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lunes, 13 de julio de 2026

Arquitectura para la gente

A Ekain Jiménez, que ha contado esta noticia en
Bluesky, y de quien he tomado la información.


Se ha convocado un concurso internacional de arquitectura para proyectar el Museo Nacional de Ecuador, y finalmente, entre 17 finalistas, ha ganado la idea de Alberto Campo Baeza + MAODA, titulada "Ecos del Sol".

Enhorabuena. Pero no mucha.

Nada más conocerse el fallo del jurado han saltado las opiniones de la gente, de los ecuatorianos llamados a disfrutar del estupendo museo nacional de su país [Tomo algunas de Instagram]:

lunes, 9 de marzo de 2026

Peregrina paloma imaginaria

Borges señala(1) un fragmento de Jaimes Freyre que considera "poesía puramente verbal": es decir, pura forma sin significado:

Peregrina paloma imaginaria
que enardeces los últimos amores;
alma de luz, de música y de flores,
peregrina paloma imaginaria.

Borges dice: "no quiere decir nada y a la manera de la música dice todo". Añade que él quisiera una poesía de compromiso entre la forma y el significado, pero no denigra esta. Su musicalidad le gusta mucho. Y yo añadiría que todos somos capaces de escribir algo con significado, de contar algo que nos interesa o preocupa, de decir algo que queremos decir, pero hacerlo estéticamente, bellamente, con una forma atractiva, está al alcance de muy pocos. Y, al fin y al cabo, no es la principal función de la poesía la de transmitir ideas y pensamientos, sino la de asociar palabras de una forma sonora y atractiva.

lunes, 31 de marzo de 2025

Trampantojo

El otro día llovía en Aranjuez, y mi mujer y yo, caminando bajo el paraguas, charlábamos. Mientras lo hacíamos, yo miraba distraídamente al frente, pero poco a poco me sentí extraño. Noté que algo no cuadraba en lo que estaba viendo y me costó un rato entender qué era. Me quedé parado, sin cruzar la calle, mirando un balcón que he visto mil veces.

Ese balcón... ¿Qué le pasaba a ese balcón?

jueves, 11 de enero de 2024

No se me ocurre nada

Hay veces (incluso bastantes) en que tengo dos o tres temas bulléndome en la cabeza para escribirlos aquí, e incluso empiezo un par de entradas a la vez, cuyos borradores se estorban y se dan codazos para ser publicados antes que el otro, pero de repente (serán las fiestas, será el año nuevo) me he quedado sin nada que decir. El tan temido momento ya apareció: Adiós al blog. Se me acabó la mecha.

Pero la vida nunca para y en mi estúpida rutina ayer mismo vinieron a verme unos clientes para pedirme que les hiciera el certificado final de obra de una pequeñísima y modestísima intervención que les he hecho. Así que os voy a contar esa insignificante aventura.

Hace unos años les hice el proyecto de su casa y les dirigí la obra. Es una casa que jamás publicaré aquí ni en las redes sociales ni en ningún otro sitio, porque temo la feroz (y seguramente justa) aversión de mis adorados compañeros de profesión y de los amantes de la arquitectura en general.

La casa que me encargaron fue una versión reducida y más pobre (pero con el mismo espíritu optimista) de esas mansiones salvajes, empalagosas y agobiantes que aparecen en la revista ¡HOLA!(1).

lunes, 18 de diciembre de 2023

Siempre el McDonald's

No conozco Fallingwater, aunque llevo toda la vida aguantándome las ganas. Muchas veces me he imaginado que iba allí, y otras tantas he visto la foto. LA foto. Una casa de tantísima riqueza tanto espacial interior como volumétrica-plástica exterior parecería que en definitiva se redujera a una sola foto, y también resulta obvio que quien va allí se la tiene que hacer:

Kim Dolan-Kelly en Facebook

Davidr Hiebert en Facebook

Jeff Skierka en Facebook

jueves, 30 de noviembre de 2023

Objetos inconvenientes - El diseño de la crueldad

La artista provocadora e incomodísima Katerina Kamprani (katerina.kamprani en Instagram) ha diseñado unos cuantos objetos provocadores e incómodos a los que ha llamado Inconvenient Everyday Objets (Objetos Cotidianos Inconvenientes) que son tan bellos como insoportables, como dolorosos, como crueles.


martes, 6 de septiembre de 2022

Mi casa

Esta entrada surge de una imagen que he visto en Facebook:

No voy a hablar del contenido del mensaje (que en mi caso es cierto desde que era joven), sino del icono de "mi casa". El cartel no pretende ser realista. (No vemos películas en casa con un proyector de cine. Eso es obvio). Utiliza símbolos.

(Sin embargo para el "no salir de casa" pone la silla BKF, un magnífico ejemplo del diseño moderno).

