miércoles, 29 de junio de 2022

Investigación y desarrollo

A mi amigo y compañero de clases Miguel Barahona


Siempre me entero tarde de las cosas, y esta vez cuando digo tarde estoy diciendo unos cuarenta años tarde (y no me refiero a desde cuando ocurrió el hecho, sino desde cuando yo tuve la primera noticia de él).

Se trata de la casa experimental que se construyó Alvar Aalto en Muuratsalo (Finlandia) entre 1952 y 1953, y de la que ya hablé un poco aquí.




Siempre se ha dicho, y así lo he repetido yo, que Aalto construyó esta casa de vacaciones y fines de semana (junto a un lago y con un embarcadero para su barca Nemo propheta in patria(1)) para experimentar y sufrir el comportamiento de los distintos materiales ante las tremendas heladas nórdicas. Si miráis las fotos veréis ladrillos de distintos formatos y cochuras, piezas esmaltadas, pintadas, vitrificadas, etcétera. Una honradísima forma de padecer roturas y descascarillamientos en sus propias carnes antes de prescribir estos elementos a sus clientes.

Esa actitud me pareció siempre encomiable. Nos lo ha parecido a todos. Pero tiene que venir mi amigo y compañero de clases de Introducción a Proyectos Miguel Barahona, conocedor vasto y múltiple, a tirarme los palos del sombrajo.

miércoles, 22 de junio de 2022

Falacia

Acabo de ver un meme en Facebook pensado para hacernos asentir muy convencidos: "Qué gran verdad", pero solo ha conseguido enfadarme. Ya está bien. Ese mensaje lo oigo y lo leo a menudo, y me revuelvo siempre.

Me dijeron hace muchos años (aún estaba abierto al tráfico rodado) que a la entrada de Salamanca había un rótulo: "Camiones de más de nosécuántas toneladas, por el puente romano". Seguro que es hasta verdad. Qué risa, este los aguantaba mejor que el moderno.

No me digáis que no lo habéis oído mil veces. Cada vez que hay que reparar un puente (1) de cincuenta años de edad: "Pues el de Mérida o el de Córdoba, que tienen más de dos mil años, ahí están".

Sí. Por supuesto. Claro que están. Pero de ahí se pretende inferir que los romanos construían mejor que nosotros, y eso es tan estúpido que me duele.

Los romanos construían estupendamente bien para los medios y los conocimientos que tenían, y nosotros lo hacemos también muy bien para los que tenemos, que son muchos más y mucho mejores.

lunes, 13 de junio de 2022

Concurso ArquiRelato. Segunda edición

El año pasado Ekain Jiménez y yo organizamos un concurso de ArquiRelatos, y salió tan bien que dijimos que en un año organizaríamos el siguiente. Tocaba convocar en abril y resolver en mayo, y casi lo hemos cumplido sin mucho retraso.

Hemos negociado con Reto Kömmerling y con Ediciones Asimétricas y se han prestado a financiar el concurso, de manera que esta vez tenemos un premio verdaderamente importante. Les damos las gracias efusivamente.

Así que os animamos a participar. Merece la pena. No hagáis pereza, que solo os pedimos trescientas palabras (como máximo).

Aquí tenéis las bases:

lunes, 6 de junio de 2022

Sacar al niño

He visto en Twitter una foto de una etiqueta de una prenda infantil hecha en China que, esta vez en correcto español, advierte de que hay que sacar al niño de dentro de la ropa para poder proceder a su lavado (creo que al de la ropa, pero obviamente también al del niño).


Vemos esto y pensamos con una sonrisa: "Ay, estos chinos". Pero no. Estoy seguro de que esta advertencia no es exigible en China, ni siquiera se considerará recomendable allí. No: Eso es cosa nuestra. Lo vemos cada vez más por aquí, y conocemos bastantes casos.

Acordaos de aquella mujer que puso a secar a su perrito en el horno microondas y se le murió. Y demandó a la empresa porque en ningún sitio del manual de funcionamiento advertía del peligro de meter animales de compañía en el cacharro. Mirad la guía de uso de vuestro coche: Es muy probable que en algún rincón diga que no debéis beberos el ácido de la batería, y es posible que lo diga porque alguien se lo bebió y sus deudos les demandaron y ganaron.

