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viernes, 20 de febrero de 2026

Supermanes con caspa

Me acaban de llamar del ayuntamiento de Tabardillo para decirme que tienen un PHH (Programa de Hactuación Hurbanizadora(1)) de hace veinte años, cuyo autor soy yo, y que yace en una especie de armarito-estantería sin que nunca nadie haya hecho nada con él, así que quieren proceder a su archivo.

Tabardillo. Sector A3. Año 2006. A nombre de Promociones Penegordo. Uf. Ni idea. No recuerdo nada. Me van dando pistas y poco a poco, muy vagamente, voy evocando aquellos años en que todos éramos supermanes con caspa. 

(La caspa entonces no nos la veíamos, pero
ahora, con la perspectiva de los años,
comprobamos que estábamos sepultados en ella)

Cuando he consultado mi archivo y he ido recordando, me ha dado incluso vergüenza retrospectiva. Tanta que, como en muchas otras ocasiones, voy a usar este blog para hacer un enésimo ejercicio de catarsis.

martes, 8 de agosto de 2023

Dominga y el urbanismo

La joven ilustradora Elizabeth Justicia ha creado un personaje, Dominga, que es una anciana tranquila pero con venazo, que ha vivido lo suficiente como para asumir los avatares de la vida y que también nos muestra los problemas que tenemos todos: el desamparo, las ilusiones perdidas, el miedo, el paso del tiempo... Es una mujer que está sola y que habla sola ("Mejor hablar sola que callar acompañada"), y dice cosas con un sentido del humor profundo y reivindicativo, que demuestra que tiene bastante más carácter que lo que podría parecer. También es un ejemplo de tantas mujeres anónimas que viven sobreponiéndose a todo y salen adelante.

Elizabeth Justicia y su personaje Dominga

El día 15 de mayo de este año apareció la figura de Dominga en un banco del parque de la Alameda de Cervantes en Soria. No es nadie en especial; es una señora "normal", una de tantas a quienes no prestamos suficiente atención y a quienes deberíamos hacer más caso.

viernes, 15 de julio de 2022

Prejuicios

Hoy os voy a contar una bonita historia de hurbanismo patrio. (Para el concepto de hurbanismo clicad aquí).

En el año 2005 la Junta de Extremadura, consciente del raro valor ecológico que tenía un islote del embalse de Valdecañas, lo declaró ZEPA (Zona de Especial Protección de Aves) y lo incluyó en la Red Natura 2000 de la Unión Europea. ¿Por qué? Pues porque las aves lo tenían como lugar de anidación y de cría. Y es que claro: Era un lugar fantástico.

¿Pero qué pasó con tan fantástico lugar? Pues que si los pájaros no son tontos para elegir un sitio agradable los pajarracos tampoco lo son. Y les gustó el sitio.

No hay en el mundo un lugar tan bonito que no se pueda mejorar con un campo de golf, unas villas, unos hoteles y un embarcadero. Todo ello de lujo; eso no hay ni que decirlo. Y así lo propuso un importante grupo empresarial, que por la magia del hurbanismo convirtió ese terreno (bueno para los pájaros, pero nada más), que podría valorarse en 0,00 €, en un paraíso para ricos valorado en muchos millones y, sobre todo, atractor de muchas y muchas millonadas. Millonadas for everybody, oh com'on baby súbiri súbiri dubi dubi yeah.

He sido incapaz de encontrar una foto del islote de Valdecañas antes de la hurbanización.

Una vez más estábamos ante el milagro de la multiplicación de los panes y los peces y el de la gallina de los huevazos de oro.

Y una vez más las autoridades políticas abrazaron el proyecto. Porque era muy respetuoso con el medio ambiente, porque RESPETABA todo: la vegetación, los bichitos, las amapolas, el canto de los pájaros y la puñetera ZEPA.


Ampliad el mapa y veréis el respeto.

Todo el proyecto fue considerado "de interés regional" (dinero, puestos de trabajo y desarrollo de un islote de mierda que hasta entonces solo tenía cardanchas y piojos). Todos los informes exigibles fueron favorables y en un esfuerzo hurbanístico sin parangón se aprobaron Planes Generales, Planes Parciales, Planes Especiales y hasta Planes de Pensiones en un tiempo récord.

Pero ahí seguía la ZEPA y la inclusión en la Red Natura, que tanto había gustado a los políticos locales cuando aún nadie les había perfumado con el nuevo aroma. Qué fastidio. El asunto pareció arreglarse definitivamente cuando la Junta de Extremadura declaró favorable el estudio de impacto ambiental y decidió que las aves eran muy dueñas de seguir pasando por allí y de anidar en tees, bunkers, roughs y greens, por lo que toda esa operación no afectaba en nada su calma ni sus hábitos reproductivos. Era obvio que una Zona de Especial Protección de Aves no estaba reñida con hoteles, villas, campo de golf y embarcadero. Es más, era obvio que la mejor -qué digo la mejor: la única- forma de darles a esas aves una especial protección era con hoteles, villas, campo de golf y embarcadero.

