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domingo, 1 de mayo de 2022

Vestido de nazareno

No tenía intención de continuar la entrada anterior, ni la planteé como primera parte de nada, pero en ella comenté de pasada que hacía no mucho tiempo Norman Foster era un huracán que se remangaba la camisa y dije que alguna vez lo contaría aquí si no lo había hecho ya. (Obviamente, en seguida alguien me pidió que lo hiciera).

Suelo escribir tan compulsivamente que ni me paré a comprobarlo antes de publicar esa entrada. Lo hice después y vi que no lo había contado, así que creo que está bien hacerlo ahora. (También vi que no se remanga la camisa. La memoria es engañosa y, al menos en mi caso, magnifica las escenas y las hace más épicas aún de lo que ya son).

Titulo esta entrada "vestido de nazareno" para completar el dístico de Machado que transcribí el otro día, aunque los títulos resultan ahora cruzados. Hoy cuento lo del trueno y la semana pasada dije lo del nazareno.

Foster sin chaqueta y con el rotu gordo

En mayo de 2012 la empresa L&L Holding Company invitó a once estudios de arquitectura de fama internacional para que presentaran ideas para un rascacielos de oficinas que pretendían construir (conservando el 25% de la estructura del edificio existente(1)) en el número 425 de Park Avenue, en Nueva York. De esos once quedaron cuatro finalistas: Foster + Partners, Rogers Stirk Harbour + Partners, OMA y Zaha Hadid Architects, y se les pidió que participaran en una segunda vuelta para ver a quién le encargaban el proyecto.

Esa ronda final se filmó y tenemos a nuestra disposición un documento valioso de cómo venden sus dotes y sus cualidades tan grandes estudios. Vamos a verlo un poco(2).

viernes, 1 de abril de 2016

Zaha Hadid: Necrotectónica

Dedicado a mi amigo Fredy Ovando Grajales,
arquitecto y profesor en Chiapas (México).

Ayer nos ha sorprendido y consternado a todos la noticia de la muerte de Zaha Hadid.
Era aún joven, 65 años, y no padecía ninguna enfermedad preocupante. Apenas una bronquitis (era propensa: tenía una tos crónica muy característica) que se estaba tratando en Miami y que desencadenó un inesperado ataque cardíaco.
Hace tiempo escribí en este blog sobre el "efecto estrella" de las "Zahas Hadides", y en ese texto comentaba que todos estos arquitectos eran ya corporaciones, entes abstractos e impersonales, aunque en su origen hubieran sido jóvenes brillantes. Lamentaba, pues, que su personalidad se hubiera opacado tras el estrellato y se hubiera atrincherado tras una empresa, una marca, una máquina.
Pero la inapelable muerte nos pone frente a la persona, y volvemos a ver a la Zaha Hadid que un día fue.

La primera noticia que tuve de Zaha Hadid fue sólo unos pocos días después de que la tuviera Juan Daniel Fullaondo, que a su vez la tuvo unos pocos después que Antonio Fernández Alba. Este último había descubierto unos fantásticos dibujos de aquella desconocida en una revista en Londres, se la trajo para Madrid y se la enseñó a su amigo Juan Daniel.




Los dos estaban entusiasmados, impactados. Fullaondo nos habló de esa mujer con pasión, con fascinación.
De alguna manera podría recordar a una cierta visión post-moderna del constructivismo, y esos dibujos ideales podrían emparentar con los de Yakov Chernikhov. (Esto lo digo yo; él no lo dijo. Pero quiero suponer que habría estado de acuerdo). 
Los dibujos eran algo más que meras ilustraciones. Parecían expresar una gran sabiduría arquitectónica muy polémica y combativa. Eran el manifiesto de quien no puede construir pero tiene mucho que decir (y también mucho que construir a la primera oportunidad que tenga). Exactamente igual que todos aquellos brillantes y desgraciados arquitectos soviéticos.
También eran dibujos que ponían de manifiesto toda la confusión post-moderna de aquella época, toda la ambigüedad ideológica y todo el talento y la potencia de proponer estructuras delicuescentes y tramas superpuestas, contradictorias y dotadas de "profundidad teórica", "complejidad semiótica" o como lo queráis decir.
Esto fue más o menos hacia la mitad de la década de los 1980s. Muy pronto (desde luego mucho más que los rusos) Zaha Hadid construyó: Hizo su estación de bomberos de Vitra en 1993 y... Bueno, no era lo mismo. No tenía la misma tensión. Pero, claro, es que eso era muy difícil. Había que confiar en que siguiera construyendo. A ver qué tal evolucionaba.
Pues mal. Evolucionó mal. Es cierto que mantener esas expectativas con su obra construida era imposible. ¿Qué habría pasado si Chernikov hubiera construido? ¿Qué habría sabido construir el mismo Leonidov? Nadie lo sabe, pero podríamos temer decepciones parecidas.

miércoles, 8 de julio de 2015

¡Quita tus sucias manos de Jacobsen!