Tampoco debéis meter la cabeza en una bolsa de plástico, introducir un destornillador en ninguno de los orificios de una base de enchufe, intentar destaponaros un oído con la blacandéquer o apoyar la mano en la vitrocerámica encendida. Y no es por sentido común; es porque lo pone en los respectivos manuales. Así estamos.

lunes, 30 de mayo de 2022

Complejidad y sencillez

A Raquel Martínez, por su magisterio.


Creo que a la gente, en general, le gusta que pasen cosas. Sí, bueno, claro. La vida puede llegar a ser muy aburrida si no pasa nada. Y el arte también. En las novelas y en las películas se prefiere la aventura y el frenesí, en la pintura el colorido y la narración de episodios o el retorcimiento de formas, en la música la melodía brillante, y así en todo.

¿A quién no le gusta una historia trepidante? ¿Recordáis cómo empieza Con faldas y a lo loco? Es una magnífica película, y no sé si encontraréis a alguien a quien no le guste, ya sea un espectador poco exigente y muy "básico" o ya sea un sesudo crítico. Pero estos últimos se descuelgan también a menudo con peliculones de tres horas en los que se ve crecer la hierba y poco más. Y el público no entiende cómo hacen tales alabanzas de semejantes truños.

Lo mismo pasa con el minimalismo, con ciertas novelas existencialistas y con buena parte de la arquitectura contemporánea. Hablaré de esta:

A la gente en general le gusta la arquitectura barroca, por ejemplo, tan llena de cosas, tan impresionante e incluso a veces desequilibrante, y no puede entender que en los albores del siglo veinte ciertos arquitectos propugnaran las cajas paralelepipédicas blancas y no solo no se les echara a los leones sino que acabaran triunfando.

Por eso la arquitectura contemporánea no gusta, y cuando alguna obra sí alcanza al público lo hace por ser "barroca", entendiendo esto como retorcida, expresiva, llamativa y, en definitiva, en la que pasan cosas.


Y muchos de nosotros ponemos carita y decimos que no con el dedito. Nos preguntan entonces: "¿No te gusta porque pasan cosas?, ¿porque es divertido?, ¿porque es un desafío?" Entonces recordamos tantos edificios narrativos, divertidos y desafiantes que nos apasionan y contestamos: "No es por eso. Es porque es malo".

¿Y eso cómo podemos explicarlo? Porque enseguida nuestro interlocutor nos pregunta: "¿Y según tú esto otro es bueno?"

Y decimos que sí, que naturalmente, y nos sentimos como ese crítico de cine que afirma que esa película iraní en la que una joven madre camina con su hijo hacia un horizonte incierto durante veintitrés minutos y sin hablar es una obra maestra (hay que tener cuajo), y que Los bingueros, en la que te tronchas de risa y pasan muchas cosas, es un bluff.

Es un tema del que hablamos demasiado. Yo estoy siempre dándole vueltas (la última vez, hace solo cuatro entradas, aquí), y sé que aburro mucho, pero hoy tengo un enfoque nuevo, o una consideración que aún no había hecho, y aprovecho para contarla.

viernes, 20 de mayo de 2022

Un canto al trabajo

No sé por qué narices nos empeñamos en seguir siendo pobres, con lo bien que se tiene que estar siendo rico, por mucho que TitaThyssen diga que casi que no trae cuenta.

Yo confieso que sí que querría ser rico, y no para tener coches de lujo o varias mansiones. O un avión privado. No. Todo eso no me dice nada; es más, me agobia. Lo querría ser para llevar más o menos el mismo tipo de vida que llevo (con algunos caprichos y comodidades extra, claro que sí, pero eso es lo de menos, de verdad), pero SIN TENER QUE TRABAJAR.

Sí, ya sé: Que me gusta mi trabajo y todo eso. Claro que sí, guapis. Mencanta: Los informes, los certificados, ir a medir una casa una tarde de estas a cuarenta grados, los problemas, los requeridos... Todo. Mencanta. Por eso estoy ya decidido a jubilarme en poco tiempo. No seré rico de dinero, pero lo seré de tiempo y de libertad.