Pero Ecologistas en Acción tuvo que venir a joder la parva. Presentaron un recurso contencioso y la liaron. Con lo contentos que estaban todos. Armaron un argumento absurdo sobre que tan brillante y feliz operación conculcaba la legislación urbanística extremeña y las disposiciones y exigencias de la Unión Europea para con los espacios incluidos en la puñetera (¡ay, Señor, en qué hora!) Red Natura 2000.

El Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEX) dio la razón a los ecologistas en 2011: El plan del islote de Valdecañas vulneraba la legislación autonómica del suelo, que estaba clasificado como no urbanizable de especial protección. Así que el TSJEX ordenó que se deshiciera todo y que se restituyera el islote a su estado original. Uf, un palo bastante fuerte. Un palo tremendo. Pero los emprendedores y valientes políticos se sobrepusieron al disgusto de una forma ejemplar. ¿Sabéis lo que hicieron? Cambiaron la legislación autonómica del suelo ¡con carácter retroactivo! ¡Y lo hicieron por unanimidad de todos los partidos políticos! ¿Habrá algo capaz de frenar el talento de nuestros dirigentes cuando está en juego la felicidad del pueblo?

El Parlamento de Extremadura dijo que con esa jugada el proyecto ya tenía soporte legal. Hala, problema resuelto.

Entonces el TSJEX envió el paquetito al Tribunal Constitucional, porque la pintoresca modificación de al ley autonómica del suelo no la dejaba muy coherente con la ley estatal en un par de detallitos, como por ejemplo que el suelo no urbanizable de especial protección tiene que ser de especial protección. También había un par de cosillas que entraban en conflicto con la propia Constitución Española.

La Junta de Extremadura acudió al Tribunal Supremo y perdió en 2014. Otro palo.

La cosa finalmente parece que no tiene vuelta de hoja y ahora vienen los lloros del dineral que va a costar deshacer todo lo hecho y dejar el islote como estaba. Y a ver de dónde se saca tanto dinero, ahora que ya no es para más ganar, sino para más perder.

Con el asunto en esta situación, el otro día el periódico El Mundo publicó un artículo cuyo titular me dejó atónito y me pareció inaudito, tremendo, una auténtica lección para dar en las escuelas de periodismo: "Valdecañas: de cómo los ecologistas con prejuicios contra la jet set están a punto de cargarse el paraíso de los fines de semana". ¿Prejuicios? ¿En serio? ¿Prejuicios? ¿Cargarse el paraíso? No hay más preguntas, señoría.

Confieso que al ver este pantallazo en Twitter pensé que era una falsificación. Pasa mucho. Tenía que ser no solo un bromista, sino alguien con muy mala baba contra el periódico para amañar un falso titular como ese. Pero no: Busqué en Google El Mundo Valdecañas y ahí sigue, tal cual. No pongo el enlace por dos motivos: El primero porque los titulares en la web están vivos y pueden cambiar cualquier día (fiaos de mi palabra; lo he comprobado y ahí sigue aún hoy, varios días después de su publicación), y el segundo porque los medios en internet viven de las visitas que tienen sus publicaciones, y no me da la gana "generar tráfico" a ese basurero. ¿Cómo se puede titular así? Ya puestos, podrían forzar un poco más la situación: "Los asquerosos y vengativos ecologistas perroflautas con prejuicios contra la gente decente se quieren cargar todo lo bueno de la sociedad". 

Confieso que creo en buena medida que los arquitectos tenemos un componente antiecologista en cuanto que pretendemos mejorar la propia naturaleza con nuestra obra. Somos unos soberbios y unos prepotentes, aunque es cierto que en ciertos casos felicísimos se ha conseguido. La propia arquitectura y el propio urbanismo son eso, y no por un indeseado efecto colateral, sino por su misma razón de ser. También confieso que a lo largo de mi vida profesional he hecho urbanismo y me he indignado por cualquier pega que ha puesto la administración pública a mis propuestas, y me he solidarizado con mi cliente hasta el punto de pensar como él y de hacer mías sus pretensiones, y no solo por los interesantes honorarios profesionales comprometidos, sino porque de verdad he llegado a creer en la bondad de nuestra pretensión.

(También hay que ver qué tipo de pegas y puñeterías les ponen las administraciones públicas a los técnicos y a los agentes urbanizadores de escala pequeña o mediana y qué alfombras rojas extienden ante determinadas macrobestialidades).

