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miércoles, 8 de abril de 2026

Cocinar

Siempre he creído que el origen íntimo de una casa, su razón de ser, es el "dormitorio de los padres". Pero la verdad es que todo ha cambiado tanto que ya no sé. Antes se decía "el casado casa quiere", porque una joven pareja enamorada quería emprender una nueva vida autónoma, y no deseaba estar de huésped en casa de los padres, que era algo que se hacía mucho cuando no había dinero suficiente. Y casi nunca lo había.

La pareja que inicia su nuevo rumbo da sentido a la casa. Y esa necesidad de intimidad la da el dormitorio. El dormitorio principal, el de la pareja, el que está llamado a ser, con el tiempo, "el de los padres".

Ese era, en mi magín, el motor de la idea de una casa. Sin embargo, toda casa tiene varios motores. Y uno que poco a poco se va perdiendo es la cocina.

lunes, 3 de marzo de 2025

El cuerpo

Llevamos unas cuantas décadas viviendo un urbanismo loco, unas ciudades hostiles que nos expulsan a los extrarradios cada vez más lejanos, y, en ellos, unos pueblos que lo eran y que ahora ya ni son pueblo ni son ciudad, sino unos inmensos aparcamientos de personas.

En la ciudad siempre ha habido barrios ricos y barrios pobres, pero desde hace años es sencillamente imposible que los menos pudientes puedan vivir en ellas; en ningún barrio. Los que eran menos boyantes se han ido empijando y ahora da gusto: Donde estaba el Bar Manolo hay ahora un laboratorio gastronómico que expende unas tostadas hechas con harinas de cereales que no has oído en tu vida y rociadas con espuma de albahaca. Nos han gentrificado a nosotros mismos de las calles de nuestros padres y nos han expulsado a cuarenta kilómetros de distancia, a unos lugares que han crecido metastásicamente: no hay más que ver los absurdos nombres de sus calles, debidos a la velocidad y a la falta de motivos.

Vivimos en unos extrarradios cada vez más remotos y también más abstractos. Y dependemos del tren de cercanías, del autobús interurbano o del coche para todo.

lunes, 2 de diciembre de 2024

Contenido adulto

El otro día quise poner en Bluesky una foto de la reproducción de la estatua La Mañana, de Georg Kolbe, que está en la reproducción del pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe, y no me fue posible. Me salió un mensaje diciéndome que la imagen tenía "contenido adulto" y no podía mostrarse.

¿Contenido adulto?, me pregunté. Sí, claro, es una importante obra de arte que fue catapultada a la historia de la arquitectura por formar parte de una de sus obras maestras inmortales. Infantil propiamente no es, aunque hay gente muy lúcida y muy creativa que les hace llegar a los niños el amor y el conocimiento por la arquitectura(1). Bueno, es discutible, pero digamos que sí, que el contenido es adulto. (Incluso tomando el adjetivo adulto como sinónimo de maduro, serio, importante, desarrollado, responsable, etc. De acuerdo). ¿Y por eso no la puedo poner? Ojalá lo que publico tuviera de verdad contenido adulto. 

¡Ah, no, acabáramos! No se trataba de una disquisición "adulta" conceptual, sino zafiamente torrentera. El robot programado a tal efecto no vio en esa estatua nada más que vulva y tetas, y le debió de salir del alma (o de los microprocesadores) lo de "¿y si nos hacemos unas pajillas?" Hice la prueba y, en efecto, con esos rayajos rojos el robot la admitió sin problemas. O sea, que el contenido adulto era lo que queda tapado.

miércoles, 29 de marzo de 2023

Edificios feos, bonito periodismo

(A David García-Asenjo
y a Carlos Polimón).


De este tema ya he escrito. Perdonad que me repita, pero es que los medios no paran. Ellos regurgitan esta murga cada cierto tiempo: LOS EDIFICIOS MÁS FEOS DE MADRID, y vuelvo a hacerme eco. Quizá no debería, porque es siempre lo mismo y ya aburre, pero es que esta vez el número uno es de mi maestro, mi querido Juan Daniel Fullaondo, con José Luis Íñiguez de Onzoño, y eso me ha llegado al corazón.

Al menos han puesto una buena foto. (La de la Wikipedia)

No conocí a Íñiguez, pero por las cosas que le he leído y por lo que Fullaondo contaba de él estoy seguro de que se habría reído. Desde luego Fullaondo sí sé que incluso se sentiría orgulloso de encabezar ese ranking. No es fácil. El listón está muy alto.

Creo que para alcanzar la meta les ha beneficiado mucho que el que se exhibe en cabecera, el famoso edificio de viviendas de Sanchinarro, no se mencione después en el texto, lo que por otra parte muestra una preocupante falta de atención y de continuidad discursiva en quien ha escrito el libelo. ¿Le parece feo lo de Sanchinarro o sí pero no? Me deja en ascuas. Lo pone como estandarte del feísmo pero luego no lo incluye en la lista. Qué poca seriedad.

viernes, 9 de diciembre de 2022

Un libro de arquitectura

El otro día una alumna ya de la segunda mitad del Grado de Fundamentos de la Arquitectura me dijo que hasta el momento había estado muy ocupada en ir aprobando las asignaturas y en ir avanzando con su carrera -lo que no es poco-, y que tenía la sensación de que no se había ocupado de pensar qué es la arquitectura, cómo la quiere entender, y no había reflexionado sobre las cuestiones principales.

Me pidió que le recomendara un libro de arquitectura -porque además ahora, con las vacaciones de Navidad y con los Reyes Magos, es un buen momento para comprar alguno e incluso para leerlo- y no le supe qué decir. Le di muchas vueltas evocando qué libros de arquitectura me habían sacudido a mí y en qué circunstancias.

