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jueves, 23 de enero de 2025

Melancolía V-a

Antonio Esteban Hernando, gran pintor y gran
arquitecto toledano de Aranda de Duero (Burgos).
A mi hermana Gema, artista total, de la pintura al
títere.
A mis hijos, que pasan bastante de mí, pero que si
tienen que dibujar un Hitlerito lo dibujan.


Cuando empecé a escribir esta serie pensé que necesitaría tres entregas. Al final fueron cuatro, porque añadí un tema personal sin conexión con lo que contaba en las tres primeras. Pues bien: ahora veo que, aunque quede ya fuera de todo, aún quiero contar una cosa más. Esta es ya la última. Lo prometo. (Al menos de esta serie; quien sabe si volveré a hablar de melancolía en alguna otra ocasión).

[Nota a posteriori: La divido en dos, V-a y V-b, por la gran cantidad de dibujos, que pesan mucho, pero lo que cuento en total cabría en una sola entrada. Considerad por tanto que esta y la siguiente son solo una].

Portada de mi hermana Gema. Se la
pedí para mandar la novela a un concurso.

Hace ya demasiados años (de todo hace ya demasiados años) tuve en Toledo una comida deliciosa y divertidísima con mis amigos. Publicábamos por entonces una vez al mes y de forma "colegiada" (hoy yo, el mes que viene tú, el siguiente él...) un artículo sobre arquitectura en la revista local Ecos y comíamos juntos el día que salía, para leerlo en grupo y comentarlo. Esa vez le había tocado a Pablo Alguacil, que hacía una reseña sobre un libro de un arquitecto estadounidense muy comercial y un pelín cínico: Paul Watercil.

miércoles, 11 de diciembre de 2019

Mecenas

ADVERTENCIA ANTES DE EMPEZAR: Tenemos una casa muy agradable, muy bonita, muy funcional, muy de todo, pero tiene las paredes pintadas al gotelé y con diversos colores pastel. Gotelé; ¿vale? Pastel; ¿de acuerdo? Pues asumidlo. Tomad aire, relajaos; no pasa nada. Contad hasta diez y no os excitéis ni os indignéis cuando veáis las fotos que siguen. Tomaos vuestra medicación, serenaos todo lo que podáis y no me mandéis demasiado a la mierda. Muchas gracias. Dicho lo cual, empezamos:


Mi amigo Ekain Jiménez me ha llamado ya dos o tres veces "Mecenas" porque he participado mínimamente en hacer correr la voz de que estaba pintando arbolitos de Navidad para quien quisiera, y así, de algún modo bastante insignificante, le he ayudado a difundir su obra y a extender su fama. Supongo que también me lo llamará porque tengo más obra suya, como veréis a continuación.

Ojalá fuera yo de verdad su mecenas, o al menos su representante. Primero le pondría a sus obras los precios adecuados, y luego las pilas a él para que se lanzara al frenesí de la producción venal y del más vil mercantilismo. Otro gallo nos cantaría a los dos: Él gozaría del dinero, de la fama y del prestigio que su talento merece y yo de un veinte por ciento.

(Nota que viene a cuento: Ekain, además de magnífico dibujante y acuarelista, es un narrador curioso. Está liado ahora con su personaje "El hombre del sombrero", haciéndolo pasear por su mundo onírico y surrealista, y espero que pronto lo saque a la luz a este mundo nuestro, mucho más prosaico y tan necesitado).


Obviamente, le hice un pedido de arbolitos. Juro que pretendía utilizar las tarjetas (acuarelas originales) para felicitar a mis amigos, pero cuando mi mujer y yo las tuvimos en nuestras manos no fuimos capaces de deshacernos de ellas. (Tan solo regalamos una).

Hemos enmarcado los arbolitos navideños y los hemos colgado en la pared. Los he mirado con satisfacción y entonces he visto que tenemos unos cuantos dibujos y cuadros de amigos, de gente muy buena y muy entrañable, y sí que me he sentido en cierto modo no un mecenas, pero sí un hombre rico, un coleccionista de arte, un connaisseur. Tanto que voy a presumir mostrándoos parte de mis tesoros.

domingo, 29 de abril de 2018

Fuera de programa

Esta entrada no estaba prevista, pero me pongo a ello porque me hace ilusión.