Vamos, que yo, intentando hacer urbanismo, he podido hacer a veces algo de hurbanismo, lo confieso, pero es que esto de Valdecañas ya es hhhurbanismo, y lo de El Mundo me ha parecido perihodismo. (Pero reconozco que pueden ser solo prejuicios míos).

lunes, 30 de agosto de 2021

Dámaso Alonso y el hurbanismo

Para el concepto de "hurbanismo" véanse las
dos entradas dedicadas a él en este blog:
"Hurbanismo (I)" y "Hurbanismo (y II)"


Me acaban de llamar para hacer un certificado de una casa. Al preguntar la dirección me han dicho que es la calle de Dámaso Alonso. "Dámaso Alonso", he pensado, y se me han venido a la mente las tres experiencias que tengo del poeta, que son:

1.- Durante mi infancia, adolescencia y primera juventud (desde mis ocho a mis veintidós años) fue el director de la Real Academia de la Lengua. En aquella época todos los cargos parecían eternos. Salía de vez en cuando en la tele y era un hombre pequeño, calvo, casi insignificante. Un vejete inofensivo.

2.- Hacia mis veinte o veinticinco años leí el Retrato del artista adolescente de Joyce traducido por él. Lo leí, cómo no, instado por la cita tan repetida por Oiza de que el artista permanece fuera de su obra, despreocupado, cortándose las uñas. Y me pareció que el vejete inofensivo había estado muy atento a la vanguardia en su juventud.

3.- Finalmente, entre mis veinticinco y mis treinta años leí su Hijos de la ira (que era el típico libro que tienes que citar en el bachillerato y que ni se te pasa por la cabeza que algún día vayas a acabar leyendo). ¡Joder con el vejete inofensivo! ¡Qué pedazo de libro! ¡Qué pegada!

martes, 2 de marzo de 2021

La unidad churro

La profesión nos lleva por donde quiere, y a mí me ha llevado durante tres décadas y media de pueblo en pueblo, a salto de mata, sobre todo por la provincia de Toledo. También por la de Madrid y, muy esporádicamente, por las de Cuenca y Ávila.

En estos trotes he salido a menudo de casa muy temprano y en ayunas, con la esperanza de desayunar de paso por algún pueblo. Mi colección de fracasos ha sido escandalosa. El último hoy mismo.

Ayer por la tarde quedé telefónicamente con un cliente para verlo hoy a las nueve de la mañana en su casa, que está en un pueblo de la provincia de Toledo por el que he pasado de largo varias veces, pero que no conocía. Así que, previendo que iba a levantarme temprano y que iba a tomarme en casa tan solo un café bebido, y escarmentado de pasar por cada pueblo intermedio con los ojos atentos y sin ver ningún local mínimamente hospitalario (para acabar desayunando en un antro un desabrido café con una antipática pareja de magdalenas industriales en camisa de plástico)(1), me documenté. Tiré de Google y le pedí que me buscara churrerías en ese pueblo o en otro cualquiera de mi camino. ¡Bingo! ¡En el de mi destino había una!

Más interesado en ver su ubicación que la de la casa de mi cliente, vi además unas cuantas reseñas muy favorables. Pues asunto resuelto: Hoy iba a desayunar como un sátrapa oriental pero castizo: un buen café con leche (o a lo mejor hasta un chocolate, ya ves tú) con un par de porras (o a lo mejor tres, que de perdidos al río).

Así que hoy he ido confiado a ese pueblo, sin necesidad ya de pasar por los intermedios mirando a todos lados buscando algún sitio medio decente y con riesgo de tener un accidente. No: Hoy iba sobre seguro. Iba a un pueblo próspero y civilizado que tenía churrería. Mi mirada al frente, mi pulso firme, mi determinación optimista y confiada.

Pero cuando por fin he llegado he visto que la churrería estaba cerrada. Y debía de llevar cerrada más de cinco años, a juzgar por la mierda que había acumulada al pie de la puerta y por lo roñosa que estaba esta.

Y me he encontrado de nuevo en un sitio inhóspito de la España Deschurrada, sin saber dónde y cómo podría desayunar. Y me han venido de golpe toda el hambre y todo el desaliento. Más que hambre, un vacío triste y macilento en el estómago estragado. Qué ganas de llorar.

He preguntado a uno que pasaba por la calle y me ha mirado con cara rara, como diciéndome que la gente decente desayuna en casa. Me ha señalado la plaza del ayuntamiento y me ha dicho que ahí había dos bares.

He ido, me he asomado, y he comprobado que, en efecto, la gente decente desayuna en casa, y a los bares va por la mañana a tomarse el carajillo o el botellín con "alcahueses". He mirado primero en un bar y luego en el otro y no he visto sobre los mostradores no digo ya unos churros, sino al menos bollos, bizcochos, magdalenas... nada. Así que he salido a la calle, he visto una panadería, me he comprado una bolsa de palmeritas industriales muy pringosas y me he ido con ellas al coche, donde me las he comido a palo seco.

viernes, 22 de mayo de 2020

Señas de identidad

Cada país tiene su idiosincrasia y sus señas de identidad. Hemos leído que lo primero que hicieron los estadounidenses cuando se enteraron de que venía la COVID-19 fue ir corriendo a comprar armas. Así son ellos. Sí. Temían el desabastecimiento, el pillaje, los desórdenes públicos, el caos. Y la mejor forma de hacer frente a todo ese sindiós es comprarse un buen AK-47 o un M-16(1). Los miramos con superioridad y conmiseración. "Pobrecillos", nos decimos, "qué simplones son".