Me hice una lista apresurada con la convicción de que eran libros que me gustaron mucho, pero no sé si a ella le interesarían, y me sentí perdido y desorientado. Si mi misión es dar alguna orientación o alguna idea soy (de nuevo) un fraude.

La foto que he puesto es un fragmento de mi biblioteca, formada por años de amor por los libros. ¿Pero en qué se podría resumir? ¿Qué tres o qué cinco libros podría seleccionar para pasárselos ahora a alguien que está empezando a leer y a mirar? ¿Cuál fue el primer libro de arquitectura que yo leí?

miércoles, 5 de octubre de 2022

El milagro

El pasado 20 de septiembre salió en el diario El País un artículo sobre el calamitoso estado de conservación e incluso de ruina inminente y demolición a la vista de la casa Vallet (en la calle de Belisana nº 5, de Madrid), obra del arquitecto José Antonio Coderch.


Fotografía tomada de Google Street

Hace cuatro años y medio mi compañero David García-Asenjo escribió este artículo en el que ya se temía lo peor para la malhadada casa.

Viendo la foto que acabo de poner, la verdad es que se le quitan a uno las ganas de todo, y ya solo desea que la tiren de una maldita vez y la dejen morir en paz.

La casa nunca tuvo suerte, y desde su terminación su autor renegó de ella porque se introdujeron demasiados cambios en obra. No obstante, a pesar de todo eso aún tenía muchas condiciones para ser apreciada y admirada, y para enseñarnos muchas cosas a los arquitectos y a los ciudadanos en general.

¿Qué queda de todo ello? Unos paños sencillos, demasiado sencillos en un barrio de casas ricas y lujosas, y que, con la desidia, la inopia y el odio habituales en este tipo de casos, han quedado como sencillamente cutres y cochambrosos.

jueves, 9 de diciembre de 2021

El verdadero lujo

Los flamantes arquitectos Anne Lacaton y Jean-Philippe Vassal, lanzados a la carrera del éxito, de quienes casi todos sus compañeros hablan (hablamos) muy bien por su "apenas hacer nada" y últimos ganadores del premio Pritzker, tienen exposición en el Museo ICO hasta el 16 de enero.

La he visto hace un par de y yo solo y hace unos días con mi compañero y sin embargo amigo Ekain Jiménez, que me ha enriquecido lo que vi antes y me ha suscitado una o dos reflexiones que intentaré exponer a continuación.

Empecé a oír hablar de ellos con el ya famoso comentario de: "Reforman sin destruir, y haciendo lo mínimo". Muy conscientes de la huella del carbono y del nefasto impacto de la arquitectura reconstructora (a menudo tan destructora), han abordado enormes proyectos de rehabilitación arquitectónica, urbana y social sin demoler lo que había, sino añadiéndole algún elemento o algún gesto que, siendo relativamente modestos, han revitalizado y cambiado de una forma muy importante lo preexistente.

La exposición comienza por la planta baja y hace el recorrido de siempre, terminando arriba, pero esta vez ha habido algo especial que merece la pena comentar.

Empieza con láminas, y láminas, y láminas impresas y pegadas en las paredes (y dibujadas para la ocasión), que muestran su trayectoria profesional en un montón de proyectos. En todas prevalece el mismo código: Un fondo blanco para el "espacio programado" y un fondo azul claro para el "espacio libre". La cosa tiene algo de truco: Viene a significar que lo blanco es lo que responde a "intervención arquitectónica" y "cumplimiento de programa" y lo azul claro es "la propina". (Pero en algunos proyectos de reformas de edificios públicos no es exactamente lo mismo, ya que lo blanco son zonas más tocadas, más intervenidas, y lo azul las más dejadas como estaban).

En todo caso es clara su voluntad de mostrar qué poco hacen, y cuánto renta ese poco.

sábado, 23 de octubre de 2021

Madre de Dios

A David García-Asenjo y a todos los
que tienen su constructiva paciencia.


He visto en twitter este clip de vídeo (clicad aquí) y después este otro (aquí) y me he quedado bastante desazonado.

Por si no se ven los enlaces que acabo de poner, o se pierden, os cuento lo que dicen:

Un simpático presentador de televisión (de la televisión pública del estado español, que gozosa y orgullosamente sostenemos con nuestros impuestos), ataviado de camisa cocheada de colores y de sonrisa irresistible, guapo y potente él, pone una foto de un edificio estrafalario -una iglesia- y se escandaliza con sus alegres contertulios de semejante insulto a la inteligencia y a la sensibilidad humanas.

Y, como debe ser en todo programa televisivo desenfadado que se precie, hay un descojone cruzado, total, exuberante, ante semejante despropósito.

Primer clip:

-Vamos a Francia. Atentos a esta "capillita" de territorio francés. El arquitecto dijo: "Yo quiero diseñar algo que no haya diseñado nadie", y, oye, ha triunfado, porque nadie ha diseñado algo tan feo como eso.

Así dice el presentador, y su gallinero cacarea de risas y de comentarios sobreabundantes. (Uno protesta tímidamente y dice que no es feo, pero se queda solo). Se escuchan risas.

El líder, crecidito, añade:

-Yo creo que el cura cuando (no entiendo el verbo, porque le pisan) la iglesia dijo: "Al arquitecto esto no se lo perdona Dios ni con sesenta padrenuestros ni con ochenta avemarías".

Segundo clip:

-...el arquitecto que ha hecho esto, porque Madre de Dios.

martes, 17 de agosto de 2021

Razón de ser

El otro día el siempre atento David García-Asenjo, arquitecto, profesor y comunicador de la arquitectura, se hizo eco de este tuit:

Quien lo publicó tiene un perfil cuyo nombre completo es Architects Against Humanity (Arquitectos contra la Humanidad) y cuyo nick es @arch_crimes (@arqui_crímenes: crímenes de los arquitectos, o de la arquitectura).

