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martes, 21 de julio de 2026

Rapidísimo

Ha sido rapidísimo, fulgurante. El jurado del concurso de arquitectura para el Museo Nacional de Ecuador eligió el proyecto que consideró mejor y en el acto "la gente" empezó a protestar con gran energía, diciendo que ese proyecto era una mierda.

Asustado por la reacción, y ayudado porque a él tampoco le gustaba el proyecto ganador, el ministro dijo en seguida que el fallo del jurado quedaba anulado y que la gente (los aficionados, la sagrada ciudadanía) elegiría otro de entre los diecisiete que habían quedado finalistas. Bueno, de entre los otros dieciséis, porque al ganador ya le daban la patada.

También muy deprisa, el director del museo y la viceministra dimitieron. Se ve que les quedaba algo de dignidad.

Y, hablando de dignidad, trece de los dieciséis estudios de arquitectura invitados a esa segunda vuelta declinaron la invitación por no considerarla ni ética ni justificable. Pero tres dijeron que sí, y se prestaron al apaño.

Dos de ellos, aparte de demostrar su nula decencia, hicieron el santo ridículo, porque estaba cantado que no les iban a dar el premio.


De entre los comentarios que entresaqué el otro día, ya se notaba que la afición se decantaba por el japonés, y ese, oh, sorpresa, ha sido el ganador. Todo rapidísimo.

lunes, 13 de julio de 2026

Arquitectura para la gente

A Ekain Jiménez, que ha contado esta noticia en
Bluesky, y de quien he tomado la información.


Se ha convocado un concurso internacional de arquitectura para proyectar el Museo Nacional de Ecuador, y finalmente, entre 17 finalistas, ha ganado la idea de Alberto Campo Baeza + MAODA, titulada "Ecos del Sol".

Enhorabuena. Pero no mucha.

Nada más conocerse el fallo del jurado han saltado las opiniones de la gente, de los ecuatorianos llamados a disfrutar del estupendo museo nacional de su país [Tomo algunas de Instagram]:

miércoles, 29 de marzo de 2023

Edificios feos, bonito periodismo

(A David García-Asenjo
y a Carlos Polimón).


De este tema ya he escrito. Perdonad que me repita, pero es que los medios no paran. Ellos regurgitan esta murga cada cierto tiempo: LOS EDIFICIOS MÁS FEOS DE MADRID, y vuelvo a hacerme eco. Quizá no debería, porque es siempre lo mismo y ya aburre, pero es que esta vez el número uno es de mi maestro, mi querido Juan Daniel Fullaondo, con José Luis Íñiguez de Onzoño, y eso me ha llegado al corazón.

Al menos han puesto una buena foto. (La de la Wikipedia)

No conocí a Íñiguez, pero por las cosas que le he leído y por lo que Fullaondo contaba de él estoy seguro de que se habría reído. Desde luego Fullaondo sí sé que incluso se sentiría orgulloso de encabezar ese ranking. No es fácil. El listón está muy alto.

Creo que para alcanzar la meta les ha beneficiado mucho que el que se exhibe en cabecera, el famoso edificio de viviendas de Sanchinarro, no se mencione después en el texto, lo que por otra parte muestra una preocupante falta de atención y de continuidad discursiva en quien ha escrito el libelo. ¿Le parece feo lo de Sanchinarro o sí pero no? Me deja en ascuas. Lo pone como estandarte del feísmo pero luego no lo incluye en la lista. Qué poca seriedad.

martes, 18 de octubre de 2022

El descaro jovial

Hace unos años escuché en la radio a uno de los más importantes y famosos comunicadores de España poner a parir a Antoni Tàpies. Como este locutor es una persona con una simpatía y un gracejo legendarios [para quienes los sepan apreciar y disfrutar] fue creciéndose y diciendo más y más ingeniosidades y gracietas divertidas, y su cohorte de colaboradores añadieron disciplinadamente más gasolina al fuego. (Me imagino lo que debe de ser defender tu sueldo ante tu jefe, el gran monstruo de la radio, pero aun así alguna vez, dentro del enorme respeto al líder, alguien podría añadir un matiz suavemente discrepante; una especie de "pero no olvidemos que Tàpies es un gran artista", o un "pues fíjate que a mí no me parece mal del todo". No. Nada de eso).