Claro, que cuando al fin me haya sacudido el yugo de la maldición bíblica de ganarme el pan con el sudor de mi frente me perderé escenas tan brillantes y emotivas como esta:

domingo, 1 de mayo de 2022

Vestido de nazareno

No tenía intención de continuar la entrada anterior, ni la planteé como primera parte de nada, pero en ella comenté de pasada que hacía no mucho tiempo Norman Foster era un huracán que se remangaba la camisa y dije que alguna vez lo contaría aquí si no lo había hecho ya. (Obviamente, en seguida alguien me pidió que lo hiciera).

Suelo escribir tan compulsivamente que ni me paré a comprobarlo antes de publicar esa entrada. Lo hice después y vi que no lo había contado, así que creo que está bien hacerlo ahora. (También vi que no se remanga la camisa. La memoria es engañosa y, al menos en mi caso, magnifica las escenas y las hace más épicas aún de lo que ya son).

Titulo esta entrada "vestido de nazareno" para completar el dístico de Machado que transcribí el otro día, aunque los títulos resultan ahora cruzados. Hoy cuento lo del trueno y la semana pasada dije lo del nazareno.

Foster sin chaqueta y con el rotu gordo

En mayo de 2012 la empresa L&L Holding Company invitó a once estudios de arquitectura de fama internacional para que presentaran ideas para un rascacielos de oficinas que pretendían construir (conservando el 25% de la estructura del edificio existente(1)) en el número 425 de Park Avenue, en Nueva York. De esos once quedaron cuatro finalistas: Foster + Partners, Rogers Stirk Harbour + Partners, OMA y Zaha Hadid Architects, y se les pidió que participaran en una segunda vuelta para ver a quién le encargaban el proyecto.

Esa ronda final se filmó y tenemos a nuestra disposición un documento valioso de cómo venden sus dotes y sus cualidades tan grandes estudios. Vamos a verlo un poco(2).

lunes, 25 de abril de 2022

Aquel trueno

El otro día el perfil de instagram officialnormanfoster ha publicado esta foto:

Y me ha dado mucha envidia. ¿Os cuento por qué? Creo que es fácil, pero aun así os lo voy a decir. Lo primero es que está trabajando en su casa. Tiene un enorme estudio en Londres (y en más sitios, claro) en el que trabajan cientos de personas, pero él está trabajando en casa. Lo segundo es que menuda casa tiene que tener, a la vista de lo poco que se atisba. ¿Habéis visto esa pradera al fondo, y esos árboles? Tanto espacio, tanta luz, tanta blancura. Lo tercero es la camisa rosa: Recién lavada y recién planchada; fresca, cómoda, ligera. No es la camisa, claro; hasta ahí llego (es a lo único que llego); es la ausencia de metro, de autobús, de prisa, de sofoco, de sudores camachiles. Veo (creo ver) que se ha levantado, ha hecho algo de deporte ligero, se ha duchado, ha desayunado una tostada con mermelada de arándanos, un zumo de naranja y un café con leche y se ha quedado tan a gusto. Yo no estoy así ni en vacaciones. Yo salgo de la ducha y ya estoy más sucio y más sudoroso que él. Lo cuarto es que está trabajando con una paz envidiable, sin teléfono, sin correo electrónico, sin molestias de ninguna clase. Lo quinto es que está trabajando en algo muy bonito y gustoso: coloreando delicadamente un dibujo, y no contestando a un requerimiento o algo así. Y lo sexto, y corolario de todo lo anterior, es que no está trabajando.

Está coloreando, sin salirse de las rayas, una perspectiva de la parte inferior de un edificio. Alguien la ha dibujado en cad y la ha ploteado, y el jefe la colorea con lápices. Un trabajo perfectamente inútil.

Quien le lleva el instagram ha insistido y nos ha mostrado la escena desde el otro lado:

Pues bueno, pues vale. Estupendo. Miradle qué aplicadito y qué mono.

Norman Foster está desde hace muchos años en un plan de 

Se hace fotos en su unicornio gigante flotante, o esquiando, o conduciendo coches de lujo, o lo que sea. Siempre algo más allá de cualquier sueño humano. Pero esto de dibujar en casa, que es con mucho lo más asequible para todos, se me antoja lo más sacachorrero: "Hala, hala, trabajad, que yo estoy aquí tan a gusto con mis cositas".

