Nota previa:
No tiene nada que ver con esta entrada, pero reparo en que hoy hace justo dieciséis años que estrené este blog, escribiendo esta primera y temerosa entrada con la que no me podía ni imaginar dónde iba a llegar. En este momento veo que el blog tiene 2.991.629 visitas desde su fundación. Muchas gracias a quienes venís por aquí de vez en cuando y lo leéis. Y, en general, me decís cosas muy gratas. (Justo me acaban de poner un comentario muy negativo y seguramente muy justo a una entrada de hace quince años. Me llama la atención que textos para mí ya olvidados, y algunos de ellos muy apresurados y muy poco rigurosos, sigan suscitando lecturas y opiniones. Es tremendo).
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En la película Qué verde era mi valle hay muchas escenas muy plásticas. Una de ellas es la de la salida de la iglesia en la boda de Angharad (Maureen O'Hara). El velo de la novia oscila suavemente, y finalmente se eleva en vertical cuando ella se sube al coche. Una imagen muy poderosa y que a la vez da una idea de ligereza y evanescencia que combina extrañamente con la tristeza de la novia.
Algunos comentaristas celebraron la preciosa casualidad de la elevación vertical del velo justo en ese momento, y dijeron que John Ford tenía mucha suerte, pero hay al menos una entrevista (la he visto) en la que Maureen O'Hara explica que de suerte y de casualidad nada de nada: que Ford hizo colocar unos grandes ventiladores fuera de plano que produjeron ese efecto tal como él lo tenía previsto.