Hoy es mi cumpleaños. Cincuenta y ocho.

Mi hermana Gema está utilizando una agenda para hacer en ella un dibujo diario durante todo el año, y en la página de hoy me ha hecho un retrato y me lo ha enviado como felicitación.


Me ha sacado un poco Miliki, pero me gusta. Me veo. Como me han dicho algunos amigos, me ha plasmado "el alma".

Pues he hecho esta entrada solo para enseñaros el retrato. Pero ya que me pongo os enseño también estos dos libros que me ha regalado mi familia:


(También unos auriculares para escuchar podcast por el teléfono mientras hago mi caminata diaria, que los que tenía cada vez se oían más bajito, y ya era imposible).

Bueno, perdonad mi impudor por contar y mostrar mis intimidades y permitidme que os dedique una canción y os dé las gracias por vuestra amistad virtual y vuestra cercanía. Un abrazo.

viernes, 9 de septiembre de 2016

El padre de Morricone

Dedicado a todos los padres sufrientes,
ahora que empieza el curso.

Ennio Morricone es un músico sorprendente: A sus ochenta y siete años de edad sigue en activo y mantiene el mismo talento y la misma tensión creativa que en su juventud.


Con motivo de su 60º aniversario con la profesión, se anuncia su nuevo disco, Morricone 60, que contiene nuevas interpretaciones de sus grandes éxitos.
Por esto se está hablando de él estos días, y he escuchado una entrevista que le han hecho en la radio.
Me impresiona que hable con tanta claridad y energía a su edad, y que diga que está rechazando ofertas porque está trabajando intensamente con su amigo Giuseppe Tornatore, con quien se entiende muy bien y trabaja muy a gusto.
Qué envidia me da esta gente. Quién pudiera llegar a esa edad con esa salud y esa fuerza.

Ha contado algo que me ha sorprendido tanto que corro a contarlo aquí: Ha dicho que de niño quería ser médico, porque tenía un pediatra muy bueno (era también el pediatra de los hijos de Mussolini) y él le admiraba mucho y le tenía como modelo.
Pero cuando dijo en casa que él de mayor quería ser médico su padre le dijo que no, que tenía que ser músico.
¿A quién se le ocurre? ¿Qué padre es capaz de decir algo así?

domingo, 5 de julio de 2015

Cinco años

Este blog cumple hoy cinco años. ¡Qué barbaridad! Cuando lo empecé no sé si habría sido capaz de hacer votos por cinco años. No sé si esperaba algo así. Seguro que no.

(Claro, que hay otros más lanzados, que en seguida los hacen pero luego no duran nada).
Reverso de un centenional de Joviano en el que hace votos por cinco años,
aunque sólo fue emperador durante ocho meses. (Cortesía de tesorillo.com)

En el peor momento profesional de mi vida me dio por abrirlo. Hacía ya tiempo que quería hacerlo, pero no me terminaba de decidir y no sabía cómo. Mi hermana Gema tenía un blog en Blogger y me dijo cómo se creaba.
Yo no sabía nada. Quería que se titulara ¿Arquitectamos locos?, y empecé por dibujar el título que debía hacer de cabecera. Lo hice con una tipografía muy rotunda y muy bruta, en la que destacaba tanto el signo de cierre de la interrogación que acabó por comerse al de apertura. Así que al empezar el proceso de creación del blog y tener que escribir el título puse "Arquitectamos locos?" esperando que me pidiera en algún momento la terrible imagen jpg que tenía preparada, pero ni me la pidió ni yo supe dónde tocar para subirla. Fui dejándome llevar, eligiendo fondos y formatos entre los que me aparecían como disponibles, sin pensar siquiera en cómo diseñar yo uno, y me lancé a escribir.
No sabía ni insertar una imagen, ni hacer un enlace, ni nada de nada. (Ahora sé muy poco más).
Mi primera entrada fue esta. Hasta tiene el título repetido porque me lié y porque no sabía cómo aparecería en pantalla. (Pensaba que el título que yo ponía en el cajetín del borrador era un nombre de fichero para mi uso interno, pero que no se vería. Por eso lo volví a poner en el cuerpo del texto. A veces soy muy retorcido y hago ese tipo de cosas. Ya os he dicho alguna vez que jamás he sido capaz de rellenar correctamente un formulario: Suelo decir más de lo que me preguntan, y más enrevesadamente). Tampoco sabía editar lo ya publicado, y así se quedó.
Rápidamente me hicieron comentarios a esa primera entrada unos entrañables, grandes y valiosos amigos, así que a partir de ahí seguí escribiendo muy animadamente. Y hasta ahora. ¡Cinco años ya!

