Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Barahona. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Miguel Barahona. Mostrar todas las entradas

lunes, 16 de febrero de 2026

Radical

Mi compañero y amigo Miguel Barahona nos ha dejado con hambre; con ganas de más, de mucho más, al dar por terminada su sección "Casas Radicales" en la revista Diseño Interior.

El pasado mes de noviembre la revista ha publicado la última; la última de CIEN, repartidas mensualmente durante más de diez años.


¿Qué han sido las "casas radicales" de Miguel Barahona? Todo empezó en 2012, cuando publicó en esa revista el artículo "Ocho casas raras". Gustó mucho y le pidieron más casas raras. Entonces él propuso una sección que comenzó en el año 2015, y, como digo, han salido cien.

viernes, 14 de febrero de 2025

Arquitectura para la vida

A mis amigos, compañeros y maestros


En el año 1953 los arquitectos daneses Jorn Utzon (1918-2008) e Ib Mogelvang (1919-1993)(1) hicieron unos dibujos a mano alzada y los presentaron al concurso de casas baratas Skansa en Skane (Suecia).

Son dibujos muy buenos, muy agradables, muy cálidos y muy vivos, que aunque están pensadísimos dan una sensación de espontaneidad e inmediatez. Pero lo que muestran sobre todo es versatilidad. Mirad estas plantas:

martes, 19 de septiembre de 2023

sin ir

(Esta entrada es continuación
de la anterior: "No te mueras")


Tuve unos días de pánico. Bueno, decir "de pánico" es muy exagerado, pero sí de intranquilidad. El proyecto que llevaba tanto tiempo acariciando se desviaba, y no sabía si para bien o para mal. Nada era como había previsto.

Horarios, precios, trayectos, fechas...
Meses de estrategia. Todo mal

Lo primero había sido cuadrar las vacaciones de todos. Lo segundo, y mucho más importante, era asegurarme de que lo que para mí era un sueño para los demás no fuera una pesadilla. No los podía tener esos pocos días de acá para allá viendo arquitectura, pero por otra parte mi única condición inicial de ver Ronchamp y dejarles mandar durante todo el resto del tiempo se contaminó con que ya que estábamos en Suiza e íbamos a alquilar un coche podríamos ver la Villa Le Lac, primera obra moderna de Le Corbusier (tras los chalecitos suizos que tanto le gustan a Colin Rowe), destinada nada menos que a sus padres y ubicada nada menos que en la orilla del lago Leman.

Otro pie forzado para mi familia. Me sentía bastante culpable y a la vez profundamente egoísta. Todos se portaron muy bien conmigo. Me dijeron que ese viaje era por mí y para mí y que iban a disfrutar mucho viéndolo todo, incluso arquitectura.

miércoles, 29 de junio de 2022

Investigación y desarrollo

A mi amigo y compañero de clases Miguel Barahona


Siempre me entero tarde de las cosas, y esta vez cuando digo tarde estoy diciendo unos cuarenta años tarde (y no me refiero a desde cuando ocurrió el hecho, sino desde cuando yo tuve la primera noticia de él).

Se trata de la casa experimental que se construyó Alvar Aalto en Muuratsalo (Finlandia) entre 1952 y 1953, y de la que ya hablé un poco aquí.




Siempre se ha dicho, y así lo he repetido yo, que Aalto construyó esta casa de vacaciones y fines de semana (junto a un lago y con un embarcadero para su barca Nemo propheta in patria(1)) para experimentar y sufrir el comportamiento de los distintos materiales ante las tremendas heladas nórdicas. Si miráis las fotos veréis ladrillos de distintos formatos y cochuras, piezas esmaltadas, pintadas, vitrificadas, etcétera. Una honradísima forma de padecer roturas y descascarillamientos en sus propias carnes antes de prescribir estos elementos a sus clientes.