También vemos que para el "volver a casa" aparece una puerta pintada en rojo inglés y muy engalanada, como de Navidad.

Pero lo que más me llama la atención, con enorme diferencia, es el dibujo de "mi casa". ¿Alguien vive en una casa como esa? ¿Cuántos de vosotros vivís en una parecida? Yo diría que prácticamente nadie. Y, sin embargo, tenemos ese diseño (o similar) grabado a fuego como nuestra casa ideal.

Ese diseño es inconseguible, y sin embargo mis clientes se han acercado a él algunas veces. El resultado es siempre de un kitsch insoportable, las soluciones constructivas son alambicadas e ineficientes y también la comodidad de uso se resiente mucho. Pero mucha gente quiere eso. (Yo creo que de alguna forma todos lo tenemos grabado en nuestro ADN).

martes, 17 de agosto de 2021

Razón de ser

El otro día el siempre atento David García-Asenjo, arquitecto, profesor y comunicador de la arquitectura, se hizo eco de este tuit:

Quien lo publicó tiene un perfil cuyo nombre completo es Architects Against Humanity (Arquitectos contra la Humanidad) y cuyo nick es @arch_crimes (@arqui_crímenes: crímenes de los arquitectos, o de la arquitectura).

El tuit muestra una imagen de Nueva York de un tiempo pasado y, a lo que se ve, añorado por el autor, en el que aparecen las sedes de tres periódicos: The New York World, The New York Times y The New York Tribune. Y el texto que acompaña a dicha imagen dice algo así como: "Una época en la que (aparentemente) solo sabían construir de manera bella en la ciudad de Nueva York". 

De todo ese texto quizá lo más interesante para mí sea ese apparently entre paréntesis, porque de lo que habla, ciertamente, es de apariencia. Vemos mansardas parisinas, torres góticas, arcadas renacentistas, pero lo que más me llama la atención es la cúpula de San Pedro. Nada menos que la miguelangelesca cúpula de San Pedro de Roma en un periódico de Nueva York de finales del siglo XIX (1890). (Por no decir cuánto más me llama la atención que se siga añorando y deseando eso en 2021).

No quiero escribir (una vez más) sobre autenticidad, mentira, ética, adecuación y todas esas cosas, pero es que el ejemplo que esgrime @arch_crimes me parece de lo más aleccionador, pues muestra un momento de especial desorientación y confusión en la arquitectura, y también a la vez de enorme energía y esperanza, y me gustaría decir apenas dos palabras sobre ello. Tengo la gran suerte de que me lean no solo arquitectos, sino también no arquitectos con curiosidades variadas, y pienso especialmente en estos porque el ejemplo es muy interesante para hablar de una cuestión seguramente demasiado trillada por los arquitectos, pero de la que siempre se sacan nuevas reflexiones.

jueves, 22 de julio de 2021

Otro búnker (I)

A Manuel Revilla, que cada día nos ilustra
con buenas obras de arquitectura.
Y a Ekain Jiménez, que es el adalid
de la defensa de la arquitectura fea.

En Twitter hay de todo, ya sabéis: idiotas y sabios, mezquinos y generosos, insufribles y deliciosos. Lo bueno es que uno sigue a quien quiere y aparta a quienes no.

Uno de los tuiteros necesarios es Manuel Revilla. Con un entusiasmo inagotable por la arquitectura cuelga una y otra vez imágenes de buenísimos edificios que yo casi nunca conozco. (Mi ignorancia es legendaria). Así que siguiéndole tengo cada año un curso de arquitectura gratuito, inagotable y amenísimo. (Además es un excelente fotógrafo y un hombre afable y bueno, así que seguir sus publicaciones es una garantía de aprendizaje, de disfrute y de simpatía).

El otro día puso estas fotos de una casa en Savièse, de Anako Architecture. (No conocía yo ese estudio. Ya os digo que soy ignorante).




Y en seguida empezamos a darle "láic" y "retuís", a decir "qué bueno" o (muy de arquitecto sujetándose la barbilla) "interesante". Pero también, como es normal, salió el típico: "Vaya búnker nuclear".

Eso es normal y hay que aceptarlo: El hormigón visto es intolerable para muchos. No lo pueden soportar: Es frío, duro, antipático... (Curiosamente sí les gusta una fachada de ladrillo visto, que no es que a mí me parezca blandito precisamente. Pero como fachadas de ladrillo visto las ha habido toda la vida la gente está acostumbrada y las ve como a algo acogedor y familiar. Eso es así).

En seguida saltó Ekain Jiménez, adalid de todas las causas perdidas, y completó las fotos de Manuel con estas:




Pero si con ellas pretendía demostrar que la casa es acogedora y que se puede vivir a gusto en ella no lo consiguió. Si alguien se incomoda por ver hormigón al exterior ya llega al paroxismo de la repugnancia al verlo en el interior.

