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lunes, 1 de junio de 2020

El flexo

(A -por orden de aparición- Lorenzo,
Darío, José María y Andrea. Muchas
gracias por todo).


¡Taratará tarááá! ¡El flexo! Si has entendido esto y lo has tarareado comilfó es que tienes sesenta años, como yo, y hace cuarenta oías la SER.


Y de eso va esta entrada. Hace un mes conté que cumplía sesenta y no quiero repetirme, pero es que esta provecta edad me está marcando demasiado y también marcó mi parte en lo que sigue y es de lo que quiero hablaros.

El otro día los incansables Stepienybarno convocaron un debate on line sobre arquitectura y blogs y me invitaron a asistir junto con José María Echarte, del blog n+1, y Andrea Griborio, de Arquine. Moderó el arquitecto sevillano-segoviano Darío Núñez, del estudo SF23.

Estuvimos hablando más de una hora y media, y aquí tenéis la sesión completa.


Para mí es una verdadera angustia (y al mismo tiempo una enorme excitación y un estímulo) estar con los directos de Instagram, los Team, los Zoom y los Güebinar, que ni sé lo que son, y aparecer siempre desorientado y desubicado junto a gente joven y, lo que es peor, algún que otro cuarentón que presume de viejo.

Para empezar os diré que tengo varios ordenadores, pero ninguno tiene cámara ni auriculares ni una buena conexión a internet (la justa para trabajar y consultar cosas). No tengo portátil, y para estos bolos me suelo conectar con una tableta que me regaló mi hijo mayor, que, como es natural en su edad, está muy enrollado con los cachivaches.

Para este tipo de eventos, que requieren mucha conexión a internet (técnicamente diríamos "un buen chorraco"), mi estudio no me vale, y el mejor sitio de la casa es el cuarto de mi hijo, ese hijo tecnológicamente integrado del que acabo de hablar, que recibe la fibra óptica directamente en su mesa y que desde ahí tiene la condescendencia de reenviárnosla al resto de la casa.

martes, 21 de agosto de 2018

¿Para qué sirve un arquitecto?

Dedicado a Stepien y Barnó, con
mi reconocimiento por su labor.


Los incansables Stepien y Barnó están haciendo, entre sus numerosas campañas, una que se titula "¿Para qué sirve un arquitecto?", en la que le ponen cámara y microfóno a varios ilustres compañeros (y, sin embargo, muchos de ellos incluso amigos) para que contesten esa pregunta.
Son siempre testimonios optimistas, constructivos y positivos. Yo los miro y los escucho con ganas, envidiando su envidiable actitud, pero al terminar de ver cada vídeo me quedo mal.

La guinda ha sido ver ahora un vídeo similar, pero de una universidad, que pone a varios de sus profesores explicando para qué estudiar arquitectura; para qué ser arquitecto.

Pues perdonadme, porque se ve que llevo unos días bastante bajo. Os entiendo, os respeto e incluso os admiro. Sé que hacéis un esfuerzo para explicar a la sociedad lo que somos y lo útiles que le podemos ser. Sé que con esa actitud desinteresada me estáis intentando ayudar hasta a mí. Os lo agradezco de verdad, pero no. Mis posibles clientes no creo que vean ninguno de esos vídeos, así que os aplaudo las buenas intenciones, pero me temo que son inútiles.
Me temo que esos vídeos solo los vemos nosotros para autoconvencernos de algo de lo que ya estamos convencidos.


Nadie tiene que hacer un vídeo explicando para qué sirve un médico, porque es obvio para qué sirve. Sin embargo un arquitecto no sirve para nada, y eso también es obvio para todo el mundo.

Vale, me refiero a "todo el mundo" entre quien me muevo habitualmente. No discuto que un uno por ciento de los arquitectos (bueno, pongamos un dos por ciento) son verdaderamente creativos, buenos gestores, eficaces, limpios, y son buscados con espíritu abierto por el uno por ciento de los clientes (bueno, digamos el dos por ciento) para que les hagan obras funcionales, luminosas, hermosas, felices... Pero me temo que la inmensísima mayoría chapoteamos en el barro dándonos dentelladas unos a otros por unas migajas de balaustrada o de falsa columna de escayola. Al menos esa es la profesión que yo veo todos los días, y en la que estoy.

