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viernes, 12 de julio de 2024

Elogio de lo monstruoso

El otro día vimos "lo monstruoso" como criterio último y más eficaz para invalidar y descartar una obra de cualquier tipo: Si no responde a su naturaleza (o si algo de ella no lo hace), si no es coherente con su propia esencia, no nos sirve. No la queremos.

De acuerdo. Eso parece irrefutable, y probablemente lo es. (Vamos, que seguro que sí lo es). Pero sin embargo... Sin embargo lo monstruoso está en el centro de muchas obras de arte, e incluso, exagerando, podríamos llegar a decir que está en todo arte que no quiera cumplir lo establecido. (No me refiero ya a que no quiera cumplir los códigos -de eso ya escribí el otro día y lo di por legítimo-, sino a que no quiera cumplir con la forma de pensar, con la coherencia, con la inteligencia, con la bondad. Me refiero a un non serviam en toda la línea de flotación).

Lo monstruoso ha ejercido siempre una rara fascinación sobre muchos artistas, que han intentado explorar alguna de sus facetas.

Grandes escritores han penetrado en los abismos más siniestros del alma humana y nos los han mostrado para nuestro pasmo y horror, y grandes ilustradores, actores y directores han reaccionado intentando darles forma visual y tangible.

sábado, 9 de octubre de 2021

La huella y la memoria

El arquitecto pontanés Francisco Gómez de Tejada, muy vinculado a su ciudad -Puente Genil (Córdoba)- y muy interesado por su historia, pasaba a menudo por la plaza en la que hacía muchos años había estado la ermita de Santa Catalina. Un mural de azulejos ("retablo cerámico" lo llaman allí) era lo único que quedaba como recuerdo y homenaje a aquella ermita, cuyo emplazamiento se había convertido en una placita tranquila.

La placita donde estuvo la ermita.
Imagen del Google Street (que aún muestra así ese lugar)

Detalle de la foto anterior. En la medianería
hay un mural de azulejos

Ese mural representa una vista de la ermita que estuvo allí:



El arquitecto pensaba si podría haber alguna manera más potente de recordarla que la de ese mural, y, dándole vueltas, acudió al proyecto de Robert Venturi y Denise Scott Brown para el Franklin Court de Filadelfia, que consistía en un recuerdo a Benjamin Franklin mediante la ejecución de museos y de tratamiento del paisaje, y, entre todo ello, la recreación volumétrica de las que llamaron gost structures (estructuras fantasma), que reproducían pabellones y elementos de la casa en la que el prohombre había vivido.

Venturi y Scott Brown. Gost structures en el Franklin Court, Filadelfia.

Siguiendo la misma idea, Francisco Gómez de Tejada planteó reproducir el volumen construido de la ermita de Santa Catalina.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Jim Hawkins en León

A Jordi Badia, de BAAS arquitectura, Barcelona,
de quien conocí una obra memorable,
y a Juan Carlos Ruiz, de A+U arquitectos, León,
que me trató muy bien en su ciudad.


Mi mujer no es arquitecta. Con el tiempo ha adquirido el hábito de soportar a un marido entusiasta de la arquitectura y, con no poca paciencia por su parte, hemos aprendido a negociar y a disfrutar juntos de tantísimas cosas que tiene la vida (incluida, en sus justas y muy comedidas dosis, la arquitectura).

Somos Amigos de Paradores, y nos gusta mucho tomarnos (muy de vez en cuando) un fin de semana largo (incluyendo el viernes previo o el lunes siguiente) y largarnos en tren o en coche a cualquiera de los que aún no conozcamos. Es un plan bastante bueno y siempre muy agradable.

Hace ya algunos años una de nuestras escapadas más memorables fue a León, que no conocíamos. El viaje en tren nos gustó mucho, el parador nos encantó y la ciudad nos pareció muy bella y muy agradable de vivir. (También os digo que en diciembre hacía una miajilla de frío, pero eso nos sirvió para entrar en un pequeño restaurante del Barrio Húmedo y atizarnos un cocido cuyo recuerdo aún me congracia con la humanidad).

El Parador de León: Convento y hospital de San Marcos

Pero, ay, el arquitecto: Yo, aparte del disfrute de la gastronomía, del callejeo, de las curiosidades varias, tengo, como todos los cansinos arquitectos, la consabida y jartible listita de obras a visitar. Y mi mujer me acompaña. (No soy de los más pesados, pero aun así lo soy inevitablemente).

En esta ocasión, además del Correos de Sota, del Auditorio y del Museo de Tuñón y Mansilla, de la Catedral, de la impresionante cripta de San Isidoro... (La casa Botines no: No sé qué me pasa, pero siento emociones muy diversas por la obra de Gaudí, y en general las peores son para con los edificios que hizo fuera de Cataluña. En todo caso vimos la casa por fuera y me senté un rato a su lado para verlo dibujar)...