Y eso precisamente es lo peor de todo: Él está ahí con sus cositas mientras un montón de gente trabaja en un proyecto en el que él, alejado en su casa, coloreando con sus lápices, no participa en absoluto.

martes, 19 de abril de 2022

Buenos días lo primero

Todos hemos tenido a alguien que nos lo ha dicho: nuestros padres, nuestra abuela paterna o nuestra tía Herminia. Entrábamos corriendo, urgidos por una novedad o un hallazgo, donde estaban reunidos nuestros familiares, lo proclamábamos con entusiasmo y en vez de pasmarse ante nuestros asertos nos recriminaban: "Buenos días lo primero". No entendíamos nada: Lo que estábamos contando era emocionante, importante, divertido, y nos cortaban para exigirnos que cerráramos el chorro y diéramos los buenos días. ¿A quiénes les podían importar los buenos días? No obstante, al parecer era obligatorio darlos.

Imaginaos a Hitler o a Rommel mandando callar al espía que traía los datos del lugar y el momento exactos en que se iba a producir el desembarco en Normandía y gritándole: "¡Buenos días lo primero!" Imaginaos al excitadísimo espía intentando pese a todo decir cuántas tropas, cuántos barcos y con qué armamento iban a desembarcar y a sus superiores arrestándolo e incluso mandándolo fusilar por cabezota e indisciplinado, y no haciéndole caso por no haber dado los buenos días. (¿Os imagináis?)

Pues con lo de Normandía es casi seguro que no ocurrió, pero con la arquitectura ocurrió, ocurre y seguirá ocurriendo. Nos hemos creído portadores de nuevos conceptos de espacio, de nuevas y mejores eficiencias, de mayor lógica constructiva y de más avanzado régimen de confort, pero nos obstinamos en proclamarlo sin dar los buenos días (o, mejor dicho, los damos de una manera muy rara) y nos mandan al cuarto de los ratones sin escuchar ni apreciar nuestra buena nueva.

Vamos a hacer una prueba. Proponédsela a vuestros amigos cultos pero no en arquitectura ni especialmente interesados en ella. Mostradles estas cuatro parejas de edificios y pedidles que elijan el que más les guste de cada una.




(Se pueden clicar para verlas más grandes)

Yo lo he hecho y los resultados son prácticamente unánimes: derecha, izquierda, izquierda e izquierda.

lunes, 4 de abril de 2022

Las botas de goma

A Emilio. (Esta historia me la ha contado él).


A raíz de mi antepenúltima entrada ("Mucho hierro") mi amigo Emilio me llamó y estuvimos un rato charlando sobre tanta gente que interviene en las obras y sabe tanto de estructuras que nos dejan en mal lugar, siempre sospechosos y a menudo desautorizados, puesto que aseguran que llevan toda la vida haciendo eso y que saben más que nosotros.

Aprovecho para decir que siempre he aprendido de quienes hacen las obras y que, efectivamente, saben muchas cosas que yo ignoro. Pero también he de decir que ellos ignoran algunas cosas que yo sé, y que estaría bien que también me hicieran caso de vez en cuando, como se lo hago yo siempre, pues a menudo he asistido y sigo asistiendo a obras en las que hay operarios que tienen toda la experiencia práctica que se pueda tener, y realizan su trabajo con una habilidad manifiesta, pero ignoran cualquier fundamento básico teórico sobre lo que están haciendo.

Para iluminarme sobre este asunto, Emilio me dijo una anécdota que Ricardo Aroca contaba a menudo en sus clases.

Decía que hizo una vivienda unifamiliar con una considerable losa de hormigón armado en voladizo. En una visita de obra supervisó el encofrado y dio instrucciones sobre la armadura, que estaban empezando a colocar.

lunes, 28 de marzo de 2022

Querido Francisco

Un compañero me pasa una pregunta que ha hecho un usuario de una de esas granjas virtuales de técnicos que proliferan on line para regocijo y orgullo de la Humanidad.

Al parecer es un sitio en el que el honrado usuario busca profesionales para un trabajo determinado y les hace pelearse por bajadas de honorarios para servirle. También hay una sección en la que puede hacer preguntas y algunos voluntarios que se supone que saben del asunto le contestan (¡gratis!)

He visto que la gente pide consejos sobre cómo eliminar una humedad, pregunta por sistemas de calefacción, pide opiniones sobre tipos de persianas... De todo.

