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miércoles, 4 de febrero de 2026

Dos dedos de frente

Arabia Saudita es un país que se caracteriza por tener todo el dinero del mundo. Todo lo que puedas imaginarte, pero multiplicado por el número que puedas imaginarte.

¿Emplean ese dinero para que sus habitantes vivan con comodidad y placer? ¡No! Lo emplean para, ya que están empezando a descubrir el fútbol, y parece que les puede gustar, fichar a Cristiano Ronaldo, o celebrar en su país la Supercopa de España [tal cual] y el Campeonato Mundial de Fútbol. Porque tienen todo el dinero del mundo para sobornar a quien haga falta y para celebrar lo que haga falta. Aunque en los campos de fútbol haya una temperatura de 60 ºC. Si es menester se celebra en diciembre, alterando todos los calendarios de competición de todos los participantes, y si hay que instalar un potentísimo aire acondicionado de exteriores se instala. Como las puertas de El Corte Inglés, pero a lo bestia.

El dinero es muy erótico, pues su omnipotencia da un placer indescriptible. El dinero es el verdadero dios, y todos los humanos, al parecer, tenemos que adorarlo. Todas las sociedades son fundamentalistas del dinero y hacen que esa religión sea obligatoria.

Por dinero le hacen a Rafael Nadal "embajador del tenis", y da igual que violen los derechos humanos, que ese cargo sea obsceno y que Nadal tenga ya suficiente dinero como para no tener ninguna necesidad de pasar por esa abyección. Nadie tiene nunca suficiente dinero, y por lo tanto Arabia Saudita puede hacer lo que quiera con quien quiera.

Cuando la omnipotencia se te mete entre los pliegues de la glándula pineal es como cuando las patatas Pringles hacen "pop": ya no hay stop. Ya se vuelve uno loco y puede hacer lo que se le pase por las meninges y por el higo.

Por ejemplo, una ciudad que sea un único edificio recto de 170 kilómetros de largo en el que vivan, trabajen y gocen un millón de personas (en otra fuente leo nueve millones). Ah, y todo eso en pleno desierto. Lo normal.

martes, 24 de noviembre de 2015

Siza x Siza = Siza2

El viernes 20 de noviembre la Fundación Arquia presentó su libro Siza x Siza, cuyos autores son Carlos Seoane (texto-entrevista) y Juan Rodríguez (fotografías).
Para el acto de la presentación-homenaje la Fundación nos invitó a algunos privilegiados no sólo al acto en sí, sino a la rueda de prensa previa.
Como, sea por lo que sea, fui invitado en calidad de prensa (o de lo que sea -qué gustazo sería aparecer con un sombrero y con la acreditación en su cinta, y qué poco valor tengo para estas cosas-), y el medio para el que trabajo es Arquitectamos locos?, creo necesario hacer aquí la reseña del acto. Pero comoquiera que este medio es un poco así, pues haré la reseña también un poco así.

Un grupo de avezados reporteros quedamos previamente a comer a la una y media.

Fila de la izquierda: Lorenzo Barnó, Susana Gallego, José María Echarte y yo.
Fila de la derecha: Raquel Martínez, Enrique Parra, Isa, Jimena y Alberto Alonso.
(Miguel Villegas llegó tarde, pero llegó. No sale en la foto).

De entre todos nosotros parece surgir un poderoso líder.



Enrique Parra había dado el día anterior una conferencia sobre arquitectura y videojuegos, y yo creí durante todo el tiempo que ese casco era suyo; que lo había llevado a la conferencia y que hoy lo traía de coña. Pero no: Era parte de la decoración del sitio, y no pegaba nada porque el resto eran libros gordos y como antiguos encuadernados en piel. Me enteré cuando al irnos le dije que se dejaba el casco.

Yo iba cargado desde casa (y para todo el día) con el tocho de Souto de Moura de GG, con la esperanza de que me lo firmara. Sí: cada uno a nuestra manera somos frikis.

La comida fue muy divertida, y ya sólo por eso había merecido la pena apuntarse al plan del día.

Llegamos a la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y fuimos a la rueda de prensa. Era una sala en la tercera planta. Antes de entrar, vimos a Suoto sentado, tomándose un café con leche y hablando en inglés con un hombre que estaba de pie.
-Ahí lo tienes. Dile que te firme el libro -me dijeron mis amigos.
Efectivamente, cuanto antes mejor.
Saqué el libro de la mochila y me puse respetuosamente detrás del hombre que hablaba con Souto. Pero, en vez de terminar e irse este señor, se le sumó otro, y siguieron hablando los tres tranquilamente.
Souto me vio y se apiadó de mí. Me hizo una afirmación con la cabeza y un gesto para que me acercase. Tomó el libro, lo apoyó en la mesa, me dijo que pesaba mucho y me preguntó mi nombre en un portuñol perfecto. (Yo diría 85% español y sólo 15% portugués. O sea, que se le entendía divinamente).