Se trataba de burlarse del entonces muy candente proyecto del calcetín: zafio, cochambroso, tomadura de pelo, sinvergonzonería, mamarrachada... Los colaboradores tomaban confianza y seguridad y se crecían. Ya el mugriento calcetín tenía incluso pinta de oler a pies.

El tono siguió creciendo, y ya no era solo esta obra, sino toda la de Tàpies y del arte contemporáneo en general. (No olvidemos que este líder de audiencia también tiene todos los años su ratito de cachondeo con la feria ARCO).

Estamos de acuerdo en que no hay nadie sagrado ni intocable. Todo artista y todo profesional está sujeto a críticas. Pero según sean esas así se retrata quien las hace. La obra del calcetín fue un encargo del Ayuntamiento de Barcelona a su artista vivo más universal para la gran transformación urbana que iba a experimentar la ciudad con los Juegos Olímpicos. Entre unas cuantas docenas de milagros, el Palau Nacional se iba a convertir en el Museu Nacional d'Art de Catalunya (MNAC), y en su gigantesca sala oval debía ir la estupenda obra del estupendo artista.

Pero lo que presentó fue una maqueta de unos 20 cm de altura con un calcetín real roto y con alambres y barras en su interior que lo atravesaban. La idea era que la obra ejecutada tuviera unos 18 m de altura.

Los políticos no esperaban eso, que les desagradó mucho. Era muy cutre. No iba con las ansias de esplendor que todos tenían. (Tampoco sé qué esperaban exactamente. Tàpies nunca se ha distinguido por su glamour ni por una fina y elegante exquisitez decorativista). El autor intentó explicarla evocando su conocida fascinación por lo humilde y por lo cotidiano. No hubo forma. Los miembros del patronato del MNAC se dividieron; su presidente se asustó. Le propusieron cambios, improvisaron sugerencias. Vamos, que no les gustaba y al final quedó en nada.

viernes, 15 de julio de 2022

Prejuicios

Hoy os voy a contar una bonita historia de hurbanismo patrio. (Para el concepto de hurbanismo clicad aquí).

En el año 2005 la Junta de Extremadura, consciente del raro valor ecológico que tenía un islote del embalse de Valdecañas, lo declaró ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) y lo incluyó en la Red Natura 2000 de la Unión Europea. ¿Por qué? Pues porque las aves lo tenían como lugar de anidación y de cría. Y es que claro: Era un lugar fantástico.

¿Pero qué pasó con tan fantástico lugar? Pues que si los pájaros no son tontos para elegir un sitio agradable los pajarracos tampoco lo son. Y les gustó el sitio.

No hay en el mundo un lugar tan bonito que no se pueda mejorar con un campo de golf, unas villas, unos hoteles y un embarcadero. Todo ello de lujo; eso no hay ni que decirlo. Y así lo propuso un importante grupo empresarial, que por la magia del hurbanismo convirtió ese terreno (bueno para los pájaros, pero nada más), que podría valorarse en 0,00 €, en un paraíso para ricos valorado en muchos millones y, sobre todo, atractor de muchas y muchas millonadas. Millonadas for everybody, oh com'on baby súbiri súbiri dubi dubi yeah.

He sido incapaz de encontrar una foto del islote de Valdecañas antes de la hurbanización.

Una vez más estábamos ante el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y el de la gallina de los huevazos de oro.

Y una vez más las autoridades políticas abrazaron el proyecto. Porque era muy respetuoso con el medio ambiente, porque RESPETABA todo: la vegetación, los bichitos, las amapolas, el canto de los pájaros y la puñetera ZEPA.


Ampliad el mapa y veréis el respeto.

Todo el proyecto fue considerado "de interés regional" (dinero, puestos de trabajo y desarrollo de un islote de mierda que hasta entonces solo tenía cardanchas y piojos). Todos los informes exigibles fueron favorables y en un esfuerzo hurbanístico sin parangón se aprobaron Planes Generales, Planes Parciales, Planes Especiales y hasta Planes de Pensiones en un tiempo récord.