Pero la pregunta que me han pasado es esta:

Francisco quiere saber si obtendría la habitabilidad de la vivienda: "Hola me gustaría saber si podría construir y obtener mi habitabilidad de la vivienda con este boceto". Y adjunta este dibujo:

He ido a la web y en este momento ya tiene tres respuestas. Es emocionante asistir a la generosidad de quienes saben, siempre dispuestos a enseñar a quienes no saben. A veces, tanto o más que la generosidad, es la sensación de poderío y la satisfacción de exhibir la propia sabiduría (hablo por mí), así que me sumo a los contestones y le respondo aquí:

viernes, 25 de marzo de 2022

Eso no es fútbol

A Pedro Torrijos por una opinión que comparto.
Y a Emilio por el vídeo del final de esta entrada.


Hace muchos años (demasiados, ay) mi padre me llevó al fútbol, y entre la variada fauna que poblaba las inmediaciones del estadio (incluidos caballos de la policía) había un chico dándole toques a un balón.

Lo que hacía era pasmoso: Mantenía el balón en movimiento tocándolo con los pies, con los muslos, con la cabeza. Se giraba y lo daba con la espalda. Se agachaba y lo dejaba parado sobre su cuello. Y sobre sus hombros, y en la cara, y en todas partes. Y el balón nunca se caía al suelo. Era de una habilidad increíble.

Delante de él, sobre la acera, tenía una gorra con unas pocas monedas, con la que nos invitaba a colaborar en su sustento.

A mí me llamó mucho la atención que haciendo unas cosas tan difíciles y tan meritorias necesitara pedir dinero para vivir, cuando los futbolistas, bastante más torpes a mi juicio, ganaban un montón. (No las cantidades inconcebibles que ganan ahora, pero aun así era ya mucho dinero).

Se lo comenté muy sorprendido a mi padre: que por qué no estaba jugando ese chico en el Real Madrid, con las cosas tan difíciles que sabía hacer, y él me dijo sentencioso: "Eso no es fútbol".

lunes, 21 de marzo de 2022

Mucho hierro

Querido Luis Ángel:

Quizá debería esperar unas horas antes de escribirte para estar más frío y más tranquilo, pero es que quiero contarte lo que sigue lo antes posible para ver si llego a tiempo de matizar lo que te acabo de decir en persona en mi estudio.

Reconozco que me has pillado por sorpresa. Además de las muchas reuniones que tuvimos cuando hicimos (sí: hicimos) el proyecto de tu casa, hemos tenido otras cuantas, algunas en mi estudio y otras en la parcela, tanto nosotros dos solos como con el arquitecto técnico, el maquinista, el estructurista y el albañil para comentar distintas circunstancias y ver la manera más eficaz de plantear la construcción.

A las dificultades que señalaba el estudio geotécnico se están sumando otras de tipo logístico y económico y estamos poniéndonos todos algo nerviosos. Las soluciones técnicas que yo creo necesarias a ti se te hacen caras. Entiendo que tienes un presupuesto muy limitado, y que el disparate de precios que estamos padeciendo te saca de tus casillas, pero es que está empezando a sacarme a mí de las mías. Estamos teniendo problemas "colaterales" bastante antipáticos y todo se está combinando para que esta obra se me esté haciendo muy cuesta arriba (aunque ya sé que no tanto como a ti) antes de empezarla.

Tú y yo somos conocidos de toda la vida, y creo que si indagara un poco hasta descubriría que somos algo parientes. Siempre nos hemos llevado muy bien, y no quisiera que esta obra envenenara nuestra relación. Me llamas por teléfono en fines de semana, te presentas en mi estudio a cualquier hora y sin avisar, últimamente tenemos conversaciones bizantinas que no llegan a ningún puerto... En fin, una juerga. Y no hemos empezado la obra.

Pero lo de hoy me ha tocado muy dentro. Te he contestado mal y todo. Lo siento. Pero es que te has presentado con un par de recaditos del albañil, a quien veo trabajando en la sombra contra el proyecto y a quien adivino minando nuestra confianza y nuestra paz durante toda la obra.