La gente (iba a decir la Humanidad, pero me quedaba muy ampuloso) tiene, en general, una relación muy compleja y alambicada con el hormigón. Incluso muy hipócrita.

El hormigón es un material extraordinario, muy resistente, fácil de manejar y barato. Viene a ser una roca artificial, formada por conglomerantes y productos inertes que le "dan cuerpo". El hormigón actual que más utilizamos está formado por un conglomerante (el cemento), unos productos inertes o "áridos" (arena y grava) y agua para unirlo todo, hacer la masa y disparar el fraguado. Por cierto: llamadlo "hormigón" en España o "concreto" en Hispanoamérica, pero nunca "cemento". El cemento es uno de los componentes del hormigón, y se presenta en forma de polvo molido, normalmente de color gris. (Es como si en vez de decir "pan" dijerais "harina". No es correcto y quedáis mal).

miércoles, 30 de diciembre de 2020

Blanquear dinero

El cartero acaba de traerme estas acuarelas de Ekain Jiménez, amigo, arquitecto y dibujante-pintor.


Ekain Jiménez Valencia, Niu Yor, acuarelas

Pensando en hacer un regalo de Reyes Magos le pedí que me mostrara qué tenía por ahí disponible y que me dijera precios.

Me mandó algunas imágenes por WhatsApp y un enlace a su Instagram, y mi mujer y yo nos pasamos un rato diciendo: "Qué buena esta". "Mira esta otra". "Qué bonita esa".

Al final preseleccionamos unas cuantas, y en una segunda vuelta nos quedamos con dos: una para el regalo "externo" que teníamos pensado y otra para autorregalo nuestro.

Luego empezó la parte más difícil: Los precios. Ekain sabe lo que es vender dibujos y acuarelas; no es un novato en esto, pero le queda una especie de pudor de pedir dinero por algo que hace como un desahogo, como un capricho y con una facilidad pasmosa. (Algunos de sus dibujos son elaboradísimos y muy muy minuciosos, pero otros son un pis-pas). Y ya empezamos: "¿Cuánto te cobro?" "Es que no sé qué decirte". Etcétera.

(Ahí hay un momento delicado, entre el "pero si yo hago esto sin ninguna intención económica" y "una buena acuarela hay que valorarla; no es ninguna tontería". Y de ahí podríamos pasar a la posible situación incómoda de que finalmente me dijera un precio mucho mayor que cualquiera que yo hubiera previsto, y en un punto en el que ya no habría una marcha atrás cómoda. En definitiva, una negligencia por su parte; con lo fácil que es hacer una web y tenerla actualizada con las cosas que tienes y sus precios. Así podría mirar quien quisiera, sin compromiso alguno, y comprar lo que le apeteciera. Tengo más amigos arquitectos-artistas y todos son un poco así. Y mira que me ofrezco a ser su marchante y a tenerles trabajando a base de látigo y con unos precios bien claros, pero no hay manera. Entre que de lo que ya les va quedando más "bonito" se cansan para empezar nuevos caminos, que no se ponen a ello con constancia y que cuando tienen algo bueno no saben ni cuánto dinero pedir por ello no hago carrera de ellos. Es que son muy tontos).

miércoles, 2 de mayo de 2018

La fealdad

Advertencia: Sobre la fealdad se pueden (y se deben) escribir varios tratados muy extensos. Esto es solo el blog de un aficionado, y por lo que me pagáis debéis conformaros con tres o cuatro brochazos rápidos exponiendo un par de ideas (o solo una), y nada más. Seguramente retomaré el tema más de una vez.


INTRODUCCIÓN:

Vincent Van Gogh no consiguió vender un solo cuadro en toda su vida porque todos eran horribles. (Bueno, vendió uno a su hermano, que era marchante, pero eso no cuenta porque su hermano le daba dinero y le intentaba mantener como podía, de manera que esa venta no puede considerarse tal, sino una ayuda fraterna).


No es que los cuadros de Van Gogh no gustaran a casi nadie. No es que solo gustaran a unos pocos. No. Es que no le gustaban a nadie. A nadie. Repito: A nadie. Es decir: en la segunda mitad del siglo XIX lo que pintaba Van Gogh era feísimo.
Y sin embargo hoy esos cuadros nos gustan a todos. A todos. No a la mayoría, no a muchos. A todos. Es decir: en la primera mitad del siglo XXI lo que pintó Van Gogh es bellísimo.
¿Y eso por qué es? ¿Acaso la belleza y la fealdad son una moda? ¿Acaso la belleza y la fealdad van por rachas? Pues sí. Parece obvio.

domingo, 22 de enero de 2017

Bonito

Bonito,
todo me parece bonito.
Bonita mañana,
bonito lugar,
bonita la cama,
qué bien se ve el mar.
Bonito es el día
que acaba de empezar.
Bonita la vida.
Respira, respira, respira.