Pero ahí seguía la ZEPA y la inclusión en la Red Natura, que tanto había gustado a los políticos locales cuando aún nadie les había perfumado con el nuevo aroma. Qué fastidio. El asunto pareció arreglarse definitivamente cuando la Junta de Extremadura declaró favorable el estudio de impacto ambiental y decidió que las aves eran muy dueñas de seguir pasando por allí y de anidar en tees, bunkers, roughs y greens, por lo que toda esa operación no afectaba en nada su calma ni sus hábitos reproductivos. Era obvio que una Zona de Especial Protección de Aves no estaba reñida con hoteles, villas, campo de golf y embarcadero. Es más, era obvio que la mejor -qué digo la mejor: la única- forma de darles a esas aves una especial protección era con hoteles, villas, campo de golf y embarcadero.

Pero Ecologistas en Acción tuvo que venir a joder la parva. Presentaron un recurso contencioso y la liaron. Con lo contentos que estaban todos. Armaron un argumento absurdo sobre que tan brillante y feliz operación conculcaba la legislación urbanística extremeña y las disposiciones y exigencias de la Unión Europea para con los espacios incluidos en la puñetera (¡ay, Señor, en qué hora!) Red Natura 2000.

El Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEX) dio la razón a los ecologistas en 2011: El plan del islote de Valdecañas vulneraba la legislación autonómica del suelo, que estaba clasificado como no urbanizable de especial protección. Así que el TSJEX ordenó que se deshiciera todo y que se restituyera el islote a su estado original. Uf, un palo bastante fuerte. Un palo tremendo. Pero los emprendedores y valientes políticos se sobrepusieron al disgusto de una forma ejemplar. ¿Sabéis lo que hicieron? Cambiaron la legislación autonómica del suelo ¡con carácter retroactivo! ¡Y lo hicieron por unanimidad de todos los partidos políticos! ¿Habrá algo capaz de frenar el talento de nuestros dirigentes cuando está en juego la felicidad del pueblo?

El Parlamento de Extremadura dijo que con esa jugada el proyecto ya tenía soporte legal. Hala, problema resuelto.

Entonces el TSJEX envió el paquetito al Tribunal Constitucional, porque la pintoresca modificación de al ley autonómica del suelo no la dejaba muy coherente con la ley estatal en un par de detallitos, como por ejemplo que el suelo no urbanizable de especial protección tiene que ser de especial protección. También había un par de cosillas que entraban en conflicto con la propia Constitución Española.

La Junta de Extremadura acudió al Tribunal Supremo y perdió en 2014. Otro palo.

La cosa finalmente parece que no tiene vuelta de hoja y ahora vienen los lloros del dineral que va a costar deshacer todo lo hecho y dejar el islote como estaba. Y a ver de dónde se saca tanto dinero, ahora que ya no es para más ganar, sino para más perder.

Con el asunto en esta situación, el otro día el periódico El Mundo publicó un artículo cuyo titular me dejó atónito y me pareció inaudito, tremendo, una auténtica lección para dar en las escuelas de periodismo: "Valdecañas: de cómo los ecologistas con prejuicios contra la jet set están a punto de cargarse el paraíso de los fines de semana". ¿Prejuicios? ¿En serio? ¿Prejuicios? ¿Cargarse el paraíso? No hay más preguntas, señoría.

Confieso que al ver este pantallazo en Twitter pensé que era una falsificación. Pasa mucho. Tenía que ser no solo un bromista, sino alguien con muy mala baba contra el periódico para amañar un falso titular como ese. Pero no: Busqué en Google El Mundo Valdecañas y ahí sigue, tal cual. No pongo el enlace por dos motivos: El primero porque los titulares en la web están vivos y pueden cambiar cualquier día (fiaos de mi palabra; lo he comprobado y ahí sigue aún hoy, varios días después de su publicación), y el segundo porque los medios en internet viven de las visitas que tienen sus publicaciones, y no me da la gana "generar tráfico" a ese basurero. ¿Cómo se puede titular así? Ya puestos, podrían forzar un poco más la situación: "Los asquerosos y vengativos ecologistas perroflautas con prejuicios contra la gente decente se quieren cargar todo lo bueno de la sociedad". 

Confieso que creo en buena medida que los arquitectos tenemos un componente antiecologista en cuanto que pretendemos mejorar la propia naturaleza con nuestra obra. Somos unos soberbios y unos prepotentes, aunque es cierto que en ciertos casos felicísimos se ha conseguido. La propia arquitectura y el propio urbanismo son eso, y no por un indeseado efecto colateral, sino por su misma razón de ser. También confieso que a lo largo de mi vida profesional he hecho urbanismo y me he indignado por cualquier pega que ha puesto la administración pública a mis propuestas, y me he solidarizado con mi cliente hasta el punto de pensar como él y de hacer mías sus pretensiones, y no solo por los interesantes honorarios profesionales comprometidos, sino porque de verdad he llegado a creer en la bondad de nuestra pretensión.