Además de todo eso, digo, lo que sí llevaba apuntado era el tanatorio. Sí. El tanatorio. Arrea. Qué gusto, qué alegre visita en un fin de semana de placer. (Soy una juerga: Mi mujer está encantada conmigo).

Me lo habían recomendado encarecidamente. Hasta ese momento no había oído hablar de él y tampoco de sus autores, BAAS arquitectura.

Como está muy cerca del parador, nos acercamos dando un corto paseo en un ratito muerto que tuvimos. Y si mi paciente esposa sacrificó parte de un bello fin de semana en ver un tanatorio también lo vais a ver vosotros:









Las imágenes son de la web de BAAS arquitectura

Me gustó mucho. A ella también. Creo que, aparte del funcionamiento preciso que tiene que tener una instalación así, hay una dificilísima carga simbólica, un dolor, una situación intolerable ante la cual poco puede hacer la  arquitectura, pero aquí eso poco lo hace.

Qué difícil es proyectar algo así. Antes los muertos se velaban en las casas, pero eso suponía una dura carga para los allegados, que aparte del dolor, de la pena, de la inmensa desgana por todo, tenían que hacer de improvisados anfitriones para todo aquel que se quisiera pasar por allí.

Los tanatorios vinieron a encargarse de esa función agobiadora y desesperante, pero lo hicieron a base de ser fríos, eficaces y burocráticos, que, por otra parte, es lo que tienen que ser. Qué difícil para la arquitectura ser útil en esas circunstancias. Parece uno de esos casos en los que una buena arquitectura no va a servir de nada ni a aportar ningún consuelo ni ningún gusto, pero una mala puede hacer daño, ser agobiante, disgustar.

En este caso Jordi Badia y Josep Val, los arquitectos, logran, para empezar, diseñar un edificio que no agobia. ¿Tiene usted una pena irreparable por la pérdida de su ser querido?, pues lo menos que se puede hacer es respetar su dolor y procurar que el sitio en el que va a estar muchas horas no le moleste.

Pueden coincidir varios fallecidos con sus varias familias y amigos, cada uno de los cuales llega cuando quiere, está el tiempo que estima oportuno y se va cuando le parece bien. Gente que va y que viene, gente que está, que se cruza, que se va, y, de entre ella, hay quien llora, quien está en silencio y quien tiene la animación suficiente para charlar e incluso para recordar alguna cosa simpática y hasta divertida, y para colmo, cosa curiosa, hay quien pasa por esas tres fases sucesivamente (llanto, silencio, risa). No es ninguna falta de respeto, no es ninguna frivolidad: Es la vida y el cariño, es el dolor y es el amor. Es llorar porque ha muerto nuestro gran amigo y alegrarnos porque eso nos ha hecho coincidir con otros grandes amigos y evocar recuerdos de alegría. Es la muerte: Nada más y nada menos que la muerte.

¿Y qué puede hacer la arquitectura en tal situación? Muy poco, repito. Configurar un espacio, hundirse discretamente, hacer un talud de césped, disponer una lámina de agua, hacer que la luz penetre de formas distintas y genere ambientes diferentes. Poca cosa. Todo lo importante lo tienen que hacer las personas que allí vayan.

En este caso, esa poca cosa que puede hacer la arquitectura la hace estupendamente bien.

viernes, 20 de marzo de 2015

Creación y construcción

El otro día escribí aquí sobre el placer y el misterio de dibujar, sobre el acto de conocimiento, creación y percepción que supone dibujar. Pero casi al mismo tiempo veredes ha sacado a la luz un "viejo" texto mío, en el que hablaba de la pasión de construir y en el que decía que cuando la arquitectura se queda en el papel y no se construye no es arquitectura.
En el proyecto está la concepción del edificio, y en él se encuentran anticipadas las principales cuestiones espaciales y constructivas. El mero dibujo ya convoca al geniecillo de la arquitectura.
Lo que pasa es que en los dibujos no están resueltos todos los problemas, ni mucho menos. Los más gordos se dan en la obra y hay que ser capaz de meterles mano. Hace falta una gran serenidad y un gran cuajo para sacar adelante una obra con tanta gente, tantos puntos de vista diferentes, tantos intereses, tantos tropiezos y tantos sinsabores.
El pintor Edvard Munch y el escritor Robert Louis Stevenson quisieron ser arquitecto e ingeniero de faros respectivamente, y sus familias les hicieron abandonar semejantes pretensiones (más sangrantemente la de Stevenson, que era precisamente de ingenieros constructores de faros). ¿Por qué lo hicieron? Porque ambos eran jóvenes enfermizos, y las personas que les querían bien les hicieron ver que para ejercer esas profesiones hace falta una salud de hierro.
En ese mismo sentido, Kevin Roche ha dicho a menudo que para ser arquitecto hace falta una gran fuerza intelectual y psicológica, una enorme resistencia mental y una determinación inflexible, pero también, además de todo eso, y sobre todo eso, una gran fuerza física.
(Conozco a un arquitecto que se mueve en silla de ruedas, y os puedo asegurar que tiene una enorme "fuerza física" y una "salud de hierro". Os pido que entendáis esto en sentido amplio).
Todo esto lo digo para decir que una cosa (fundamental) es dibujar, pero otra (decisiva y definitiva) es partirse el pecho, llegar a la amenaza física, a las manos, al chantaje e incluso a la faca para levantar un edificio y para que en el proceso siga siendo "nuestro" edificio y no se adultere demasiado ni se arruine ni se le vaya todo el gas.