Bonito. Jarabe de Palo


Un grupo de amigos virtuales, frikis de la arquitectura, alimentamos un hastag en twitter que se llama #100x100masterhouses y que atendemos los sábados de una manera muy sencilla: Quien quiere usa esa etiqueta, pone cuatro imágenes de una casa (las que admite twitter), etiqueta a diez tuiteros como máximo (los que permite twitter) y la cuelga.
El sábado pasado el compañero Peter (@Speedmaster72) subió estas cuatro fotos:





Y escribió: "Leavengood House (St. Petesburg Florida 1950/51), by Ralph Twitchell & Paul Rudolph. #100x100masterhouses".


Como suele ocurrir en estos casos, algunos de quienes lo vieron lo comentaron, otros lo "retuitearon", lo "favoritearon", etcétera. Todo sirva para mantener enhiesto el pabellón y para celebrar la arquitectura a cada rato y con cualquier excusa, que hay muchas y muy valiosas.
Una tuitera no arquitecta (y por lo tanto no perteneciente a este cansino colectivo nuestro) opinó: "una casa fea". Naturalmente, con esa nítida afirmación revolvió el gallinero, y ante la consternación de los defensores insistió: "¿Dónde está lo bonito?"
Para qué queremos más. Como un solo hombre, los frikiarquitectos nos envolvimos en los mantos rituales y saltamos a la carga.
Pero yo me quedo pensando en la frase: "¿Dónde está lo bonito?"
Y me pregunto dos cosas: 1.- "¿Es bonita esta casa?" 2.- "¿Es necesario, o siquiera conveniente, que las casas sean bonitas?"

Ayer, más o menos cuando el amigo @Speedmaster72 estaba colgando esas fotos en twitter, yo me estaba comiendo unas patatas al ajillo de escándalo. Son unas patatas cortadas en rodajas planas, fritas en sartén con buen aceite de oliva, y aromatizadas con un mejunje de ajo, vinagre y perejil bien macerado en el almirez. Es un plato que me vuelve loco. Es la cosa más tonta del mundo, muy sencilla y barata, pero la antepongo a los jardines colgantes de Babilonia y a todos los campos de algodón de Louisiana.
El aspecto del contenido de la sartén es un pegote, una costra.
¿Es eso "bonito"? No. No es nada bonito. Es una especie de plasta, ya digo, pero ay de quien pase por este triste mundo sin haberla probado. Se pierde una de las razones por las que merece la pena vivir.
Bonito.
No es nada bonito. ¿Dónde está lo bonito? ¿Y por qué tendría que ser bonito?
Si la humilde pero gloriosa sartenaca de patatas al ajillo no es nada bonita, ¿por qué tendría que serlo una casa?

viernes, 5 de diciembre de 2014

Maldita belleza

El arquitecto Alberto Campo Baeza ha ingresado en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y ha leído un discurso que ha titulado "Buscar denodadamente la belleza".

(Nota mía que no viene a cuento. Son sólo mis neuras: No me gusta nada ese adverbio. "Denodadamente". Está admitido por la RAE, y Don Alberto lo ha empleado con propiedad, pero... no. No me gustan quienes Juanmanueldepradean. No mola nada. Me parece un estupendismo innecesario y... vamos, que no. Además, con ese título no puedo dejar de imaginarme a Don Alberto buscando la belleza en plan gñññññññññññññ).

¡La belleza! ¡Ay, la belleza!
Este considerable arquitecto español ha dicho en alguna otra ocasión que cuando algún alumno le dice que ha ido a Roma él le pregunta si ha llorado al ver el Panteón. (Sólo los mejores alumnos -léase los más pelotas- le confiesan que sí, que han llorado bastante).
Belleza, sublimidad, goce celestial, síndrome de Stendhal... Idos por ahí. Idos a tomar por conducto reglamentario de una maldita vez.
Belleza. Belleza. Belleza. Ya está bien.

Quentin Matsys, A Grotesque Old Woman (La Duquesa Fea), 1513.
National Gallery, Londres

En su discurso Don Alberto dice que, como arquitecto, lo que de verdad busca es la belleza. No estoy de acuerdo en absoluto. En mi modesta (pero firme) opinión un arquitecto no debe buscar la belleza. Todos haríamos mucha mejor arquitectura si no la buscáramos (y, desde luego, si no la buscara el promotor). A todos nos hace mucho daño la maldita belleza. La arquitectura que busca la belleza (denodadamente o no) pierde mucho.
El arquitecto debe buscar (incluso denodadamente) la idoneidad, la bondad, la eficacia, la adecuación... pero no la belleza. La belleza, si viene, viene sola. Viene por su cuenta, sin que nadie la invite ni la busque. La belleza se cuela en la fiesta, pero si la invitas no viene, sino que manda en su lugar a sus primas la horterada y la cursilada. Eso si no viene su tío abuelo el kitsch.