Buscó la página en la que aparece el título (su nombre), que aprovechó para que quedara incluido en la dedicatoria y me escribió: "Para José Ramón c/ un abrazo de EDUARDO SOUTO DE MOURA", y debajo su firma (legible: SMoura) y Madrid015.
Al ver cómo apretaba toda la dedicatoria en el borde superior de la hoja, dejando todo el espacio de abajo libre, durante un momento pensé lo mismo que me dijeron luego mis amigos:
-¿A ver? ¿A ver? Joder, te podría haber hecho un dibujo.
Ya veis cómo el ser humano es insaciable e ingrato.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Carne de bronce

No, es inútil, tú no eres Napoleón Bonaparte ni el rey Cirilo de Inglaterra, tú eres carne de catequesis, carne de prostíbulo, carne de cañón, tú eres el soldado desconocido, el hombre a quien no le brilla una estrellita en la frente, los hombres que son carne de horca suelen tener más aplomo, la historia da mucha confianza, tú estás entre el público -en la catequesis, en la ramería, en el frente- y aunque a veces te crees el eje del mundo, no saldrás nunca a cuerpo limpio por encima o delante de los otros catecúmenos, de los otros frecuentadores de mujeres públicas, de los otros soldados, nadie se fijará en ti jamás pero no debes lamentarlo, cada cual llega hasta donde puede y los demás le dejan y a ti se te permite vivir, ¿te parece poco?, y aprender la doctrina e ir con mujeres y hacer la instrucción, y también recapitular, sobre todo recapitular.
Camilo José Cela, San Camilo 1936

-Joder, Don Camilo. Me ha dejado usted aplanado.
-Pues te jodes.

De acuerdo, qué remedio. Casi todos somos seres anónimos y sujetos pacientes. Pero hay algunos a los que sí les brilla una estrellita en la frente. Hay personas que pasan por la vida para dejar una clara huella, y no sólo sobre sus contemporáneos, sino también sobre los venideros, sobre la humanidad eterna.
Esas personas, benefactoras de la especie humana, han hecho un servicio impagable: Han descubierto cómo curar una enfermedad, o cómo se desplazan los planetas, o las propiedades de los icosaedros, o las costumbres de los ornitorrincos, o han hecho pensar, reír o soñar, o han hecho felices, de una forma u otra, a las personas. También están quienes han liderado un movimiento político, religioso o social. Los visionarios, y los héroes, y los santos.
Esas personas son carne de bronce. (También carne de mármol). La gente, casi toda la gente, o al menos bastante gente, les está muy agradecida, y en algún momento a alguien con poder para ello se le ocurre dedicarles un recatado rincón de una calle o el exhibicionista centro de una plaza para colocar allí su estatua.

Estos días se está hablando de erigir en Carabanchel, su barrio natal (de Madrid), una estatua de bronce de Rosendo Mercado, o simplemente Rosendo, el líder de Leño, el viejo rockero, el cantante social y comprometido, la voz del pueblo.

Rosendo

(Un amigo suyo, no recuerdo si Miguel Ríos o el Gran Wyoming, ha dicho que no lo ve claro, que no sabe si habrá suficiente bronce para la tocha). (*)
Hay un montón de gente firmando la petición, pero otros muchos admiradores de Rosendo están horrorizados ante esta domesticación del rebelde y ante esta rimbombancia obscena para la persona menos rimbombante del mundo. (Él ha dicho que si al final se la hacen procurará no pasar por allí, porque le da mucha vergüenza).
Hay otro punto de vista: ¿No es el espacio público de todos y para todos? ¿No merecen honores los artistas brillantes pero sencillos, los artistas del pueblo? ¿Tiene el pueblo que admirar siempre a los prohombres estirados y nunca ha de celebrar a las personas menos solemnes? (En todo caso, hay contradicción en dedicar solemnemente una solemne estatua para celebrar la insolemnidad de una persona).
Esa cuestión parece estar resuelta desde hace tiempo. Por ejemplo, el célebre payaso Fofó es carne de bronce desde hace años, y todos lo ven con naturalidad.