Pero qué bolos. Armas, armas, armas para todo. ¿Así creen que van a superar la pandemia? Qué manía, de verdad.

Nos quedamos tan panchos y tan satisfechos de no ser como ellos, de ser más sofisticados, más civilizados, más cultos.

¿Y qué es lo primero que hemos hecho los españoles? Pues muy fácil: Suprimir controles y trámites para dar licencias urbanísticas. Que ya digo que somos otra cosa.

Para empezar, la presidenta de la Comunidad de Madrid anuncia triunfante que sustituye las licencias urbanísticas por declaraciones responsables.


Eso significa que los proyectos y planes que hasta ahora eran examinados por los técnicos de la comunidad (y tardaban un montón, y encima ponían pegas) ahora no van a sufrir control alguno, y todo el procedimiento va a ser sustituido por que el interesado (incluso si es perpetrador de lofts "residen-dustriales") declare "responsablemente" que cumple con todo. Y ya está.

viernes, 24 de enero de 2020

Destacar

Hace un par de fines de semana he estado de "turismo interior" y he visto muchas cosas interesantes. Pero he de confesar, lamentablemente, que aunque yo sea un amante y un defensor de "lo moderno" (entiéndase esto como se quiera), ha sido muy deprimente constatar la penuria arquitectónica y urbanística media de lo construido en el siglo veinte y en lo que llevamos del veintiuno.

He disfrutado de algún palacio renacentista, alguna iglesia barroca y alguna casona judía o mudéjar que, sin ser grandes cosas en sí mismas, mostraban un carácter, un tono medio y una adecuación espacio-temporal estupendos. Y, sobre todo, las casas de arquitectura anónima, incluso pobretona en el reseco sur de Castilla y en el norte de Andalucía, con su silencio y modestia crean entornos amables, habitables, tranquilos y al mismo tiempo duros y agrestes. Llenos de vida y de fuerza.

Pero, por el contrario, cuando he visto el tono medio de lo de ahora (dándole a ese "lo de ahora" unos sesenta o setenta años de margen) he constatado su futilidad, su bajeza, su paletez, que hacen que en cualquier ciudad, salvando dos o tres hitos valiosos de arquitectura contemporánea que vemos con unción y devoción, prefiramos pasear por el casco antiguo por más anodino que sea antes que sufrir los barrios nuevos y, no digamos, las urbanizaciones.

¿Qué ha pasado?

Puse esta foto en las redes sociales:

Valdepeñas (Ciudad Real). Puerta del Vino

y obtuve muchas reacciones de estupor. No es para menos. (Aparte de que podéis clicar la foto para verla más grande, os dejo aquí un enlace para que podáis daros un paseo virtual).

¿Qué mente enferma ha podido perpetrar esa cosa? ¿A qué corporación municipal o a qué jurado le pudo parecer bien que se hiciera eso?

Este ejemplo está tomado en Valdepeñas, pero no quiero ensañarme con esta ciudad: Es un fenómeno incomprensible que arrasa y vandaliza cualquier otra que se nos ocurra visitar. Pero ya que estoy con este famoso emporio manchego del vino aprovecho para poner una foto de sus bolardos. ¿Apetece una copita?


De verdad: Qué gracia y qué humor tiene la gente. Qué derroche de imaginación el de todos los ayuntamientos. Así da gusto vivir en estos entornos sugerentes, simbólicos y divertidos.

Sin embargo, creo que todas estas chorradas y mamarrachadas no son lo peor. Creo que mucho más doloroso que estos chispazos de pobre ingenio y de dudoso gusto son los paisajes urbanos desabridos, son los entornos tan chungos en los que vivimos casi todos nosotros.

miércoles, 12 de junio de 2019

Dar ejemplo

Ayer por la tarde, en un pueblo de mi comarca, vi este casoplón:


Ya me fijé en él hace muchos años, llevando a mi hijo pequeño a jugar al fútbol a un pabellón que queda al lado. (Lo vi al llegar con el coche y, ya después, mientras se jugaba el partido, me escapé -qué mal padre- para ver la casa con tranquilidad).

Hoy, como digo, tanto tiempo después, la he vuelto a ver. Me acordaba de ella perfectamente. Lo primero que tengo que decir es que está muy bien construida. En todos estos años no se aprecian fachadas churretosas, manchurrones de humedad, fisuras, desconchones... Nada. Está como nueva. Tan solo la gran puerta de madera, al fondo de ese porche de columnas seudotoscanas, se ve un poco ajada por el sol, el frío, el tiempo. Necesitaría un buen cepillado y un barnizado.