Esta es la entrada trescientos cuarenta. (Bueno, vale: tricentésima cuadragésima). Salgo a una media de 68 entradas al año. Una cada 5,37 días. Vale, quizá no sean muy buenas, pero son muchas. ¡Y hay quien se ha leído el blog entero! (Enormes gracias y un emocionado abrazo a Sergio Andrés Uribe -Arquitecturibe-, que en un determinado momento descubrió el blog y lo fue leyendo hacia atrás, sin perderse tampoco las nuevas entradas. Y sé que como él lo han hecho otros. Es una exageración tan formidable que no sé qué pensar. Me deja anonadado y muy agradecido).

El primer -histórico- comentario de este blog es de mi amigo Pablo a aquella entrada inaugural, y consiste en un lacónico pero estimulante "Enhorabuena!!" que me produjo una gran alegría y el vértigo de pensar que ya no había marcha atrás; que ya no podía hacer melindres ni vaguear, y también el vértigo de preguntarme cada día qué podría contar yo aquí. En ese vértigo sigo.
(Es curioso, pero en ese primer mes del blog, julio de 2010, escribí 17 entradas. Una barbaridad. Eran cosas rápidas, inmediatas. Eran, como el Oficio de Tinieblas 5, la purga de mi corazón).

A las pocas semanas mi socio Tomás y yo cerramos el estudio y me vine a mi casa, desde donde sigo trabajando a salto de mata y haciendo mis proyectos y mis cosas en solitario y como puedo. En algunos aspectos he madurado (a mis cincuenta y cinco años); en otros -la mayoría- sencillamente he envejecido.

Mientras tanto, he cambiado mis bobadas y diatribas en el Amedros (léase el segundo comentario de Pablo) con cuatro (u ocho) amigos por este blog, con muchos lectores, pero añoro aquellos días. (Hoy el Amedros, igual que mi estudio, está cerrado). También añoro la actividad de entonces. Siento muy nítidamente, cada vez más nítidamente, que el peor de los proyectos y el peor de los edificios es mejor que la mejor que las críticas, reseñas o habladurías (llamad a estas de aquí como queráis). Hacer edificios -como hacíamos entonces- era tan apasionante que no nos quedaba tiempo ni para escribir, ni para leer, ni apenas para reflexionar en algo más que en los propios problemas técnicos y constructivos. Qué fantástica es la pasión por construir. Qué estimulante es ver levantarse de verdad, en carne y hueso, lo que uno ha pensado y dibujado.

Este blog me ha salvado la vida, y espero que a vosotros os la entretenga de vez en cuando. Pero vida, lo que se dice vida, es hacer edificios. Todo lo demás, todo esto, es subsistir, luchar, patalear, no dejarse vencer, pero no es lo mismo. No. No lo es.
Si tienes alas, vuela; si tienes piernas, corre; y si no las tienes, arrástrate. Nunca te rindas, nunca dejes de moverte, de manotear, de morder, de arañar. Como sea. Por eso sigo con el blog. Y si me lo quitaran hablaría por la calle. Y hasta daría clases si fuera preciso. Pero no nos confundamos, no perdamos la perspectiva: Esto no es volar.