(También hay que ver qué tipo de pegas y puñeterías les ponen las administraciones públicas a los técnicos y a los agentes urbanizadores de escala pequeña o mediana y qué alfombras rojas extienden ante determinadas macrobestialidades).

Vamos, que yo, intentando hacer urbanismo, he podido hacer a veces algo de hurbanismo, lo confieso, pero es que esto de Valdecañas ya es hhhurbanismo, y lo de El Mundo me ha parecido perihodismo. (Pero reconozco que pueden ser solo prejuicios míos).

miércoles, 15 de enero de 2020

El mejor de los tiempos

Era el mejor de los tiempos y era el peor de los tiempos;
la edad de la sabiduría y también de la locura;
la época de las creencias y de la incredulidad;
la era de la luz y de las tinieblas;
la primavera de la esperanza y el invierno de la desesperación.
Todo lo poseíamos, pero nada teníamos.
                                     Chals Diquens. Historia de dos ciudades.


A menudo pienso en la suerte que tenemos todos los que vivimos en esta época, en la que cada día asistimos a nuevos avances científicos y descubrimientos. Es algo que nos llena de optimismo y de alegría, y que, de vez en cuando, nos hace recordar con nostalgia a nuestros abuelos: "Pobres; si ellos hubieran sabido..." "Si en su época se hubiera conocido este tratamiento médico..." Pero qué le vamos a hacer: A nosotros nos ha tocado disfrutar.

Y lo mejor es que estos nuevos hitos del conocimiento no están reservados a una reducidísima élite, a unos muy pocos privilegiados, sino que gracias a los medios de comunicación -que a su vez son cada día más ubicuos- nos llegan a todos.

El penúltimo zambombazo, de hace apenas dos días (13 de enero) ha sido este:


Sí. Sí. Fijarze bien: 13 de enero de 2020 a las 5:30 de la tarde: "Última hora". Lloro de la emoción. La Tierra no es plana. Última hora, sí: última hora. Me eratosteneo de entusiasmo(1).
¡Qué cosa más grande!
Pero es que las sorpresas y las excitaciones no acaban ahí. Al día siguiente, ayer, asistimos a esto:


Volverze a fijá: 14 de enero de 2020 a las 9:45 de la mañana. Solo dieciséis horas y cuarto después de que los científicos supieran que la tierra no es plana, han descubierto por qué pasamos frío en invierno. Bueno, vale, pasamos frío en invierno porque lo hace. Ya. Eso ya lo sabíamos. A lo que quiere referirse el titular es a que ya se sabe por qué hace frío en invierno.
Y es que, pasmaos, ¡la Tierra gira de dos formas a la vez! Por una parte, gira sobre sí misma, en torno a un eje que une sus dos polos, y por otra, gira alrededor del Sol. Ya, ya sé que cuesta creerlo, pero aún no he dicho lo más gordo.
Lo más gordo es que ese eje interno de la Tierra no es perpendicular al plano en el que esta da la vuelta al Sol, sino que está ligeramente inclinado. Y, por eso, al pasar por una zona del circuito los rayos del "astro rey" nos pegan más perpendicularmente y al pasar por la opuesta nos rozan de forma más oblicua.
Y esto, a su vez, tiene un corolario inquietante: Cuando el Sol le pega más de lleno al hemisferio norte roza más suavemente al sur, y al revés. Es decir: Cuando en uno es verano en el otro es invierno, y viceversa.