El tuit muestra una imagen de Nueva York de un tiempo pasado y, a lo que se ve, añorado por el autor, en el que aparecen las sedes de tres periódicos: The New York World, The New York Times y The New York Tribune. Y el texto que acompaña a dicha imagen dice algo así como: "Una época en la que (aparentemente) solo sabían construir de manera bella en la ciudad de Nueva York". 

De todo ese texto quizá lo más interesante para mí sea ese apparently entre paréntesis, porque de lo que habla, ciertamente, es de apariencia. Vemos mansardas parisinas, torres góticas, arcadas renacentistas, pero lo que más me llama la atención es la cúpula de San Pedro. Nada menos que la miguelangelesca cúpula de San Pedro de Roma en un periódico de Nueva York de finales del siglo XIX (1890). (Por no decir cuánto más me llama la atención que se siga añorando y deseando eso en 2021).

No quiero escribir (una vez más) sobre autenticidad, mentira, ética, adecuación y todas esas cosas, pero es que el ejemplo que esgrime @arch_crimes me parece de lo más aleccionador, pues muestra un momento de especial desorientación y confusión en la arquitectura, y también a la vez de enorme energía y esperanza, y me gustaría decir apenas dos palabras sobre ello. Tengo la gran suerte de que me lean no solo arquitectos, sino también no arquitectos con curiosidades variadas, y pienso especialmente en estos porque el ejemplo es muy interesante para hablar de una cuestión seguramente demasiado trillada por los arquitectos, pero de la que siempre se sacan nuevas reflexiones.

viernes, 20 de noviembre de 2020

El espacio trampa

A Nao Casanova (@NaoCasanova),
que nos contó esto en Twitter y que
cuenta muchísimas cosas interesantes.
Muchas gracias.


El día 11 de noviembre de 2020 Nao Casanova escribió este tuit:

No había oído hablar de un Eruv en mi vida, y me pareció una trampa bastante estúpida: ¿No creen los judíos que Yahveh es todopoderoso y omnisciente? ¿Y pretenden engañarlo con esa chorrada? No sé: No me cuadra. En mi escéptica sesera me llaman mucho la atención dos cosas: La primera es que alguien crea en un dios tan puñetero (con perdón) como para ser capaz de promulgar esos mandatos, capaz de prohibirte treinta y nueve cosas cotidianas en shabat (entre ellas atar poleas acanaladas, unir o separar dos hilos y transportar un objeto o a una persona de un lugar privado a uno público o viceversa), y la segunda es que piense que con un truco tan tonto como colocar un hilo delimitando un barrio lo va a engañar.

¿No creen que Yahveh es todopoderoso y omnisciente? ¿Y entonces cómo piensan que esa chorrada lo va a confundir? Estas cosas de las religiones siempre me han llamado la atención.


Pero, pasando por alto (que ya es pasar por alto) que ese mandato de no poder llevar ni un mechero, ni unas llaves, ni a un bebé en brazos cuando se entra a la sinagoga en shabat me resulta de todo punto incomprensible y no se me ocurre qué puede pretender Yahveh con ello, creo que -hecha la ley, hecha la trampa- una vez aceptada tal cosa está muy bien lo del Eruv: Es mucho más sutil y coherente de lo que parece a la primera. Con un hilo delimito un espacio, con una línea virtual señalo un lugar y lo hago mío. Mejor dicho: lo hago nuestro. Son todos los miembros de una comunidad judía quienes ceden parte de su privacidad al resto. Yo consiento en que mi casa quede dentro del Eruv y así te permito que entres y salgas de ella como tuya (simbólicamente, claro); y lo mismo haces tú con tu casa para que entre yo (simbólicamente, por supuesto). Y cada uno con la suya, y con la sinagoga, y con la calle, y con el parque.

Ese tonto hilo del Eruv tiene en sí toda la fuerza de la comunidad. No el hilo en sí como material, sino la delimitación que señala cuando se le tiende de poste a poste. (Es en cierto modo como lo de la princesa Dido fundando Cartago con una piel de buey).

Eruv en Seattle, WA, EE.UU.

Eruv en Nueva York, NY, EE.UU.

miércoles, 12 de agosto de 2020

La segunda muerte de Anaick Fisac (y II)

El otro día dejé en el aire dos preguntas (que en realidad es una) y desde entonces he recibido algunos mensajes en uno y otro sentido. Ya dije que me temía que esta entrada iba a ser polémica. No me preocupa que lo sea; sí ser capaz de expresar mi opinión con claridad.

Para empezar: La inmensa mayoría de los arquitectos (todos, salvo algún impresentable) ya sabemos que nuestro trabajo está al servicio de la sociedad, en general y en abstracto, y de quien nos lo encarga, en particular y en concreto.

He proyectado y dirigido las obras de muchas casas, seguro que de demasiadas, y casi nunca he sido capaz de plasmar el tipo de arquitectura que a mí más me interesa. Siempre he aconsejado con toda sinceridad a mis clientes, pero también me he adaptado a sus deseos. Por lo tanto, he agotado balaustradas, he extenuado canecillos, he hastiado arcos de ladrillo, he estragado mamposterías... Al menos he pretendido que bajo ese falso y postizo maquillaje que siempre me ha parecido impropio hubiera un organismo que funcionara, que fuera cómodo. Pero a menudo no he conseguido ni siquiera eso.

A los arquitectos siempre se nos acusa de chulos, de prepotentes, de jactanciosos, con nuestros absurdos diseños que nadie quiere y a nadie gustan. Pues yo os digo que al revés, que la inmensa mayoría pecamos de lo contrario, de aceptar sin apenas lucha las soluciones triviales que proponen los clientes. Ojalá hubiera sido yo un poco chulo, prepotente y jactancioso, para mayor placer de mi trabajo y, sobre todo, sí, sobre todo, para haber dado mejor servicio a sus dueños.
Quien se quiere hacer una casa se ve metido en un berenjenal en el que (naturalmente) no sabe orientarse, y sin embargo rara vez confía en el arquitecto que (por obligación legal) le va a hacer el proyecto. Parece hacer caso a cualquier otro antes que a quien va a pagar por diseñar su hogar.

