domingo, 1 de noviembre de 2020

Todo tan mal

Como continuación de la última entrada voy a contaros una de tantas situaciones ridículas y estúpidas por las que he pasado en mi impresentable trayectoria profesional y que aún me deja la boca amarga y la cara de tonto. (Modifico cualquier detalle que pudiera hacer sospechar a mis lectores más cercanos -o incluso a los protagonistas, si llegaran a leer esto- a quién me estoy refiriendo. Por otra parte, como ya conté la otra vez, podría ser cualquiera. Creo que esta historia la hemos sufrido todos muchas veces).

Esta vez me llamó un matrimonio y quedamos en un bar-restaurante al lado de la parcela que habían comprado y en la que se querían construir una casa. Me invitaron a la cerveza que me tomé mientras él sacaba con amor unos papeles, los ponía sobre la mesa y me los explicaba.

Estaban grapados y metidos en una subcarpeta de cartulina, muy ordenados y formando un dossier. (Todo, aunque demencial, estaba hecho con mucha meticulosidad. Eran una pareja de oficinistas aplicados y se les notaba).

El marido me dijo claramente, para empezar, que estaban pidiendo presupuesto a tres arquitectos (incluido yo), y que se decantarían por el más barato. La carpeta era para mí: Les habían dado otras iguales a los otros dos. (Yo era el último).

En ese momento debería haber apurado la cerveza, haber cogido un puñado de almendras, haberme levantado, haberles dado las gracias por la invitación y haberme ido, pero estaba visto que todos estábamos haciendo lo que no debíamos, y aguanté por el ansia de recibir el encargo. Así que acepté participar en un concurso de honorarios.

Ella apenas hablaba. Él se explayó mostrándome las primeras páginas, en las que habían insertado una colección de imágenes sacadas de aquí y de allá de cosas que les gustaban. Detalles neoclásicos a porrillo, pero con alguna inserción extraña como barandillas de pletinas de acero inoxidable o cocinas con isla. Era una colección de golpes dados a lo loco, de palos de ciego, de trivialidades y de vacuidades. ¿Qué tenían que ver esas imágenes con un hogar? ¿Qué tenían que ver con sus vidas? Nada. Eran unas imágenes estándar de revistas de decoración y de catálogos, que habían examinado exhaustivamente y habían escaneado. Eran trozos de decorados, de artificios, de no-lugares, de tierras de nadie. No eran casas. No eran sitios para vivir. Y, además, como siempre, eran una colección de aspiraciones frustradas, de tío Paco con la rebaja, de imitaciones, de quiero y no puedo.

Leches, si tenéis las santas gónadas de decantaros por el neoclasicismo ponedme fotos de cosas de Juan de Villanueva, de Karl Friedrich Schinkel, de John Soane, pero no de ese salón de Casayjardín con esa chimenea leroymerlinesa.

Pero aguanté. Estaba dispuesto a lo que fuera. Estaba abierto a cualquier cosa con tal de hacer ese proyecto. (Hay algo curioso en mi profesión. No sé si les pasará a mis compañeros, pero a mí hasta cierto punto me ha salvado. Y es que aunque el proyecto me parezca una lástima y una nueva ocasión perdida para la arquitectura, hay un momento en que estoy dibujando con el autocad, concentrado al máximo, y abro una puerta hacia donde la tengo que abrir, o coloco un armario empotrado en el mejor rincón, aprovechando perfectamente la mocheta que hace el tiro de la chimenea, o pongo la ducha en su sitio. Y de la misma manera calculo la estructura y disfruto porque el armado de las vigas es muy sensato y las cosas funcionan bien. Es el puro placer de hacer un proyecto, y luego pasa lo mismo dirigiendo la obra, aunque sea la de un pseudopalacete paleto: Veo que la cimentación está correctamente ejecutada, o que el solado está muy bien puesto y disfruto).
-Me encanta hacer edificios cutres.
-Querrás decir edificios buenos.
-Uf, eso ya debe de ser la leche. 

Tras el calentamiento estilístico de motores entramos en harina: Apareció la planta baja. Y qué planta baja. Era la típica planta baja que te hace cuestionarte por qué estudiaste arquitectura, por qué te dedicas a esta profesión, por qué has nacido.

