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viernes, 23 de enero de 2026

Alegrar [jaqueo]

¿Tenéis hijos? ¿Y qué queréis para ellos? (Y aunque no los tengáis, imaginaos qué querríais si los tuvierais). Pues, claramente, que sean felices. Que estén sanos. Que sean buenos. Que sean inteligentes. Que sepan ganarse la vida para vivirla sin agobios... Tantas cosas.

Roberto Fontanarrosa (el Negro Fontanarrosa) fue un escritor, historietista y humorista (en el más amplio y alto sentido de la palabra) argentino. Gran aficionado al fútbol (fanático del Rosario Central) y formidable conversador y filósofo de lo cotidiano.

Una vez le preguntaron (y a eso iba yo) qué querría para su hijo, y él contestó: "Que sus amigos se alegren cuando lo vean llegar".

jueves, 27 de agosto de 2015

Mentir con clase. Mentir con sinceridad

Muchos creemos que el momento cumbre de la carrera de Ella Fitzgerald (estoy muy repetitivo con ella) fue en los últimos años cincuenta y primeros sesenta. Y ese gran momento se concreta en dos formidables conciertos que dio en Europa y que afortunadamente fueron grabados: El magistral de Roma el día en que cumplió 41 años, 25 de abril de 1958, y el también estupendo de Berlín, dos años después, el 13 de febrero de 1960.
Del primero ya hablamos. Para mí, y para muchos, es el mejor. Del segundo, que no desmerece en nada del otro y que sigue en la misma línea de plenitud, voy a contar ahora apenas una anécdota muy interesante.


Una cantante que se enfrenta a un concierto en el que va a cantar un montón de canciones tiene siempre el temor de olvidarse de la letra de alguna de ellas, por muy conocida que sea y por muchas veces que la haya cantado. La memoria juega esas malas pasadas. A todos los cantantes les ha pasado alguna vez. Se pasa muy mal.
Se pasa muy mal a no ser que seas Ella Fitzgerald.


Ya lo advierte antes de empezar la canción: "Espero acordarme de todas las palabras". Ya ve que no se acuerda bien de la letra.
Empieza muy bien. Se acuerda de todo, matiza muy bien... En fin, todo perfecto. Pero al terminar el primer tercio de la canción, plaf, se queda en blanco. Se le olvidó la letra.
Y a partir de ese momento surge la maravilla.
En 1:37 ya no sabe lo que sigue, acaba esa estrofa repitiendo could it be, could it be, could it be. Mack the Knife. Y ya de la siguiente ni idea, y canta, siguiendo el ritmo y la métrica perfectamente: "¿Cómo era la siguiente estrofa de esta canción, ahora? ¿esta de ahora? No lo sé". Y sigue cantando con un desparpajo arrebatador, citando a Louis Armstrong e imitándole, y a otros grandes cantantes, y haciendo scat, y jugando y gamberreando, paseando por la canción sin la atadura que supone la letra, y de paso haciendo con la música lo que quiere.
Si en 1:37 se da cuenta de que se le ha olvidado lo que sigue, podría haber hecho una seña a sus músicos y haber terminado con una "aseada faena de aliño" hasta 1:50 o hasta 2:00. Y ya está. Apañado. Pero no. No quiere terminar. Sigue cantando, y con gran placer, hasta 4:30. Porque sí, porque le da la gana. Porque es una maravillosa mentirosa y se inventa lo que haga falta, y lo disfruta.
La letra de una canción es una ficción, una mentira. Y Ella al olvidar la letra miente aún mejor, porque esta vez miente con sinceridad.
Tan fantástico es lo que hace que queda como un estándar en sí mismo, y desde entonces Frank Sinatra ya canta esa canción con el mismo recurso, citando a Louis Armstrong y, por supuesto, a Ella Fitzgerald, saludando a sus músicos y no contando al final la historia que narra la canción, sino la propia historia del hecho de cantar esa canción: La verdad de esa mentira.


martes, 18 de agosto de 2015

Tiempo de verano

Como estamos en verano, y se supone que deberíamos estar todos más relajados, y como creo que llevo unas semanas pasándome un poco de intensito (dameros malditos y demás), creo que debo relajarme un poco y pediros que os relajéis también vosotros.
Hace tiempo que no pongo música y creo que precisamente ahora, en verano, estaría bien...
-¿Vas a poner jazz?
-Sí.
-¡Y dices que para relajarnos! ¡La leche! ¡Casi prefiero lo de moderno-postmoderno-ultramoderno! ¡Jazz! ¡Qué horror!
-Que no. Que es jazz suave. Facilito.
-Mátame, camión. Me piro.
Por favor, quedaos. Quiero hablaros de un standard de jazz, una pieza que ha tocado y cantado todo el mundo. Un clásico. (Hasta mi banda la tocaba, y muy bien. Pero no: no tengo ninguna grabación de ninguna actuación nuestra).