Me atrevo a pensar que ese problema no es exclusivo mío, sino bastante común. No hay más que ver a derecha e izquierda los chalés, los bares, las tiendas, las naves industriales, los hoteles... todo. En todas partes vemos la misma banalidad, los mismos lugares comunes, la misma falta de intención, de ideas y de ganas.

Así que sí, lo reconozco: La mayoría de los arquitectos no somos petulantes, sino solo mediocres. En ese sentido no hay más que añadir. Los adosados lo certifican. "Es lo que quiere la gente", dicen los promotores. Lo dejamos ahí por ahora.

Abro otro melón: Hace veinticinco años leí con una honda emoción Mortal y rosa, de Francisco Umbral, un libro bellísimo, emocionante y muy doloroso. No pude entender cómo alguien puede escribir una cosa así, por lo exquisito de su forma y por lo desgarrador de su contenido. Umbral perdió a un hijo de corta edad y le escribió esta maravilla. ¿Cómo se puede hacer algo así? Yo supongo (y espero seguir nada más que suponiéndolo durante el resto de mi vida) que ante una tragedia tan horrible uno se vuelve loco, se hunde, es incapaz de hacer nada. Pero al parecer no es así. Cuando se le dedica la vida entera a la escritura, a la pintura, a la arquitectura, a la pasión que sea, todos los desgarros del corazón tienen su reflejo en el trabajo, en la obra. Al parecer es la única forma de intentar canalizar el dolor.

Mortal y rosa: Un sorprendente y emocionante monumento literario de Francisco Umbral
Claude Monet, Camille (su esposa) en su lecho de muerte. 1879

(Otro ejemplo emocionante pero a la vez siniestro: Camille Monet murió a los 32 años. Qué atrocidad. El pintor, destrozado de dolor, la pintó. ¿Qué otra cosa iba a hacer, si pintar era su única manera de expresarse, de mirar, de pensar, incluso de rezar?)

miércoles, 5 de agosto de 2020

La segunda muerte de Anaick Fisac (I)

A David García-Asenjo Llana y a
Carmen Martínez-Raposo Piedrafita

El libro de David García-Asenjo que cité la semana pasada tiene la virtud, como todos los libros buenos, de contener muchas capas de lectura y, sobre todo, muchas cosas que no tiene expresamente, pero que arraigan en cada uno de los lectores y allí (aquí) germinan como pueden.
Hacia el final se cuenta, con un tono y un ritmo excelentes, una historia emocionante que voy a glosar un poco a mi manera y que, a su vez, genera en mí una reflexión cuyo resultado final ya no está explícitamente en el libro, pero, al menos para mí, sí puede ser inferido de él. (Y luego de ahí tal vez pase a proferir algún exabrupto sobre el que ya el autor sí que no tendrá ninguna responsabilidad).

La iglesia de Santa Ana de Miguel Fisac, en el barrio de Moratalaz, en Madrid, es una de las obras maestras de este gran arquitecto, y una de las iglesias pioneras en responder a los cambios litúrgicos y a los nuevos tiempos propugnados por el Concilio Vaticano II.
No voy a entrar a describir ni a valorar esta magnífica iglesia (si para algo valiera este blog debería ser precisamente para eso, pero no paro de decepcionar a todo el mundo) porque ya lo hace espléndidamente David García-Asenjo en el libro mencionado: Manifiesto arquitectónico paso a paso y también lo han hecho otros autores, particularmente Eduardo Delgado Orusco(1).

No explicaré la iglesia. Para eso tenéis los dos libros que digo. Sí os contaré, en cambio, que una de las hijas de Fisac, Anaick, murió con seis años de edad a causa de una vacuna contra la polio en mal estado. (En aquella época eso fue, trágicamente, algo bastante frecuente).

Imaginaos el dolor de Fisac, de su esposa Ana María Badell, y de su otra hija, Taciana. Pero eran una familia cristiana, profundamente creyente, y sublimaron su pesar en su fe. En el caso del padre, Miguel, consagró todo su talento, todo su trabajo y todo su esfuerzo a diseñar esta iglesia y a dedicársela a su hija.

Fotografía de David García-Asenjo. (Todas las de
esta entrada son suyas y están tomadas de su libro).

Sobre el movimiento en el sentido transversal y la relación de los fieles con los distintos momentos de la celebración me vuelvo a remitir al libro de García-Asenjo. Solo diré aquí que las paredes y el techo son de hormigón, y que sobre el presbiterio hay un lucernario que hace entrar una luz redentora que resbala en el muro curvo del fondo, que a su vez presenta tres concavidades que son tres lugares de espacio salvador. De izquierda a derecha de los fieles, el lugar de la palabra, con el ambón y la sede, el lugar del sacrificio, con el altar, y el lugar del sagrario, con la reserva eucarística (el cuerpo de Cristo).

En ese espacio tembloroso, emocionante y desnudo, el arquitecto necesita al artista. Fisac le encomienda a José Luis Sánchez que esculpa las estatuas que han de dar cuerpo, carne y figura sensible a estos espacios abstractos. Las esculturas son también muy depuradas, muy descargadas, pero no abstractas: Son imágenes reconocibles y "adorables" que completan el espacio arquitectónico.

En principio el programa iconográfico debería tener el crucificado en la concavidad del altar


y Santa Ana con la Virgen María y el niño Jesús en la de la sede y la palabra.


(Ambas son de hormigón dorado, y la cruz es de pletinas metálicas).

