martes, 30 de septiembre de 2025
Bloques cebra y casa de verano
miércoles, 22 de mayo de 2024
¡Será por dinero!
En esta escena de la novela La agonía y el éxtasis, de Irving Stone, vemos a Miguel Ángel hablando con su amigo y protegido Sebastiano Luciani, más conocido como Sebastiano del Piombo precisamente por lo que ahí cuenta: porque el papa le nombró guardián de los sellos (de plomo) de la Santa Sede. Un cargazo.
Sebastiano fue un magnífico pintor, con influencias cruzadas de los opuestos estilos veneciano (color) y florentino (dibujo) -perdón por la excesiva simplificación-, que siempre admiró a Miguel Ángel y fue ayudado por este (aunque al parecer la cosa no acabó muy bien. Ya sabéis: los artistas).
martes, 7 de mayo de 2024
¡Chinita!
Hoy he tenido un "¡chinita!" No es el primero; ni el quinto; ni el décimo. Sí que espero con todo mi ser que sea el último, pero quién sabe.
Esta es la forma en que muchos se dirigen a nosotros, y, como en el fondo nos merecemos ese trato, acudimos dóciles como la chinita de la película.
Yo he sido chiniteado cien veces a la cara, por teléfono, por correo electrónico, o -como hoy- por WhatsApp. Os voy a contar cómo ha sido porque lo tenemos tan asumido que a veces no nos damos ni cuenta de la humillación y nos creemos que es una forma correcta de ser tratados. Desde luego, quien se dirige a nosotros no se da cuenta; lo suelta así, como si cualquier cosa.
miércoles, 12 de junio de 2019
Dar ejemplo
En el casoplón del fondo no se ve a nadie. Está cerrado. Tiene terrazas y porches, pero no hay nadie en el exterior, no hay nadie expuesto. Hace años, cuando el partido de fútbol de mi hijo, también estaba así. Hay gente, pero no se la ve. Me los imagino como los protagonistas de la película Los otros, agazapados en el interior oscuro, con todo cerrado.
Naturalmente, no sé quiénes son los dueños de ese casoplón, pero como veo cacharros de esos en todos los pueblos, a algunos de cuyos propietarios sí conozco, permitidme que haga una inferencia y hable no de estos concretamente, sino de un tipo muy característico que construye unas casas muy curiosas.
Son las casas de las familias ricas, apenas dos o tres por cada pueblo. Hay pueblos que solo dan para tener una, y otros ni siquiera una. Son los terratenientes que ya eran ricos cuando sus tierras de secano daban nada y menos por hectárea. Pero teniendo miles y miles de hectáreas las cuentas les salían.
Y ya cuando el gran pelotazo hurbanístico(2) clasificó buena parte de sus kilómetros cuadrados como suelo urbanizable aquello fue el acabose.
Tenemos que pensar, antes que nada, que esta gente es la nobleza rural, la Cavalleria rusticana, y se mueve, sobre todo, por el honor y la dignidad.
Para ellos, construirse una casa así es una obligación cívica, un deber moral ejemplificador.
lunes, 10 de agosto de 2015
Qué me gusta, qué sé hacer y para qué sirvo
¿Qué me gusta?
El otro día un abogado me restregó por las narices que no me supiera de memoria la Ley Hipotecaria. Me hizo sentir bastante mal. Él no sabe calcular un porcentaje (y no digamos una fracción) y yo me tengo que saber la Ley Hipotecaria. Pues no: No me la sé. Que así conste para mi eterno oprobio. Es más: Creo que nunca me la sabré. En mis ratos de ocio preferiría estudiar algún tratado sobre la reproducción asistida del caracol de Borneo. No sé, lo veo más interesante.