Por lo demás, la casa está perfecta.

Si clicáis la foto la podréis ver más grande y disfrutar todos los detalles que tiene. Es un híbrido tras otro y un orgullo tras otro. Cada cosa (las columnas, los aleros, la chimenea, los tejados...) son de un estilo diferente, buscando en cada elemento lo mejor. Eclecticismo sagreño.

(La comarca de La Sagra es un paraíso de la arquitectura(1). Alguien debería prestarle atención).

Toda esta calle es de casas normales, sencillas, sosas, feúchas, de pueblo. Excepto esa, que es la excelencia misma, la sublimidad. Más o menos desde donde estoy haciendo la foto, en una casa que queda a mi izquierda, un matrimonio está sentado en el porche a la sombra, tranquilos, en silencio, mirando con la mirada perdida lo mismo todos los días: nada.

En el casoplón del fondo no se ve a nadie. Está cerrado. Tiene terrazas y porches, pero no hay nadie en el exterior, no hay nadie expuesto. Hace años, cuando el partido de fútbol de mi hijo, también estaba así. Hay gente, pero no se la ve. Me los imagino como los protagonistas de la película Los otros, agazapados en el interior oscuro, con todo cerrado.

Viven en la casa, pero no se asoman. No miran. No se dejan ver. Sin embargo su presencia es evidente, pesada, ominosa. Su casa se yergue como ejemplo para la calle, para el pueblo entero, pero ellos se esconden. Desde las sombras de las celosías y de los cortinones dominan el pueblo.

Naturalmente, no sé quiénes son los dueños de ese casoplón, pero como veo cacharros de esos en todos los pueblos, a algunos de cuyos propietarios sí conozco, permitidme que haga una inferencia y hable no de estos concretamente, sino de un tipo muy característico que construye unas casas muy curiosas.

Son las casas de las familias ricas, apenas dos o tres por cada pueblo. Hay pueblos que solo dan para tener una, y otros ni siquiera una. Son los terratenientes que ya eran ricos cuando sus tierras de secano daban nada y menos por hectárea. Pero teniendo miles y miles de hectáreas las cuentas les salían.
Y ya cuando el gran pelotazo hurbanístico(2) clasificó buena parte de sus kilómetros cuadrados como suelo urbanizable aquello fue el acabose.

Tenemos que pensar, antes que nada, que esta gente es la nobleza rural, la Cavalleria rusticana, y se mueve, sobre todo, por el honor y la dignidad.
Para ellos, construirse una casa así es una obligación cívica, un deber moral ejemplificador.

miércoles, 30 de enero de 2019

Cuando Alvar encontró a Paco

Hace tiempo ya hablé aquí de la sorpresa que me produjo encontrar cerca de mi pueblo una urbanización cuyas calles tenían nombres de arquitectos ilustres.

El otro día, yo creo que por autoescandalizarme y hacerme daño gratuitamente, quise pasear virtualmente por la calle de Alvar Aalto utilizando el Google Street y vi cosas como esta:


Es la calle de Alvar Aalto esquina con la calle de Sáenz de Oiza en Illescas (Toledo). A esa casa se entra por la calle del navarro, pero la foto está tomada desde la del finlandés. (Curioso encuentro el de ambos maestros).

Puse en twitter esta misma captura de pantalla, acompañándola de una maldición grosera que no voy a repetir aquí, principalmente porque este blog lo lee mi director espiritual y el twitter no; así que allí me permito exabruptar con soltura.

Sí diré que esa maldición grosera que solté fue compartida e incluso aplaudida por algunos, pero un compañero me la afeó muchísimo, lo que me movió a querer darle explicaciones. Lo que pasa es que twitter es un muy buen sitio para tirar la piedra, pero no tanto para pedir excusas o matizar argumentos, por aquello de su brevedad. Por eso me lanzo a escribir esta entrada.

Empezaré diciendo que mi grosería no iba dirigida contra el arquitecto firmante de esa bazofia ni contra nadie en particular. Estaba en plural e iba dirigida a todos. Era (o quería ser) como la maldición que lanza George Taylor al final de El Planeta de los Simios. "Yo os maldigo a todos".

Yo os maldigo a todos. [...]. Os maldigo.

Y me maldigo a mí mismo, pues confesé allí, y vuelvo a confesar aquí, que he hecho casas peores que la de la foto. (Lo que pasa es que ni en la calle de Alvar Aalto ni en la de Sáenz de Oiza).

domingo, 27 de mayo de 2018

Etcétera

Por estas cosas que pasan en la vida, y porque estoy todo el rato dando vueltas y me expongo a todo tipo de contactos y se me cruza gente muy rara, he dado con un supervillano de esos que quieren dominar el mundo o, en su defecto, destruirlo, le he caído bien y me ha encargado el proyecto de su nuevo centro de operaciones.
El complejo consiste en una guarida de lujo*, una oficina para las extorsiones y los chantajes, un laboratorio de armas químicas, bacteriológicas y nucleares y una base de lanzamiento de misiles teledirigidos cargados con esas armas. Un proyectazo. Me ha regateado un poco mis honorarios (menos que otros clientes, la verdad) y nos hemos puesto a buscar emplazamiento.

