Esta mañana han salido por la radio unas cuantas mujeres mayores que viven solas y que se defienden bastante bien en este duro confinamiento que estamos pasando. Han hablado de las muestras de cariño y buena vecindad consistentes en que siempre hay alguien que les deja el pan y la leche en la puerta (benditos sean), y de las diarias conversaciones por teléfono con los nietos.
La que más me ha llamado la atención ha sido una señora de más de noventa años (creo que ha dicho noventa y dos), que se levanta, ventila, hace la cama, desayuna... por las tardes sale al balcón a aplaudir y hay unas luces azules (deben de ser las de la policía) que le encantan. Ve la tele, lee alguna revista...
Albert Anker. Anciana leyendo
Debe de ventilar mucho, porque lo ha vuelto a decir después de leer la revista. Ha confesado que estaba hablando desde su dormitorio; seguramente sentada sobre la cama. Aunque una viva sola y nadie la moleste en ninguna habitación, parece que para las llamadas importantes se está más concentrada en el cuarto que en la sala.
Ha hecho mucho hincapié en las luces que entran por las ventanas y por el balcón y ha rematado con: "Es que tengo una casa preciosa".
