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jueves, 20 de agosto de 2020

Plagiar a Faulkner

Documento gracioso: carta de ediciones Du Seuil rechazando mi novela (Crónica de San Gabriel). Este rechazo me lo esperaba bien, pero lo que me divierte son las razones que dan. El lector habla de una "aplastante influencia" de Faulkner. Ahora bien, jamás he leído una sola línea de Faulkner (de lo cual me avergüenzo). Es uno de esos autores frente a los cuales, por ignorarlo, siento un complejo de culpa.
Julio Ramón Ribeyro(1)


A pesar del título, en esta entrada no voy a hablar de Faulkner. Es solo que la cita de Ribeyro me ha dado pie a comentar lo que sigue.

William Faulkner

Y, ya puestos a aprovechar que el Pisuerga pasa por Valladolid, no tengo más remedio que poner esto:


Respecto a la novela de Ribeyro, la "aplastante influencia" de Faulkner se podría deber, en mi opinión, a uno de estos tres motivos:

1.- Ribeyro nunca había leído a Faulkner, pero leía (y admiraba) a algún autor muy influido por aquel. Sería, por tanto, una influencia indirecta o de segunda mano.

2.- El ambiente en el que escribía Ribeyro, y su actitud ante él, y su forma de expresarlo, y la cultura narrativa en su entorno y demás circunstancias eran similares a las de Faulkner. De este modo, Ribeyro podría ser un segundo Faulkner espontáneo, natural, inevitable.

3.- Ese lector de la editorial, y solo ese, ávido lector de Faulkner, veía coincidencias donde objetivamente no las había: Era una obsesión del lector, que sí que estaba muy influido por el novelista estadounidense.

En cuanto al pseudoFaulkner de Amanece, que no es poco (por cierto, ¿es a mí solo o a alguien más se le da un cierto aire ese actor argentino, Arturo Bonín, a Faulkner?), ¿ha plagiado voluntaria y fraudulentamente Luz de Agosto o le ha salido así? ¿Ha hecho un Pierre Menard?(2)

En este sentido, menciono también la canción My Sweet Lord, de George Harrison, que fue un evidente plagio de He´s so Fine, de Ronnie Mackque todos podemos comprobar, pero que finalmente quedó sentenciado como plagio involuntario. Y eso a su vez me recuerda a lo de Paul McCartney con Yesterday, que estaba probando en el piano y le salió sola, y le pareció tan buena y le había salido tan fácil que pensó que había tocado inconscientemente una música que había oído y se le había quedado dentro. Y les tocó la melodía al piano a todos los que tuvo a mano, para que alguien le dijera de quién era. Le costó convencerse de que la música era suya.