Acabo de ver esta foto en Facebook:


Con la noticia de que BIG + Zaha Hadid reinterpretan la silla serie 7 de Jacobsen.
El titular resumido en Facebook decía eso, y yo he entendido que esa imagen que acabo de poner se debía al diseño de BIG y de Zaha Hadid trabajando en oscuro contubernio contra el bueno de Arne Jacobsen.
Y he gritado automáticamente: "¡QUITAD VUESTRAS SUCIAS MANOS DE JACOBSEN!"
(No obstante, como diré ahora, a pesar de mi grito he notado algo en esa silla que me ha hecho concebir el comentario en mi blog).
He clicado en la noticia y ya el titular era más claro: Bjarke Ingels, Zaha Hadid y otros reinterpretan la silla Serie 7 de Jacobsen. Siete arquitectos, siete sillas serie siete. ¡Qué ingeniosos! Cada uno una. Las he mirado todas, y me ha parecido el típico juego de fin de curso o del cumpleaños de la Madre Superiora. Como os he puesto el enlace me ahorro colgar todas las fotos. Las podéis mirar tranquilamente. Tan sólo digo que es un poco forzado pedirle un chiste a un cómico distraído o cansado. A veces no salen. Casi nunca salen bien en esas condiciones. Se saca uno una bromita de la chistera de un becario y a correr.
Asunto terminado.
No obstante, la que yo creía fruto de una colaboración extraordinaria de BI&ZH (y que en realidad es obra sólo del primero) sí me suscita un comentario. A ver si sé expresarme con claridad y no ser demasiado pesado.

Partamos de la silla original de Jacobsen. La silla Serie 7. Según parece, la silla más vendida de la historia:


Un objeto muy bello, pero, sobre todo, una silla cómoda y ligera, y con una propiedad fundamental y característica: Es apilable.


Que nos lo digan a los de mi banda, la de veces que hemos tenido que bregar con ellas llevándolas de allá para acá, subiéndolas y bajándolas de la furgoneta. Son estupendas.

jueves, 15 de enero de 2015

Kitschpectáculo

Los arquitectos nos quejamos de la arquitectura espectáculo, pero todos vivimos en un espectáculo total. Todo es espectáculo. ¿Cómo no iba a participar también la arquitectura en él?
Cada vez es más frecuente que en las noticias de la tele nos hablen de un "espectacular accidente", o de un "terremoto espectacular", o de un "atraco espectacular".
Es decir, esas desgracias (accidente, terremoto, atraco) nos son propuestas a todos nosotros como elementos de diversión. Todo es un espectáculo. La muerte y el hambre. La tragedia. La usura, la crueldad, la enfermedad, el mal. Todo.
A eso se reduce todo: a espectáculo.
Tal y como lo dicen en las noticias, se conoce que en tal país han muerto cientos de personas sólo para que nos divirtamos, ya que, según nos dice el pedropiqueras de turno, la matanza ha sido "espectacular".
"Espectacular" es lo propio del "espectáculo", y un "espectáculo" es una función o diversión pública.
(Sí, ya sé que el DRAE ha terminado por admitir también la desviación que yo estoy denunciando, pero el DRAE es un notario que va glosando -con retraso- los crímenes que se van perpetrando contra nuestra lengua).

Entonces, si hasta las matanzas, las guerras y los genocidios son ya espectaculares, ¿por qué no iba a serlo la arquitectura, que tiene muchos más motivos y más razones para ello?

Como ya comentamos hace poco, Frank Gehry se enfadó porque le dijeron que su arquitectura era espectáculo. Pues claro que lo es. ¿Cómo no iba a serlo?