Un compositor tiene una sinfonía en la partitura, y sólo queda que una orquesta la interprete. Tampoco en ese caso la música está entera en el papel. La interpretación es fundamental. Pero sí lo está mucho más que la arquitectura en los planos. La distancia (constituyente, íntima, orgánica) que hay entre el proyecto y el edificio es muchísimo mayor que la que hay entre la partitura y la ejecución musical. Además, al músico no le llega en plena ejecución el político de turno, o el cliente, o quien sea, para decirle que quiere que los fagots tengan más protagonismo, pero al arquitecto sí le mangonean en plena construcción, y le cambian cosas, y le obligan a rehacer y a reconcebir, y le adulteran todo sobre la marcha. Al compositor tampoco le paran la sinfonía por un hallazgo arqueológico, o por una protesta vecinal, o por una corriente de agua subterránea, o por un coste sobrevenido, o por un cambio de gobierno.
La arquitectura padece este tipo de problemas angustiosos y atenazadores. Pero lo fascinante de ella es que al dar un paso atrás o a un lado para afrontarlos, mejora. Las mutilaciones y adulteraciones que le infringen tantas absurdas circunstancias son su ley de vida, su ámbito natural, y, perdiendo en muchos aspectos parciales, siempre gana en el resultado final.
Quien termina un edificio es maestro de quien aún no lo ha empezado a construir.

Veamos un ejemplo famoso: Jorn Utzon soñó para su Ópera de Sidney un perfil así:


Pero tras muchas luchas y derrotas (y también victorias), quedó así:


Las "velas" o "cáscaras" que eran su signo de identidad quedaron menos esbeltas, menos elegantes y más "contundentes" y "duras". De hecho dejaron incluso de ser cáscaras, láminas continuas de hormigón, para convertirse en sucesiones de nervios. Muchos han señalado ese error causado por la imprevisión de Utzon, y mantienen que la idea inicial era una imagen elegante, pero que el resultado final fue decepcionante y traidor. Pues bien: yo lo prefiero. A mí la obra construida me parece una maravilla, y creo que mejora notablemente la imagen dibujada. Tiene más fuerza, más peso, más enjundia. Y, sobre todo, esta construida. Es un cuerpo cierto, una realidad bajo el sol, un artefacto, un mamotreto objetivo, real, físico, un logro, una realización, un triunfo.
Lo de Utzon fue un concurso de ideas, una brillante intuición que -pensó- ya resolvería en su momento. En un concurso las cosas son así, pero en el proyecto final esos problemas ya están resueltos. No fue así en este caso, y empezaron a cimentar sin saber aún cómo seguiría la cosa.
No obstante, por muy resuelto que esté todo en un proyecto bien hecho y bien calculado, siempre hay un salto tremendo hasta su construcción.

jueves, 3 de abril de 2014

El premio de un lector

Dedicado a Sergio Andrés Uribe, Arquitecturibe.

Perdonadme la autocomplacencia (una vez más, y ya van...), pero hoy no puedo (ni quiero) dejar pasar el testimonio de un lector, porque me ha impresionado profundamente.
Ya no es que esté encantado y agradecido: Es que estoy pasmado, transtornado.
Alguna vez que he tenido un premio o una distinción he corrido a contarlo aquí. Pues lo mismo ahora, que acabo de recibir el premio de un lector.
El 8 de enero de este año, un estudiante colombiano de arquitectura, Sergio Andrés Uribe, escribió este comentario a la entrada 2013: Las cinco entradas más leídas de este blog:

Yo no comento porque voy en retrospectiva... pero en serio y con toda firmeza me estoy devorando el blog hacia el pasado (lo cual es terrible cuando son entradas que tienen continuación) pero he de decir que es, para mí, el mejor blog de arquitectura que he leído desde que comencé la U.
Ahora mismo voy en la entrada del domingo 16 de octubre del 2011, aunque mi favorita ha sido aquella donde pusieron unas gallinas en el salón de clases para que les dibujaran "el alma" a las aves. Me pasó casi lo mismo y por eso la recuerdo mucho.
Maestro... gracias... porque lo que usted comparte aquí es de lo escaso en la red y por tanto, invaluable.
Saludos de Colombia.