Es difícil encontrar un lugar en el que poder hacer algo así, pero después de buscar por muchos municipios hemos encontrado un sitio idóneo. Naturalmente no lo puedo decir**.

Como siempre que se va a empezar un proyecto, he ido al ayuntamiento y he consultado la normativa urbanística. La ordenanza de aplicación en ese solar es sorprendente, increíble. Nos viene a huevo: O ha sido escrita por un idiota o por un cómplice de mi supervillano, porque ha dejado entreabierta la puerta para que entremos a cumplir nuestros sórdidos fines. Y es que los usos permitidos en la finca en la que mi cliente quiere establecerse son:

Fotografía sin manipular. La ordenanza dice eso.

1.- Vivienda colectiva.
2.- Vivienda unifamiliar agrupada, en fila, aislada y pareada.
3.- Comercio.
4.- Oficinas.
5.- Hotelero.
6.- Deportivo.
7.- Sanitario.
8.- Religioso.
9.- Cultural.
10.- Industria artesana.
11.- Almacenes.
12.- Etcétera.

¿Etcétera? ¡No puede ser! ¿Etcétera? Sí. ¡Etcétera! ¡ETCÉTERA! De verdad.

miércoles, 2 de diciembre de 2015

Los nombres de las calles

Paseando por mi pueblo he caído en la cuenta de que prácticamente todos los promotores inmobiliarios que han pasado por aquí han dejado calles, plazas y avenidas a nombre de sus padres, de sus hijos, de sus esposas...
Parece mentira que sean esos nombres los que acaben configurando los callejeros de nuestros pueblos y los que vayan a forjar nuestra memoria urbana y la de nuestros hijos.
En mi pueblo ha habido, de siempre, una Plaza de la Fuente porque en ella está la fuente; una Calle de la Vega porque por ella se sale del pueblo y se va hacia la vega; una Calle del Cristo que sube desde la plaza hasta la hoy desaparecida ermita del Cristo; una Calle Ancha porque era la más ancha; una Calle de la Botica porque... Así de simple y de sencillo era mi pueblo.
Después se pusieron nombres a algunas calles nuevas: A una el de un cura que estuvo muchísimos años y a quien la gente recordaba con cariño; a otra el de un médico muy querido que pasó aquí casi toda la vida; a otra el de un secretario por lo mismo... Hay un parque a nombre de un vecino (tío abuelo mío), y así algún otro lugar del pueblo. Me parece muy bien: Los nombres de vecinos queridos y respetados, de personas a las que el pueblo quiere recordar para siempre; gente insignificante para el mundo pero muy importante para sus vecinos, y de la que éstos quieren guardar memoria.
Sin embargo, en estos últimos años un promotor nos ha dejado una avenida a nombre de su madre, otra a nombre de su padre, un parque a nombre de su mujer y yo qué se qué más. Otro nos ha dejado una avenida a nombre de su empresa (que a su vez contiene las iniciales de sus hijos) y una plaza a su propio nombre. Otro más nos ha dejado una plaza a nombre de su padre. Otro una calle a nombre de su esposa. Etcétera.
¿Quiénes son estos personajes que pueblan nuestros callejeros? Pues gente que no pisaron jamás el pueblo, que no lo conocen de nada y a quienes nadie del pueblo conoce. Y cuyos nombres quedan grabados sin fundamento, sin necesidad, sin reconocimiento y sin justicia.
Es un ejemplo más del disparate que se ha adueñado de nuestras vidas.
En una época de enorme crecimiento, los administrativos del ayuntamiento se las veían y se las deseaban para buscar nombres de flores para nombrar las calles de una urbanización, de pájaros para otra, de escritores para otra, de minerales para otra, de islas para otra más, etcétera.
Es una consecuencia, tal vez tonta e insignificante, de este urbanismo de PAUs, de zonificación brutal y expeditiva, de creación de tejido urbano de la nada que hemos padecido: De este "Hurbanismo".
En los proyectos de urbanización las calles se llamaban A, B, C, D..., y cuando se terminaban y la gente empezaba a vivir en las casas resultantes el ayuntamiento tenía que poner deprisa y corriendo "Calle de Pío Baroja", "Calle de Miguel de Unamuno", "Calle de Valle-Inclán", "Calle de Ramiro de Maeztu"... o "Calle de la Oropéndola", "Calle del Jilguero", "Calle del Gorrión", "Calle de la Paloma"... Etcétera. Así, porque sí y a capón.
Así que si el promotor de turno ya les daba resuelto el asunto y les presentaba un plano con los nombres de las calles ya puestos -Avenida de Antonia Motilla Sánchez (su esposa), Calle de Luis Alberto Pérez Motilla, Calle de Juan José Pérez Motilla, Calle de María Teresa Pérez Motilla y Calle de Leonardo da Vinci (es que no tenía más hijos)-, el ayuntamiento le daba el okey y se quedaba tan contento.
La verdad es que para esto yo habría preferido dejar los nombres fríos de los planes parciales: "Calle A de la Primera Fase del SAU 24"; como los asteroides que se van descubriendo ahora, que ya no tienen nombres de dioses romanos, sino de conservantes.