Planta baja. Fragmento

Era simétrica, y había caído en todas las trampas de la simetría. No la quiero describir demasiado. Tampoco entonces dije apenas nada. Tan solo que la rampa del garaje rompía toda la composición, a lo que me contestaron: "Ya, pero hay que hacer una rampa para el coche", cosa que era absolutamente razonable.

También les pregunté qué era ese rectángulo que habían dibujado detrás de las únicas seis huellas que se veían de una escalera imperial, y me dijeron que el aseo. ¿El aseo ahí? Sí. Lo habían visto en muchos ejemplos: Se aprovechaba el espacio bajo el tiro de la escalera. Yo pensé en Sissi Emperatriz bajando ceremoniosamente con un vestido blanco de larga cola, y a Francisco José saliendo mientras tanto del uvedoblecé, agachado (porque seis peldaños no dan para más) y abotonándose la bragueta. No le vi el glamour ni a esa escena ni a la escalera.

Les pregunté si no había escalera para bajar al sótano, y me dijeron, poniendo cara de extrañeza ante mi estulticia, que sí, que naturalmente, que era esa misma. "Las escaleras suben y bajan varias plantas: Es lo normal" (sólo le falto añadir: "imbécil"). Se suponía que la línea que habían dibujado para marcar el primer peldaño que subía a la planta alta era la misma que la del último que venía desde el sótano. En el dossier no me habían puesto ninguna foto de ninguna escalera como esta:

(aparte de que a ver dónde ponemos entonces a defecar al emperador), pero decidí no hacer más preguntas. Se trataba solamente de dar un presupuesto de honorarios. En caso de ser el elegido ya intentaría paliar en algo todos esos despropósitos.

No hay que extrañarse de que esos croquis estuvieran llenos de disparates. Lo sorprendente habría sido que estuvieran bien, puesto que esta gente no había diseñado nada en su vida, no tenían ninguna formación en ese campo ni ninguna visión espacial. Es natural que su diseño fuera una castaña, ¿pero por qué leches tenían que hacer un diseño? Lo hace casi todo el mundo, y jamás lo he entendido: Iban a contratar a un arquitecto (barato, pero arquitecto) y no querían que les diseñara su casa. No querían que un extraño metiera sus sucias manos en su intimidad familiar. De hecho, el diseño lo daban ellos de partida y por lo tanto todos los arquitectos éramos equivalentes e intercambiables, y por eso solo les interesaba nuestro precio.

¿Cuántas señales tuve para salir corriendo? ¿Y cuántas veces las desoí? No era ningún crío, sino un arquitecto ya muy bregado. ¿Por qué seguí con ese despropósito sin sentido? ¿Por necesidad? Creo que no. Creo que por no decir nunca que no. Porque un encargo es siempre sagrado. Ya, pero es que esto no era ni siquiera un encargo: Era solamente una invitación para participar en un concurso de bajada de pantalones. Qué estupidez todo. Todo tan mal.

Diré también que por culpa de la simetría y del diseño rígido la casa salía enorme. La famosa escalera de doble sentido superpuesto tenía dos metros de anchura, y un paso de un metro a cada lado para acceder al salón, que se encontraba, de esa forma tan tonta, con una embocadura de cuatro metros de anchura en el centro. Una vez que se entraba en él se podía jugar un partido de fútbol siete, todo ello por la tiranía de la simetría y por la torpeza y la rigidez del diseño.

No tenían mucho dinero: Un adosado que iban a vender para afrontar esta construcción y un crédito hipotecario que iban a pedir para cubrir la (pequeña) diferencia. Les salía una superficie construida desmesurada, y un constructor les había dicho que la obra les podía costar setecientos euros por metro cuadrado, cifra a la que se habían aferrado con desesperación para asegurarse de la viabilidad de sus deseos.

Les dije que por ese dinero apenas les saldría una vivienda muy muy barata, de una calidad muy básica. Las columnas jónicas, la chimenea de mármol y la escalera imperial reversible no entraban en esos supuestos. No quisieron escucharme. No querían que les estropease sus ilusiones. ¿Pero qué ilusiones? ¿De verdad esa urna de mármol y estuco podía ser la ilusión de alguien?

