Hoy quiero contaros una envidiable historia que se puede leer en este libro que me prestó mi amigo Emilio(1).
En él Joseph Mankiewicz dice que su colega Norman Krasna le contó una buena idea que se le había ocurrido para una obra de teatro. Estaba inspirada en un linchamiento que había ocurrido en el norte de California:
-¿Te imaginas si una turba enfurecida...?
-Uf. Sí. Sería tremendo.
Norman Krasna
A Mankiewicz, que por aquel entonces era guionista y aún no había dirigido nada, aquello le caló.
Le caló tanto que tres años después aún se acordaba de ello y se lo propuso al gran (y temible) Louis B. Mayer con la pretensión de dirigir esa película. El jefe le dijo que seguro que iba a ser muy buena, y un fracaso comercial, pero que de acuerdo. Solo que a él lo quería tener como productor, porque no lo veía aún preparado para dirigir(2).
Mankiewicz propuso entonces como director a Fritz Lang, recién venido a EE.UU. y que estaba en esos momentos sin trabajo, y Mayer aceptó.
Mankiewicz propuso entonces como director a Fritz Lang, recién venido a EE.UU. y que estaba en esos momentos sin trabajo, y Mayer aceptó.
-Hay una pega -dijo Mankiewicz-, y es que la idea no es mía, sino de Norman Krasna. Se la tendríamos que comprar.
-De acuerdo -le contestó el jefe-. Ofrézcale veinticinco mil dólares por el argumento.