El Payaso Fofó
Parque de Atracciones, Madrid

Bueno, exactamente con naturalidad no. Porque, salvado el problema de si alguien sencillo, poco o nada ceremonioso y muy familiar merece bronce, surge uno mucho mayor: ¿Merece ese bronce?

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cristiano Ronaldo y El Sentimiento Trágico de la Vida

Estos días están sonando mucho unas declaraciones del futbolista-ciclista Cristiano Ronaldo. Tras su último partido le preguntaron por los ya habituales abucheos y silbidos del público, y dijo: "Será porque soy guapo, rico y muy buen futbolista. Me tienen envidia".
Claro que sí, hermoso. Claro que sí, machote.


Tiene toda la razón:
Primero.- Es guapo. Pues sí. Es guapo. Mucho. Su belleza natural se ve además aderezada por habilísimos y cuidadísimos arreglos capilares, y por exquisitos pendientes. Se diría que sus dos preocupaciones metafísicas son su aspecto físico y sus ferraris. Yo hasta ahora he sido siempre heterosexual, pero es que este hombre...
Segundo.- Es rico. Pues también. Debe de ganar más de veinte millones de euros al año (por decir algo), que es bastante más de la media de lo que se viene ganando por aquí. Pero es tan rico porque la gente, incluso la que está en la más precaria situación económica, se gasta unos eurillos en el fútbol y en adquirir algunas de las chorradas que anuncia. Por lo tanto, puesto que toda la sociedad estúpida le entrega una parte de sus mermados haberes, es lógico que este hombre ejemplar se vaya cargando de oro.
Tercero.- Juega muy bien. Eso nunca lo he tenido claro. Es un tipo muy hábil; eso es indiscutible. Y está muy ágil. Pero, haciendo un deporte de equipo, se entretiene demasiado en su lucimiento personal. Si puede dar un pase rápido al hueco no lo hará: Es más chuli hacer dos o tres bicicletas. Pero, vale, concedamos que juega bien al fútbol.
¿Y?
¿Esas tres cosas son tan envidiables? ¿Ser guapo? ¿Tener mucha pasta? (Que nunca gastará en libros de Schopenhauer) ¿Jugar muy bien al fútbol?
Parece ser que sí. Parece ser que esas son las tres metas ideales de todos los jóvenes del planeta. Pues vaya.
Pues vaya planeta.

martes, 13 de julio de 2010

La roja

Hoy he estado en una movida de esas de entregas de premios, de discursitos y de autobombo. De los tres oradores, dos han hablado del triunfo de “la roja” en el Campeonato Mundial de Fútbol de 2010, subiéndose al carro del éxito y atribuyéndose gratuitamente algunas cualidades propias de la selección española.
Todo el mundo lo hace, todos se apuntan. Así que yo también quiero felicitarme por el éxito de España en el Mundial, glosar las inmarcesibles virtudes de estos héroes humildes y llevarme yo también el gato al agua y ésta a mi molino.


Quedamos en que nuestros chicos son humildes, trabajadores, eficaces y nada chulescos, y que se quieren y se respetan, y con esa actitud triunfan en este mundo del fútbol lleno de enfermos egocéntricos. Quedamos en que son muy buenos, pero no alardean de ello.
(En el otro extremo, vi que en un entrenamiento de Portugal el impresentable CR le echaba una bronca a un compañero porque le había pasado mal el balón, y entonces se lo lanzaba él de malos modos, a dar).


Tenemos a este Míster Potato, a este Krusty sin glamour, al que echaron del Real Madrid tras ganar dos copas de Europa porque era soso (y desde entonces el Madrid no ha ganado otra), y estamos orgullosos de él. Siguió a lo suyo, tranquilo, haciendo lo que él creía que había que hacer, respondiendo a las críticas malintencionadas con señorío y con una clase superior. Y le salió bien. Y está contento, lo normal, pero tampoco es que se le note demasiado.

Aunque soy madridista, no me gusta nada CR, y no soporto a Mou. Me gusta Krusty.

-¿Y dónde está la arquitectura, a todo esto?
-Pues no sé. ¿Es que había que hablar de arquitectura?
-Ese era el trato.
-Yo creo que no había ningún trato. Pero, en fin… Vale: Lo podríamos comparar al gimnasio del Colegio Maravillas, de Alejandro de la Sota, o también al pabellón de Bruselas, de Corrales y Molezún. Creo que son dos de las obras de arquitectura menos glamurosas y menos presumidas del mundo, y de las más admirables.
-Adelante.
-No. Vamos a dejarlo por hoy. Mañana o pasado. Lo prometo.