Francisco de Goya, Saturno devorando a un hijo, 1819-1823.
Museo del Prado, Madrid

Ni bellezas ni chorradas. La arquitectura (como la literatura, la música, la pintura, etc) no tiene que ser bella; tiene que ser buena. Todo lo demás sobra.

-¿Don Joserramoncito, y qué es la arquitectura buena?
-Yo qué sé, Arturo Arístides Artemio. Yo qué narices sé. (Pero me entiendo).
-Pues yo no le entiendo.
-Te callas.

El Bosco, Cristo con la cruz a cuestas, (detalle), 1510-1535.
Museo de Bellas Artes, Gante

Don Alberto dice que hay que conseguir la Venustas tras el cumplimiento perfecto de la Utilitas y de la Firmitas. ¡Oh, no!
¡Coño, Don Alberto! ¡Que estamos en el siglo veintiuno! ¡Que han pasado muchas cosas desde Vitruvio! Y, siguiendo con ese principio inmarcesible y tan viejuno de la tríada belleza-utilidad-firmeza (ya está bien, hombre), abunda además en el pensamiento retrógrado de que primero hay que garantizar la utilidad y la firmeza, y ya si eso, después le ponemos la venustas. O sea, que el arquitecto primero se comporta como alguien responsable y eficiente, y decente, y una vez que ha cumplido con su deber cívico y ha conseguido rematar la faena con éxito, ya tiene licencia para volverse locaza y hacer cosas bonitas. Santo cielo.
Esa era la frase de Sullivan: "La forma sigue a la función". En su caso incluso cronológicamente: Su socio Dankmar Adler hacía "la parte ingenieril", "la caja" y luego él la revestía "de arte".
Todo esto consolida la imagen (que tanto me repugna) de que el acto edificatorio tiene dos facetas: la de ingeniero y la de arquitecto. Una vez escindida absurda, injusta y esquizofrénicamente esa realidad edificatoria, a la supuesta "parte ingenieril" le tocan la sensatez, la profesionalidad, la lógica, la razón y la eficacia, mientras que a la supuesta "parte arquitectónica" le tocan el delirio, la melifluidad, el capricho, la verborrea, los ojos en blanco, el estupendismo y la superfluidad. Me niego a eso. Soy arquitecto, no un caprichoso disparatado ni un loco estúpido.

Dicho lo cual, puntualizo y matizo:
En realidad, finalmente es una cuestión de léxico. ¿A qué llamamos belleza? Lo que he escrito antes es completamente así si la belleza es "buscar lo bonito", "hacer filigranas", "mariposear". Pero un poco más adelante Don Alberto dice: "A la belleza en arquitectura se llega de la mano de la Razón". ¿A ver, a ver? Esto ya me va gustando más.

lunes, 9 de junio de 2014

Arquitectura y colostomía

El otro día, hablando de lo de siempre, de si la arquitectura es un arte, de si patatín, de si patatán, pensé por enésima vez en el daño que se ha hecho a la arquitectura tomándola por arte. O, mejor dicho, por una de las "bellas artes".
Arte es. Claro que sí. Pero no un arte sublime, bella, meliflua, bonita, espiritual, etecé, etecé, etecé. Esto le ha hecho mucho daño, y ha sido y sigue siendo la principal causa de que haya tan mala arquitectura por todas partes.
Toda la vida se ha hablado del arte de la medicina, del arte del derecho, del arte de la guerra o del arte de amar. En ese sentido sí hay que hablar del arte de la arquitectura, y del de la ingeniería. En el sentido de "cosa hecha por el ser humano" y "cosa hecha con habilidad". Arti-ficio, arti-ficial, arte-facto. Se trata de la magnífica arte de hacer un martillo, un teléfono o una colostomía.


Para empezar, si la gente se planteara los edificios y las intervenciones urbanas como se plantean las intervenciones en el colon, todos seríamos mucho más responsables respecto a la arquitectura, al tejido urbano, a su economía y a su funcionalidad, y los entornos en los que vivimos serían mucho más orgánicos, agradables, limpios y placenteros. (Y también más hermosos, precisamente porque nadie se plantearía su supuesta hermosura como condición).
Un cirujano no cose por estética, pero si hace un buen trabajo dejará una cicatriz limpia y "bella".
La absurda idiotez de que los edificios tienen que ser "bellos" y el absurdo cacao mental que tenemos todos con lo que es "bello" y lo que no lo es hacen que la casi totalidad de los edificios que nos rodean sean un insulto a nuestra inteligencia y, por lo tanto, a nuestra sensibilidad.