Esa actitud me pareció siempre encomiable. Nos lo ha parecido a todos. Pero tiene que venir mi amigo y compañero de clases de Introducción a Proyectos Miguel Barahona, conocedor vasto y múltiple, a tirarme los palos del sombrajo.

sábado, 30 de octubre de 2021

Empanados

A mi compañero Miguel y a toda la clase de
Introducción a Proyectos del Grado de Fundamentos
de la Arquitectura del Campus de Aranjuez de la URJC.
(Y a los empanados en general, sean de donde sean).
Con todo mi cariño y mi comprensión.



El viernes pasado ha sido, por fin, el primer día en que se hacía "en carne y hueso" la entrega de un ejercicio de la asignatura Introducción a Proyectos en el campus de Aranjuez de la URJC. Era el 1_B.

El 1_A, como todos los del curso pasado, se había hecho solamente en digital, a través del aula virtual.

Así que mi compañero Miguel Barahona y yo estábamos muy ilusionados y también teníamos un alto sentimiento de responsabilidad ante la ocasión: El archivo aún presentaba algunos problemas de intendencia como para que irrumpiéramos en él con este nuevo ejercicio, así que teníamos que ir antes de clase a resolverlo. 

Cada estudiante tenía que traer una carpeta con las láminas en A2: plano de situación, plantas, alzados, secciones, perspectivas axonométricas, fotografías de la maqueta y, además, todo lo que quisiera incluir. Las maquetas no se entregan, ni se han entregado nunca, porque en el archivo no hay suficiente espacio para ellas. Pero se traen a clase para comentarlas y celebrarlas.

Miguel y yo llevábamos más de un mes anunciándoles que el viernes sería el gran día de estrenar las entregas presenciales y el archivo, y les dimos instrucciones muy precisas (y machaconamente repetidas) de qué y cómo lo tenían que traer:

1.- Una carpeta de cartón de 70 x 50 cm2 (A2 extendido), de gomas, sin solapas. El modelo más sencillo y barato que encontraran. Esa sería su carpeta para todo el curso.

2.- A esa carpeta se le debía pegar por el exterior una ficha cuyo modelo habíamos colgado en el aula virtual hacía más de un mes. Tenían que descargarla, imprimirla, pegar una foto (o insertarla digitalmente antes de imprimirla) y cumplimentar los datos que pedía.

3.- La ficha se debía pegar, colocada la carpeta en horizontal y con su abertura hacia arriba(1), en la esquina superior izquierda. ¿Por qué ahí? Porque las íbamos a colocar todas en una estantería, con la pared a la derecha y el acceso por la izquierda, y así, pasando una a una con los apellidos por orden alfabético, encontraríamos rápidamente el trabajo de cada estudiante.

4.- ¿Está claro? Vamos a repasar: Compráis una carpeta sencilla de 70 x 50 cm2, imprimís la ficha, la rellenáis y la pegáis en la esquina superior izquierda. Repetimos: superior izquierda. Otra vez: superior izquierda.

5.- En esa carpeta irán todos los ejercicios del curso. Para cada uno de ellos haréis una subcarpeta consistente en una hoja de papel 100x70 doblada por la mitad y con vuestro nombre y el número del ejercicio escritos en el exterior.

6.- El viernes 29 entregaréis el ejercicio 1_B. El 1_A, que entregasteis en el aula virtual, también debéis imprimirlo y ponerlo en la carpeta, pero no es necesario que sea ese mismo día. Puede ser más tarde.

-¿Alguna duda?
Ninguna.
Y así en cuatro clases. Repetición de los puntos señalados y:
-¿Alguna duda?
Ninguna.

lunes, 30 de septiembre de 2019

Las casas a la cara

Gracias a Miguel Barahona, a quien, naturalmente, le dedico esta entrada, acabo de descubrir(1) este dibujo:


y, sobre todo, la historia que hay detrás, que os voy a contar.

Pero antes que nada, por favor, clicad la imagen que acabo de poner para verla más grande, y examinadla con cuidado, que luego os la voy a tomar.

