Ahora bien:
El Ayuntamiento de Madrid tiene entre sus posibles objetivos la remodelación de la Plaza de España. Pero antes de hacer nada han formulado dieciocho preguntas para que los vecinos respondan.
No me parecen bien ni las preguntas ni la forma de consultar.


Preguntar a bulto y a mogollón es como preguntar a una asamblea, y todos sabemos lo que es un régimen asambleario. (Yo lo conozco de la escuela, de cooperativas de viviendas y de alguna reunión vecinal como la que contaré después). Quien convoca y modera la asamblea tiene toda la capacidad del mundo para manipular, marear la perdiz y hacer que o se decida lo que lleva previsto de antemano o no se decida nada y se aplace el asunto para otra asamblea; y así hasta que salga lo que quiere.
Empezaron planteando sesenta y siete preguntas, que tras "votación consensuada por las organizaciones participantes en el proceso" quedaron reducidas a dieciocho. De entrada no sé por qué esas organizaciones y no otras, ni quiénes las forman, ni quiénes las eligen. Se nos dice también que el once de enero varias de las organizaciones más relevantes decidieron abandonar. Pues vaya.
Puestos a que unas organizaciones entren, otras salgan, unas consensúen y otras se cabreen, pienso que los que sí están elegidos democráticamente por toda la población son los ediles. Las otras "organizaciones" no sé quiénes son ni cómo funcionan. Y no tengo por qué fiarme de su criterio ni de sus intenciones.
El caso es que esas organizaciones han preparado el cuestionario, que queda publicado para que quien quiera se lo descargue, lo conteste y lo presente. Tal vez yo sea muy pesimista o muy derrotista, pero estoy harto de ver que quienes responden a este tipo de llamadas suelen ser los más puntillosos, tocanarices y maniáticos, mientras que la gente "normal" bastante tiene con lo que tiene como para responder el cuestionario.
Por otra parte, el cuestionario tiene -siempre en mi muy personal opinión- algunas preguntas manipuladoras, otras muy técnicas y otras muy caprichosas, y me temo que los encuestados no pueden analizar todos los datos, hacer cálculos, cotejar presupuestos ni plantearse dificultades, sino que responderán a bote pronto y a sentimiento.
En esta web el ayuntamiento lo explica todo muy bien. ¿Pero de verdad nos vamos a estudiar todos los documentos de la columna de la derecha (estudio ambiental, estudio de movilidad, estudio sociodemográfico...). Mejor nos descargamos el cuestionario y vamos al grano. "Venga, venga. Vamos a poner cruces".
El ciudadano debe contestar a sentimiento y decir lo que quiere a base de poner cruces. Ya están los técnicos para calcular y resolver. Sí. Cierto. Pero creo que, por esa misma razón, no se le pueden hacer a los vecinos ciertas preguntas de respuesta rápida y cortante.
La primera sí es buena: Plantea la propia conveniencia de la operación. "¿Crees necesario reformar la Plaza de España?" Si sale que no, asunto terminado.
La 2 es gloriosa: "¿Crees que se deberían mejorar...?" ¡SÍ! ¡NATURALMENTE! ¡CLARO QUE SÍ! Todos queremos que se mejore. Todo lo que sea mejorar es bueno. ¿Quién va a decir que no? "¿Crees que se deberían mejorar las relaciones entre Armenia y Filipinas?" Pues sí. "¿Crees que se deberían mejorar los implantes mecanogástricos del fosfeñojo poliédrico?" Pues claro. Pobres implantes mecanogástricos.
Pues eso: que si crees que se deberían mejorar las conexiones peatonales de la Plaza de España con
Plaza de Oriente
Barrio de Conde Duque
Templo de Debod
Parque del Oeste
Cuesta de San Vicente
Madrid Río
Casa de Campo
Gran Vía
Ninguna
Y, atención, te dicen que ¡puedes elegir varias! ¡Coño, pues todas! (menos la última: "Ninguna"). ¿Hay alguien con tan mal corazón que no quiera mejorar las conexiones peatonales? ¿Que algunas de ellas ya son buenas? Puede ser, pero todo se puede mejorar, y me están preguntando si quiero que se mejoren. Sí, sí. Que se mejoren todas.
Ni siquiera te piden que elijas una, lo cual ayudaría a señalar cuál de las conexiones está ahora peor, cuál necesita más atención. No: Puedes elegir varias. Elegir varias no es elegir. Señalemos todas. Ya que tenemos unos padres que nos malcrían de esa manera, pidámonos para los Reyes Magos todo el cortinglés.
Otras preguntas son muy alambicadas, algunas algo ambiguas, y otras demasiado técnicas.
¿Cuántas plazas de aparcamiento hacen falta? ¿Hay que mantener el paso elevado de Bailén? (Obsérvese que hay apartado "otras" respecto a ese paso elevado, a ver si a algún vecino se le ocurre alguna idea genial y la regala). ¿Hay que soterrar el tráfico en el eje Gran Vía y Princesa, teniendo en cuenta el elevado coste? Ojocuidao: Teniendo en cuenta el elevado coste. Sin más. ¿Qué coste? ¿Cómo se va a pagar? ¿Cuántos años nos va a tocar pagar? ¡Qué narices, yo pongo la cruz!