-La operación ha sido un éxito. Le hemos extraído el tramo de colon afectado y le hemos rematado con una sutura con hilo rojo intenso, haciendo un gracioso zigzag sobre su vientre que realza el relieve de su ombligo.
-¿Pero harán biopsia de lo que me han quitado?
-Casi que no. Como nos ha quedado una cicatriz tan bonita... Aunque si quiere se la hacemos.
-No, no. ¿Para qué? Si no luce nada.
-Lo que sí vamos a hacerle es implantarle un segundo ombligo de PVC, que hace muy gracioso.
-Ah, sí. Muy bien.

No es broma. Así se toman muchas decisiones arquitectónicas. Así en muchos aleros se ponen canecillos de madera, que son supuestos extremos de unas viguetas de madera que no existen, pero "hacen bonito". Así la infausta "Puerta de Europa" (ja, ja y ja) de la Plaza Castilla de Madrid consiste en dos torres chaparretas e inclinadas porque sí. Así vemos puentes supuestamente sujetos por unos supuestos tensores de acero que en realidad son mero adorno.
Y así cualquier arquitecto mediano (como yo), aceptable profesional (como yo), capaz (como yo) de hacer unos chalés adosados agradables y cómodos, se ve sometido e impelido, al final del proceso, a "hacerlos bonitos". ¿Por qué? ¿Para qué?
Hace tiempo le hice tres casas a un cliente. Discutimos mucho con la disposición de los espacios, la forma de entrar, el acceso directo desde el salón a los dormitorios, etc. Era una parcela con una pendiente muy fuerte y con unas vistas muy buenas hacia abajo. Fue un gran cliente, que me obligó a mejorar el diseño y la funcionalidad de las viviendas.
Pero llegamos a un punto que yo consideré "punto final". Le dibujé unas perspectivas y se las enseñé muy satisfecho. Él las miró también muy satisfecho y me dijo: "Me gusta. Ha quedado muy bien. Ahora vamos con la estética".
Yo pensaba que mis diseños desnudos eran el punto final, pero para él eran el punto de partida de la segunda fase, que era la realmente importante.
Lo que ya importa menos es que para él esa segunda fase consistiese en añadir aquí y allá un arco de ladrillo, un balcón con barandilla de forja o una balaustrada de hormigón. Para los arquitectos lo que hay que añadir es un paño de acero cortén, una barandilla de barras horizontales de acero (inoxidable o pintado de blanco) o unas ventanas enrasadas a fachada, sin persianas.
Pues tan caprichoso, tan gratuito (y tan feísimo) es lo uno como lo otro. Es un debate sobre qué elementos postizos y absurdos me gustan a mí y que elementos postizos y absurdos le gustan a mi cliente.
Los elementos puestos sin ton ni son (el acero cortén puede producuir una textura muy agresiva y funciona muy mal térmicamente, las barandillas de barras horizontales son escalables por los niños, y las ventanas enrasadas a fachada sin persiana son terribles en climas calurosos) no pueden producir hermosura. Sería una hermosura falaz, criminal, contraria a la verdad y a la bondad. Algo así no puede ser hermoso. La belleza no puede ser el resultado de un crimen. (De un crimen contra la inteligencia y el buen hacer).
Y, desde luego, lo que no es hermoso ni ético es buscar la hermosura per se.
El cirujano no busca la estética ni le interesa lo más mínimo. Intentará que quede la cicatriz más pequeña y más limpia posible, pero porque eso es la señal de un buen trabajo, tiene menos riesgo de infección y es menos agresiva para el paciente. Y, por lo tanto, el resultado será hermoso.

No creo que sea tan difícil de entender.
Defiendo apasionadamente la belleza de la arquitectura (que sólo se puede dar si la arquitectura es buena), como defiendo la belleza de un teléfono móvil, de una gubia, de un carro de varas, de un pozo de alcantarillado, de una grapadora, de una botella, de un mapa, de un helicóptero o de una colostomía.

Si están bien hechos son buenos. Si son buenos son bellos. Tan bellos que incluso soportan sin demasiada merma algún "toquecito" final.