Os pondré un ejemplo que tal vez os parezca idiota (y tal vez lo sea), pero os aseguro que es casi literal con nuestra profesión:

Imaginemos que el mes que viene el gobierno aprobara un decreto ley que, en aras del decoro urbano, de la imagen cívica y de la estética pública, nos obligara a contratar a un "asesor indumentario" sin cuyo informe favorable no podríamos salir de casa.
Habría que abrir el armario y preguntarle si me puedo poner la camiseta de Barrio Sésamo con los vaqueros viejos y las zapatillas del rastrillo. Él nos haría unas pocas preguntas (con quién vamos, a dónde vamos, qué vamos a hacer, cuánto rato vamos a estar fuera...) y o bien nos extendería el informe favorable o bien nos propondría (ordenaría) alternativas (mejor ese polo azul, y cámbiese esos calcetines).
¿Qué haríamos? Obviamente, intentar escaquearnos: Salir a la calle sin el informe (multazo al canto), intentar hacernos uno nosotros mismos (multazo al canto), tratar de utilizar uno que hemos pillado por ahí (multazo al canto).

Escaldado por las multas, yo empezaría a pensar que, aunque mi aliño indumentario siempre me ha importado menos que las peleas de mejillones salvajes en el Mar Rojo, no tengo más narices que contratar a un asesor.
Imaginaos mi indignación.
Vale: Ya estoy resignado. Voy a ello. Ahora la pregunta: ¿Esa gilipollez por cuánto me sale? Y ahí ya se abre un mundo de posibilidades. Los asesores indumentarios se han movido ante esta nueva y enorme oportunidad profesional y nos ofrecen de todo: Abonos por semanas, por meses, por años, informes telemáticos e incluso telefónicos para no perder el tiempo y salir de casa con la prisa habitual, webs interactivas de consulta... Y unos precios asombrosos. En los primeros días de esta nueva obligación la cosa parecía que iba a ser muy onerosa, pero ya se están poniendo la zancadilla unos a otros y cada día que pasa recibimos nuevas ofertas con los precios cada vez más bajos.

sábado, 12 de marzo de 2016

Agradecidoooo, y emocionadoooo...

Agnieszka Stepien y Lorenzo Barnó me han entrevistado en su gran blog.


Como podéis suponer, me encanta.
En las redes sociales tanto ellos como yo hemos difundido mucho la entrevista. Y a su vez muchos amigos se han hecho eco, me han dedicado muy amables palabras y también la han difundido.
Pero como sé que muchos de vosotros seguís este blog pero no estáis en las redes (y hacéis muy bien, qué narices) os pongo abajo el enlace por si os apetece leerla.

Muchas gracias a Lorenzo y a Agnieszka por su atención, y por dedicarme espacio en su solicitadísimo y seguidísimo blog. Han sido muy buenos anfitriones.
Muchas gracias también a todos los que han leído la entrevista y me han felicitado y la han difundido.
Y muchas gracias a todos vosotros. Espero que os guste.

Podéis leerla clicando aquí.

lunes, 14 de abril de 2014

Arquitectura y educación. #Eduarq10

Estoy participando con otros nueve compañeros en una serie de escritos y reflexiones sobre arquitectura y educación que organiza el activo blog de Stepien y Barnó.
También se ha creado un hashtag al efecto: #Eduarq10. Lo puedes seguir en twitter.


Hoy ha salido mi aportación a ese proyecto colectivo. Es un artículo que se titula "La formación del arquitecto", y dice algunas perogrulladas que he creído conveniente decir.
Os animo a que leáis los diez y participéis con vuestros comentarios y opiniones.
Es un honor ser uno de los diez elegidos para este equipo. Me siento muy a gusto y en muy buena compañía.

