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martes, 5 de noviembre de 2024

El becerro de barro

Como todo el mundo, estoy consternado con la catástrofe de Valencia. Como todo el mundo, no puedo quitármela de la cabeza. Pienso que desde aquí podría opinar sobre el cambio climático, sobre el tipo de urbanismo en el que hemos degenerado, sobre infraestructuras... Pero no sé lo suficiente. No me atrevo a opinar. Apenas tengo dos o tres nociones confusas de todo eso. Y no digamos del sistema económico y social que ha generado el tipo de vida que llevamos: de eso no tengo ni idea. Sí que me sorprende que nuestra forma de vida habitual sea, desde hace ya mucho tiempo, trabajar a muchos kilómetros de donde vivimos y necesitar el automóvil constantemente y para todo. Eso genera unos despilfarros de energía y unos colapsos circulatorios inhumanos, pero es lo que hay, y la verdad es que no sé qué decir al respecto.

Por otra parte quiero desahogarme, escribir sobre algo (este blog es la purga de mi corazón), y me viene de forma tangencial y muy casual un tema del que ya escribí muy al principio de este blog: el símbolo del becerro de oro, Moisés y Aarón, y su relación con el diseño arquitectónico. Así que escurro el bulto, soslayo el problema con el que no me atrevo y salgo por peteneras.

sábado, 20 de febrero de 2021

"Aarón" Johnson

Dedicado a Josefa Blanco Paz y a Rodrigo Almonacid
Canseco
, que me proporcionaron material gráfico y datos
básicos para esta entrada, pero que no comparten necesariamente
las opiniones que vierto aquí.


No le tengo ninguna simpatía a Philip Johnson. (Ya está. Ya lo he dicho. Se queda uno mucho más a gusto así: Declarando sus fobias para que queden claras desde el principio y escribiendo luego sin más tapujos).

Fue un joven rico y muy listo, incluso demasiado rico y demasiado listo, que sintió una gran atracción por el nazismo, cosa bastante difícil de entender en un homosexual, pero yo ya estoy curado de espanto, y a estas alturas tampoco me tiraría de espaldas una asociación de toreros afiliados al PACMA o incluso otra de futbolistas no tatuados. En este mundo hay de todo.

Philip estudió filología. Se sentía fascinado por las ideas potentes y rotundas, por el arte y supongo que por los uniformes de Hugo Boss y toda esa faramalla que encandiló a tanta gente lista y tonta. Nacido en 1906, a sus veintitantos y treinta y pocos años se propuso impulsar la agenda nazi en los Estados Unidos. Viajó a Alemania y no le pareció mal lo que se estaba haciendo con los judíos. Tampoco se opuso a las burlas al "arte degenerado", aunque él sí que admiraba a muchos de los artistas de vanguardia e incluso a algunos los ayudó a salir del infierno.

De alguna forma quería conservar una vergonzante apariencia de dignidad y de hipocresía. Era un mal bicho, pero un hombre inteligente y astuto. Cuando el partido nazi estadounidense que estaba auspiciando y en el que incluso tanteó hacer carrera política no llegaba a nada, cuando en Europa la locura del Tercer Reich se veía que no iba a triunfar, pero sobre todo cuando toda la gente guapa de Nueva York le hacía ascos a esa brutalidad, dio un descarado giro de timón, pasó a otra cosa, mariposa, y olvidó todo eso. Las ideas son hermosas cuando tienen aspecto de triunfar, pero se vuelven intolerables cuando fracasan. A él le podía valer cualquier ideología, menos la de perdedor.

En Europa le había llamado muchísimo la atención la arquitectura moderna, y a su vuelta a casa se convirtió en un ferviente divulgador y promulgador de ella. Se le escuchaba y se le atendía. También se le temía. En poco tiempo fue uno de los más influyentes popes del Movimiento Moderno. En 1930, con solo 26 años de edad, se convirtió en el primer director del recién creado Departamento de Arquitectura del MoMA. En 1932 organizó y dirigió junto al historiador Henry-Russell Hitchcock una fantástica exposición sobre arquitectura moderna en su departamento del MoMA y escribió con él su catálogo, que se convirtió en la piedra fundacional del Estilo Internacional y cuyas tesis marcaron el rumbo de la arquitectura mundial durante décadas.

En 1940, ya con treinta y cuatro años, comenzó a estudiar arquitectura. Lo hizo en Harvard, claro, y con Walter Gropius como profesor. Era lo mínimo para él.

Estaba obsesionado con Mies van der Rohe. Tanto que en cuanto el maestro alemán se puso a construir la casa Fransworth él se hizo la suya imitándolo (pero peor: Cuentan que el propio Mies pasó una noche en ella sin poder dormir por lo mal resueltos que estaban a su juicio los soportes de esquina).