(Si te ha gustado esta entrada hazme la caridad de clicar el botoncito g+1 que puedes ver aquí debajo. Muchas gracias).

lunes, 17 de diciembre de 2012

Venustas? Vaya lío (Va a ser que no)

En menudo berenjenal me he metido yo solito.
Muchas gracias por participar en este insensato juego que os propuse. Me habéis sorprendido gratísimamente por vuestra participación y vuestros comentarios. Os estoy muy agradecido a todos, de verdad.
Lo malo es que no sé qué pensar con los votos que habéis emitido. Me habéis dejado confuso y perplejo. No tenía ninguna idea preconcebida, pero sí que esperaba secretamente que estas dos obras se impusieran por sí mismas, que removieran algo en vuestro interior y vencieran elocuentemente. No ha sido así. Han ganado, pero por los pelos.
Cierro la votación y hago recuento con sesenta y nueve votos emitidos. Una pasada. En los últimos días el número de votos ha ido disminuyendo y ahora apenas se suma uno más de vez en cuando. Así que, para no dilatar más la solución (y mi mal trago), creo que ha llegado la hora. (Por otra parte, teníais la respuesta en google a golpe de clic). Os agradezco mucho la honradez y el espíritu deportivo con que habéis participado.

La posición correcta del cuadro de Mondrian es la número 2:


Se titula: Composición con rojo, azul y amarillo, y es del año 1929. Si clicáis la imagen la veréis en grande y de paso identificaréis la firma: P M 29, en el ángulo inferior izquierdo.

La posición correcta del grabado de Chillida es la número 3:


Es una xilografía del año 1969, y se titula Beltza I. Si clicáis veréis la firma y el número de este ejemplar.

Los 69 votos emitidos para la obra de Mondrian se han distribuido así:
Mondrian 1:  15 votos. 21,74 %
Mondrian 2:  22 votos. 31,88 % (Correcto)
Mondrian 3:  19 votos. 27,54 %
Mondrian 4:  10 votos. 14,49 %
Nulos y abstenciones: 3. 4,35 %

Ha gando el 2, sí, pero prácticamente empatado con el 3 y muy cerca del 1.

Los 69 votos emitidos para la obra de Chillida se han distribuido así:
Chillida 1:  14 votos. 20,29 %
Chillida 2:  16 votos. 23,19 %
Chillida 3:  21 votos. 30,43 % (Correcto)
Chillida 4:  16 votos: 23,19 %
Abstenciones: 2. 2,90 %

Ha ganado el 3, y, aunque ha tenido menos porcentaje que el Mondrian correcto, se separa más de los tres Chillidas incorrectos, que están más igualados entre sí.
El Chillida 3 le saca 5 votos de ventaja al 2 y al 4, y 7 votos al 1. Mientras que el Mondrian 2 solo le saca 3 votos al Mondrian 3.

Ha habido nueve votantes que han hecho pleno: Daniel CCAD, Gema, Jacobo, Anónimo, Julia, Marta, Antonio R(*), Anónimo y VOLUMEN arquitectura. Enhorabuena: Sois los que tenéis mejor criterio, más sensibilidad, etc... o bien los más tramposos. (Vale, vale. Perdón. Es broma. Me consta que todos lo habéis hecho honradamente).
(*) Antonio R ha dado dos votos a Mondrian, uno desde Reader y otro desde el blog. He estado a punto de considerar voto nulo, pero he anulado solo el de Reader, para que votara a través del blog en igualdad de condiciones con los demás. No obstante, su doble voto me deja perplejo, porque, como bien dice, el fondo de este blog, con la estantería de libros, perturba la percepción de las obras. No obstante, ha sido con esa perturbación como ha acertado.

También menciono expresamente a mi amigo Francis, a quien invité a participar sin acordarme de que es daltónico. Y falló en Mondrian... a la primera, aunque en una segunda opción (que no di por válida) acertó. Y a Chillida lo clavó. Eres un crack, Francis.

También menciono expresamente a A.S.N., que dice que Mondrian le aburre y no le gusta nada, y falla. Y dice que Chillida le encanta, y acierta. O sea, que algo hay. ¿Se necesita una preparación previa o, mejor, una predisposición? Puede ser.

Vale. ¿Y ahora qué digo yo?