Perdí una nueva oportunidad de salir de allí de una forma medio digna. Seguí sumergiéndome en ese disparate, tragando mentiras y falsas premisas junto con la cerveza y las almendras. 

El presupuesto era imposible. Todo era imposible. Necesitaban a alguien que les asesorara, que les ayudara a hacerse de verdad su casa, pero no querían.

Me volví a engañar a mí mismo con que si me elegían ya tendría ocasión de reconducir el proyecto, y me despedí de ellos prometiéndoles enviarles mi presupuesto de honorarios a la mayor brevedad.

Sabiendo que estaba en competición y que el panorama profesional era como un descampado lleno de jeringuillas usadas, les mandé por correo electrónico una cantidad muy baja.

Tuvieron un detalle bueno: En vez de dar la callada, que es lo que se suele hacer para no pasar un rato un poco violento, el chico me llamó para decirme que lamentablemente no había sido el elegido, pero por muy poco. Estábamos los tres más o menos a la par, pero uno me había ganado por un pelín: apenas unos cientos de euros.

Pero en seguida comprobé que no me había ganado por tan poco, sino por muchísimo. El ya-no-cliente me hizo un comentario acerca de que la cantidad que le había dado por arquitecto+aparejador era bastante competitiva. Le dije con sorpresa que no, que mi oferta era solo por arquitecto. O sea, que el otro me había ganado por un poco pero incluyendo al aparejador.

Le dije, entre indignado y perplejo, que era imposible cobrar solo mññfmil más IVA por los honorarios de arquitecto y aparejador, y me remató ya del todo diciéndome que no, no, que más IVA no, que era ya con el IVA incluido(1).

Ahí ya me caí de la silla.

O sea, que yo por mi proyecto y mi dirección de obra cobraba N. El arquitecto técnico que yo podría haberle recomendado, o con quien podría haberme unido para hacer una oferta conjunta, cobraría aproximadamente 0,4·N por la coordinación de seguridad y la dirección de ejecución. Y a ese total de 1,4·N habría que añadirle el IVA. Es decir, los honorarios de ambos, IVA incluido, sumarían en torno a 1,7·N. Y el otro cobraba algo menos de N por todo. Y yo creía que había bajado mucho mi oferta.

Me quedé bastante desanimado. En ese plan no podría volver a trabajar en mi vida. Repasé esa cantidad varias veces, para ver en qué me había equivocado, pero solo veía que nada tenía sentido y que no merecía la pena trabajar. No había ni un solo aliciente. Ni una sola alegría. También pensé que llegaría un momento, no muy lejano, en el que si yo dijera que pagaba N por hacer el trabajo me contestarían que el otro les pagaba 1,7·N.

Me quedé muy triste pensando en esa casa absurda, en la oportunidad que habría tenido de decírselo, por su bien. Pero cavilar en eso a toro pasado ya no vale. Eso hay que decirlo en su momento. Lo de la zorra y las uvas no tiene ninguna decencia ni ninguna dignidad, y yo ya había sido lo suficientemente indigno.

Esto ocurrió hace unos cinco años. No había vuelto por la parcela. Pasé cerca hace poco y tuve la curiosidad de desviarme para ver en qué había quedado el casoplón neoclásico, cómo lo habría gestionado mi barato competidor. Pero no hay nada. El solar está como estaba hacía cinco años. No sé qué habrá podido pasar. Me quedo desconcertado. Todo tan mal.


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(1).- Que conste que en mi presupuesto de honorarios decía "de arquitecto": El arquitecto técnico no aparecía por ningún lado. Y que conste también que decía N "más IVA".
Se ve que, ante las cantidades propuestas por mis "compañeros", los clientes no entendieron lo que ponía mi presupuesto. Sus cerebros no lo procesaron. Dieron por hecho que iba más o menos a la par que ellos.