Johnson escribió la primera monografía sobre Mies y le abrió las puertas de la alta sociedad estadoundiense. Puso todas sus influencias al servicio del alemán, y en 1954, finalmente, proyectó con él el edificio Seagram. (Entiendo que estuviera deseando trabajar con su admirado maestro, ¿pero por qué iba a querer Mies admitirlo como coautor? Nada de colaborador, o ayudante; no, no: coautor. ¿Tal vez porque el rico e influyente Johnson había sido quien había conseguido el encargo convenciendo a los propietarios de las bondades de Mies? Pues sí, claro; naturalmente).

Mies van der Rohe y Philip Johnson con la maqueta del edificio Seagram

No sé cuánto hay de Johnson en el proyecto(1). En todo caso se ve el talento y la finura de Mies en cada detalle, en cada tornillo. (Esto es literal: Me contaron que los miles que fijan los junquillos de las carpinterías de fachada tienen todos -todos- la ranura paralela al plano del vidrio).

En 1955 el aprendiz diseñó la casa Leonhardt, en Lloyd Harbour, Long Island, con algo más que una influencia de su maestro:




Tal vez más que "inspirada" en un croquis de 1934 de Mies para una no construida casa de cristal en una colina.

viernes, 30 de julio de 2010

Moisés y Aarón. Vacaciones

Estoy muy animado con el blog, y ahora que voy a tener más tiempo (aún), el cuerpo me pide escribir, y escribir, y escribir.
Pero voy a parar un poquito por vosotros.
No soléis hacer comentarios (muchísimas gracias a los que lo hacéis), pero en el contador veo que lo visitáis a menudo, más de lo que yo esperaba cuando empecé. Sin embargo, estos días el contador ha pegado un frenazo brutal. Esto puede ser porque ya os hayáis cansado de mí (Dios, qué manera de aburrir en dos semanas), o porque estéis de vacaciones, o con horario de verano, o con mucho calor... qué sé yo. El caso es que de lo que sí os habéis tomado unas vacaciones, al menos, es de este blog.
Paro, porque lo de Heidegger sí que quiero que lo leáis, e incluso que me digáis algo, y os advierto que lo de Moisés-Aarón va a caer en septiembre. Es pregunta de examen y quiero que os la miréis.
Creo que si venís en septiembre y os encontráis veinte o treinta post nuevos os vais a desanimar y vais a pasar definitivamente de mí. Así que paro un poco. O al menos cambiaré el tipo de posts y los haré más ligeros y veraniegos.
Si alguien quiere curso de verano, o tertulia, o lo que sea, que lo diga. Que me deje algún comentario. Yo miraré a diario (y con ello seré el único que mueva el contador de visitas). Si os veo a alguno por aquí os contestaré u os diré algo.
Buenas vacaciones.
Os pongo deberes de verano, tarea de vacaciones: Moisés y Aarón.
Moisés era tartamudo. Conocía la palabra de Yahvé y la tenía que predicar, pero no se le daba nada bien hablar en público. No "transmitía". Se trabucaba, se liaba y lo echaba todo a perder. Su hermano Aarón, por el contrario, tenía una hermosa y bien timbrada voz, entonaba muy bien y cautivaba al auditorio. Pero no conocía el mensaje que había que transmitir. Solución: Moisés se lo explicaba a Aarón y éste, sin terminar de entenderlo bien, se lo contaba a su pueblo con bellas palabras y hermosos gestos. A Aarón le daba igual ocho que ochenta. Él soltaba el discurso que le pusieran delante, incluso sin entenderlo ni asimilarlo. Sólo así se explica que cuando Moisés subió al Sinaí Aarón aprovechara el tiempo haciendo un ídolo, un becerro de oro. Después de las plagas, los discursos ante el faraón, el báculo y la serpiente, el éxodo, las aguas del Mar Rojo y todo lo demás, no se había enterado de nada.
Simplificamos y reducimos a símbolos. Nos queda:
MOISÉS.- Tiene las ideas claras y conoce el asunto, pero no tiene talento artístico para "hacerlo bonito", para adornarlo. Sus obras quieren ser profundas y penetrantes, pero no le terminan de salir.
AARÓN.- No tiene ni idea del tema, pero tiene talento artístico y lo sabe "hacer bonito" y atractivo. Sus obras son muy bellas, pero él mismo no lo tiene muy claro.
Estos son esquemas extremos, y exagerados. Ya comentaremos casos reales, menos rotundos (comparar a Chillida con Aarón fue exagerado). Pero el modelo Moisés-Aarón, por su claridad y simpleza, nos puede servir para aclarar algunas cosas.
Ya lo veremos, porque el tema creo que da para más.