Muchas gracias a todos: A los organizadores que pensaron en mí, a mis compañeros, que dignifican mi intervención con las suyas, y a todos vosotros por leerlas y por comentarlas y debatirlas.

jueves, 6 de febrero de 2014

¡Menudo premio!

Stepien y Barnó, siempre liderando el mundo arquitectónico virtual, las redes, la identidad digital y toda esta nueva galaxia extraña y vertiginosa, convocaron en su blog el premio al mejor blog de arquitectura del año 2013.


El premio tiene dos vertientes: la del público y la del jurado.
El jurado, formado por diez personalidades de muy alto prestigio, ha votado y ¡este blog ha quedado en segundo puesto! (ex aequo con otros dos).
Estoy alucinando, como no podría ser de otra manera.
Este es un extracto del acta del jurado. (Aquí).

(Aclaro de paso que tanto los propios Stepien y Barnó como los miembros del jurado tienen unos blogs buenísimos, que se han autoexcluido, lo que me ha allanado el camino en altísima medida. Si los suyos hubieran entrado en consideración nada de esto habría sido posible).

El primer premio, merecidísimo, ha recaído en el blog Arquitectura, entre d'altres solucions, del maestro Jaume Prat Ortells. Un blog imprescindible. Obligatorio.
(Aprovecho para citar un post suyo -aquí- en el que me hizo el gran honor de contestar a uno mío sobre la cabañita de Le Corbusier).

El segundo premio tengo el honor y el privilegio de compartirlo con La viga en el ojo, de Fredy Massad, y con tectonicablog. Blogs de quitarse el sombrero. (Y si no me creéis, echadles un vistazo).

Las cosas buenas vienen así, sin saber cómo, sin que uno crea merecerlas. Lo único que cabe es disfrutarlas.

Enhorabuena a los premiados. Es un honor estar con vosotros.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La cabañita y la higiene sexual

El otro día vi en el blog de stepien y barno una reseña sobre el famosísimo cabanon de Le Corbusier, que a su vez enviaba a una entrada del blog de arqui-ideas sobre aquella curiosa obra.
Estupendo. Y aquí llego yo para decir que ya está bien de tanto cabanon y de tanto cabanon.
Vale, tiene el encanto y la sabiduría de la sencillez. Es una obra limpia, optimista y muy agradable. Pero a los estudiantes de arquitectura os propongo que en uno de los ejercicios que os ponga vuestro profesor de proyectos hagáis este alzado:


Ya veréis qué risa. Menuda notaza os va a poner.
Si los profesores no supieran que ese diseño es del grandísimo Le Corbusier le suspenderían sin remisión, pero como es del maestro hay que babear y arrodillarse.

Cucú. Me asomo por la ventana.
¡Celébritiiiiiiiis!

Esto es lo más importante de la cabaña: El personaje que está dentro,
los dibujos de la pared, la presencia del genio.

Sin él, sin su presencia, ¿qué queda?

El gran poeta y editor Carlos Barral desestimó el manuscrito de Cien años de soledad de García Márquez. Le pareció una novela confusa y floja. ¿Por qué cometió un error tan garrafal un editor tan fino, tan culto y tan inteligente? Yo creo que por un solo motivo: porque no pudo prever que esa novela Cien años de soledad iba a acabar siendo Cien años de soledad, ni que su autor, aquel Gabriel García Márquez, iba a terminar siendo Gabriel García Márquez.
Nosotros jamás podremos leer esa novela como la leyó Carlos Barral, porque para nosotros ya es Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, desde antes de empezar a leer la primera página.
Con el cabanon pasa lo mismo: Antes de mirarlo con cuidado ya sabemos que es de Le Corbusier, pero si fuera de un autor desconocido no le haríamos ningún caso.


Pero, aparte de la fascinación que produce saber que el autor es un personaje muy importante, la cabaña no tiene mucho que ver con la novela: La cabaña es una obrita muy muy menor, mientras que la novela es uno de los pilares de la historia de la literatura.
Más que con Cien años de soledad, yo al cabanon le buscaría un paralelismo con la higiene sexual.