41 comentarios:

  1. Que triste, y que triste que no sea poco habitual este caso, y en mi caso también soy incapaz de decir que no, soy de pensar que si un encargo ha llegado a mi no puedo dejarlo escapar... pero claro no a costa de cualquier cosa. Si te sirve de consuelo (Es una frase hecha, no te sirve ni lo necesitas) yo pasé oferta de honorarios por una reforma y ampliación de dos plantas para una vivienda y me despacharon a las dos semanas diciéndome que habían encontrado un constructor que les incluía el proyecto de arquitecto y el aparejador. Ante eso, y corto de reflejos, solo me encogí de hombros, no paré a explicarle por donde les iba a salir esa decisión, no peleé el encargo, y como tonto, pienso que podíamos haber hecho algo decente allí. (Fue hace al menos tres Ania, ahora están de obras).

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  2. Lo peor de todo esto es que describes una situación de lo más frecuente. Mucho más, porque la dignidad de la profesion (y de los profesionales) se ha perdido.

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  3. Compañero, me he reído muchísimo leyendo el texto. Está muy bien escrito y refleja la dura realidad de tratar con locura clientes.

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  4. Pues yo afirmo que en otros ámbitos nosotros mismos (arquitectos) hacemos eso. Al contratar un viaje, al comprar un reloj o elegir qué leer. Llevo un tiempo rumiando que, quizás, el problema seamos
    nosotros. Esta pareja a la que aludes cogieron un papel y “pintaron” (sin saber) sus ideas, estereotipos y modas que ven cada día. Lo que tienen disponible allá donde van, la arquitectura que tienen a mano. Y lo buscan lo más económico posible. Y se asesoraron, en cuanto a precio, por quien lo fabrica. Y hecho esto, acuden a ti. Ellos, que el máximo acercamiento al diseño ha sido
    copiar a lápiz una lámina del colegio en la asignatura
    de dibujo. Y querías acabarte la cerveza (y las almendras) y pirarte indignado. La industria del automóvil, por ejemplo no hace eso. Ni la industria discográfica. Ni ninguna. No sé, parece que algo ha cambiado, quizás tengamos que darle una vuelta a todo esto.

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  5. “No tenían ningún argumento, ningún sistema, nada, salvo sus números y sus necesidades. Cuando había trabajo para un hombre, diez hombres luchaban para conseguirlo... y su arma era ofrecer sus servicios por menos dinero. “Si ese hombre quiere treinta centavos, yo trabajaré por veinticinco”. –Si pide veinticinco, lo haré por veinte. –No, yo. Tengo hambre. Trabajaré por quince. Por la comida. Los niños. Debería verlos [...] – Yo. Trabajaré por un pedazo de carne”

    John Steinbeck. Las uvas de a ira

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    1. Que grande la literatura que siempre tiene un texto para hacer biblioterapia a cualquier mal.

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  6. En mi práctica profesional me he tenido que enfrentar a proyectos muy diversos, la mayoría de los encargos han sido de empresas, edificios de oficinas, encargos de entidades públicas y muy pocos de clientes particulares. En estos últimos casos la experiencia ha sido más bien negativa, no por el resultado arquitectónico en sí, sino por el proceso de acercamiento al proyecto.

    Con los clientes particulares siempre he puesto unos honorarios muy elevados, si lo aceptan bien, y si no, también.

    Con el cliente particular tienes que hablar y llegar a conocer demasiados detalles íntimos de su forma de habitar una casa, pero lo peor no son las intimidades físicas, sino las manías que el cliente te va confesando a base de rodeos.

    El cliente particular te informa de su manera de vivir y te dice cuales son sus deseos. Todos quieren aparentar, y te piden que diseñes su casa para parecer más de lo que son: más ricos, más glamurosos, más cultos, más educados, más solidarios.

    Poco se preocupan por la arquitectura, por la buena construcción o por las instalaciones.

    Muchos rechazan soluciones constructivas racionales, prefiriendo otras menos eficaces, pero que ellos consideran más suntuosas.

    El diálogo empieza con las necesidades funcionales y acaba en una cascada de exigencias presuntuosas. El cliente antepone lo ficticio, lo resultón, lo afectado y lo postizo a la bondad de los materiales y de la buena construcción, incluso a costa del confort. Se empeñan en imponer la chifladura del alto standing.