Gracias a este blog he conocido a mucha gente, la mayor parte compañeros de profesión, pero otros no. Amigos virtuales todos, que me llenan de alegría y de estímulos para escribir, para pensar, para discutir... Pero he perdido (a estas alturas ya pienso que definitivamente) a mis compañeros del estudio: a Adeli, a Eva, a Rafa, a Miguel Ángel... (A Tomás, a Germán y a Andrés los sigo viendo de una forma más o menos irregular pero mantenida y continuada). No sé si leeréis esto alguna vez. No sé qué es de vosotros. Ojalá os vaya todo bien, razonablemente bien, o al menos no muy mal. Me acuerdo constantemente de vosotros, y lo hago con nostalgia, con pesimismo y con desazón. Ojalá me mandarais algún tipo de mensaje para desarmar mis temores.

En fin. Lo siento. Quería celebrar el privilegio que tengo por escribir aquí, y la alegría que me dais leyendo y comentando estas cosas, y haciéndome sentir acompañado y querido, pero me ha dado llorona.

Maldita sea. Quemaría este blog y todo lo que contiene por un café en el Tanín con vosotros.



(Pero sigo. Sigo y seguiré. Tengo que escribir).
Silicua de Valentiniano I. Cumplidos cinco años de fidelidad a su pueblo
promete cinco más, hasta un total de diez. Lo tomo como ejemplo.
(Y después, cumplidos los diez, otros diez. Etcétera).

Las indicaciones nusmismáticas se las debo a mi amigo Manuel Pina,
factótum de la web tesorillo.com y seguidor de este blog.
Muchísimas gracias, Manuel.

viernes, 6 de marzo de 2015

Dibujar

A Ana Fernández del Prado, cuyos dibujos no he visto aún.

Hay una forma inefable de entender el mundo y de entrar en sus secretos: dibujar.
Todos los que dibujamos lo sabemos.
No quiero hablar de eso que se suele entender por "dibujar bien", y que cada vez sé menos en qué consiste. De lo único que yo quiero hablar es de "dibujar".

Gema Hernández Correa

En todas las culturas se ha entendido siempre que el dibujo es mágico, y que tiene el poder de convocar y conjurar, de bendecir y maldecir. Dibujar significa destripar el mundo, abrir los gajos de la naranja y verlos desde el otro lado, desde todos los lados. Dibujar es romper para reconstruir, es fabricar, es desmenuzar y recolocar, es analizar y sintetizar.

Antonio Esteban Hernando

Dibujar es comunicar, es pensar, es preguntarse, es sufrir y es divertirse. Dibujar es un vicio y una maldición. Es una bendición que nos acerca a los dioses. Dibujar es hablar con Dios.

Jesús Martínez Flores

Dibujar es describir el mundo con todo detalle, pero también es inventar otros mundos que, precisamente por estar basados en las formas, son otra vez este, pero de otra manera.

Gabriel Buda

Dibujar es no tener nunca suficiente, no resignarse a nada, no conformarse.
Es soñar, desear. Es disponer lo que debería ser tal como debería ser.

lunes, 29 de septiembre de 2014

Necrotectónicas recibe un espaldarazo

La eminente escritora sobre arquitectura, que además es la crítica de arquitectura de EL PAÍS, Anatxu Zabalbeascoa, publica hoy una reseña de Necrotectónicas en su blog Del tirador a la ciudad (del que este es seguidor y cuyas entradas podéis ver avisadas aquí, en la columna de la derecha).

Retrato de Lilly Reich, por Gema Hernández Correa.
Es la ilustración elegida por Anatxu Zabalbeascoa para encabezar su reseña.
Coincido: Es uno de los retratos que más me gustan del libro.

Como os podéis imaginar, estoy entusiasmado con la reseña. Porque está hecha con un espíritu muy favorable y generoso (siempre siento que estas cosas me vienen inmerecidamente), pero al mismo tiempo con una mirada crítica y objetiva, que señala defectos y algunas intenciones no resueltas, pero que, en general, celebra no sólo el espíritu literario juguetón del libro, sino que me atribuye alguna maestría como escritor.
El libro es muy irregular: Se trata de veintitrés relatos en veintitrés estilos diferentes. Algunos le vienen como un guante al personaje respectivo. Otros son un poco forzados. Exacto: Sentí eso mismo cuando los escribía: Algunos fluían muy bien y otros se me atravesaban. No obstante, como un galeote autoforzado, sin que nadie me obligara a ello, sentía en cada uno de los veintitrés casos que mi "obligación" era esa.