Estas eran las únicas dos esculturas que estaban previstas en la iglesia. Ellas solas iban a poder dar un anclaje a la fe y a la tradición y a canalizar todas las necesidades de iconografía.
Pero en algún momento el arquitecto le pidió un gran favor al escultor:

-Quisiera que hicieras un retrato de mi hija Anaick, una imagen votiva que colocaremos junto al sagrario.

martes, 28 de julio de 2020

Manifiestamente arquitectónico (y aristotélico)

He recibido el esperadísimo libro Manifiesto arquitectónico paso a paso, de David García-Asenjo Llana y me he lanzado a devorarlo.


El libro debía de haber salido en abril. Ya estaba todo listo, y hasta la presentación preparada, cuando la pandemia lo aplazó todo. Pero da igual: Nunca es tarde si la dicha es buena, y esta sí que lo es.

David García-Asenjo leyó su brillante tesis doctoral en octubre de 2016, y uno de los miembros del tribunal, el autor del prólogo de este libro, Eduardo Delgado Orusco, le aconsejó que publicara, si no toda ella (las tesis son muy ásperas y muy difíciles de publicar fuera de los ámbitos académicos), al menos una de sus partes, que es la que, reconstruida, redactada de nuevo y completamente reconfigurada para ser leída por un público más amplio, tenemos en la mano.

La tesis iba de "estrategias de proyecto" en la arquitectura sacra contemporánea, y de esto va este libro, pero me atrevo a decir que va de mucho más, como voy a intentar explicar.

En primer lugar quiero señalar por qué es un "manifiesto". Según el DRAE, un manifiesto es un "escrito en que se hace pública declaración de doctrinas, propósitos y programas", y yo me atrevo a añadir que suele hacerse en un tono autoritario y perentorio. Los manifiestos suelen tener bastante de ladrido e incluso de arrogancia, descaro y desabrimiento. Pero este tono le es completamente ajeno a García-Asenjo. Esa gesticulación rabiosa y seca no es propia de él. A él le va más un tono aristotélico, como luego diré.

Este es un manifiesto (intentaba decir) porque en efecto es una declaración pública de propósitos y de programas (las dos últimas facetas de la definición de la academia). En cuanto a la doctrina (la primera de las tres facetas), ya la lleva incorporada el tema elegido: las iglesias. (Es broma: No va de doctrina religiosa, sino arquitectónica).

¿Por qué precisamente iglesias? El tema es perfecto para hablar de arquitectura por -al menos- tres razones:
La primera, como señala el autor, es que en cualquier barrio que elijamos es muy probable que el edificio más provocador, más evocador, más moderno y más interesante sea la iglesia; y si no es el más será sin duda de los que más.
La segunda, también señalada por García-Asenjo como frontispicio de su libro, es una cita de Bolaño según la cual parecería que la historia de la literatura no es solo la de sus obras maestras, sino también la de los libros "menores", pero eso no es cierto porque toda obra "menor" tiene un autor secreto, que es, por definición, autor de obras maestras, y así David García-Asenjo se entrega con pasión tanto a los edificios que todos veneramos como a algunos otros de "segunda fila", que o bien ignorábamos o bien no habíamos sabido apreciar hasta que él nos los ha mostrado y ponderado, y con todos ellos hace un discurso coherente y aleccionador, y de todos ellos fabrica una "trama de iglesias" (el tema lo permite e incluso lo pide estratégica y programáticamente) que configuran una obra maestra total, continua y ubicua.
Y la tercera es que, al ser el programa de necesidades y usos siempre el mismo, y relativamente sencillo, al cotejarlo con las tan diferentes soluciones en los ejemplos seleccionados nos hace reflexionar mucho sobre la enorme importancia que tienen los condicionantes externos (topografía del solar, limitaciones del entorno, condiciones económicas...) y los deseos e intenciones de los autores, que son muy elocuentes porque nos muestran las diversas estrategias de la arquitectura.

Contaba una vez el autor que uno de sus hijos, comprendiendo finalmente su profesión, le dijo: "Papá, pero entonces tú no haces casas. Tú haces libros de instrucciones sobre cómo hacer casas". Fantástica definición del oficio de arquitecto.
Tan en serio se tomó David García-Asenjo esta lúcida visión de su hijo que se ha concentrado en hacer libros de instrucciones. Libros de instrucciones son sus proyectos de edificación, pero también sus artículos, sus clases, sus charlas, sus intervenciones en la radio y este manifiesto. Desde luego, si alguno de ustedes tiene el encargo de proyectar una iglesia debería leerlo y estudiarlo. Pero si no lo tiene también le interesará.

sábado, 7 de diciembre de 2019

Baroja, Valle Inclán y la Almudena

A David, a Agustín y a Alberto.
Es siempre un placer hablar con
ellos y escucharlos.


Hace unas semanas formé parte, con David García-Asenjo LlanaAgustín Ferrer Casas y Alberto Ruiz Colmenar, todos ellos muy buenos amigos y personas de muy fundamentado criterio, de una mesa de debate sobre "Comunicación de arquitectura en medios no especializados" dentro del Máster en Arquitectura de la Universidad Rey Juan Carlos.


No voy a haceros aquí un resumen de lo que hablamos, pero sí que lo voy a usar como base para lo que hoy quiero contar.

En la introducción, Alberto Ruiz puso un pasmoso ejemplo de la jerga que usan ciertos arquitectos (muchos, por desgracia demasiados) para hablar de sus cosas. Consistía en unas páginas de una revista de arquitectura en las que aparecía un muy buen edificio: limpio, elegante, inteligente, bien resuelto... pero con unos textos infumables, incomprensibles, estúpidos y muy groseros de los mismos arquitectos, que con esa faramalla de absurdeces pretendían explicarlo.