Así se puso Frank Gehry cuando le hablaron de arquitectura espectáculo

La gente va a Oak Park a ver las Prairie Houses, o a Sidney a ver la ópera, o a Ronchamp, o a Nueva York o a Barcelona para ver edificios y plazas. ¿Por qué no iba a ser un espectáculo la arquitectura?
Claro que lo es. Es una fuente de diversión, de alegría y de placer. Pues qué maravilla y qué bendición.
Otra cosa es cuando la arquitectura es sólo espectáculo, y además malo: del nivel de "Humor amarillo" o "Sálvame de Luxe".
Puesta a ser un espectáculo, podría ser uno mejor.

El problema no es que la arquitectura sea espectáculo; el problema es que cuanto peor espectáculo es a más gente gusta.
Claro, que eso no le pasa sólo a la arquitectura. Lo mismo sucede con la novela, con la canción, con el cine... Lo malo es constatar que la aceptación popular va en sentido contrario a la calidad de las obras.

Señor Ghery: Cuando alguien hace esto

Frank Gehry, Clínica mental en Las Vegas
(Por si necesitabas una temporada de reposo: Pues te fastidias)

no puede pedir respeto después, ni enhestar el dedo corazón de la mano derecha mientras lanza miradas de monja cabreada a quien, honradamente, le ha preguntado por su arquitectura espectáculo.

Es curioso: Si te dicen que tu arquitectura es espectáculo te cabreas, pero si te dicen que es espectacular te sientes muy honrado.
-Señor Gehry: Ha hecho usted una clínica espectacular.
-Muchas gracias. (A ti no te levanto el dedito).

Incluso salvadores de la patria que propugnan una nueva sociedad ideal y revolucionaria acaban cayendo ante el espectáculo.

El rey desnudo y su sastre

Y en países que tienen serios problemas de abastecimiento y donde se nos cuenta (seguro que son insidias imperialistas) que carecen incluso de papel higiénico (por ejemplo) a sus dirigentes no les tiembla la mano para encargar arquitectura espectáculo. (O, si lo preferís y lo veis mejor, arquitectura espectacular).

El cine es puro espectáculo. El problema es que alguien considere espectacular Pepito Piscinas. Y también que valore la calidad de una película sólo por el número de helicópteros y aviones estampados.

lunes, 11 de marzo de 2013

Algo que yo no quiero ser

En este blog me explayo a menudo contra lo que considero excesos intolerables de la arquitectura de relumbrón, y la critico sin reservas (y creo que con razón).
El propio título de mi blog, ya lo he contado varias veces, se debe a la indignación que siento (o que sentía, en plena época de acrobacias circenses) ante la celebrada arquitectura vacua y tonta, que se retuerce sin motivo ni justificación, y ante la sonriente mirada de complicidad y de estulticia de la mayor parte de las revistas de arquitectura y de quienes deberían haber hecho alguna crítica justificada y ponderada, pero, en cambio, se limitaban a palmotear como las focas.
Con esta actitud me he granjeado amigos y seguidores, y un cierto prestigio de aguafiestas, de Doña Cuaresma y de "Ese Señor de Negro", tan triste como aburrido y, lo que es peor, peligroso.


No. Yo no soy así. O creo que no soy así. O no quiero ser así.
En la lucha ancestral de Don Carnal contra Doña Cuaresma el uno peca de chabacano, poco digno de confianza, perezoso, facilón y zafio, pero la otra peca de insoportable, castradora, frustrada, seca, envarada y estéril. Y yo no quiero ser ésa. Pero tampoco quiero ser aquél. ¿Entonces qué? ¿Es que no hay otra opción?
Me entusiasma la Ópera de Sydney. Creo que la arquitectura es espacio y es forma. Creo que la alegría que manifiesta una obra arquitectónica tiñe a una ciudad más allá del dinero que haya costado o de los problemas que haya ocasionado en su día. Y creo que merece la pena siempre. Pero siempre.



Uno de mis posts más celebrados, comentados y difundidos es el que dediqué hace poco a Zaha Hadid. Mejor dicho: a las Zahas Hadides. No quito ni una palabra, pero reconozco que si denuesto esa arquitectura porque la forma es caprichosa y no se rige por la función que tiene que resolver, ¿entonces por qué me gustan tanto las cáscaras de la Ópera de Sydney? Si me indigno con las formas caprichosas que ni el autor sabe cómo construir, ¿por qué me gusta tanto la Ópera de Sydney? Si me repugna que los costes de obra se disparen obscenamente, ¿por qué me gusta tanto la Ópera de Sydney? No lo sé. Mejor dicho: Sí lo sé, pero no lo puedo explicar.
¡Ah! ¡Acabáramos! ¿Y se supone que quiero tener una inclinación crítica cuando mi última palabra es "porque sí" o "lo experimento con fuerza pero no lo sé explicar"? No, no. Eso no vale.