Yo m'he quedao to loco to loco to loco. ¡Dónde vamos a llegar, Dios mío!

domingo, 1 de diciembre de 2019

El belén y el alacrán

Ayer hice un hilo improvisado en Twitter. Tan improvisado que cuando se me acababa un tuit con una frase a medias la seguía en el siguiente. No corregí nada, no releí nada. Lo escribí de un tirón.
Hoy me está vibrando y pitando el teléfono sin parar, y soy incapaz ya de dar las gracias, puntualizar algún comentario, rebatir o siquiera mirar las notificaciones. Estoy desbordado.
Las reacciones son extremas: Unos me llaman genio y otros idiota. No soy ni una cosa ni otra, pero estoy bastante más cerca de lo segundo; y no lo digo por falsa modestia, sino porque la idiotez es muchísimo más fácil y más frecuente que la genialidad, y sé positivamente que jamás llegaré ni siquiera a asomarme a nada genial, mientras que una o dos idioteces sí que hago o digo cada día.
Soy idiota, por ejemplo, porque estoy a punto de lanzar esta entrada -que pasa a limpio aquel hilo tuitero- al proceloso mundo de internet, y sé que estaría mucho más tranquilo y cómodo si no lo hiciera, pero creo que debemos decir algo ante el panorama que nos rodea, y necesito decirlo.
Soy como el alacrán del conocido cuento, que supongo que conoceréis casi todos, pero que resumo para quien no lo sepa:
Un alacrán tenía la imperiosa necesidad de cruzar un río, pero no podía hacerlo porque le era imposible nadar. Le pidió a una rana que iba a cruzar que lo montara a su lomo y lo llevara de pasajero. La rana dijo que no, que le daba miedo porque la picaría y la mataría con su veneno. Él la convenció: ¿Cómo te voy a picar? ¿No comprendes que si lo hago y mueres yo me ahogo? Al anfibio ese razonamiento le pareció irreprochable y consintió en montarlo a su espalda.
Cuando estaban en medio del río el alacrán le pegó un aguijonazo a la rana. Esta, sintiéndose morir, le preguntó asombrada por qué lo había hecho, y el alacrán, ahogándose y a punto también de expirar, le contestó: "No pude evitarlo: Es mi carácter".
Pues eso: Se ve que yo también soy un alacrán y no puedo evitarlo. La tentación es más fuerte que mi instinto de conservación. Que sea lo que Dios quiera.
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Me pregunto si me gusta este belén que acaba de montar el ayuntamiento de Barcelona en la plaza de Sant Jaume:

Imagen tomada de La Vanguardia

Me lo pregunto y en seguida me respondo que qué más da si me gusta o no. Que me guste o no me guste es completamente irrelevante; solo tiene interés para mí. En mis gustos soy soberano y, por eso mismo, nadie es quién para decirme qué me tiene que gustar y qué no. Pero, también por eso, yo tampoco soy nadie para proclamar mi gusto con afán de proselitismo ni de provocación.

Por lo tanto, como digo, que me guste no tiene ninguna importancia para nadie. Que me pregunte si me gusta creo que sí la tiene. Quiero decir: que nos estemos planteando ahora todos si nos gusta o no nos gusta tiene una importancia capital, independientemente de lo que cada uno responda. (En esto, como digo, cada uno es dueño y señor de sí mismo). Y por eso precisamente sí que me gusta, sí.

El debate, la cuestión de que esto esté coleando por ahí y haya llegado hasta mi blog es porque el ayuntamiento de Madrid ha inaugurado el otro día su belén "tradicional" en su sede de Cibeles, y los políticos de los diversos partidos se han felicitado por lo bonito que ha quedado. Pero uno de ellos, patoso por demás, ha declarado que le gusta mucho porque es "tradicional", como tiene que ser, y no como ese tan horroroso de Barcelona, que es tan feo como su alcaldesa.

Eso de que uno solo sea capaz de alabar una cosa poniendo a parir otra (y de paso el aspecto físico de alguien porque sí) dice mucho de su catadura moral y de su profundidad intelectual.

sábado, 14 de octubre de 2017

Horno de pan (y 2)

El otro día me supo a poco lo que iba diciendo y me quedé con ganas de más. Por eso titulé la entrada con el número uno y prometí una segunda parte. Pero ahora ya se me ha ido el hilo de lo que iba diciendo.
Además en estos días le han dado un premio al horno de pan y ya se me ha cortado el rollo del todo.

¿Por qué somos así los arquitectos? ¿Por qué admiramos
y premiamos estos edificios que no gustan a la gente?

Sí que me gustaría seguir con mi afán didáctico e insistir un poco (muy por encima) en lo que decía el otro día.