Hay arquitectos muy buenos, que en sus proyectos hacen alarde de tacto, potencia, talento y claridad, pero que cuando los explican lo llenan todo de farfolla, chorradas y frontoncitos. No comprendo por qué no escriben como proyectan. No entiendo que tengan dos personalidades tan diferentes. ¿En sus edificios ponen canecillos falsos, pilastras de mentira, arcos de cartón-piedra? No. ¿Entonces por qué todo su discurso está lleno de ridiculeces similares?

Siempre he creído que cuando se escribe así es porque no se tienen las ideas claras. También dijimos en aquella mesa de debate (y todos estuvimos de acuerdo) que hay una idea preestablecida de que es necesario escribir así para hacerse respetar o admitir en el círculo selecto.

En definitiva, todos los presentes propugnamos la sencillez y la claridad en la comunicación. (De hecho a mí me invitaron por cómo escribo en este blog, siempre intentando que se me entienda, en vez de querer epatar con palabrerío aparentemente culto, pero lamentable. Y sí: volvió a salir mi tabla, y no la saqué yo. En cuanto a mis ilustres compañeros, estaban allí porque siempre han dado muestras de que se explican divinamente y son grandes comunicadores y divulgadores de la arquitectura, y porque el rigor no solo no está reñido con el aburrimiento, sino que es todo lo contrario)(1).

Lo que sigue, aunque se inspira en lo que hablamos allí, son opiniones mías, y, aunque seguramente mis compañeros compartan más de una, no quiero embarcarlos ni hacerlos solidarios.

Para empezar, yo diría que cuando uno no es un brillante artista del lenguaje más le vale ser sencillo y escribir como Baroja. Pero hay algunos elegidos que tienen unas fantásticas cualidades y son exuberantes, y deben serlo, como Valle Inclán.

jueves, 11 de abril de 2019

Peter Ensaimad

(Emilio, es abril).

A David García-Asenjo Llanaa Alberto Ruiz Colmenar
y sobre todo a Anatxu Zabalbeascoa por la ensaimada.
Gracias a los tres por darme esta entrada hecha.



El otro día David García-Asenjo glosó en twitter un artículo-reportaje en el que algunos personajes populares decían cuál era su edificio favorito de Madrid. El famoso modista Lorenzo Caprile decía que le entusiasmaba el Círculo de Bellas Artes, del arquitecto Julio Palacios [sic].

El siempre generoso David atribuyó a mala leche y no a ignorancia que el periodista hubiera mantenido el error de Caprile en vez de corregirlo. (Siempre es mejor que supongan que actúas por odio que por inepcia). 


Yo, como soy medio tonto y me gusta hacer el payaso más que comer patatas al ajillo, inmediatamente dije que me gustaban mucho Francisco Gaudí y Ramón Vázquez de la Sota.


Se ve que éramos varios los ociosos en ese momento, y que teníamos ganas de coña, porque inmediatamente Anatxu Zabalbeascoa me corrigió por lo de Francisco Gaudí: "¿Quieres decir Francesc?" Y Alberto Ruiz (que ha hecho una tremenda tesis doctoral sobre el tratamiento que los medios de comunicación generalistas han dado a la arquitectura contemporánea(1) y se sabe el ABC y La Vanguardia de memoria) aportó una página de la hemeroteca del ABC en la que mencionaban a los arquitectos Mies van der Roche y Philips Tohnson.

Entonces Anatxu nos contó que en cierta ocasión entrevistó a un arquitecto que le habló de:

Zara Hadid,
Tadeo Ando,
Frank Perry,
Peter Ensaimad y
Normand Foster.


Son todos ellos unos nombres buenísimos, pero el que me mata es el de Peter Ensaimad. Es más, creo que ya lo voy a llamar así siempre. Y no por mala leche o por estúpida socarronería, no. Es que ya me es imposible recordar su verdadero nombre. La ensaimada lo ha ocupado todo. Ya no cabe otra cosa.

viernes, 5 de abril de 2019

El dudoso valor de la arquitectura

A mi amigo de Seseña cuyo nombre no he de decir,
y a mi amigo David García-Asenjo. Entre los dos
provocaron mi visita a un edificio que merece la pena.


Uno de mis mejores amigos... (No sé qué decir de él, ni cómo presentarlo. Es una persona compleja, como todos nosotros. Y está lleno de contradicciones, como todos nosotros).
Ha pasado unos días inquieto y algo angustiado. Ha estado rozando una crisis de ansiedad o, por decirlo en términos científicos, un jamacuco.
En fin; ya os imaginaréis: Hijos, salud, problemas varios... La vida.

El caso es que, aunque no es una persona creyente, el otro día me dijo de sopetón que quería ir a misa.

A mi edad yo ya no estoy ni por juzgar a nadie ni por sorprenderme (y no digamos escandalizarme) por las incoherencias e inconsistencias de nadie, y mucho menos por las de mis amigos. Pero lo que hice fue aprovechar que el Pisuerga pasaba por Valladolid para llevarme todo el agua que pudiera a mi molino.

Vi simultáneamente varias cosas: Que mi amigo, aunque no es arquitecto, no es reacio a la arquitectura moderna, y en más de una ocasión me ha demostrado que la sabe apreciar. Que acababan de emitir en la 2 el episodio de Escala Humana dedicado al espacio sagrado, y que en él salía mi amigo David García-Asenjo Llana hablando de una iglesia que yo tenía muchas ganas de conocer desde hacía tiempo, y ya con lo que dijo en la tele me urgió a ir. Que el sábado por la tarde-noche no tenía ningún plan y estaba disponible del todo.

Así que le propuse a mi amigo que fuéramos juntos a Rivas Vaciamadrid, que no nos queda lejos, y oyéramos misa en la parroquia de Santa Mónica. (Bueno, que oyera misa él mientras yo miroteaba y zascandileaba un poco por ahí). Le pareció muy bien con tal de que selláramos la sesión cenando unas cervezas y unas raciones variadas después de misa.