Se trata de Summertime (Tiempo de verano), una nana que forma parte de la ópera Porgy and Bess, de George Gershwin, con letra de DuBose Heyward.
Esta canción, que Clara le canta a su bebé mientras lo acuna:

Tiempo de verano, y la vida es fácil.
Los peces están saltando y el algodón está alto.
Oh, tu papá es rico y tu mamá es guapa.
Así que calla, pequeño. No llores.

Una de estas mañanas te levantarás cantando,
abrirás tus alas y tomarás el cielo.
Pero esta mañana nadie te va a hacer daño,
con papá y mamá a tu lado.

tuvo inmediatamente un gran éxito, y pasó a ser un standard que todo el mundo cantó o tocó, desvinculado ya de la ópera a la que pertenece.

Tengo muchísimas versiones para elegir, pero os pongo la que tal vez sea la más famosa, interpretada por Ella Fitzgerald y Louis Armstrong, porque os quiero comentar un par de cosas.


La primera es que esta canción, como ya he dicho, no es un dúo, sino un aria. Es una mujer quien le canta a su niño. ¿Qué pintan dos cantantes turnándose para cantarla? A mí me suelen parecer un poco ridículos esos duetos en los que uno canta una estrofa, el otro otra y luego los dos el estribillo. Me parecen un poco envarados y acartonados. Muy manidos.
Pero desde luego hay tres adjetivos que no se les pueden aplicar ni a Louis Armstrong ni a Ella Fitzgerald: envarados, acartonados y manidos.
¿Qué hacen? Pues, como habéis oído, tras una introducción canónica de la orquesta, Louis presenta el tema con la trompeta con gran corrección y Ella canta la primera estrofa aplicadamente. Ambos cumplen los cánones.
Después viene la estrofa de Louis (2:36), que, salvo la disparatada pretensión de hacernos creer que esa maravillosa voz de cántaro desportillado es la de una tierna mamá que le canta a su hijito, también lo hace según lo escrito y prescrito. Hasta ahora la orquesta no tiene el menor problema y acompaña según lo esperado. Está saliendo todo muy bien y muy limpito.
(Aunque todo vaya según lo consabido, no quiero decir que cada articulación, cada entonación, cada trino, no sea una muestra magistral del talento humano. Baste escuchar el "eeehhh" de 3:18, que vale por todos mis campos de algodón).
Bueno, pues hemos llegado a 3:30. Ya está. La canción ha sido cantada perfectamente y ya no hay nada más que demostrar. Ya no se puede hacer mejor.
Sin embargo, queda un minuto y medio en el que sólo puede ocurrir el milagro.
Turno de Ella.
Ella vuelve a tomar la estrofa, y ya en la segunda sílaba lo rompe todo: 3:43. SuMERtime Ese "MER" sube en vez de bajar desde "Su". Escuchadlo otra vez: SuMERtime. A partir de ahí ya sólo puede ocurrir lo imprevisto. Naturalmente, antes de que termine la palabra, antes de que termine de pronunciar la sílaba "time", antes de dos segundos (3:45) ya está Louis: diet-ti-de-bos-a-susss (o lo que le dé la gana). Ya la han liado.
A partir de ahí escuchamos las prodigiosas "armonías desarmonizadas" de Ella Fitzgerald y los maravidiribidillósibos bisbiseiticíditos de Louis. Qué bestias. Qué dos pedazos de animales.
¿Se puede tener una mejor demostración de lo que es el puro canto, la pura musicalidad? Qué delicia. Qué bendición.
Un encargo que, como digo, suele ser bastante antipático -cantar un dueto-, es convertido por estos dos grandísimos artistas en una fiesta.

sábado, 21 de julio de 2012

El concierto del cumpleaños

Entre que la prima de riesgo nos tiene a todos cabizbajos, las perspectivas económicas, sociales y políticas  son devastadoras, hace mucho calor y hace mucho que no hablo de jazz, hoy os quiero contar uno de los conciertos más felices de los que haya habido noticia en la historia de la humanidad.
Se trata del concierto de Ella Fitzgerald en Roma el 25 de abril de 1958, día de su cumpleaños. (Su 41º cumpleaños, aunque en varias fuentes dicen que fue el 40º).