    Y como si de un psicólogo o confesor se tratara, entre diseño y diseño, tienes que escuchar las opiniones de cliente particular que te dice cómo vive, cómo se comporta la pareja, la tía o la hija.

    Casi siempre acabas arrepintiéndote de conocer demasiado a las personas y así te arrepientes de conocer tanto al cliente y a fe que, más que conocer como se comporta de la hija de un ejecutivo, prefiero saber cual es el comportamiento estructural de una pared de ladrillo con toda su sencillez y toda su nobleza cerámica.
    Saludos
    Francesc Cornadó

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  7. Excelentemente descrita y escrita (me he reído mucho aunque maldita la gracia) una situación muy habitual desgraciadamente. Vivimos en un mundo de "low cost" en el que todos creemos saber y poder hacer un poco de todo, creo que esta sociedad de EXCESO DE INFORMACIÓN GRATUITA tiene algo de culpa.
    No es fácil encontrar personas que valoren los conocimientos de otras personas, Google lo pone todo en la mano, ahora casi todos "médicos, arquitectos, mecánicos, fontaneros, etc..." Espero sinceramente que algún día esto cambie, aunque lo dudo mucho. Saludos.

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  8. Coincido en mucho y discrepo en algo.
    Tuve la suerte de que cayera en mis manos casi apenas acabada la carrera el libro Cirugía de casas de Rodolfo Livingston. Uno sale de la Universidad, de esto hace ya 30 años, con muchas ínfulas y este libro es una bajada a tierra.
    los dibujos de los propietarios en una papel cuadriculado, siempre tiene algo.
    Léetelo, es interesante.

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  9. Normal que no se construyese. Esas cosas nunca llegan a buen puerto. Yo ya huyo de esos concursos. Paso la oferta más alta, y si cuela, al menos ganas pasta. El mejor arquitecto es el que tiene el mejor cliente. Y con clientes así, nunca saldrá un buen proyecto.

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  10. Que aroma a artista frustrado y a empresario fracasado deja este artículo. Deja de culpar a los demás de tus desgracias, esa pareja trabaja cada día sin venir a llorar a un post y con su dinero hace lo que le sale de los huevos. En el mundo lo importante no es participar hijo.

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    1. La arquitectura es un arte. Que te digan cómo realizar tu obra y además, mal, valorando tu labor sólo económicamente, es frustrante. Si tu oficio tiene 0 creatividad, lo respeto pero qué pena. Y si tiene un mínimo de creatividad también. Qué pena de comentario, chico.

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    2. Ego de arquitecto... Buff que pereza Alex

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  11. Los huevos.... Buen lugar con el que pensar qué hacer con tu dinero. Suerte.

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  12. Menos mal que por lo menos te tomaste la cervecita y las almendras fritas.
    ¡Qué afición a hacer lo que no saben! Además, al proyecto del arquitecto lo llaman "hacer un dibujo" y comentan ante sus amistades que por ese dibujo cobramos como estafadores, añadiendo el clásico "son unos ladrones, total, para lo que hacen".
    Curiosamente, los diseños suelen ser muy simétricos, pero la caja de escalera a veces es grande como un plato de ducha, no como en el caso tuyo. En la cocina tiene que haber isla central siempre, aunque tenga 8 m² y el baño y la sala tienen que ser como los de las casas de los futbolistas, que se pueda jugar a fútbol. Todo por cuatro chavos.
    A veces, la visita incluye un recorrido en el coche del propietario para mostrar las casas que les gustan; naturalmente son siempre las más espantosas y grandilocuentes de la urbanización. Todo un cuadro; gracias por tu texto.

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  13. Pues tuviste suerte... ¡Tres veces!

    La primera al conseguir la cerveza y las almendras gratis; no pocas veces intentando conseguir un encargo se comete el error de pagar con el dinero que aún no tienes por el.

    La segunda vez al no conseguir el encargo; porque de ahí solo pueden salir monstruos, desazón, problemas, muchos cabreos y frustraciones... y poco, muy poco dinero.

    La tercera vez al ir a la parcela y no encontrar nada; primero temeridad, porque no hay que ir a ver lo que resultó de los fracasos; y luego suerte porque no había nada, si lo hubiese, seguro que era aún peor que tus peores temores.