Impresionante. Pretendía leerse el blog entero marcha atrás. ("Bueno -pensé-. Ya se cansará. El blog es muy cansino, sobre todo tomado así").

El 31 de ese mismo mes hizo este comentario a la entrada Caín:

Genial José R!
Sigo en mi peregrinaje por tus letras y me encuentro una maravilla como esta cada tanto... Saludos de Colombia.

O sea, que seguía con ello.

Finalmente, el día 31 de marzo he recibido este mensaje por correo electrónico:

He terminado de leer tu blog.
Y me refiero al blog completo, entrada por entrada, tomando en cuenta lo que me gustó y lo que no (que fue muy poco, así que creo que no fui muy objetivo) lo tomé hacía atrás, desenvolviendo tus pasos y tus palabras y lo que encontré en el camino me gustó.
Amé tu experiencia con el dibujo de las gallinas en las épocas de academia; aprendí de jazz y de arte y me descargué la discografía completa de Billie_Holiday de quien nada sabía. Me quité el sombrero ante aquella entrada donde preguntabas si había algún voluntario para defender a Calatrava y me vi representado en tus preguntas sobre la necesidad de más Zahas en la arquitectura.
Estoy a punto de terminar mi carrera, a mis 32, rodeado de muchachos en sus 20’s que me hacen sentir un anciano, ¡pero he aprendido tanto José Ramón, tanto!
Vivo en Colombia, donde estudiar es un lujo costoso que a veces tarda y para muchos no es es más que eso, un lujo… a mí me tocó esperar mucho para poder darme ese bendito lujo que no cambió mi vida, se convirtió en mi vida.
Gracias, José Ramón, por compartir, por no ser egoísta, por entregar hasta tus malos ratos y explicar con buen ánimo lo que sabes y lo que entiendes.
Casi nunca comento (lo he hecho en un par de ocasiones) pero siempre te leo, ahora en cosas más actuales.
Yo no llegué por error, buscando tatuajes horrorosos… yo llegué buscando un blog que hablara en mi mismo lenguaje de las cosas que quería saber y fue un lujo y un honor haberlo encontrado, haberlo usado como si de un libro de cabecera se tratara, y haber extraído al máximo lo que pude de él.
Desde el otro lado del mundo, un millón de gracias José Ramón… siempre tendrás un lector de cada cosa que escribas. Tu firma ya me indica que será una provechosa lectura.

Sergio


¡Se lo ha leído entero! ¡Y marcha atrás! (No sé cuál de las dos circunstancias me impresiona más).
Llamadme vanidoso, pensad que aprovecho la mínima oportunidad para darme autobombo. Pues sí. Pero es que esto no lo podía pasar por alto.

Amigo Sergio: Muchas gracias. Ánimo con la carrera y con los sacrificios de todo tipo que conlleva.
Amigos todos que leéis este blog: Me emocionáis. (Y me preocupáis). Este blog no ha pretendido nunca ser otra cosa que el desahogo de un arquitecto algo quemado, pasado de peso, torpón y bocazas. Que mis palabras tengan eco y que algunos las sigáis con fidelidad me sobrepasa.

(Pero también me encanta. Por eso lo escribo aquí, con legítimo orgullo).

Gracias, gracias y gracias. (Ay, Dios, me siento como una tonadillera. Qué hermosa sensación).

PD.- Borges se pasaba de humilde. Siempre lucía una humildad tan extrema que casi daba la vuelta hacia la soberbia. No quisiera yo hacer lo mismo, pero no puedo evitar acordarme de una cita suya.
Siempre decía que no era un gran escritor, pero sí un gran lector. Al menos un lector agradecido y feliz.
Uno de los escritores que le hacían más felices y por quien más gratitud sentía era Robert Louis Stevenson (gratitud y pasión que comparto hasta el punto de que colecciono islas del tesoro), de quien hablaba a menudo, y siempre con admiración y cariño.
Cuenta que una vez le paró en la calle un lector suyo y le dio las gracias porque le había dado a conocer a Stevenson.
Borges se emocionó y dijo que si sus escritos habían servido para que alguien descubriese y leyese a Stevenson entonces habían merecido la pena. Sólo por eso su obra merecía la pena.
Pues bien, Sergio. Yo digo lo mismo: Si mi blog ha servido para que conozcas a Billie Holiday bendigo la hora en que se me ocurrió hacer un blog.
Un abrazo.


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