Mostrando entradas con la etiqueta Wittgenstein. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Wittgenstein. Mostrar todas las entradas

domingo, 13 de mayo de 2018

La estética como excepción al pensamiento

(A Mapila)

Fernando Savater ha escrito ayer un artículo en EL PAÍS que me ha dejado con la sensación déjà vue, déjà connue de que los arquitectos contemporáneos son la plaga y de que la arquitectura actual es la perversidad misma.
Vale. Ya aburre. Ya lo sabemos. Pero es que esta vez me ha llamado la atención más que otras veces porque se supone que Savater es un pensador. Y porque se supone que un pensador piensa.


En su día no me leí su en muchos colegios obligatoria Ética para Amador (a mí me pilló ya muy mayor para ello), y a partir de ahí ya todo me vino torcido con él.
Sé que de vez en cuando escribe un libro, pero hasta ahora los he ido evitando concienzudamente, y ya a estas alturas espero salir de este circo con mi virginidad savateriana intacta.

Me cae bien porque es, como yo, un apasionado de La isla del tesoro, y sé con absoluta seguridad que si eres stevensoniano no puedes ser mala gente. Es imposible.

Hace tiempo escribió un libro sobre caballos, y entonces me enteré de su pasión por la hípica. 

Y en el artículo de ayer vuelve a hablar de esa pasión. Mejor dicho: De lo que habla es de que por culpa de esa pasión ha tenido que sufrir la inmersión en una obra de arquitectura contemporánea, y es que su amado hipódromo de Longchamp ha padecido una reforma perpetrada por el arquitecto francés Dominique Perrault.