Una variante divertida de este fenómeno se ha dado en más de un lugar (esta vez no en mi pueblo) cuando el promotor, una vez saciado su amor filial, conyugal y paternal, delegaba en el arquitecto la tarea de nominar las demás calles, y éste decidía convocar y concitar a todos sus héroes. Y así nos encontramos alguna urbanización con las calles Alvar Aalto, Frank Lloyd Wright, Miguel Fisac, Santiago Calatrava y Rafael Moneo. Y lo más impresionante es que en ellas hay unas casas que no tienen nada que ver con ellos, porque las casas ya sí las diseñaba el promotor a su gusto. ("Es que esto es lo que vende").

No es mi pueblo. Es otro cercano. Clica y lo verás más grande.

En la imagen superior se ve un fragmento de plano del callejero de un pueblo en el que podemos ver las calles de Alvar Aalto, de Miguel Fisac, de Sainz [sic] de Oiza, de Álvaro Siza, de Norman Foster, de Santiago Calatrava y de Rodrigo Carrasco (que ya estaba allí antes y viene de otra historia). (Las que no aparecen rotuladas en este plano son las calles de Rafael Moneo, de Frank Gehry y de Pablo Palazuelo (¿?). Y fuera del fragmento seleccionado, por el sur, siguen la de Walter Gropius y la de Alonso de Covarruvias. (Menudo cacao).
Fuera de este fragmento, por el este, nos encontramos con las calles de Bramante, Juan de Villanueva, Ventura Rodríguez, Andrea Palladio, Francisco Sabatini...

miércoles, 19 de noviembre de 2014

Hurbanismo (y II)

(La primera parte de esta entrada ha superado todas mis previsiones. Ya dije que ahí estaba todo lo que sabía sobre el asunto, pero también prometí -insensato- extenderme un poco en los dos corolarios que enuncié. Así que voy a divagar sobre ellos).

Cuando me compré mi casa los intereses de los créditos hipotecarios estaban sobre el 15%. Hacia 1993 empezaron a bajar, y a bajar, y a bajar...
Parecía que por fin la gente se iba a poder comprar una casa con cierta comodidad, pero entonces el precio de éstas empezó a subir, y a subir, y a subir...
"Ellos" sabían hasta dónde se nos podía apretar el dogal, y cuántos centímetros de lengua podíamos sacar, así que siguieron teniéndonos a todos con la lengua fuera. De manera que la bajada del esfuerzo pagador causada por la de los tipos de interés se compensó automáticamente, como si hubieran abierto una compuerta entre dos recipientes, con la subida de los precios.
(A esto se refieren cuando dicen que el mercado se autorregula. Qué cabrones).

Por otra parte, siempre se había pensado que la vivienda era la mejor inversión posible, porque nunca bajaba de precio, pero ahora se generó la expectativa de que cualquiera podía ser propietario, y se inventaron hipotecas a treinta años, a cuarenta, a los que hicieran falta, para que todo el mundo se embarcara en la compra de una casa. Daba igual que fuera carísima; tú sólo tenías que fijarte en cuánto tenías que pagar al mes, y la verdad es que con unos intereses muy bajos y muchísimos años de amortización tu pago mensual era asumible (aunque te pasaras media vida pagando sólo intereses, sin devolver apenas nada de capital).
Los ciudadanos eran felices. Todo era maravilloso.


Dos dibujos de El Roto en la época del boom.

Ya, ¿pero por qué las casas eran tan caras? Pues porque una casa no es ninguna tontería. Porque una casa requiere el trabajo de mucha gente durante mucho tiempo, y muchos materiales caros... ¡Mentira! Con esa explicación no cubres ni la mitad del precio de tu casa.
Un avión a reacción sí es caro, y un diamante de tropecientos quilates, y un robocop. ¿Pero una casa?
Y lo que más costaba de la casa era el suelo, que, como dije el otro día, en realidad es algo que cuesta poquísimo.
Un diamante cuesta mucho porque hay muy pocos, pero suelo hay para aburrir, y encima las leyes del suelo lo fueron liberalizando y "facilitando" para que costara menos, pero iba costando más cada vez.
¿Por qué? Vamos a hablar de cómo se calcula el valor de un suelo por el... (tranquilos; sed fuertes)... ¡método del valor residual!

