Todos somos artistas, y lo somos todos los días y todas las horas.
Todo lo que no es natural es arti-ficial; todo lo que hacemos es arte-facto. Arte.
En ese contexto se habla del arte de la medicina o de las artes de pesca. (Y también hay quien se da mucho arte para vendernos una póliza de seguros).
Y luego está el arte "sublime", como por ejemplo el de mi padre haciéndome una mesa de dibujo articulada a partir de una vieja mesa de cocina de formica.
Arte.
Repito: Todos somos artistas. Todos hacemos arte, y lo hacemos todo el rato.
Esta vocación artística que tenemos todos se ve adulterada e incluso corrompida (a mi modesto juicio) por dos venenos: el afán de lo bonito y el éxito.
El afán de lo bonito hace que nos olvidemos de la eficacia de lo que estamos haciendo para regodearnos en su hermosura. ¿Os imagináis eso en los ejemplos que he dicho antes: las artes de pesca o el arte de la medicina? ¿Os imagináis que las guías dentadas que aplicó mi padre a la ex mesa de cocina hubieran tenido el prurito de la belleza? Un desastre.
La idea de belleza siempre ha entrado en la definición de arte de una forma u otra. De ahí viene buena parte del desconcierto en el que vivimos respecto al arte.
En cuanto al éxito, otra buena causa del desconcierto son las desorbitadas cantidades de dinero que se pagan por una mera ocurrencia. Y, claro, si nos distraemos pensando en el éxito tenemos que pensar también en su reverso: el fracaso.
Pero creo que esto no debe ser tomado en cuenta, porque si lo hacemos nos quedamos sin palabras.