Esa noche Ella Fitzgerald estuvo sembrada, y el concierto fue grabado, para nuestro gozo. (Conseguid la grabación lo antes posible). Era su cumpleaños, estaba en plenitud, en Europa la trataban con enorme respeto... Todo influyó para que saliera algo extraordinario.
En momentos de bajonazo me pongo el disco y me animo. Por eso lo traigo hoy aquí: por si a alguno de vosotros le ayuda como a mí.
Conviene escucharlo entero, porque en el concierto se van alternando hábilmente canciones lentas y rápidas, evocadoras, nostálgicas, alegres, y puras bromas muy divertidas.
No estoy en condiciones (ni vosotros me lo aguantaríais) de ir comentando una por una todas las canciones del concierto, pero quiero darme el gustazo de poneros la más divertida. No: La más feliz.
Ella lleva un buen rato cantando. El público está entregado y ella sabe que con esto los va a rendir:

La canción es I Can't Give You Anything but Love (No puedo darte nada más que amor: Ojalá en estos tiempos de ruina al menos nos lo dijeran nuestros queridos gobernantes). Es un standard que han cantado todos los grandes, y que los buenos aficionados conocen (esa es la tónica general de todo el concierto).

Abre la canción, tras una introducción sencilla y rítmica del piano, con un fraseo lleno de arabescos, muy controlado.

(No sé insertar el audio aquí. Tendréis que clicar el enlace de aquí abajo, y cuando os salga la pantalla del tal, clicar en la portada pequeña del disco, que está en la parte superior, al lado del título de la canción).


Fijaos, por favor, en cómo fluctúa y juguetea su voz en los primeros 40 segundos. Cómo controla rigurosamente, pero al mismo tiempo dumbudubtubutea pronunciando escrupulosamente la letra y al mismo tiempo jugando con ella.
En 1:08 hace otra interpretación con una voz aniñada y muy dulce, y al decir "chichi" en vez de "Love" en 1:14, con una cierta ambigüedad provocativa, levanta la primera y muy tímida sonrisa del público.
Después de esa voz angelical, en 2:11 vuelve a empezar la estrofa de una forma totalmente inesperada, y el público se ríe ya abiertamente y quiere aplaudir, pero al mismo tiempo se obliga a callar para no interrumpir la interpretación. Se lo están pasando en grande.
Pero la que de verdad se lo está pasando en grande es Ella Fitzgerald, que en 2:28 se pone a scatear y lo borda, y en 2:36 arrastra el rugido. En 2:50 vuelve a scatear, juega con la voz y las palabras, se divierte y emociona al público, que en 3:00 vuelve a reírse y acaba aplaudiendo encantado.

Estupenda interpretación, pero repito que no es esta canción en concreto, sino un concierto que a mí me hace feliz. Me gustaría que os lo hiciera también a todos vosotros, y que, ya que no podemos darnos nada más que amor, seamos conscientes de que, en definitiva, tampoco necesitamos nada más.

miércoles, 8 de septiembre de 2010

Ella

Estoy estos días con mis rollos de siempre: moderno, postmoderno... ya lo habéis visto; y caigo en este vídeo de Youtube.
Pienso que hay personas que existen y han existido para hacernos felices. Benditas sean. Aparte de algunos amigos y familiares, pienso en Ella Fitzgerald. Pasó por este mundo para hacernos felices.
Fijaos cómo empieza la famosa canción de Mack The Knife con absoluto rigor y métrica. Es una canción muy repetitiva, incluso machacona, y ella la respeta al principio, pero luego la va deconstruyendo. Improvisa y cambia la tonalidad y el ritmo. Sorprende: No da la nota que nuestros oídos esperan, y nos gusta más así. Es puro jazz. Todos los grandes cantantes han hecho lo mismo con esta canción, y ella lo hace magistralmente, y lanza un gracioso saludo a otro que también lo hizo: su gran amigo Louis Armstrong. (Otro ser delicioso que también vivió para nuestra felicidad).



Moderno, postmoderno, des-construcción, conflicto entre estructuras, complejidad, serie, variación... Es todo muy confuso. Me pongo otra vez el vídeo y disfruto.