jueves, 30 de abril de 2015

Que se la queden

Esto de vivir en un despropósito continuo hace que uno se acostumbre, que compruebe día a día que la bajeza que creía insuperable es superada de nuevo y que ya no le sorprenda nada de nada.
Hace tiempo glosé aquí cómo la ínclita Doñaespe deseaba la muerte de los arquitectos en general y de los buenos en particular.
Pues ahora que esa personaja aspira a la alcaldía de Madrid y que, por lo tanto, se presupone que quiere lo mejor para la ciudad y sus habitantes, descubrimos que no, que lo que quiere es que la ciudad quede cuca para los turistas. Los habitantes, especialmente si son pobres, harían bien en morirse o, al menos, en marcharse a otro sitio.


No entro en la cuestión de fondo, en la falta de empatía y de com-pasión de esta politicastra por sus (supuestos) congéneres y conciudadanos. No profundizo en su carácter psicópata, que le impide ponerse en el lugar de los demás y "sentir" sus sentimientos. Tampoco menciono su bajeza moral ni su desfachatez, su maldad y su crueldad.
Tampoco quiero valorar el sistema económico y moral que primero ha dejado gente a merced de la intemperie, y después les pide que se escondan, que se mueran, que se desintegren porque hacen mal efecto.

Quino. Mafalda

No. Cierro los ojos y no quiero ver eso. (Mucha gente mucho mejor que yo ya ha comentado esos aspectos del problema). Yo quiero hablar de urbanismo.

¿Qué es la ciudad? ¿Qué son los espacios urbanos? ¿Son residuos que quedan entre los edificios? ¿Son espacio? ¿Son espacio público? ¿Son sitios? ¿Son fértiles o estériles?
Civilización viene de civis. En la ciudad es donde nace la relación social, el intercambio de ideas, el enriquecimiento social, el progreso. Y eso no ocurre en la casa de Fulano o de Mengano, sino en el ágora, en el espacio público.

Manuel Delgado, El espacio público como ideología
(Clica aquí y lee la reseña)

Para muchos, el espacio privado es nido y refugio, morada segura, y el espacio público es selva y peligro. Y, todavía peor, para muchos el espacio público es innecesario. Las casas están cada vez más dotadas para no necesitar nada exterior. Una vida plácida y feliz es la que no te exige salir a la calle.
En la calle sólo pasan cosas malas y la gente huele mal.
Además, el espacio público no es lucrativo.

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hurbanismo (y II)

(La primera parte de esta entrada ha superado todas mis previsiones. Ya dije que ahí estaba todo lo que sabía sobre el asunto, pero también prometí -insensato- extenderme un poco en los dos corolarios que enuncié. Así que voy a divagar sobre ellos).

Cuando me compré mi casa los intereses de los créditos hipotecarios estaban sobre el 15%. Hacia 1993 empezaron a bajar, y a bajar, y a bajar...
Parecía que por fin la gente se iba a poder comprar una casa con cierta comodidad, pero entonces el precio de éstas empezó a subir, y a subir, y a subir...
"Ellos" sabían hasta dónde se nos podía apretar el dogal, y cuántos centímetros de lengua podíamos sacar, así que siguieron teniéndonos a todos con la lengua fuera. De manera que la bajada del esfuerzo pagador causada por la de los tipos de interés se compensó automáticamente, como si hubieran abierto una compuerta entre dos recipientes, con la subida de los precios.
(A esto se refieren cuando dicen que el mercado se autorregula. Qué cabrones).

Por otra parte, siempre se había pensado que la vivienda era la mejor inversión posible, porque nunca bajaba de precio, pero ahora se generó la expectativa de que cualquiera podía ser propietario, y se inventaron hipotecas a treinta años, a cuarenta, a los que hicieran falta, para que todo el mundo se embarcara en la compra de una casa. Daba igual que fuera carísima; tú sólo tenías que fijarte en cuánto tenías que pagar al mes, y la verdad es que con unos intereses muy bajos y muchísimos años de amortización tu pago mensual era asumible (aunque te pasaras media vida pagando sólo intereses, sin devolver apenas nada de capital).
Los ciudadanos eran felices. Todo era maravilloso.


Dos dibujos de El Roto en la época del boom.

Ya, ¿pero por qué las casas eran tan caras? Pues porque una casa no es ninguna tontería. Porque una casa requiere el trabajo de mucha gente durante mucho tiempo, y muchos materiales caros... ¡Mentira! Con esa explicación no cubres ni la mitad del precio de tu casa.
Un avión a reacción sí es caro, y un diamante de tropecientos quilates, y un robocop. ¿Pero una casa?
Y lo que más costaba de la casa era el suelo, que, como dije el otro día, en realidad es algo que cuesta poquísimo.
Un diamante cuesta mucho porque hay muy pocos, pero suelo hay para aburrir, y encima las leyes del suelo lo fueron liberalizando y "facilitando" para que costara menos, pero iba costando más cada vez.
¿Por qué? Vamos a hablar de cómo se calcula el valor de un suelo por el... (tranquilos; sed fuertes)... ¡método del valor residual!

