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martes, 19 de abril de 2022

Buenos días lo primero

Todos hemos tenido a alguien que nos lo ha dicho: nuestros padres, nuestra abuela paterna o nuestra tía Herminia. Entrábamos corriendo, urgidos por una novedad o un hallazgo, donde estaban reunidos nuestros familiares, lo proclamábamos con entusiasmo y en vez de pasmarse ante nuestros asertos nos recriminaban: "Buenos días lo primero". No entendíamos nada: Lo que estábamos contando era emocionante, importante, divertido, y nos cortaban para exigirnos que cerráramos el chorro y diéramos los buenos días. ¿A quiénes les podían importar los buenos días? No obstante, al parecer era obligatorio darlos.

Imaginaos a Hitler o a Rommel mandando callar al espía que traía los datos del lugar y el momento exactos en que se iba a producir el desembarco en Normandía y gritándole: "¡Buenos días lo primero!" Imaginaos al excitadísimo espía intentando pese a todo decir cuántas tropas, cuántos barcos y con qué armamento iban a desembarcar y a sus superiores arrestándolo e incluso mandándolo fusilar por cabezota e indisciplinado, y no haciéndole caso por no haber dado los buenos días. (¿Os imagináis?)

Pues con lo de Normandía es casi seguro que no ocurrió, pero con la arquitectura ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo. Nos hemos creído portadores de nuevos conceptos de espacio, de nuevas y mejores eficiencias, de mayor lógica constructiva y de más avanzado régimen de confort, pero nos obstinamos en proclamarlo sin dar los buenos días (o, mejor dicho, los damos de una manera muy rara) y nos mandan al cuarto de los ratones sin escuchar ni apreciar nuestra buena nueva.

Vamos a hacer una prueba. Proponédsela a vuestros amigos cultos pero no en arquitectura ni especialmente interesados en ella. Mostradles estas cuatro parejas de edificios y pedidles que elijan el que más les guste de cada una.




(Se pueden clicar para verlas más grandes)

Yo lo he hecho y los resultados son prácticamente unánimes: derecha, izquierda, izquierda e izquierda.

viernes, 2 de julio de 2021

¿Ver o ser visto?

A Carlos Irisarri, por su observación


Hace unas semanas, un grupo de amigos (Miguel Barahona, José María Echarte, María Fernández, David García-Asenjo, Carlos Irisarri y yo)(1) fuimos invitados por Amparo Martínez Vidal, de Vitra, a ver el showroom de la empresa en Madrid (debo mencionar en otra ocasión el "juego de las sillas" que hicimos allí) y luego a una visita guiada y privada a la exposición de Jean Prouvé en el CaixaForum (también debería comentarla: Se me amontona el trabajo. Pero hoy voy directamente al final).

Tras ver la exposición nos invitaron a la cafetería de la planta alta. La celosía de acero corten matizaba la luz de la tarde y yo me encontraba muy a gusto.

Pero Carlos Irisarri me hizo observar una cosa en la que yo no había reparado ninguna de las veces que había estado allí.

-Fíjate dónde estamos: En pleno Paseo del Prado, justo enfrente del Jardín Botánico. Las vistas desde esta cafetería serían una delicia si Herzog y De Meuron hubieran tenido a bien no impedírnoslas.

Es cierto. El ambiente en la cafetería es agradable, con la luz tamizada por la celosía, y consigue el efecto de que te sientas allí aislado. Eso está bien para que charles tranquilo con tus amigos y el exterior no te perturbe. Pero, jolines: Es que es uno de los exteriores más hermosos de Madrid y es imposible verlo. Imaginaos desde lo alto, tranquilos, tomando una cerveza con el Jardín Botánico a vuestros pies. Menudo espectáculo. Pues no: Se nos niega para que no salgamos mentalmente de ese acogedor nido.

(Estamos tan a gusto en el paraíso que no se nos permite ninguna perturbación del mundo vil y mortal).

El proyecto del CaixaForum es impresionante. Además cede a la ciudad la plaza de su emplazamiento y regala buena parte de la planta de acceso, puesto que deja en el aire el edificio para que paseemos por debajo. ¿Pero todo eso es verdaderamente un gesto cívico o mero alarde y chulería?

Para empezar, las naves de ladrillo estaban protegidas y la actuación debía conservarlas. Los suizos le dieron la vuelta al planteamiento y las conservaron cargándoselas. (No sé qué grado de protección tendrían. Desde luego integral no puede ser, pero es que ni siquiera ambiental o tipológico, puesto que el CaixaForum rompió cualquier vínculo que pudieran tener con el entorno y con la historia). Es cierto que tampoco eran una naves notorias y el CaixaForum sí lo es, y creo que es mejor edificio que lo que había, pero en todo caso eso no es conservar.