Hace pocos años empecé a admirar a Ana Amado sin entenderla. Tiempo después he tenido la suerte de conocerla, la admiro mucho más y sigo sin entenderla.
Me atrevo a escribir sobre ella porque al menos siento una cosa, y esa cosa la siento muy fuertemente y creo que voy a ser capaz de decirla.
Ana Amado es una joven arquitecta gallega que explora la fotografía de una manera muy potente y muy expresiva. Tiene muchas cualidades diferentes con muchas versiones y muchos aspectos; muchas combinaciones (por eso digo que no la entiendo: es inabarcable). Pero de entre todas ellas yo quiero escribir hoy sobre la que consiste en hacerle dar a la arquitectura un paso atrás (que no es de retirada ni de rendición) para que venga al primer plano todo lo que ella posibilita, auspicia, sugiere o incluso impide.
En estas fotografías a las que me refiero la arquitectura no puede dejar de estar. Es imprescindible. Pero casi nunca es el primer plano ni la protagonista. Es arquitectura de verdad; es decir, el ámbito en el que suceden las cosas, pero son estas, las cosas, la vida, las que más importan.