    Lamentablemente yo sí he tenido a veces a clientes a esos que necesitaban "alguien que les asesorara, que les ayudara a hacerse de verdad su casa, pero no querían", y aunque su dinero pague las facturas, destruye el alma de arquitecto.

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  14. "Era una colección de golpes dados a lo loco, de palos de ciego, de trivialidades y de vacuidades. ¿Qué tenían que ver esas imágenes con un hogar? ¿Qué tenían que ver con sus vidas? Nada. Eran unas imágenes estándar de revistas de decoración y de catálogos, que habían examinado exhaustivamente y habían escaneado. Eran trozos de decorados, de artificios, de no-lugares, de tierras de nadie. No eran casas. No eran sitios para vivir. Y, además, como siempre, eran una colección de aspiraciones frustradas, de tío Paco con la rebaja, de imitaciones, de quiero y no puedo."

    Que vida tan triste tiene que ser la suya, lisensiado.

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  15. Arquitectos, ya se sabe... sin la suficiente creatividad para ser artistas, ni la suficiente inteligencia para ser ingenieros. :P

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  16. Gracias por hacerme sentir que no soy la única que le pasan ésta cosas...
    Me he reído mucho.
    Imaginate yo, que soy de diseño del paisaje,jaja, si, titulada de una carrera de 6 años de la facultad de arquitectura y urbanismo, carrera relativamente nueva, que nadie conoce y que los pocos que se imagina de qué va creen que te necesitan para que les des unos consejos en el jardín. Desesperante por momentos la verdad.
    Aún así, ante cualquier encargo pedorro siento que tengo la oportunidad de cambiar el mundo !

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  17. Soy estudiante de Arquitectura ahora mismo y son estas cosas las que más vértigo me dan de la profesión. Que la arquitectura esté tan estrechamente relacionada con el ser humano que para ser buen arquitecto sea necesario saber también lidiar con éstos.

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  18. Buenísima vivencia y no falta aquel cliente que al ver el presupuesto llama para decirte: y si solo me manda los planos por correo en PDF, Cúato menos? Si en España se da esto imaginate el nivel en Centroamérica que es donde soy.. Es aun mas el regateo de la gente, y esto cuando se deschancletan buscando un arquitecto. En fin que mas da! Gajes del oficio... 😁

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  19. Cuánta soberbia destila su artículo Sr D. Arquitecto. La displicencia y desprecio que manifiesta hacia sus clientes solamente se ven superados por el interés en cobrar los honorarios del trabajo, que es la única razón aparente que le lleva a soportar las supuestas ofensas profesionales de estas personas, según se desprende de su relato.
    Por favor, déjenos su referencia para asegurarnos de no contratarle por error en el futuro.

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    1. Me da a mí que eres el de la parcela huerfana

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    2. Va a ser que no, que solo pasaba por aquí. He leído con interés el artículo, pero no he podido resistirme a dejar un comentario. Si los clientes solo son un mal necesario para el desarrollo de una profesión, mal vamos. Al final,los profesionales de cualquier sector estamos para darle una solución a nuestro cliente. Él define el qué y el profesional el cómo. Y si no se está de acuerdo, basta con declinar el encargo sin más. Para poder dar rienda suelta a la creatividad profesional sin límite no necesitas clientes sino un mecenas. Mientras tanto y no, en el mundo real, la humildad y el respeto mútuo son un buen comienzo. Saludo

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    3. Sólo ha faltado con concluir con un "ZASCA".
      Ánimo Sr D. Arquitecto.

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    4. Quien necesita esconderse en el anonimato para compartir su opinión establece ya su nivel de relación con la vida. Afortunadamente el magnífico relato que está perfectamente hilado y magistralmente narrado, es también exquisitamente elegante con el anonimato de sus clientes y solo se lamenta de la propia falta de arranque para haberse ido a tiempo. Cosa distinta es esconderse detrás de un anónimo para tirar la piedra y esconder la mano.

      Brillante, José Ramón (como habitualmente)

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  20. Es interesante que los comentarios más incisivos los escribe la misma persona: Anónimo

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  21. Hola, me he topado por internet con esta entrada y acabo de leerla.