1.- El método del valor residual. ¿Cómo calcularíais el número de ovejas que hay en un rebaño? Me refiero a un gran rebaño, a un rebaño enorme, con un número abrumador de ovejas que no se pueden ni contar.
Pues muy fácil: Contáis las pezuñas y dividís entre cuatro.
¿Os parece absurdo? Pues con el valor del suelo se hace una cosa tan absurda o más.
Se parte del precio de venta de la vivienda. (¿Por qué? ¿Por qué sabemos perfectamente el precio final de venta de una vivienda si no sabemos el precio de uno de sus componentes, que encima es el más caro con diferencia?). De ese precio final de venta le vamos descontando todo lo que interviene, cuyo importe conocemos perfectamente (beneficio del promotor, gastos financieros, licencias, notaría, honorarios de diversos profesionales, coste de la construcción...) y lo que queda es el valor del suelo.
Estupendo. ¿Pero cómo es posible -repito- que sepamos el precio de una vivienda antes de saber el de uno de sus componentes?
Esto en sí mismo es una monstruosidad. El precio de la vivienda no es analítico, aditivo (como el de un avión, un diamante o un robocop). No parte del precio de sus componentes. Por el contrario, es un precio previo porque es meramente un precio especulativo. El precio de la vivienda es un "porque sí".
¿Cómo es posible que se sepa lo que cobra cada profesional, lo que cuesta cada ladrillo y lo que supone la licencia de obras, el estudio geotécnico y el laboratorio de control y no se sepa cuánto cuesta un solar? Pues por lo que dijimos el otro día: Porque el solar, de por sí, no cuesta nada (o casi nada), y se agarra al valor de expectativa. El solar es el pelotazo. Un bien que cuesta muy poco dinero y que, por arte de birlibirloque oportunista puede llegar a costar una fortuna.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hurbanismo (I)

(Unas cuantas observaciones deslavazadas basadas en mi experiencia personal).

Prólogo 1: El suelo (urbano) no vale nada. Por el límite oriental del término municipal de mi pueblo (Seseña) pasa el Río Jarama, que forma una vega muy fértil. Esas tierras han sido muy cotizadas desde la prehistoria, pues el Jarama lleva un caudal muy estable y el regadío está garantizado. Hay pocas heladas y todo se muestra benigno para la agricultura.

El Río Jarama en el término de Seseña. Foto: Ferpatillas

El maizal. Foto: Priedepriede
(Este es de Navarra, pero es exactamente igual que los de mi pueblo)

Los antiguos seseñeros establecieron el pueblo a unos siete kilómetros de distancia de esa magnífica vega. No la iban a estropear construyendo casas. Éstas fueron construidas (naturalmente) en el peor sitio posible para la agricultura: en un pedregal de yeso. El suelo que no valía para otra cosa se usaba para construir.

Seseña, hacia 1960. Foto obtenida gracias a la labor encomiable de mi paisano
y tío segundo Pepe Cholela. Desde la torre de la iglesia mirando hacia el este.
Al pie se ve la plaza, y la calle de La Vega se aleja. 4 Km más allá (de suelo de secano)
pasa la carretera de Andalucía y el terreno va descendiendo otros 2 o 3 Km hasta el Río Jarama.

La gente rica tenía mucho terreno de regadío en la vega y mucho más de secano en el llano. La gente algo más pobre tenía algunas tierras de secano, en la parte alta, entre la vega y el pueblo. La gente aún más pobre no tenía tierras y trabajaba a jornal. Pero todos tenían enormes parcelas en el casco urbano: El terreno en el que hacer la casa costaba infinitamente menos que una tierra de labor de secano (y no digamos que una pequeña huerta de regadío). En realidad apenas costaba algo. Y si las zonas más céntricas estaban ya ocupadas, se hacía uno la casa en las afueras y ya está.
Recuerdo la casa de mis abuelos: No tenía ni baldosas. El suelo era de tierra apisonada y cal, que mi abuela regaba todas las mañanas asperjando con la mano el agua de un cubo. El tejado era de tejas sobre cañizo. Las paredes eran de canto y barro. La electricidad había venido después: Las paredes estaban recorridas por cables trenzados con aislamiento tejido, las bombillas colgaban de casquillos desnudos y se encendían y apagaban con interruptores de pellizco.
Era la casa más pobre que uno pudiera imaginar, y sin embargo daba por detrás a un patio enorme, en cuyo fondo había una cuadra donde había habido una mula, y encima de la cuadra había una cámara para el grano. Un auténtico laberinto inextricable para jugar. Un paraíso.
En la parcela que ocupó la casa de mis abuelos, ya demolida, están hoy las casas de tres de mis tías, tres buenas casas, cada una de ellas con su buen patio.
Es decir: Un matrimonio medio, algo más pobre que rico, tenía un solar que hoy sólo se podría permitir un millonario.