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martes, 17 de agosto de 2021

Razón de ser

El otro día el siempre atento David García-Asenjo, arquitecto, profesor y comunicador de la arquitectura, se hizo eco de este tuit:

Quien lo publicó tiene un perfil cuyo nombre completo es Architects Against Humanity (Arquitectos contra la Humanidad) y cuyo nick es @arch_crimes (@arqui_crímenes: crímenes de los arquitectos, o de la arquitectura).

El tuit muestra una imagen de Nueva York de un tiempo pasado y, a lo que se ve, añorado por el autor, en el que aparecen las sedes de tres periódicos: The New York World, The New York Times y The New York Tribune. Y el texto que acompaña a dicha imagen dice algo así como: "Una época en la que (aparentemente) solo sabían construir de manera bella en la ciudad de Nueva York". 

De todo ese texto quizá lo más interesante para mí sea ese apparently entre paréntesis, porque de lo que habla, ciertamente, es de apariencia. Vemos mansardas parisinas, torres góticas, arcadas renacentistas, pero lo que más me llama la atención es la cúpula de San Pedro. Nada menos que la miguelangelesca cúpula de San Pedro de Roma en un periódico de Nueva York de finales del siglo XIX (1890). (Por no decir cuánto más me llama la atención que se siga añorando y deseando eso en 2021).

No quiero escribir (una vez más) sobre autenticidad, mentira, ética, adecuación y todas esas cosas, pero es que el ejemplo que esgrime @arch_crimes me parece de lo más aleccionador, pues muestra un momento de especial desorientación y confusión en la arquitectura, y también a la vez de enorme energía y esperanza, y me gustaría decir apenas dos palabras sobre ello. Tengo la gran suerte de que me lean no solo arquitectos, sino también no arquitectos con curiosidades variadas, y pienso especialmente en estos porque el ejemplo es muy interesante para hablar de una cuestión seguramente demasiado trillada por los arquitectos, pero de la que siempre se sacan nuevas reflexiones.

martes, 19 de mayo de 2020

Optimismo

Mirad qué foto:

(Clicadla y la podréis ver más grande y disfrutarla más)

Mi amigo (todavía tan solo virtual) Carlos Bento Company me la ha puesto en mi muro de Facebook, dedicándomela, y no os creáis que me ha indignado o me ha horrorizado. No. En absoluto. Al contrario: Me ha hecho reír, seguramente por la sorpresa, y en seguida me ha levantado la moral.

Es una columna que se cogió de cualquier sitio y era corta para lo que se pretendía; así que se suplementó con ladrillos. Con ladrillos huecos.
Estos se pusieron haciendo un cubo de la misma base que el capitel: dos pies por dos pies, pero tras la tercera hilada se decidió ahorrar drásticamente el material y se siguió con la cuarta parte de esa sección: un pie cuadrado.

La imagen nos agrede e incluso nos insulta desde varios frentes: el estético, el histórico, el constructivo, el económico... Pero, si no somos tiquismiquis e intentamos entender a su autor, nos llenaremos de una sensación de plenitud. Y eso es lo que pretendo contaros.

Quien haya hecho esto es una persona llena de optimismo y de seguridad en sí mismo. Es alguien que no se amilana ante ningún problema. Es una persona positiva y, como se dice ahora, propositiva. No le va la filosofía ni las discusiones abstractas ni bizantinas. Le importa un pimiento el sexo de los ángeles. Él va al grano. Pim pam pim pam. Dicho y hecho. No se atasca y no atasca. Es como una roomba: Si encuentra un obstáculo se da la vuelta y busca entrar por otro lado, pero siempre llega a donde quiere y se sale con la suya.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Del render a la rendición


El 11 de marzo de 2004 hubo en Madrid unos atentados horribles y espeluznantes de unos criminales tan malvados como idiotas, de los que creen al mismo tiempo en un dios omnipotente y en que no es capaz de solucionar sus propios asuntos ni eliminar a sus supuestos enemigos, y ellos -gilipollas profundos y ratas asesinas- se lo tienen que hacer.

El caso es que hubo muchísimos muertos en los trenes de cercanías de Madrid a primera hora de la mañana, cuando todo el mundo va a trabajar.
Todavía nos acordamos de ello. Y nos acordaremos siempre.

Uno de los actos que se programaron a partir de aquello fue erigir en la estación de Atocha de Madrid un monumento en memoria y homenaje de las víctimas de aquellos brutales e incomprensibles atentados.

El estudio FAM (Fascinante Aroma de Manzana), formado por los jóvenes arquitectos Mauro Gil-Fournier, Esaú Acosta, Raquel Buj, Pedro Colón de Carvajal y Miguel Jaenicke (a quien por el apellido le supongo hijo de quien fue profesor mío de estructuras) ganaron el concurso con una muy bella idea.

Render de la propuesta ganadora
Secuencia de ilumicación del monumento a lo largo del día. Render de la propuesta

Consistía en una cápsula rígida irregular y translúcida que dentro tendría una lámina ligera, flotante, como una especie de medusa, en la que estarían escritos unos cuantos mensajes de entre los que dejamos (sí, yo también) en los distintos  rincones de la estación de Atocha en los días siguientes a la salvajada.



No entendimos entonces cómo era esa cápsula exterior ni cómo flotaría la lámina en su interior. Lo peor fue que sus autores tampoco lo sabían.