martes, 11 de diciembre de 2012

Venustas

Uno de los comentarios de la anterior entrada de este blog (entrada que, por cierto, ha sido muy leída y comentada), citaba los tres términos vitrubianos: Firmitas, utilitas y venustas.
Creo que la arquitectura del último siglo y medio (por poner un lapso) no puede ser juzgada por esos tres patrones. No se deja.
También creo que de la firmitas y de la utilitas podemos discutir, pero que de la venustas ya no hay quien se atreva ni a opinar siquiera.
Pero, sin embargo, la "belleza" es una condición de la arquitectura, una variable, una... no sé qué. El caso es que es muy importante. Creo.
¿Pero qué es la belleza? Y, sobre todo, ¿en qué consiste? Y, sobre todos los sobre todos, ¿cómo se consigue?
Creo que para Vitrubio, y para los artistas y críticos de muchos siglos después, la cosa era bastante fácil: La belleza se conseguía cuando se cumplían las normas. Había normas de proporción, medidas, composiciones, armonías, etc. Uno se estudiaba los tratados, aprendía con los ejemplos y ya sabía cómo ejercer el oficio de artista y obtener la belleza garantizada en cada obra que hiciera.
Pero, ¿qué pasa ahora, cuando ya no nos quedan códigos compositivos ni normas estéticas?
No tengo la menor idea.
Me gustaría que participárais en un experimento: Consiste en que miréis atentamente dos obras que os voy a mostrar en varias posiciones, y que me digáis cuál de las posiciones os parece más bella. A ver si por mayoría descubrimos cuál es la correcta. (O a ver si la más bella es la correcta o es otra).
Por favor: No busquéis las obras en los libros ni en google. No os documentéis. Solo dejaos llevar por vuestro instinto.
Las dos obras están firmadas. He borrado las firmas para no indicar la orientación "correcta". En ambos casos parto de una orientación inicial, que puede ser la buena o no, y la voy girando 90º cada vez.
La primera es un cuadro de Mondrian, un artista que, se supone, actuaba de un modo frío, cerebral, matemático (es mentira, pero se suele pensar que era así). La segunda es un aguafuerte de Chillida, que se supone que es mucho más intuitivo, cordial, espontáneo...
Por favor, participad y opinad. Decid cuál pensáis que es la versión correcta en cada caso.
No sé lo que va a salir, y me interesa mucho.
Por favor, dad vuestra opinión (con vuestro nombre o anónimamente), bien haciendo un comentario a esta entrada, o bien por correo electrónico a arquitectamoslocos@gmail.com

miércoles, 7 de julio de 2010

¿Qué es arquitectura? (2)

Creo que me he equivocado con este título, y con ir dándolo por entregas. A este paso puedo llegar a “¿Qué es arquitectura? (825)” y seguiré sin haber entrado en harina. Creo que el número tres es un buen número, y ahí terminaré esta miniserie. Luego, dure lo que dure este blog, y tengan los títulos que tengan los distintos textos (perdón, entradas o posts), siempre estaremos hablando de lo mismo: de qué es la arquitectura.
He leído más definiciones. Las hay a centenares. Es agotador. Todos los arquitectos y todos los críticos han hecho alguna vez su propia definición. No pienso copiarlas aquí; no quiero soltaros ese tostón. Me quedo con la definición del DRAE que ya dije ayer: “Arquitectura: Arte de proyectar y construir edificios”. Y de esa definición voy a hablar sólo de la palabra “arte”.
Cada vez tengo más claro que lo de considerar a la arquitectura como una de las bellas artes es un error. En principio por su “utilidad utilitaria” (digámoslo así para mantener abierto el debate con Gema), y también por el concepto de “bellas artes”, hoy completamente obsoleto y empalagoso. La sola expresión “bellas artes” nos da ahora un poco de grima. Hace mucho tiempo que el arte no busca tanto la belleza como el conocimiento. (Bueno: Ese es otro charco).
Yo creo más bien que la arquitectura es un arte en el sentido en que lo es también la medicina. Se ha hablado siempre del arte de la medicina, o del arte culinario, o del arte oratorio. Entiendo el arte como maña o astucia, como técnica, como buena disposición y talento para resolver problemas y disponer mecanismos u objetos para encontrar soluciones. En el lenguaje común tener arte es tener maña y habilidad.
Aparte de eso, hay una trascendencia del arte. La pintura o la escultura, y también la poesía y la música, por ejemplo, trascienden esa definición de arte, la dejan raquítica y mezquina. Aportan algo inefable al ser humano, y le hacen mejor. Esa es su utilidad. La utilidad de la arquitectura, frente a eso, se queda en nada: en que los pasillos de los hospitales sean suficientemente anchos como para que pasen y giren las camillas.
Sin embargo, la arquitectura puede tener una funcionalidad trascendida y ser también un arte trascendido. Eso es lo que me apasiona, pero también lo que me produce más desconfianza.
Es una contradicción que no sé resolver. Lo que sí tengo claro es que cuando de la arquitectura se valora su “estética” como cosa autónoma o como valor en sí mismo, entonces hay gato encerrado. Huele a postizo, a kitsch. Un edificio es algo demasiado complejo y demasiado caro, y tiene demasiadas armaduras de acero y tuberías como para que lo que valoremos por encima de eso sea su “estética”.
Además me pregunto: “¿En qué consiste la estética de un edificio?” Creo que, principalmente, en que sus armaduras estén en su sitio y sus tuberías funcionen y no estorben.
Bueno. Ya sé que eso no es todo, y que hay mucho más que decir. Pero, amigos, esto no es ni la Encyclopedia Britannica, ni una tesis doctoral, ni una clase universitaria. Es sólo un blog y sólo pretende suscitar contradicciones y dudar en voz alta. Creo que tenemos tiempo para seguir hablando de estas cosas.