Lo primero que habréis visto (pero eso se aprecia ya en pequeño, y casi con los ojos cerrados) es que el dibujo es de Frank Lloyd Wright. Y lo segundo, ya fijándose, es que los nombres de los clientes son Liliane y E. J. Kaufmann.

Otra cosa que viene en ese dibujo es que la casa se iba a construir en Palm Springs, California (finalmente no se construyó), y otra que debéis saber y no viene, pero que ya os digo yo, es la fecha: 1951.

Hay aún otro detalle muy importante que sí aparece ahí, pero no os lo digo por ahora. A ver si lo descubrís. Es de alguna forma el quid de esta entrada, así que dejadme que me lo reserve para el final. (Pero mientras tanto dadle otro vistazo al dibujo).

Empecemos por los clientes: Los Kaufmann. Edgar Jonas Kaufmann era un empresario y filántropo judío. Un rico propietario de Grandes Almacenes en Pittsburg y en todo el oeste de Pensilvania. Estaba casado con su prima hermana Liliane Sarah Kaufmann, lo que, en principio, podría parecer una ventaja porque conservaba su apellido de soltera y así se ahorraba rehacer bordados y todo tipo de rótulos con su nombre. Pero lo malo es que en Pensilvania, su tierra, estaba prohibido casarse entre primos hermanos, y tuvieron que hacerlo en Nueva York. (Así que ya no traía tanta cuenta aquel ahorro en rotulación y tarjetería varia).

El matrimonio tuvo un hijo, Edgar junior.

De izquierda a derecha: Edgar J. Kaufmann Sr., Edgar J. Kaufmann Jr.
(sí: el hijo parece mayor que el padre) y Liliane Sarah Kaufmann.

Edgar Kaufmann senior admiraba a Frank Lloyd Wright, a quien había encargado diversos tanteos fallidos para Pittsburg, y también le había financiado su proyecto utópico de Broadacre City. Tenían tan buena relación personal y familiar que el niño, Edgar junior, estaba en la alegre comunidad de Taliesin haciéndose arquitecto.

Edgar J. Kaufmann, Sr., en su despacho de los Almacenes
Kaufmann de Pittsburg, decorado por Frank Lloyd Wright.

Así que era obvio que los papás le encargaran al viejo su casa de campo en una finca que tenían cerca de Pittsburg (a sesenta y tantas millas; una hora y media de viaje). El maestro les hizo la ya conocida chabola:


Casi nada.

No debieron de pasar allí malos fines de semana ni días de vacaciones, y si me permitís coger el rábano por las hojas, a mí siempre me ha parecido una señal (sí, seguro que la más tonta) de confort y vida agradable e idílica el hecho de que años después pudiera ser posible un libro tan sorprendente como este:


Elsie Henderson: La cocinera de Fallingwater.
El libro de sus recetas y sus memorias.
La fotografía de la señora con la tarta está sacada del propio libro, naturalmente.

Pero Pensilvania es un estado bastante frío en invierno (estaréis hartos de ver fotos de Fallingwater nevada y con la cascada hecha carámbanos), y además un matrimonio rico no tiene ni para empezar con solo una residencia para vacaciones y fines de semana, así que se hicieron otra casa en Palm Springs, California. Pero esta vez no se la encargaron a su querido arquitecto de cabecera, sino a Richard Neutra, a quien conocían precisamente de Taliesin por su hijo Edgar. Esto a Wright mucha gracia, lo que se dice mucha gracia, no le hizo.

Neutra era un arquitecto austriaco emigrado a Estados Unidos y establecido en California. Admiraba a Wright y le había hecho la correspondiente visita de rigor, e incluso había trabajado una temporada a sus órdenes.

El matrimonio Neutra en Taliesin: De izquierda a derecha, Wright,
Richard Neutra, Silvia Moser (con su hijo Lorentz), Kameki Tsuchiura (que
había colaborado en el Hotel Imperial de Tokio), Nobu Tsuchiura,
Werner Moser (tocando el violín) y Dione Neutra (tocando el violoncelo).