Tampoco vale decir que la Ópera de Sydney es muy bella, mientras que lo de las hadides es muy feo. ¿No había quedado claro que el argumento ad venustam era caprichoso e inconsistente? ¿Entonces qué? ¿Entonces qué? ¿Eh, listo?

lunes, 3 de diciembre de 2012

¿Zahas Hadides para qué?

Asisto aburrido, cansado, hastiado, a otra nueva "genialidad" de Zaha Hadid, y me pregunto: "¿Por qué?" "Para qué?".
Zaha Hadid, como todos los arquitectos divinos, arquitectos-marca, arquitectos-estrella, ya no es una arquitecta. Ni siquiera es una persona. No es hombre ni mujer. Es un ente, una corporación. Su estudio se llama Zaha Hadid Architects. Son muchos arquitectos Zahas Hadides. O ninguno. Allí ya no hay arquitecto. No hay arquitectura.

Veo esta foto


y me canso. No sé si son viviendas, oficinas, un hotel, un centro comercial... y me da lo mismo. Me da igual. Lo peor es que sospecho que a ella (o a ellos, o a ello) también le da igual. Ya le da igual todo.


Me aburro. Y me apeno. Hay trucos de photoshop que hacen esto con una foto, la espiralizan y la licúan, y parece que se está yendo por un desagüe. ¿Y? Creo que no es esta la función de la arquitectura. La arquitectura no es esta tontería, esta patochada zafia y sin ninguna gracia.
La forma es una de las armas más poderosas de la arquitectura, por supuesto, pero aqui veo un despliegue de armas que no tienen ninguna batalla que librar. Veo un desfile pomposo, no una batalla. Veo una procesión, no una victoria. En definitiva, son solo armas de fogueo.


Este tipo de obras pornográficas y groseras arramblan con todo. Todo está a su servicio. Ellas no están al servicio de nada ni de nadie. No sirven a nadie; no sirven para nada. ¿Que hay una antigua construcción en el entorno? Pues solo sirve si enmarca la obra de las Zahas Hadides. Si no es asi se tira. Importa un pito el lugar, la gente, las preexistencias, la historia del sitio... Todo. Solo importa la nueva obra vanidosa y autobombástica de las Zahas Hadides.
Hasta eso lo puedo entender: Hay obras tan maravillosas que crean una nueva realidad, y que son mejores que toda preexistencia, y que incluso hacen que la gente mejore. Muy bien. Hay obras señeras que marcan caminos y cambian incluso la historia. De acuerdo: Que todo se incline ante ellas. Gloria a ellas.
Pero es que esto es otra vez lo de siempre; más de lo mismo; pan con pan (por mucho que se empeñen en hacernos ver que es chocolate con chocolate).



Uno diría que el proceso es tan tonto como introducir variables más o menos aleatorias en un programa informático ad hoc que deforme el diseño original y que entregue un render distorsionado. (Ya puestos, daría igual que el ordenador sufriera un error fatal o un ataque de pánico y chafara y distorsionara todo el modelado. Nadie se daría cuenta, y se ejecutaría ese error informático).
El resultado es que ninguno de los Zaha Hadid Architects sabe cómo narices construir eso, y precisamente el único mérito de todo ello sería saberlo construir.

viernes, 31 de diciembre de 2010

Había una vez (toco tocoto tocó) un circooooo

Reflexión del último día del año: "Vivimos una época en la que sobran decibelios y estrépito; faltan gentes e ideas que iluminen y estorba tanto deslumbramiento". Lo dice hoy José Luis Sampedro en EL PAÍS. Pero él es optimista al fin y al cabo, y yo no sé lo que soy.
Un buen amigo mío, arquitecto a sueldo en una empresa importante, ha tenido el ¿privilegio? de trabajar en el pabellón-puente de Zaragoza, de la arquitecta iraní Zaha Hadid. Habla, indignado, de las imprecisiones del proyecto, y del escaso interés de la autora por la obra (fue una vez, con imposibles zapatos de tacón).