Para empezar, deberíamos intentar comprender las complejas condiciones de partida que tiene este edificio: Está en el borde de una plataforma, ante un vertiginoso desnivel, y además tiene que arrodillarse ante el Palacio Real y la Catedral de la Almudena, y no solo respetar, sino incluso acoger unos restos arqueológicos. Aparte de su complejo programa (auditorio, museo de tapices, museo de objetos suntuarios, museo de carruajes...) tiene que ser capaz de resolver la esquina más residual de la plaza que queda entre el palacio y la catedral. 


El acceso se hace por arriba, por la plaza, y desde ahí se va bajando, descendiendo por la cornisa famosa.
Ponedle además los camiones de abastecimiento, los recorridos, el transporte, la seguridad, la comodidad de accesos y estancias, etcétera, y tendréis un señor problema.

Obviamente, la cuestión de raíz, la matriz del proyecto, es hacer toda esa organización y toda esa relación de la manera más sencilla y eficaz posible. El problema, ya lo dijimos, es que el horno haga buen pan.
Luego, naturalmente, todo eso tiene que tener una forma, una imagen, una expresión plástica.




La expresión puede (y debe) ser discutible una vez visto el nivel de solución de las condiciones de partida antes dichas. ¿Es un acierto lo de las tiras verticales en fachada? Pues si no dejan pasar una luz uniforme y limpia serán un error, y si sí un acierto.
(A mí me parece, además de por su mera funcionalidad, que esa fachada ofrece una imagen neutra, como un zócalo o pedestal de piedra levemente labrada bajo la catedral).

¿Qué pasa si olvidamos todo esto y nos dejamos llevar solamente por la primera impresión que nos ofrece su fachada? Pues que entramos en el "me gusta" o "no me gusta", que ya vimos que es muy respetable en el interior de la intimidad de cada uno, pero cuando sale de ahí ya no merece especial respeto.
¿Nos gusta más con columnas jónicas? ¿Le ponemos unos arcos? Podríamos hacerlo: Tenemos todo el catálogo de formas arquitectónicas para usarlo según nuestro gusto, nuestro sacrosanto gusto personal. ¿Pero qué ganamos con ello?
(A una tía mía le entusiasmaban los bocadillos de bonito en escabeche bien espolvoreado de azúcar. De verdad. Los gustos personales son así).

Pero no merece la pena seguir intentando buscar ejemplos cuando tenemos uno perfecto justo al lado.

jueves, 21 de septiembre de 2017

Horno de pan (1)

Esta entrada está dedicada a quien no sepa
ni entienda nada de arquitectura
contemporánea y esté un poco hasta
las narices de tanta mamarrachada.


Hace pocas semanas he asistido a cómo se comparaba el centro Botín de Santander con un calefactor y la iglesia de Marcos de Canaveses con un trastero. El otro día volvió a ocurrir: El Museo de Colecciones Reales de Madrid es un horno de pan.
Es lo de siempre y no merece la pena insistir. Pero como los ciudadanos legos en arquitectura seguirán viendo la contemporánea con hostilidad y desafección, quiero decir una cosa muy básica por si puede ser de algún interés, aun sabiendo que no va a servir de nada y que vamos a seguir igual.

Primero cuento la última batallita. Un periódico pone en twitter la noticia de la inminente apertura del Museo de Colecciones Reales en Madrid con una foto, y un famoso periodista televisivo contesta: "Que ESPANTO de edificio..." (sic). (Parece obvio que se refiere al edificio objeto de la noticia y no al mamotreto que aparece tras él).


Al momento contestan algunos esforzados arquitectos defendiendo el Museo como un gran proyecto arquitectónico y haciendo notar al periodista algunas de las virtudes de ese edificio, así como la necesidad de intentar estudiarlo y entenderlo antes de soltar un exabrupto tan rotundo. La indignación del periodista crece, ahora tanto por el ESPANTO perpetrado en Madrid como por el corporativismo sectario (e incluso agresivo) de unos locos fanáticos.

Se sucede un sabroso cruce de tuits del que pongo una pequeñísima muestra:


Lo de siempre: "Como no he estudiado arquitectura estos fanáticos no me dejan opinar". (Bueno, si a eso vamos tampoco estudió ortografía y nadie le impide escribir).
Observemos que se llama a sí mismo "hereje". O sea, nosotros somos sacerdotes inquisitoriales del retorcido arcano de la arquitectura y no permitimos la más mínima desviación del dogma.
Que conste que el famoso periodista es un vacilón, y que escribía con mucha sorna. Pero dijo (en broma) que temía por su integridad física ante nosotros, y dejó caer muchas exageraciones siempre en la línea de que el fanatismo de los arquitectos no permitía a la gente "normal" expresar sus opiniones.