1.- El método del valor residual. ¿Cómo calcularíais el número de ovejas que hay en un rebaño? Me refiero a un gran rebaño, a un rebaño enorme, con un número abrumador de ovejas que no se pueden ni contar.
Pues muy fácil: Contáis las pezuñas y dividís entre cuatro.
¿Os parece absurdo? Pues con el valor del suelo se hace una cosa tan absurda o más.
Se parte del precio de venta de la vivienda. (¿Por qué? ¿Por qué sabemos perfectamente el precio final de venta de una vivienda si no sabemos el precio de uno de sus componentes, que encima es el más caro con diferencia?). De ese precio final de venta le vamos descontando todo lo que interviene, cuyo importe conocemos perfectamente (beneficio del promotor, gastos financieros, licencias, notaría, honorarios de diversos profesionales, coste de la construcción...) y lo que queda es el valor del suelo.
Estupendo. ¿Pero cómo es posible -repito- que sepamos el precio de una vivienda antes de saber el de uno de sus componentes?
Esto en sí mismo es una monstruosidad. El precio de la vivienda no es analítico, aditivo (como el de un avión, un diamante o un robocop). No parte del precio de sus componentes. Por el contrario, es un precio previo porque es meramente un precio especulativo. El precio de la vivienda es un "porque sí".
¿Cómo es posible que se sepa lo que cobra cada profesional, lo que cuesta cada ladrillo y lo que supone la licencia de obras, el estudio geotécnico y el laboratorio de control y no se sepa cuánto cuesta un solar? Pues por lo que dijimos el otro día: Porque el solar, de por sí, no cuesta nada (o casi nada), y se agarra al valor de expectativa. El solar es el pelotazo. Un bien que cuesta muy poco dinero y que, por arte de birlibirloque oportunista puede llegar a costar una fortuna.

viernes, 7 de noviembre de 2014

Hurbanismo (I)

(Unas cuantas observaciones deslavazadas basadas en mi experiencia personal).

Prólogo 1: El suelo (urbano) no vale nada. Por el límite oriental del término municipal de mi pueblo (Seseña) pasa el Río Jarama, que forma una vega muy fértil. Esas tierras han sido muy cotizadas desde la prehistoria, pues el Jarama lleva un caudal muy estable y el regadío está garantizado. Hay pocas heladas y todo se muestra benigno para la agricultura.

El Río Jarama en el término de Seseña. Foto: Ferpatillas

El maizal. Foto: Priedepriede
(Este es de Navarra, pero es exactamente igual que los de mi pueblo)

Los antiguos seseñeros establecieron el pueblo a unos siete kilómetros de distancia de esa magnífica vega. No la iban a estropear construyendo casas. Éstas fueron construidas (naturalmente) en el peor sitio posible para la agricultura: en un pedregal de yeso. El suelo que no valía para otra cosa se usaba para construir.

Seseña, hacia 1960. Foto obtenida gracias a la labor encomiable de mi paisano
y tío segundo Pepe Cholela. Desde la torre de la iglesia mirando hacia el este.
Al pie se ve la plaza, y la calle de La Vega se aleja. 4 Km más allá (de suelo de secano)
pasa la carretera de Andalucía y el terreno va descendiendo otros 2 o 3 Km hasta el Río Jarama.

La gente rica tenía mucho terreno de regadío en la vega y mucho más de secano en el llano. La gente algo más pobre tenía algunas tierras de secano, en la parte alta, entre la vega y el pueblo. La gente aún más pobre no tenía tierras y trabajaba a jornal. Pero todos tenían enormes parcelas en el casco urbano: El terreno en el que hacer la casa costaba infinitamente menos que una tierra de labor de secano (y no digamos que una pequeña huerta de regadío). En realidad apenas costaba algo. Y si las zonas más céntricas estaban ya ocupadas, se hacía uno la casa en las afueras y ya está.
Recuerdo la casa de mis abuelos: No tenía ni baldosas. El suelo era de tierra apisonada y cal, que mi abuela regaba todas las mañanas asperjando con la mano el agua de un cubo. El tejado era de tejas sobre cañizo. Las paredes eran de canto y barro. La electricidad había venido después: Las paredes estaban recorridas por cables trenzados con aislamiento tejido, las bombillas colgaban de casquillos desnudos y se encendían y apagaban con interruptores de pellizco.
Era la casa más pobre que uno pudiera imaginar, y sin embargo daba por detrás a un patio enorme, en cuyo fondo había una cuadra donde había habido una mula, y encima de la cuadra había una cámara para el grano. Un auténtico laberinto inextricable para jugar. Un paraíso.
En la parcela que ocupó la casa de mis abuelos, ya demolida, están hoy las casas de tres de mis tías, tres buenas casas, cada una de ellas con su buen patio.
Es decir: Un matrimonio medio, algo más pobre que rico, tenía un solar que hoy sólo se podría permitir un millonario.