Richard Neutra les hizo esta casa a los Kaufmann:


No sé si ha habido clientes más afortunados con sus encargos arquitectónicos, ni más inteligentes para buscar arquitecto. (Sí, bueno, quizá los Médici). Vaya par de casas que se hicieron. Qué barbaridad.

miércoles, 5 de diciembre de 2018

El precursor atrasado

A Miguel Barahona, gracias a cuyas indica-
ciones y advertencias pude hacer esta visita.


He estado unos días (muy pocos) en Praga y he aprovechado para visitar la Villa Müller, de Adolf Loos.
No sé muy bien qué decir, pero al mismo tiempo tengo una especie de necesidad de decir algo de ella.


Está en un barrio muy agradable, a pocos kilómetros al oeste del casco histórico, en una cota elevada desde la que este se ve estupendamente bien.

La casa ha sido restaurada y está muy pero que muy bien cuidada. (Esto daría para otra entrada: El orgullo de cuidar y exponer el patrimonio).

Esta villa es una de las que mejor exhiben la idea loosiana de raumplan: Esa palabra significa plano espacial, y consiste en que los niveles de suelo y techo de cada planta no son constantes. Es decir: Un salón y un comedor están al lado, pero para pasar de uno a otro se suben tres o cuatro peldaños. Cada habitación tiene la altura que necesita.
En unos puntos sube o baja el suelo. En otros el techo.
De este modo, cada habitación tiene su expresión, su luz, su altura, sus vistas, su espacio, y la casa no es una superposición de plantas como las rebanadas de pan de un sandwich, sino una especie de tetris en el que cada pieza encaja de forma quebrada o irregular con las demás.






Como arquitecto friki la casa me gustó mucho. Vamos, quiero decir que me gustó mucho la sensación triunfal de haber cruzado media Europa para llegar a la puerta (fuera del cogollo de Praga) a la hora prevista (pues había que reservar la visita y mi mujer y yo lo habíamos hecho semanas antes del viaje)(1).
Hay un poco de no creérselo del todo. Qué bien. Todo ha salido bien. Aquí estamos, finalmente. Eso os parecerá una tontería, pero para mí no es lo menos importante. He llegado a tiempo, ha coincidido el espacio y el tiempo para rendir el rito y el culto necesarios a la Arquitectura. Podemos proceder.

viernes, 26 de enero de 2018

El despechugue

A Miguel Barahona, que me animó a escribir esta entrada
y hasta eligió el título. Espero estar a la altura esperada.
Y a Eduardo Almalé, por su aportación.


Le Corbusier y Picasso se conocieron en París en los años 1930s y no se soportaron.
Parecían hechos el uno para el otro, pero tal vez por eso mismo se cayeron fatal.

Después de eso, en los 1940s, en el París ocupado por los nazis, hay turbias historias sobre ambos respecto a su actitud más o menos ambigua o "equidistante" entre los colaboracionistas y los resistentes. Ahí no quiero entrar; al menos hoy. Ya se ha dicho mucho y depende de quién lo cuente fueron unos héroes de la democracia y de la libertad o unos miserables pelotilleros. Vamos a dejarlo ahí.

Donde quiero ir es a Marsella, en 1952. Le Corbusier estaba terminando la famosa Unité d'Habitation, que era una magnífica pieza de arquitectura, pero era mucho más, y Picasso quería verla.

Eso he leído en algún sitio: que a Picasso le interesaba mucho el edificio y que fue él quien llamó a Corbu para que se lo enseñara. Pero también he leído que fue Corbu quien seleccionó a unos cuantos famosos y los invitó a la inauguración. Pudieron ser las dos cosas: que Picasso se interesara por el edificio y lo dijera y que Le Corbusier, que era el mayor lince de la propaganda y del autobombo(1) aprovechara la oportunidad y montara la fiesta.

Fuera como fuese, el caso es que el encuentro nos dio esta magnífica fotografía: