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lunes, 27 de julio de 2026

Piscinas para idiotas - 1 (desvarío)

El otro día me llamaron del programa ETPLT (Etepeleté - Esta Tarde Por La Tarde), de la cadena TeleVerdad, para que me sumara como invitado externo a la ya famosa tertulia diaria ante la ya famosa mesa ovalada dorada y diera mi opinión como experto (profesor de estructuras) ante la llegada anual del ya cansino problema: "Piscinas en terrazas. ¿Se caen las terrazas? ¿Se caen las piscinas? ¿Se inunda el salón? ¿Se puede nadar en cuarenta centímetros de agua?" Qué aburrimiento: todos los años lo mismo.

A mí estas cosas me agobian. Yo no soy experto en nada y no sé nada. Tan solo podría decir que el agua pesa, y lo hace a razón de un kilo por cada litro (y que un litro es lo mismo que un decímetro cúbico). O sea, que a cada metro cuadrado sobre el que se asienta le transmite diez kilos (kilos de peso, o sea, kilopondios, pero no es cosa de marear) por cada centímetro de altura. Un rollo patatero que no entendería nadie, y entonces se pondrían en acción todos los chisgarabises del programa con sus bromitas y cuchufletas para recuperar algo de la chispa que este gordo reviejo les estaba quitando.

Y poco más. Si acaso me dejaran añadir algo (cosa que suponía harto difícil), diría que la norma CTE-DB-SE-AE(1) estima que en la terraza de una vivienda hay que considerar una sobrecarga de uso de dos kilonewtons -lo que vienen siendo 203,94 kg (masa) o, aquí en La Tierra, también kp (peso)- por cada metro cuadrado de superficie, carga que se logra con tan solo 20,4 cm de altura de agua.

Es decir, en una terraza cuya estructura haya sido calculada de manera estándar, sin tener en cuenta la posibilidad de poner en ella ni una piscina ni el David de Miguel Ángel, si se nos ocurriera de pronto poner una (piscina) portátil, no deberíamos ponerle más de veinte centímetros de agua (cosa que, por ejemplo, la foto que he puesto aquí arriba incumple notoriamente).

Eso era todo lo que me veía capaz de decir, y tan enmarañada y confusamente como lo acabo de escribir. En cuanto a si, siendo la piscina portátil más bien poco extensa, el peso del agua se debería estimar como una carga superficial o como una carga puntual resultante y aplicada en un solo punto (su centro de gravedad), la verdad es que tenía mis dudas, así que esperaba no tener que enredarme mucho en ellas.

Me habían avisado con solo dos días, y el primer gran problema fue decírselo a mi mujer. Yo ya me imaginaba la que me iba a caer encima.

miércoles, 6 de septiembre de 2023

No te mueras

A Ángela Hernández y Jesús Ángel Izquierdo
(hERiZO arquitectos), que están planeando también el viaje,
con mi deseo de que lo hagan cualquier año de estos



No sé desde cuándo soñaba con conocer Ronchamp; supongo que desde que con diecisiete años entré en la escuela de arquitectura y fui abducido por el entusiasmo.

Entonces era un sueño casi imposible, como otros cien mil. Pero hace unos siete u ocho años se convirtió en una idea realizable, o al menos acariciable. Lo que pasa es que en mi casa no solemos ser decididos. Todo se alarga incomprensiblemente (y porque mi mujer tira de mí, que si por mí fuera no movería un dedo nunca).

La primera idea fue ir en coche desde casa, llegar hasta Lyon, ver La Tourette (en Éveux, al lado de Lyon), seguir hasta Ronchamp y dar la vuelta. (Y, ya puestos, hacer esta por Marsella y ver la Unité).

Iba a ser una odisea de un montón de días, y mi mujer, muy sensata, me dijo: "Hernández, el coche está bastante cascado y puede que nos deje tirados en la campiña francesa, deliciosa cuando se recorre en un automóvil ágil y fiable y con la cabeza y el espíritu libres de preocupaciones, sí, pero amenazante e incluso procelosa cuando el anciano vehículo se niega a seguir jadeando".

viernes, 30 de julio de 2010

Moisés y Aarón. Vacaciones

Estoy muy animado con el blog, y ahora que voy a tener más tiempo (aún), el cuerpo me pide escribir, y escribir, y escribir.
Pero voy a parar un poquito por vosotros.
No soléis hacer comentarios (muchísimas gracias a los que lo hacéis), pero en el contador veo que lo visitáis a menudo, más de lo que yo esperaba cuando empecé. Sin embargo, estos días el contador ha pegado un frenazo brutal. Esto puede ser porque ya os hayáis cansado de mí (Dios, qué manera de aburrir en dos semanas), o porque estéis de vacaciones, o con horario de verano, o con mucho calor... qué sé yo. El caso es que de lo que sí os habéis tomado unas vacaciones, al menos, es de este blog.
Paro, porque lo de Heidegger sí que quiero que lo leáis, e incluso que me digáis algo, y os advierto que lo de Moisés-Aarón va a caer en septiembre. Es pregunta de examen y quiero que os la miréis.
Creo que si venís en septiembre y os encontráis veinte o treinta post nuevos os vais a desanimar y vais a pasar definitivamente de mí. Así que paro un poco. O al menos cambiaré el tipo de posts y los haré más ligeros y veraniegos.
Si alguien quiere curso de verano, o tertulia, o lo que sea, que lo diga. Que me deje algún comentario. Yo miraré a diario (y con ello seré el único que mueva el contador de visitas). Si os veo a alguno por aquí os contestaré u os diré algo.
Buenas vacaciones.
Os pongo deberes de verano, tarea de vacaciones: Moisés y Aarón.
Moisés era tartamudo. Conocía la palabra de Yahvé y la tenía que predicar, pero no se le daba nada bien hablar en público. No "transmitía". Se trabucaba, se liaba y lo echaba todo a perder. Su hermano Aarón, por el contrario, tenía una hermosa y bien timbrada voz, entonaba muy bien y cautivaba al auditorio. Pero no conocía el mensaje que había que transmitir. Solución: Moisés se lo explicaba a Aarón y éste, sin terminar de entenderlo bien, se lo contaba a su pueblo con bellas palabras y hermosos gestos. A Aarón le daba igual ocho que ochenta. Él soltaba el discurso que le pusieran delante, incluso sin entenderlo ni asimilarlo. Sólo así se explica que cuando Moisés subió al Sinaí Aarón aprovechara el tiempo haciendo un ídolo, un becerro de oro. Después de las plagas, los discursos ante el faraón, el báculo y la serpiente, el éxodo, las aguas del Mar Rojo y todo lo demás, no se había enterado de nada.
Simplificamos y reducimos a símbolos. Nos queda:
MOISÉS.- Tiene las ideas claras y conoce el asunto, pero no tiene talento artístico para "hacerlo bonito", para adornarlo. Sus obras quieren ser profundas y penetrantes, pero no le terminan de salir.
AARÓN.- No tiene ni idea del tema, pero tiene talento artístico y lo sabe "hacer bonito" y atractivo. Sus obras son muy bellas, pero él mismo no lo tiene muy claro.
Estos son esquemas extremos, y exagerados. Ya comentaremos casos reales, menos rotundos (comparar a Chillida con Aarón fue exagerado). Pero el modelo Moisés-Aarón, por su claridad y simpleza, nos puede servir para aclarar algunas cosas.
Ya lo veremos, porque el tema creo que da para más.