Naturalmente que puede opinar. Estaría bueno. Todo el mundo puede opinar. Siempre estamos con lo mismo, y esto ya lo he dicho más de una vez. Cada uno es dueño de opinar lo que quiera, pero no todas las opiniones son igual de respetables y además cada uno se retrata con sus opiniones. Quiero decir que todos somos libres de opinar y de manifestar con nuestras opiniones nuestro conocimiento, nuestra sensibilidad, nuestro fanatismo (exacerbado en el caso de los arquitectos). 
En ese sentido le dije:


¿Por qué esos dos artistas sí son incontestables? Os recuerdo que el pintor fue detestado por casi todos durante unos años y al escritor le devolvieron el manuscrito de su obra maestra. Alguien, en varios (muchos) momentos, dijo de cada uno de ellos: "Qué ESPANTO". Sin embargo ya nos hemos acostumbrado a admirarlos y a no poner sus obras en entredicho; ni siquiera las menos buenas.
Pero los arquitectos aún no han alcanzado ese grado de benevolencia ni de comprensión por parte de la gente: Ellos se limitan a hacer un horno de pan.

sábado, 14 de enero de 2017

Y coda

Ayer mismo escribí una entrada en este blog con un tono sarcástico y seguramente más estúpido de lo aconsejable, pero es que, comprendedme, ya estaba cansado de mesarme los cabellos, de indignarme, de rabiar y de gritar. ¿Para qué? ¿Qué más da todo?
El caso es que, como imaginaba, lo que escribí en tono de burla mucha gente lo piensa en serio.
Varios periódicos han dado la noticia de la ignominia, y, como todos ellos en sus ediciones digitales tienen abierta la posibilidad de que cualquier lector pueda opinar, aquello se ha puesto perdidito de opiniones.
Opiniones indignadas porque a los arquitectos nos gusten mierdas como la felizmente derribada y no nos gusten las casas buenas y bonitas de verdad como la que se está terminando de construir. Siempre lo mismo. No basta ya con la ignorancia, sino que hay un cabreo exaltado, un odio a quienes hemos consagrado nuestra vida a la arquitectura, porque actuamos como si conociéramos un arcano que a ellos les estuviera vedado y por ello nos sintiéramos superiores. (Y, por supuesto, no piensan hacer nada por estudiar, por escuchar, por aprender...)
-¡A mí ningún chulo me va a decir lo que está bien y lo que está mal!
Bueno, pues yo voy a osar decir un par de cosas.
Ya he dicho varias veces que todo es opinable, y que todo el mundo tiene derecho a opinar, pero que no todas las opiniones son respetables.
Esto en otros campos se entiende muy bien: Yo, que no sé exactamente por dónde queda el hígado, ni siquiera aproximadamente por dónde el páncreas, ni para qué sirven, puedo criticar la desobstrucción del colédoco que le han hecho a mi tío Recesvinto, puedo hablar -con un palillo entre los dientes- de la disparatada pancreatectomía parcial que le han practicado a mi colega Triboniano y puedo incluso proclamar que lo que tenían que haber hecho ambos era dejarse de médicos y tomar mucho zumo de limón. El zumo de limón es buenísimo. Y la homeopatía.
Pues sí. Pues estas cosas se dicen y ya está. Y no pasa nada. Todos sabemos de todo y todos opinamos de todo.
Lejos de mí pedir, sugerir siquiera, que quien no sepa no opine. Tan sólo opino -opinar es libre, ya digo- que quien opina de algo sin tener ni idea, sin haberse parado a pensar sobre ello, sin tener ninguna referencia ni ningún criterio salvo el de la ciencia infusa, es un bocachancla y un mascachapas. Pero, claro, esto es sólo una opinión mía.

Hoy resulta que es lo mismo
ser derecho que traidor,
ignorante, sabio, o chorro,
generoso o estafador.
¡Todo es igual!
¡Nada es mejor!
Lo mismo un burro
que un gran profesor.
No hay aplazaos ni escalafón,
los ignorantes nos han igualao.