Hecho.


Llegamos cuando empezaba a anochecer. Es una urbanización en la que, al menos un sábado a esa hora, se aparca con facilidad. Nos bajamos del coche y el áspero perfil de la iglesia nos amenazó.


No había visto imágenes nocturnas del edificio de Ignacio Vicens y José Antonio Ramos. Ya de día aparece feo y conminativo, pero de noche es aún más adusto.

No obstante, la gente entraba con paz y tranquilidad, con confianza e incluso con buen humor, así que nosotros también lo hicimos.

lunes, 7 de enero de 2019

Esa tierra ordenada

A Peter y a David

El otro día mi amigo virtual Peter (@Speedmaster72) publicó en twitter, bajo la etiqueta #JuevesDeArquitectura -una etiqueta que honra y enriquece para placer y enseñanza de quienes le seguimos-, la magnífica casa que Corrales y Molezún le hicieron a Camilo José Cela.

A las cuatro fotos que la red del pajarillo permite poner como máximo, y que copio por aquí, les añadió este bellísimo texto del Premio Nobel:

Porque del amor del hombre con la tierra nace la casa, esa tierra ordenada en la que el hombre se guarece, cuando pinta en bastos, para seguir amándola(1).


Me parece lucidísimo llamar a la casa "tierra ordenada". Cuando pinta en bastos nos refugiamos en un micromundo que está ordenado, que es coherente, que no nos angustia ni nos aturde con sus contradicciones y sus dramas.
La casa nace del amor que le tenemos a la tierra, pero, a diferencia de esta, está ordenada y nos mantiene a salvo.
Amamos la tierra, pero la tierra a veces nos sacude -cuando pinta en bastos- y tenemos que guarecernos en su contrapunto ordenado: la casa. Y gracias a eso podemos seguir amando a la tierra, a la vida feroz, caótica, trágica y deliciosa.



En seguida se sumó David García-Asenjo (@dgllana) a la publicación tuitera de Peter y, con su habitual erudición, aportó los comentarios que hizo Cela sobre su casa en la revista Arquitectura nº 96, 1966, páginas 52-54. (Y puso el enlace, que os recomiendo leer: aquí).

Ilustración de Lorenzo Goñi, que aparece en la citada revista

Entresacó estos dos párrafos:

La casa que me hicieron Molezún y Corrales, y que se ha publicado en el número 94 de esta Revista, es lógica, muy lógica y habitable. Es lo único que necesitaba y es también algo que las casas no suelen  ser; las casas, con frecuencia, son lujosas o aparatosas, o bellas, o de éste o del otro estilo y, al final, todo suele acabar en pastiche (en falso lujo, en agobiador aparato, en convencional belleza, en réplica de un estilo que no la necesitaba). Sé de sobras que no es una empresa fácil el levantar una casa para un escritor y, menos aún, si este escritor es como yo soy: bárbaro, elemental y cabezota (y también, a ratos, sentimental, barroco y ecléctico). Molezún y Corrales acertaron y entre estas paredes me siento a gusto para vivir y cómodo para trabajar.
[...]
Eso es todo y, para mí, no poco; mejor dicho, más de aquello a lo que jamás -hasta que sucedió- hubiera aspirado. Mi casa es un gran taller y la consigna que di a los arquitectos -ni un solo centímetro cuadrado innecesario, ni una sola pieza falsa- la cumplieron con evidente fortuna. Es lástima que sean tan holgazanes y no se decidan a dibujarme los cuatro faroles exteriores que faltan. Las fachadas son de gres o de piedra, según por donde se mire; los pisos, de gres, y las paredes van dadas de cal. Por algunos sitios hay madera.

martes, 18 de septiembre de 2018

Los buenos amigos

A David, Emilio, Francis, Nacho y Pedro.

Hace unas semanas os conté que estaba preparando un currículum para presentarme a algo que, aunque no necesitaba perentoriamente para vivir, sí me hacía mucha ilusión.
Bueno, pues finalmente los resultados han salido hoy. Nos hemos presentado trece, y con la satisfacción de haber quedado entre los trece primeros os tengo que contar la experiencia tan tremenda que he vivido.

Lo primero fue que me llamó Ignacio Vicente-Sandoval para avisarme del asunto y para animarme a que me presentara.
Me hizo mucha ilusión que Nacho pensara en mí como un posible buen candidato, y me animé a participar.
Le doy las gracias muy efusivamente por ello.

Ya he contado varias veces que soy un desastre para estas cosas. Siempre hago algo mal, no presento la documentación correcta, no cumplo el plazo, no acudo al sitio adecuado... Lo que sea. El caso es que siempre lo hago mal.
Así que esta vez me propuse hacerlo bien. Me estudié las bases, reuní la documentación y fui al registro pertinente a presentarla.
Una vez presentado, fui a diario para ver si había salido la lista provisional de admitidos, ya que, como os podéis imaginar, tenía el inveterado mosqueo de que algo hubiera salido mal, y según las bases había solo cinco días para subsanar lo que fuera.
Tenía que estar atento. La señorita que atendía el registro me veía aparecer cada mañana ante su mesa y cada mañana me decía que no había novedades.

Finalmente salió la lista provisional y, como me temía, yo estaba excluido. No podía ser. Esta vez lo había hecho perfectamente. (Pero mirad cómo a pesar de todo tenía el temor, y cómo ese temor era fundado).
El motivo de exclusión fue no haber acreditado algo que me constaba que había acreditado incluso con exhaustivo y pelmazo cansinismo.

Me quedé hundido, desarmado. Deshecho. ¿Qué más podía hacer? Esta vez lo había hecho bien y tampoco había servido. Estaba completamente desanimado.

Vi con sorpresa (no había ningún motivo de sorpresa; era, sencillamente, que no me lo esperaba) que mi amigo David García-Asenjo también se había presentado (y sí estaba entre los admitidos).