En definitiva, dice algo que me emociona: "Todo eso tienen estos obituarios: están llenos de vida".

Celebro muchísimo que una persona tan habituada a escribir, a leer y a reseñar libros importantes, vea esto en el mío. Muchísimas gracias. Es un honorazo. 

(Podéis leer la reseña aquí).



Addenda 8 de octubre:
Me parece excesivo abrir una nueva entrada, pero es que me acaban de enviar de la revista Arquitectura Viva la reseña que ha hecho Luis Fernández Galiano para el número 167.
Es una reseña muy elogiosa. Estoy muy honrado por ello.




viernes, 13 de junio de 2014

Yo he venido a hablar de mi libro

¡Por fin tenemos Necrotectónicas en las manos!
En este enlace (clicando aquí) podéis ver la reseña de la editorial -Ediciones Asimétricas-, e incluso podéis comprar el libro. (Nota.- Si lo compráis en este enlace, directamente de la editorial, os lo mandarán a casa -dentro de España- sin cobraros gastos de envío).


Es un libro que os va a encantar. Es uno de los mejores libros de las últimas décadas. No es que lo diga yo, es que lo han dicho los mejores escritores y críticos de la Guayana Holandesa y de Alto Volta. Y si lo han dicho ellos no seré yo quien les contradiga.
(Los de la Guayana Holandesa y Alto Volta son muy fácilmente sobornables).

Es una colección de veinitrés relatos sobre las muertes de veintitrés arquitectos ilustres:

1.- Caín
2.- Dédalo
3.- Hiram-Abib
4.- Apolodoro de Damasco
5.- Michelangelo Buonarroti
6.- Sinan Ibn Adülmennan
7.- Francesco Borromini
8.- Claude-Nicolas Ledoux
9.- Frederick Law Olmsted
10.- Antonio Sant'Elia
11.- Louis Henri Sullivan
12.- Antoni Gaudí i Cornet
13.- Charles Rennie Mackintosh
14.- José Manuel Aizpúrua y Azqueta
15.- Josep Torres Clavé
16.- Giuseppe Terragni
17.- Lilly Reich
18.- Ivan Ilich Leonidov
19.- Le Corbusier
20.- Louis I. Kahn
21.- Carlo Scarpa
22.- Albert Speer
23.- Enric Miralles

Además de una declaración de amor hacia la arquitectura y los arquitectos, este libro es un juego literario, un collage: Cada uno de los relatos está escrito con un estilo diferente, imitando alguna obra literaria importante.

Por ejemplo: Cuento la muerte de Hiram-Abib imitando el Adiós, muñeca de Raymond Chandler, la de Sinan como La casa de Asterión de Borges, la de Ledoux como Historia de dos ciudades de Dickens, la de Mackintosh como "Los muertos" del Dublineses de Joyce, la de Aizpúrua como el San Camilo, 1936 de Cela, la de Terragni (hay que tener valor) es un canto completo, en tercetos endecasílabos encadenados, de La Divina Comedia de Dante, la de Le Corbusier como La Odisea de Homero, la de Kahn como la Muerte de un viajante de Arthur Miller, la de Speer como El corazón de las tinieblas de Joseph Conrad (¡El horror!, ¡el horror!), y así todo.
Incluso tomo párrafos enteros de las obras citadas, que cambiados de contexto, o si acaso ligeramente retocados, cuentan la muerte de cada arquitecto.
Vamos, un juego postmoderno de palimpsesto (de nuevo el palimpsesto) que os invito a jugar. Os invito a localizar frases, párrafos completos, y cotejarlos para ver cómo funcionan literariamente en diferente situación y distinta compañía.