    Como no arquitecto que soy, pienso que tienes razón en lo que quieres expresar, pero se te intuye una falta de empatía y/o claridad hacia el cliente.

    Un "esto no puede ser", "con esto desaprovecháis mucho espacio/dinero" dicho de manera clara y a tiempo ayuda mucho. Porque son gente normal que tiene una idea de lo que quiere, pero lo que busca, en el fondo, es consejo sobre si su sueño es real o está mal enfocado.

    Y parráfos como:
    "Leches, si tenéis las santas gónadas de decantaros por el neoclasicismo [...] pero no de ese salón de Casayjardín con esa chimenea leroymerlinesa."
    ...denotan ser un poco pedante y falta de entendimiento del cliente.

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  22. Os estoy leyendo y no os estoy creyendo. De verdad, ojiplático me hallo. Cuál sería la manera correcta de proceder, según vosotros, de una pareja de trabajadores que no han hecho un plano en su vida, para expresarte qué quieren hacer? deberían entrar en vuestro despacho, con una leve genuflexión y después de alabar vuestro trabajo, ponerse en vuestras manos como quien se pone en manos de un cirujano plástico? Yo aquí solo veo por un lado a una pareja ilusionada con hacer la casa de sus sueños que pide tres presupuestos y explica como puede (no tienen formación en arquitectura, como es lógico) qué quiere que contenga su futura casa. Y por otro, un trabajador endiosado al que la falta de conocimiento de su oficio le parece aberrante. Espero que todos tengáis un museo o un estadio de fútbol que proyectar y no tengáis que rebajaros a convivir con la plebe. Madre de dios...

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  23. Por supuesto, no soy arquitecta ni nada parecido. Ni voy a poder hacerme una casa en mi vida. Pero después de haber visto cómo las ilusiones de algún amigo se transformaban en pesadillas por los "detallitos" que el fashion arquitecto incluyó en planos y memorias sin que nadie entendiera nada (eeeh, que somos simples mortales), recomiendo comprar la casa ya hecha y sabiendo lo que hay y cómo es. Porque lo que iba a ser una casa cúbica de una planta (wonderful absolut para una aldea de Galicia) acabó teniendo dos, con no sé qué materiales hiper caros, suelo radiante (con la humedad por milímetro cuadrado de aquí y lo que supuso aislarla), y varios "pequeños inconvenientes" como cristaleras de un tamaño demencial que hubo que traer de Cataluña... y sin poder rechistar, que estaba todo firmado. Sin saberlo, para qué te lo va explicar el señor creativo. Total, una desgracia que fue disparando el presupuesto de la obra y que a día de hoy, mis amigos maldicen cada mañana. Supongo que su "dibujito en papel" también era una castaña... pero era lo que querían. Siempre he creído que la creatividad en la arquitectura era para las grandes obras, y que para los pequeños sueños personales suponía, además del conocimiento técnico, una ayuda, no un destrozo. Y aún se quejan... Pues rechacen las "miserias" de los pobres trabajadores y sueñen ustedes también con hacer el estadio Maracaná o la Ópera de Sidney.

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    1. Buenas Isabel, soy arquitecto y la verdad me ha dado mucha pena que escribas esto de que " Siempre he creído que la creatividad en la arquitectura era para las grandes obras "
      Yo creo que la belleza y la creatividad son bienes que deben de ser accesibles de todo el mundo y que las personas con menos medios y recursos tambien tienen derecho a tener una casa, no solo correcta o aceptable, si no también "bonita" y "agradable".

      La experiencia que comentas de tus amigos no es nada extraña de encontrar. Pero siento decirte que probablemente la culpa la tienen ellos. Son ellos los encargados de aceptar o no las distintas soluciones, y los encargados de firmar.

      Lo que creo (me parece que sucede) es que en general existe en la sociedad una mala concepción de lo que es la "creatividad" , que a menudo el cliente (y los alcaldes) confunden con extravagancia, y el resultado es aceptar soluciones poco creativas, pero muy estravagantes por parte de arquitectos, con la correspondiente subida de presupuesto ( ver lo que ha pasado en todos los ayuntamientos de este pais).