Creo que la arquitectura tiene que tener algo que trascienda la pura funcionalidad, la pura técnica y la pura economía. Algo que (por decirlo de alguna manera) nos haga soñar.
Con la pura racionalidad y funcionalidad no se explican ni la capilla de Ronchamp, ni la casa de la cascada ni el pabellón de Barcelona; ni ninguna obra arquitectónica que merezca la pena. La pura funcionalidad es la chabola de paredes de contrachapado y techo de chapa galvanizada o cartón kraft. (Algún día desarrollaré esa idea, por otra parte obvia).
El pabellón puente de Hadid es muy hermoso. Es excitante, impresionante. Es muy novedoso y tecnológico. Es optimista. Es elegante. Es circo.

sábado, 17 de julio de 2010

Miedo

Acabo de empezar a escribir este blog hace nada. ¿Para qué? ¿Por qué? Ya me lo preguntaba el primer día. No lo sé. Pero veo que lo he empezado con miedo, agarrándome a ideas seguras sin querer afrontar la complejidad del presente. Tal vez el objeto de este blog sea mostrar mi temor, huir o buscar refugio. En ese caso, mal voy. Para ese viaje no habrían hecho falta estas alforjas. La situación arquitectónica actual preocupa y desconcierta. (No hablo de la depresión económica ni del hundimiento de las finanzas; eso es otro negociado. Hablo de cosas serias: de la creación arquitectónica). Hace muchas décadas que hemos ido derivando del manierismo post moderno al barroco, y ahora estamos ya en los estertores del tardobarroco. Constatamos que por más que Calatrava, OMA, Zaha Hadid, etc, exageren y retuerzan sus formas, varíen sus propuestas, compliquen sus planteamientos, ya no tienen nada que decir. Pero es que hurgamos un poco más y nos quedamos petrificados viendo que ya nadie tiene nada que decir. Las épocas manieristas, y no digamos las post manieristas, se caracterizan porque en ellas todos tenemos sofisticadas herramientas y medios para decir cosas, pero no tenemos nada que decir. Por ello, y para mantenernos activos y productivos, nos pasamos el día enredando, mareando la perdiz, haciendo cosas muy meritorias, muy complejas, muy sofisticadas, y totalmente inútiles y prescindibles. La arquitectura actual es una vomitona de formas vanas, tontas e innecesarias, que resuelven brillantemente problemas equivocados y mal planteados, pero lo peor es que la reacción minimalista contra ello, con sus poéticas cajitas vacías, sus sutiles hendiduras de luz en un muro ciego, constituye otro vano intento tardobarroco, igualmente innecesario. Y el high tech de Foster, y esto, y lo otro, y lo de más allá, no son sino otras bonitas distracciones, otra manera de escaquear el bulto. ¿Y qué hago yo ante esto? ¿De qué hablo en medio del caos? De maestros de los años sesenta, de la arquitectura moderna española de hace medio siglo. Pues no. Eso no vale. Ese ejercicio de morriña es una huida, una cobardía. Valga en mi defensa que intento hablar para gente no muy experta, e inculcarles el amor por la arquitectura desde una base sencilla y con una vocación pedagógica, pero eso no me autoriza a decir obviedades sobre qué es la arquitectura (a lo que he dedicado tres capítulos) cuando no tengo ni idea. O, mejor dicho, no tengo ni idea de qué es la arquitectura ahora. Envidio sinceramente a nuestro comentarista serrozar, que parece feliz en este mundo tan confuso, y encuentra motivos de placer en el caos, en la basura, en la canción del verano, en la Terremoto de Alcorcón, en los centros comerciales o en donde sea, porque es una hoja en el río, que aprovecha la corriente, navega, hace giros y trompos, viaja y crece con todo lo que le ofrece la vida. Yo, en vez de hojilla soy un zapato viejo, que intenta navegar pero se hunde. No encuentro nada por ningún sitio, y eso que me consta que la humanidad nunca se rinde, y que saldrá por algún lado. La crisis de identidad y de conciencia se resolverá de algún modo, y alguien encontrará fuerzas para hacer algo. Mientras tanto, estoy expectante. Intento pensar. Intento vislumbrar alguna cosa. Si alguien tiene una pista, que la diga.