El libro estaba adormilado en un cajón cuando mi hermana Gema lo rescató y se puso a ilustrarlo. Le había hecho gracia lo de que cada relato tuviera un estilo literario, así que ella también ilustró cada muerte con un estilo diferente. Y ya el poliedro palimpséstico se duplicó o triplicó. Un follón.
Por ejemplo, la muerte de Le Corbusier está escrita según La Odisea, pero está ilustrada según Picasso. Y también tenemos un fotograma de cine negro, un Paul Klee, un Francis Bacon, un Dalí, un tebeo, otro tebeo, unos patitos (¿o son ocas?) de Beatrix Potter, un grito de Munch, etcétera.

A mí me parecen unas ilustraciones magníficas, y potencian y desarrollan extraordinariamente lo que eran los puros relatos desnudos.

Tomaoslo como un juego. Creo que funciona a diferentes niveles, pero no me quiero poner exquisito. En un primer nivel, que es el que cuenta, los relatos son bastante amenos. (Al menos eso es lo que dicen los más prestigiosos críticos de la Guayana Holandesa y de Alto Volta).

Tiene una ventaja adicional: Si sois muy lectores, unos verdaderos ratones de biblioteca, apreciaréis estos juegos, estas citas y estas referencias. Pero si no lo sois podréis obtener una muy amplia culturilla literaria en apenas 168 páginas. ("¿Has leído a James Joyce?" "Por supuesto, y a Homero, y a Sófocles" "Jolines, qué tío").

Vamos, que necesitáis comprar este libro. (Y ya si eso lo leéis también).

sábado, 12 de abril de 2014

Necrotectónicas (IV): La muerte como estilo

Ya puesto a la tarea de contar muertes de arquitectos, no sé por qué quise empezar por la de Carlo Scarpa. Debe de ser porque uno se lanza al barro de lo que desconoce.
Podría haber empezado por Gaudí, atropellado por un tranvía. Eso lo sabe todo el mundo y está muy bien documentado. Pues no: Tuve que empezar por Scarpa.
Sólo sabía la fecha y el lugar, pero no la causa. En un libro ponía que fue por "un accidente trivial". En otros sitios -como en el enlace que le he puesto-, por "un desafortunado accidente". Y así todo. Leí mucho, pero no saqué nada en limpio. Escribí a la Fundación Scarpa, pero no hubo respuesta. En internet circulan varias versiones, y no tengo claro si alguna es la buena.
Puestos a ficcionar, leí libros sobre Japón, y me gustó mucho el tono de Lafcadio Hearn, un japonesista recopilador de leyendas. Me gustó tanto que no supe quitármelo de encima, y finalmente escribí la muerte de Scarpa usando ese tono.
Me gustó el resultado, pero eso me dejaba muy comprometido para contar las demás muertes. Ni podía contarlas todas con ese tono (sería absurdo seguir impostando la voz en japonés para el resto de arquitectos previstos) ni con mi forma propia y particular (Scarpa quedaría raro y desplazado). Así que, ya puestos, me lié la manta a la cabeza y me convertí en una especie de Raymond Queneau con sus Ejercicios de Estilo.

Raymond Queneau haciendo el chorra

El co-creador del Oulipo relata en ese libro una anécdota trivial (un pasajero de un autobús abarrotado se queja a su vecino de que le está pisando a propósito) de noventa y nueve maneras diferentes, parodiando estilos y haciendo juegos de palabras.
Pues yo, inspirado por esto, decidí contar cada muerte con un estilo literario diferente, imitando distintas obras, e incluso tomando fragmentos de ellas.
El juego es un collage que consiste en tomar una obra literaria (en cada muerte se indica cuál), y con fragmentos (o tonos, o sugerencias, o ecos) de esa obra ir relatando la muerte de un arquitecto. Entre las distintas teselas del mosaico pongo la pasta adhesiva y el colorante adecuado para que casen lo mejor posible.
En algunas muertes la operación es muy directa y sencilla. En otras es más elaborada. En algunas sólo se toman ciertas referencias de estilo, y en otras se introducen trozos de cierta extensión. Invito al lector curioso a que lea cada muerte teniendo a la vista el texto literario que se indica, y que descubra los órganos transplantados y las prótesis añadidas.
No se trata de un plagio, ya que no se copia pasiva y perezosamente, sino que con los trozos recogidos se crean obras diferentes a las originales y se cuentan historias nuevas. Más bien se revisitan los textos, se cambian de contexto y se reescriben con nueva intención y nuevo objetivo.