      Pero esto no tiene nada que ver con la creatividad. Hay arquitectos maravillosos, solo hay que saber escoger ( que no es tarea facil, lo reconozco)

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  24. Ay que subidito lo teneis los arquitectos... Esto pasa en todos los ámbitos. En el mío que es el desarrollo de software se ven cosas mucho peores, pero para eso estamos los profesionales, para encauzar y ayudar... No se si pretendias que tus clientes tuvieran al menos hasta tercero de arquitectura... Lo lógico es que ni tengan ni idea no? Y que no tengan ni idea ya os parece suficiente como para salir corriendo? Espera que llamo a la BUAMBULANCIA...

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  26. El tufo a superioridad moral de tu relato, de elitismo, de desprecio, es lo que hace que esta profesión sea tolerada simplemente, cuando no odiada. Como arquitecto que no ejerzo a la manera tradicional he encargado varios proyectos a otros arquitectos, y algunos son buenos profesionales, pero otros tienen un ego tan subido que solo piensan en ellos mismos, en lo que dirán sus amigos y en las revistas. Por decirte solo un detalle, más de una vez he estado hablando durante una hora sobre el tipo de edificio que me interesaba, en líneas generales, por ejemplo, sólo una planta, accesible, de poco consumo, integrado con el entorno, etc, sin que el arquitecto tomara ni una sola nota, solo estaban pensando lo que él o ella harían, que no se correspondía para nada con lo que yo necesitaba. He pagado un anteproyecto y dos básicos que no me servían para nada, solo por ser compañeros, para luego encargar el proyecto a otro.

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  27. Caramba con los odiadores que se dejan caer por aquí, parece que les ha escocido el artículo. Muy buena entrada, José Ramón.

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  28. Esto del ejercicio de la arquitectura tiene algo de psicología, al menos en el primer contacto con el cliente. Normalmente esos bocetos en papel a cuadritos que me enseñan algunos clientes, algunos con cierta vergüenza, siempre los pido porque son expresión de sus deseos, aunque no sean alguna que otra vez realizables, como en este caso.
    El problema en cuestión, siempre lo digo, es que no es fácil ser promotor. No todo el mundo está preparado para ello, como no todo el mundo está preparado para ser padre o madre, pero las circunstancias de la vida a veces te obligan a serlo.
    Y el problema sigue cuando coincide que el promotor no preparado se cree que lo está, y en vez de confiar en alguien (arquitecto) para definir el programa de necesidades y la viabilidad del proyecto (igual pagar por una consulta le puede salvar de una mala decisión de compra) pues considera que sabe todo lo que necesita saber y sólo le falta el "papeleo" para conseguir licencia, por lo tanto, hace una subasta del proyecto.
    Es una mala concepción de nuestro trabajo por parte de este promotor, y por supuesto consecuencia de nuestra mala imagen curtida tiempo atrás pero que todavía sufrimos los que actualmente intentamos dotar a la profesión de esos valores de confianza, imparcialidad e independencia como servicio a un cliente que pretende deambular en esta jungla que es el mundo de la construcción.
    En esto mucho tuvieron que ver la desregulación de los honorarios colegiales y la bienvenida a la libre competencia, tan libre como salvaje. Alguien decidió ir a por nosotros, igual la profesión lo merecía, yo por la parte que me toca intento quedarme con el buen promotor y hacer algo mejor al malo, lo cual explica los malos momentos de encargos que hemos pasado en el estudio.
    Enhorabuena por el blog y el artículo, que refleja de forma acertada la realidad del arquitecto.

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  29. Alguien con sentido común, que no es poco...

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  30. Trabajar como arquitecto es lo mismo que tener la enfermedad de los apostadores, siempre que te llega un nuevo encargo crees que puedes ganar el premio mayor, aunque nunca lo ganaste y no te quede ni un peso sigues apostando hasta destruirte, es un juego perdido, ya buscas en la miseria de los encargos la luz de la arquitectura. siempre me quedo con mis planos, creo que es lo único que alcanza a tocar un poquito de arquitectura, una vez que los entrego la construcción se va a la mierda con el poco respeto que existe hacia los arquitectos

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