Las mejores amigas

En mi desesperación, lo primero que se me ocurrió fue llamarle: "¿Qué documentación has presentado tú, que te han admitido?" Pero no podía. ¿Cómo iba a hacerlo si él optaba a lo mismo que yo, si éramos involuntarios competidores? No: Definitivamente no podía ponerle en ese compromiso de obligarle a ayudarme o a poner alguna excusa para no hacerlo. Me ayudaría, por supuesto, pero no quería (y no debía) obligarle. Tenía que buscar otra solución.

En esto me llamó Nacho, que había visto las listas. Me animó. Me dijo cómo interpretaba mi exclusión según su experiencia. Me animó a volver a aportar la documentación señalada, a insistir, a no rendirme. Me dejó más tranquilo.

En ese momento, y sin saber dónde se metía, se cruzó mi amigo Francis sin saber nada de esto y contándome otra cosa. Aproveché para desahogarme con él. Le señalé también la calidad del amigo que se había interesado por mí, que me había llamado y me había animado tanto. Y me contestó, sencilla y naturalmente, que cada uno se merece los amigos que tiene y que yo me merezco los mejores.

Estoy mayor, me siento un inútil, estoy muy sensible, veo que soy un bobo, tengo amigos que me quieren mucho... Conclusión: Una fugaz lagrimita me escurre por el borde la nariz. Ay, Señor, qué mentecatez, qué blandura.

Al día siguiente, también ignorando dónde se metía y sin imaginar la muñeca chochona que se iba a encontrar, me llamó Emilio para otra cosa. Nueva exaltación de la amistad. Enésima muestra del cariño que me tiene Emilio... No os riáis, pero con todo esto me siento triste, patoso, torpe y muy feliz.

Pedro, otro de los grandes amigos, contrapesaba la tensión hablándome del asunto desapasionadamente, pero cumpliendo también una función decisiva para conseguir un cierto equilibrio en mi estúpido yo.

Y ya el colmo, la bomba, fue cuando David (mi amigo David, pero no olvidemos que al mismo tiempo uno de mis rivales en la pelea) me mandó un mensaje preguntándome que me había pasado y brindándome su ayuda.

lunes, 3 de septiembre de 2018

Del render a la rendición


El 11 de marzo de 2004 hubo en Madrid unos atentados horribles y espeluznantes de unos criminales tan malvados como idiotas, de los que creen al mismo tiempo en un dios omnipotente y en que no es capaz de solucionar sus propios asuntos ni eliminar a sus supuestos enemigos, y ellos -gilipollas profundos y ratas asesinas- se lo tienen que hacer.

El caso es que hubo muchísimos muertos en los trenes de cercanías de Madrid a primera hora de la mañana, cuando todo el mundo va a trabajar.
Todavía nos acordamos de ello. Y nos acordaremos siempre.

Uno de los actos que se programaron a partir de aquello fue erigir en la estación de Atocha de Madrid un monumento en memoria y homenaje de las víctimas de aquellos brutales e incomprensibles atentados.

El estudio FAM (Fascinante Aroma de Manzana), formado por los jóvenes arquitectos Mauro Gil-Fournier, Esaú Acosta, Raquel Buj, Pedro Colón de Carvajal y Miguel Jaenicke (a quien por el apellido le supongo hijo de quien fue profesor mío de estructuras) ganaron el concurso con una muy bella idea.

Render de la propuesta ganadora
Secuencia de ilumicación del monumento a lo largo del día. Render de la propuesta

Consistía en una cápsula rígida irregular y translúcida que dentro tendría una lámina ligera, flotante, como una especie de medusa, en la que estarían escritos unos cuantos mensajes de entre los que dejamos (sí, yo también) en los distintos  rincones de la estación de Atocha en los días siguientes a la salvajada.



No entendimos entonces cómo era esa cápsula exterior ni cómo flotaría la lámina en su interior. Lo peor fue que sus autores tampoco lo sabían.

viernes, 9 de marzo de 2018

El vulgar Pritzker

A todos estos amigos cultos e inteligentes:
por lo que más adelante digo.


El otro día se ha concedido, como cada año, el premio Pritzker. Y una vez más hemos oído cómo lo llamaban "el Nobel de la arquitectura". Y un año más algunos (los más "listos") hemos sonreído con suficiencia.

Pero tengo que reconocer que el año pasado me gustó mucho que se lo dieran a RCR, y que este me he quedado boquiabierto porque jamás había oído hablar de Balkrishna Doshi.

En seguida nos informó en twitter el siempre avisado y erudito Rodrigo Almonacid de que ya en el Benevolo y en el Curtis (dos de las biblias sobre la historia de la arquitectura moderna) aparece Doshi desde ediciones antiguas. Cotejo las mías (soy un antiguo) y viene. Inmediatamente David García-Asenjo, otro joven sabio, nos instruye con este artículo y Ekain Jiménez busca y publica en twitter las fotos con las que ilustro esta entrada, y las acompaña de muy serios y justos (y elogiosos) comentarios a la trayectoria de este arquitecto desconocido minuciosamente por mí hasta ahora




Pero quien me ha animado a escribir esta entrada ha sido Jaume Prat con este artículo en el blog de la Fundación Arquia.
Me ha dejado con el culo al aire. A mí, que me he reído siempre con desdén, como tantos arquitectos, del premio y de su banalidad y de su frivolidad.

Aparte de que el premio de marras haya acertado muchas veces a ser concedido a arquitectos magistrales y de que se haya equivocado (a mi juicio) otras muchas, es cierto que por un día la arquitectura sale en todos los noticiarios de la tele, en todos los periódicos y en todas las emisoras de radio, y, por un día, parece incluso una actividad decente y estimable, y los arquitectos, así, en general y como colectivo, parecemos seres dignos de respeto y aun de aprecio.