El primero ha sido la afirmación categórica de que la estructura tiene MUCHO HIERRO. Y el hierro se está poniendo carísimo. Sugiere que quitemos soportes de acero laminado y hagamos muros de carga. He sido tan idiota que te he contestado a bote pronto: "¡Ni de coña!", cuando lo más correcto habría sido decirte que sí, que lo podría hacer y que te prepararía lo antes posible un presupuesto de honorarios por la modificación del proyecto. Por mi parte habría sido mucho más profesional y sereno; desde luego mucho más que el espectáculo lamentable que he dado.

Mucho hierro

Según te lo decía ya me estaba arrepintiendo. Te he hablado de preocupaciones mías que a ti ni te van ni te vienen, del sexo de los ángeles y del perfume de las nubes, en vez de hablarte de euros, que es de lo único que deberíamos haber hablado. Te he dicho que una construcción a base de muros de carga entorpecería bastante la distribución de tu casa, y además las habitaciones te quedarían más pequeñas. Pero lo único que te debería haber dicho es que si el acero se está poniendo por las nubes qué diríamos de los ladrillos. Lo dicho: Tono tranquilo y euros.

martes, 15 de marzo de 2022

El premio

Nos acabamos de enterar de que le han dado el Premio Pritzker (sí, ya sabemos: "El Nobel de la arquitectura") a Francis Keré (Diébédo Francis Keré, para ser más completos), y nos ha hecho mucha ilusión, en general, a todo el colectivo de arquitectos. (Vamos, yo hablo de lo que estoy viendo por aquí).


Soy un ignorante. Confieso que no había oído hablar de este ilustre arquitecto hasta hace nada, hasta 2018, año en que el Museo ICO le dedicó una estupenda exposición (como todas las suyas).

Aparte de la indiscutible calidad de su arquitectura, lo que nos llama la atención y nos enamora es su película: Nacido en el pueblo de Gando, en Burkina Faso, en 1965, era hijo del jefe de la tribu, y su padre tuvo la suficiente lucidez como para mandarle a la escuela para que aprendiera a leer y así pudiera descifrarle las cartas que le llegaban y además saber algo de cuentas, que siempre viene bien.

Lo malo era que Gando no tenía ni escuela, así que a los siete años de edad tuvo que dejar su pueblo y a su familia y marchar a la capital del país, Uagadugu.

Tras terminar sus estudios primarios obtuvo una beca de una entidad alemana, unas cosas llevaron a otras, el asunto se fue liando y el niño que había ido a aprender a leer y las cuatro reglas terminó completando estudios secundarios en Alemania y entrando después en la Facultad de Arquitectura de la Universidad Técnica de Berlín.

(Total: Que a su padre seguían sin leerle las cartas).

La película termina cuando el joven arquitecto vuelve a su pueblo y construye la escuela. Una música emotiva va subiendo de volumen y se ve a los niños entrar, sentarse y atender a la maestra, mientras que el arquitecto, en un plano superpuesto, saluda y sonríe. Fin. Todo hace presagiar que la creatividad y el servicio a la sociedad seguirán creciendo.

jueves, 3 de marzo de 2022

El inventor

Al arquitecto madrileño Alberto Feito



Una de las facetas de las que más orgulloso estaba Miguel Fisac era de la de inventor. Todos recordamos y celebramos sus vigas-hueso pretensadas, sus encofrados blandos y sus ladrillos con ceja.

Estos últimos los empleó, entre otros, en el edificio del CSIC, en la proa de las calles de Velázquez y de Joaquín Costa, en Madrid.

De ese edificio me parecen muy atractivas las dos entradas, una por cada calle, que atraviesan las respectivas alas y llegan al jardín central, permeándolo y haciéndolo fluir. Esas dobles columnas en V, que sustentan unas vigas con grandes voladizos, hacen levitar los acogedores techos de esos dos enormes zaguanes.

Pero lo más llamativo del CSIC son los citados ladrillos con ceja. En mi opinión son el invento perfecto en el sentido de que, como pasa muy a menudo con los arquitectos, esos seres zalameros y embaucadores, nace supuestamente para solucionar un problema técnico y constructivo pero su alcance final y su fin último son plásticos.

Me refiero a que la ceja fue diseñada para echar fuera el agua de lluvia y que no se filtrara por los tendeles, pero lo que logra por encima de eso es resaltar las líneas horizontales de la fábrica de ladrillo y hacerla temblar sacándola de su plano, casi como si fuera un tejado de tejas planas puesto de pie, o la piel escamosa de un pez o de un reptil.