Martin Heidegger (Moisés y Aarón, caso 1)

Soy buen lector, y todoterreno: desde James Joyce hasta Jardiel Poncela, desde Raymond Chandler hasta Homero, desde García Márquez hasta Valle Inclán. Incluso a veces me aventuro con la filosofía. No tengo formación filosófica académica, y a menudo me pierdo, aunque hay filósofos como Aristóteles o Nietzsche a los que se les entiende todo, o casi todo.
Con el que no pude jamás fue con Heidegger. Por un prurito cultureta (la RAE acaba de admitir la palabra), oidor de que Ser y Tiempo era una obra imprescindible, la saqué de la biblioteca pública (tampoco era cosa de comprar el libro; no nos volvamos locos) y comencé a leerlo. Digo comencé, pero en realidad no pude ni terminar de leer la primera página. Es cierto que el existencialismo tiene mucha tela, y que el idioma alemán tiene más tela todavía. De todas formas, cuando veáis en un libro de filosofía una introducción del traductor, echaos a temblar. Siempre es para pedir perdón, para lamentarse de lo duro que es su trabajo y para jurar que ha hecho lo que ha podido. El alemán permite palabras-tren, construidas sobre la marcha a base de unir vagones. La estructura del idioma hace natural ese procedimiento. Al traducirlo al español queda artificioso, retorcido e incomprensible. Queda “el-Ser-en-cuanto-que-es”, “el-Ser-en-cuanto-que-actúa”, “el-Ser-siendo” y otras finuras. Al tercer párrafo en el que “el-Ser-en-cuanto-que-actúa” mira hacia “el-Ser-en-cuanto-que-es” y todo ello hace que “el-Ser-siendo” tenga conflictos con “el-Ser-sido”, uno se pregunta para qué narices está leyendo esa diarrea si, afortunadamente, nadie le va a examinar. (Porque me pasa lo que a Borges: que he leído siempre lo que me ha apetecido. No he estudiado letras y no he tenido nunca que leer un libro por obligación). Y se va uno a dar una vuelta siendo en cuanto que es, no sea que si uno ha sido no esté siendo.
Pues yo creía que era problema de la traducción, y que en todo caso era una deficiencia mía, de mis escasas luces. Pero acabo de leer unas frases de Jesús Mosterín que me han subido la autoestima.
En su volumen Los Judíos, de la serie Historia del Pensamiento, habla de Heidegger, de su militancia nazi, y de “su pensamiento irracional, oscurantista y lleno de frases sin sentido”. ¡Ya era hora de que alguien lo dijera!
Pienso en que el nazismo vivió de la irracionalidad, o, mejor dicho, del irracionalismo, de apelar a un vago sentimiento, a una difusa fiebre, a un entusiasmo acrítico, y pienso que la razón, lo racional, tan limitado y denostado ahora, es, al fin y al cabo, lo único que nos protege. Y pienso que ahora estamos, una vez más, celebrando la “inteligencia emocional”, lo afectivo, la intuición, y vamos llevando todo eso, a su vez, hacia lo pasional, lo irracional, lo espontáneo, lo disparatado y lo divertido, sin analizar ni comprender nada.
Y, además, me viene a la cabeza la relación entre Heidegger y Chillida, que se admiraban mutuamente sin comprenderse, pensando cada uno de ellos que el otro era un genio porque se lo había dicho alguien, pero sin entenderse. A mí que no me digan, pero ni Chillida entendía una palabrita de el-ser-en-cuanto-que-actúa-y-compra-en-Mercadona, ni Heidegger entendía nada del "arte degenerado" de Chillida.
Chillida es uno de los escultores más exquisitos, más bellos, más sensibles de la historia del arte. Sobre su obra estaríamos hablando horas, y nos quedaríamos sin haber dicho nada, porque a pesar de todo lo que se diga tiene una esencia inefable, de una capacidad sublime de expresión, de espacio, de vibración. Pero, ¿qué escribió Chillida sobre su obra y su pensamiento? Nada: Una colección de frases manuscritas, sugerentes por la belleza de su caligrafía, que no dicen nada. Chillida lo dice todo con su obra, pero con palabras no sabe decirnos nada. Pura irracionalidad, pura incomprensión.
Por otra parte, Chillida, siempre un ejemplo de civismo en su difícil País Vasco, siempre dando la cara ante la injusticia y el crimen, hace buenas migas con un nazi. ¿Lo sabe? Creo que no. Creo que no sabe nada.
Chillida me parece un claro ejemplo de Aarón. Heidegger ni eso. Porque Aarón era un artista, y lo que hacía era bello. A Heidegger no le veo la belleza. Veremos más ejemplos de Aarones y de Moiseses.
Mientras tanto, no nos avergoncemos de ser racionalistas. El racionalismo es lo que nos salva y lo que nos redime.