Esta mañana he escuchado en RNE1 al arquitecto sevillano Santiago Cirugeda.
Había visto obras suyas y leído sobre él, pero nunca le había escuchado. Me ha gustado su tono franco y su campechanía. Me ha gustado que en una hora tan tiesa, dedicada casi en exclusiva a los políticos, viniera hoy un joven al que se le escapaban los tacos.
En esta España percudida y sacudida por el capitalismo más corrupto, podrida de deudas y de choriceo, las propuestas provocativas y desafiantes de este arquitecto me oxigenan. Me hacen pensar, reconsiderar cosas que parecen sagradas e inamovibles y que, si lo miras durante tres segundos, no tienen razón de ser.
Santiago Cirugeda es un arquitecto al borde de la ley, un Robin Hood, un Spiderman, un Coyote... Alguien que aparece a trasmano de la autoridad competente, actúa de una forma muy marginal y se va.
Se ha hecho famoso ocupando azoteas y construyendo en ellas más de lo que la ordenanza permite, volando más allá de las alineaciones oficiales, actuando en edificios públicos sin permiso, ocupando solares, etc.
Es un experto en las construcciones ilegales, sin licencia, y en incendiar después los medios de comunicación y los vecindarios para montar el pollo. Y a ver quién es el guapo que lo tira.