¿De verdad es un problema muy grave y frecuente que el agua de lluvia se filtre por los tendeles de las fábricas de ladrillo? Y si lo es, ¿por qué ningún otro arquitecto ha usado la patente de Fisac? (Es posible que alguien lo haya hecho, pero yo no lo conozco. En todo caso deben de ser escasísimos).

(Esto me recuerda que para un arquitecto que adoptó los bloques de hormigón de Frank Lloyd Wright le cayó la del pulpo).

miércoles, 16 de febrero de 2022

El biógrafo

Leo en internet que el biógrafo de Novak Djokovic anuncia que es posible que el tenista se acabe vacunando contra la COVID-19 después de la que ha liado en Australia, y mi primera reacción no ha sido "me importa un pito este imbécil" (que también), sino "¡este tío tiene biógrafo!" "¡Una persona de treinta y cuatro años con biógrafo!"

Me he imaginado al eximio tenista yendo de aquí para allá con su biógrafo colgado del cuello, con su biógrafo siguiéndole los pasos, con su biógrafo pisándole los talones, con su biógrafo adelantándosele para abrirle la puerta, tomando nota de lo que come cada día, de cada palabra que dice, de cada hora que entrena, de cada molestia que sufre.

Una biografía en directo, una biografía por adelantado, en anticipación. El biografiado decide ir al cine y no sabes si la película que va a ver le va a influir decisivamente, o si allí va a conocer a alguien fundamental para el resto de su vida, o si le van a atracar. Total, que te tienes que ir al cine con él (supongo que a una prudente distancia, para no molestar) y tienes que tomar nota de todo lo que pase, bien porque sea algo ya de por sí llamativo, bien porque parezca anodino en ese momento, pero tenga grandes consecuencias unos meses o unos años después.

Vamos, que el biógrafo no sabe en el momento qué cosas tienen más interés y necesita tomar nota de todas. Me recuerda a mí mismo tomando apuntes hace ya tantísimos años, que no sabía si lo que estaba empezando a contar el profesor en ese momento iba a rematar en una brillante conclusión o era un comentario marginal sin mayor importancia.

Creo que una biografía debería hacerse con el biografiado ya muerto: Lo primero porque así el biógrafo ya está seguro de que esa persona fue muy importante y merece ese esfuerzo, y lo segundo porque ya se sabe el final y por lo tanto qué datos le interesan y qué otros no.

Pero el biógrafo en directo y en anticipación tiene que ser como un notario y a la vez como un buitre o algo así. Además tiene que estar muy seguro de sobrevivir a su biografiado, y tiene que andar tomando notas con una mentalidad de "ya verás cuando estés muerto", lo que lo convierte en el ave carroñera que he dicho, o por lo menos en una especie de gafe agorero. Uy, qué yuyu ir a los sitios con tu biógrafo, ¿no?

-Buenos días; le presento a Juan, mi biógrafo.
-Encantado, Juan. ¿Y qué tal va con la biografía del chaval?
-Bien. No sé si me saldrá de trescientas páginas o de ochocientas.
-Ochocientas, ochocientas; no fastidie. Crucemos los dedos.
-Yo que sé. Como el chico no quiere vacunarse no sé yo. Aparte de que si terminara aquí me saldría un final precioso.

miércoles, 9 de febrero de 2022

Artículo 20

Me llama un cliente porque, muchos meses después, el ayuntamiento aún no le ha dado la licencia de actividad de su centro de ocio, y es por mi culpa.

Vaya. Qué rabia me dan estas cosas. Qué mal me siento por no solo no haberle sido útil, sino incluso haberle sido perjudicial.

Es un tipo de trabajo que he hecho bastantes veces (no exactamente una instalación de ocio como esa, pero sí otras de otro tipo con alguna que otra similitud), y hasta ahora el éxito siempre había coronado el proceso. No sé qué ha podido pasar esta vez.

-Que me ha dicho el técnico municipal que tienes que decir que se cumple el artículo 20, y no lo dices en ningún lado. Te falta.

-¿Pero qué artículo 20? ¿El artículo 20 de qué?

