Mostrando entradas con la etiqueta Marcos Mundstock. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Marcos Mundstock. Mostrar todas las entradas

miércoles, 10 de marzo de 2021

I sol tace

Mi estudio es un local en planta baja que da a un soportal. Tiene tres puertas de calle, una por cada módulo de la galería porticada. Un rollo, porque, aunque tengo una ligeramente resaltada por una placa, la gente que pretende entrar lo intenta hacer por cualquiera de las tres.

Están cerradas (esto no es una panadería), pero los visitantes pretenden que estén abiertas y empujan. Me levanto a abrir la puerta en cuestión, pero en ese momento el visitante se aburre de probarla y se va a otra de las tres. Todas tienen vidrio, y desde dentro lo veo forcejear. Intento seguirlo, pero vuelve a cambiar de puerta y estamos así un rato jugando al gato y al ratón.

Me digo siempre que lo que tengo que hacer es, esté el visitante donde esté, abrir la puerta principal (la que al parecer solo yo considero principal), que además -dado el amueblamiento interior- es la mejor para acceder, y esperarle en ella. Pero de pronto llaman a mi espalda y se me olvida. Mi instinto me lleva a acudir allí y de nuevo juego a las persecuciones.

Hoy ha venido uno en ese plan. Hemos estado un ratito fintando y driblando. Y encima me he liado con la mascarilla mientras le seguía. No; la cosa no ha empezado nada bien. Y a partir de ahí no ha hecho más que empeorar.

Al fin le he abierto, lo he hecho pasar y le he sonreído con mi mejor sonrisa mientras le brindaba asiento.

Se ha sentado y me ha empezado a contar una historia llena de sordidez.

-Yo vivo en la calle X -aquí al lado-, en un chalet adosado. El anterior propietario amplió el sótano e hizo un apartamento.

-¿En el sótano?

-Sí. Tengo alquilado mi sótano a una familia. En realidad son dos apartamentos en el sótano. Lo que pasa es que el anterior propietario los hizo sin licencia, y yo los quiero tener legales. Por eso quiero que me haga usted un proyecto.

-Pero vamos a ver... ¿Dos viviendas en sótano y otra sobre rasante? Pero eso ya no es una vivienda unifamiliar... Además la habitabilidad en sótano... Y las plazas obligatorias de aparcamiento... Y también...

(Ufff. ¿Por dónde empiezo? Me sentía como Marcos Mundstock desde el minuto 5:03 hasta el 5:33 de este vídeo:)

(Aprovechad de paso para verlo entero, por favor. Esther Píscore es uno de los hitos de la Humanidad)

-Tranquilícese...

-No, si yo estoy muy tranquilo.

Apenas me he atrevido a decirle, y muy suavemente, que en las normas de este municipio no se admite la habitabilidad bajo rasante. No me ha entendido (los malos veredictos nunca se entienden), pero como esa casa está a cinco minutos andando de mi estudio y como en el fondo tenía una enorme curiosidad por si iba a ver un rascainfiernos (uno siempre espera el milagro), he accedido a ir a ver aquello por la tarde.

A las cuatro y media me he plantado como se plantó Dante ante la puerta del infierno. En el comienzo de la Divina Comedia cuenta que se encuentra en una selva oscura. Unas fieras le amenazan y ve que está perdido. Cae a un profundo lugar en el que el sol calla (I sol tace). Es el infierno.

Divina Comedia. Grabado de Gustavo Doré

El dueño me estaba esperando en la entrada. Desde la calle hay una rampa que baja un metro aproximadamente hasta la puerta del garaje, y la planta baja de la casa está elevada un metro y medio más o menos. Es decir, el sótano es un semisótano. Me he imaginado las escasas ventanas de atrás y cuánto partido les habría tenido que sacar el intrépido zulista.

Confieso que tenía curiosidad. He accedido a la planta baja, he saludado a una mujer y a un niño que se ha escondido tímidamente. Me han hecho salir al patio trasero y me he quedado de piedra. La ampliación que había hecho el anterior propietario consistió en prolongar el semisótano original del garaje hasta ocupar toda la parcela. El patio completo de la casa era, por lo tanto, una terraza al nivel de la planta baja a un metro y medio por encima de los patios de las viviendas colindantes por los lados y por atrás. En el suelo de esa terraza no había ni siquiera una claraboya, ni un tragaluz, ni una baldosa translúcida. Nada. El sótano debía de ser verdaderamente el infierno dantesco.