Pablo Picasso: Naturaleza muerta con rejilla de silla. 1912.

Cuando Picasso toma el asiento de rejilla de una silla y lo pega en un soporte en el que está pintando un bodegón crea una fisión semántica. Hace que ese asiento de silla pase a ser el tablero de una mesa, o un mantel. Pero cuando toma un trozo de la portada de un periódico y lo pega en el cuadro que está pintando para que haga de portada de periódico crea otra fisión más rara aún: Hace que el periódico pase a ser un periódico, vale, pero lo hace volar del mundo real al mundo pintado. El periódico real hace ahora la función de periódico pintado. Picasso lo teletransporta al mundo virtual.
De un modo parecido, y salvando todas las distancias, yo he recortado palabras, frases, estilos, cadencias, y las he hecho saltar de unos mundos a otros.
Mi hermana Gema ha aceptado el reto y ha ilustrado cada relato con un estilo diferente, tomado de diversos maestros, épocas y técnicas. Ha realizado la misma fisión semántica y ha dado a cada texto una nueva dimensión y un potente complemento.
Tanto las narraciones como las ilustraciones se han convertido en ejercicios de estilo, y el estilo por sí mismo ha construido la obra.


(Si te ha gustado esta entrada clica el botón g+1 de aquí debajo. Muchas gracias).

lunes, 9 de abril de 2012

¿Ha muerto el arte? ¿De verdad?

En la anterior entrada escribí sobre la muerte del arte y, aunque sea algo evidente, como ya dije (porque las vanguardias terminaron su trabajo a conciencia y no dejaron títere con cabeza), cuando uno toca el tema se queda desazonado, desasosegado. (Qué palabra más des-a-so-se-ga-do-ra: des-a-so-se-ga-do).
Me quedé, sí, con mala conciencia, como un traidor de película.
Pero hoy, curioseando por el blog de mi hermana Gema (cosa que os aconsejo que hagáis), he visto unas fotos emocionantes, que me han vuelto a sorprender porque se me habían olvidado.
En la pestaña "exposiciones" veo esta foto:

Es una exposición de paisajes, de Gema, del año 2003. El niño del primer plano es mi hijo Andrés, que se está lanzando con entusiasmo a por una croqueta de escabeche de su abuela (que es mi madre y la de la artista).
(Si clicáis la foto la veréis más grande, y percibiréis mejor la expresión de mi hijo, un auténtico connaisseur).
Las croquetas de escabeche de mi madre son inolvidables para todo aquel ser afortunado que las haya probado, y -me río yo de las cinco vías de Santo Tomás- constituyen uno de los pocos indicios que me han sido dados de la existencia de Dios.
Un año después (Madrid, 2004) mi hermana Gema hizo otra exposición -Mi caja de lápices-, y de nuevo mi madre colaboró en el ágape.
En esta foto hay mucha más gente, pero ¿a quién volvemos a ver lanzándose a por las croquetas? Sí; es mi hijo Andrés otra vez. Se le ve menos; está más escondido, confundido entre la gente, pero ahí está. Con el mismo gesto, con la misma actitud. (Clicad, clicad).


Y me hago las siguientes reflexiones: ¿Va a morir el arte mientras haya gente loca como mi hermana, llena de creatividad y de talento, llena de entusiasmo y de ganas de hacer cosas? Y, sobre todo, ¿va a morir el arte mientras haya croquetas de escabeche?
Aunque lo digo en broma, la cosa es bastante seria. Observad, por favor, el ambiente de esas dos fotos. Es gente amistosa, curiosa, con ganas de hablar, de ver, de reír, de comer croquetas. Somos gente llena de corazón, y de cerebro, y de ánima (y de ánimo).
El arte es muchas cosas. Entre ellas, conocimiento, exploración, intercambio, relación, proceso, etc. Todo eso es inherente al ser humano. No podemos renunciar a ello.
Lo repito: Mientras existan croquetas de escabeche, y todo lo que ellas representan, el arte vivirá.