Portada de Monteys de un cómic colectivo editado
por Astiberri/Dolmen sobre el artículo 20 de la
Constitución Española. El mío no era ese, pero ya
casi que da igual: El artículo 20 que sea.

-No sé. Me ha dicho el artículo 20 y que tú sabías cuál era. Y que si tienes dudas que le llames.

(Imaginaos qué habrá pensado de mí mi cliente: Que ni sé de qué narices me estaba hablando. Que ni conozco el famoso artículo 20. Que soy un impresentable y un incompetente).

Se me ha encendido la lucecita y he dicho:

-Será el de espectáculos públicos de Castilla-La Mancha. Lo miro en internet y te digo.

-Me ha dicho que solo tienes que decir que se cumple el artículo 20, que se te ha olvidado decirlo.

(Y dale. Que se me ha olvidado).

Yo añado, con una miajita de mala leche:

-Pues si es solo decir que se cumple te lo hago ahora mismo... suponiendo que se cumpla, claro.

miércoles, 19 de enero de 2022

Hablo por mí

No hay mes en el que algún compañero (o algún colectivo de compañeros) no saque a la arena del debate la necesidad de que se impongan de nuevo las tarifas de honorarios de los arquitectos. Ante la debacle, el hundimiento inmisericorde de nuestras retribuciones, provocada por insensatos suicidas que apenas pretenden cobrar algo por su trabajo, la profesión clama por unas tarifas justas y equilibradas que sean obligatorias y que garanticen así que podamos afrontar decentemente nuestro trabajo, cubrir nuestros costes e incluso sacar algo en claro de esta profesión que, por otra parte, cada vez se va cargando más y más de obligaciones y de responsabilidades.

Entiendo perfectamente estos clamores, pero no les auguro ningún éxito y tampoco los comparto. No creo que tenga sentido imponer tarifas de honorarios. Pero cuidado, compañeros: No os abalancéis contra mí. Es solo mi opinión; mi desilusionada, desencantada y pesimista opinión. Y solo hablo por mí.

Yo manejé este cuadernito. Ahí estaban las tarifas que teníamos que cobrar como mínimo todos los arquitectos por cada uno de nuestros trabajos. Los colegios les cobraban a los clientes en nuestro nombre y luego nos daban nuestra parte. Era cómodo tener una estructura poderosa que velara por nuestros ingresos. Se decía que eso era una cosa anacrónica y muy paternalista y que la sociedad contemporánea y avanzada no podía permitirla, como si los profesionales fuéramos niños pequeños. Yo os aseguro que vivía muy a gusto bajo esa tutela.

El problema que veo es que se rompió el vidrio y ya no se puede arreglar. En estos años de lucha fratricida nos hemos desgarrado unos a otros, y, todos juntos, lo hemos tirado todo por la borda. Ahora tenemos muchísima más responsabilidad que antes, nuestros proyectos son inmensamente más voluminosos y trabajosos, y cobramos por todo ello bastante menos de la mitad que lo que cobrábamos entonces. Así están las cosas.

Se suponía que el sacrosanto mercado regularía nuestros precios y en seguida se llegaría a una situación de equilibrio, pero no ha sido así. Y yo creo que no ha sido así principalmente porque los arquitectos no somos mercado, sino póliza. Perdón, hablo por mí: Yo no soy mercado, sino póliza.

A ver si me explico:

viernes, 7 de enero de 2022

El insoportable estruendo

Y hubo tanto ruido
que al final llegó el final
(Joaquín Sabina)


Iba a titular "Ruido" y he tenido el vago recuerdo de que ya había empleado ese título alguna vez. He buscado y, en efecto, lo usé aquí. Así que, entre que ya lo había utilizado y que ahí hablaba del ruido con intenciones serias de intentar comprender sus alcances semánticos y culturales mientras que ahora solo quiero contar mi desorientación y mi desamparo, he cambiado de título.

El día 4 de enero vi esta imagen en Twitter, con la consiguiente denuncia del tonteriísmo al que estamos sometidos:

Es una foto de una joven vestida de paje de los Reyes Magos, tomada (supuestamente) del Telediario de la primera cadena de Televisión Española con un rótulo que dice: "Las pajas recorren pueblos y ciudades".

La "viralización" de esta foto tiene el objetivo de poner en ridículo a los defensores del lenguaje inclusivo señalando un involuntario juego de palabras.