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jueves, 20 de septiembre de 2018

En la muerte de Robert Venturi

Anteayer, 18 de septiembre de 2018, ha muerto Robert Venturi. Pero yo me acabo de enterar y es ahora cuando intento una necrológica muy apresurada.
(O, más que una necrológica, una excusa para decir algo lateral, como de costumbre).


En mi opinión, Venturi, más que arquitecto, es uno de los pensadores y escritores de arquitectura más inteligentes y agudos que ha habido. Su libro Complejidad y contradicción en la arquitectura es un texto obligado para cualquiera que quiera saber algo o pensar algo. De arquitectura y de todo.

Ese libro sigue siendo tremendo, pero hay que recordar que es nada menos que de 1966. Y reformular entonces, con Mies vivo, su famosa frase less is more (menos es más) como less is bore (menos es aburrido) denotaba una dosis notable de valor y de intrepidez. Y también de lucidez.

Con su esposa Denise Scott Brown y con Steven Izenour escribió en 1972 Aprendiendo de Las Vegas, un libro muy provocativo que, a mi juicio, a base de elogiar la confusión y la superposición, acaba por ayudar a la no valoración de nada y a la anulación de lo mejor. Pero esa es solo una opinión mía, que, sumido en mis oceánicas ignorancias, y carente de tantísimos conocimientos, nunca he querido perder mi escasísimo tiempo en aprender nada de Las Vegas.

viernes, 23 de septiembre de 2011

Aprendiendo (poco) de Las Vegas

En el año 1966 el arquitecto americano Robert Venturi publicó un libro fundamental: Complejidad y Contradicción en la Arquitectura. Es un libro de lectura obligatoria, lucidísimo y necesario a más no poder.
Critica con gran inteligencia la Arquitectura Moderna, y es, pues, uno de los primeros pilares (incluso fundacionales) de la postmodernidad arquitectónica.
La famosísima sentencia de Mies van der Rohe "less is more" ("menos es más") es corregida por Venturi en este libro cambiando sólo una letra: "less is bore" ("menos es aburrido"). Un hábil juego de palabras que refleja su forma de ver el problema arquitectónico, y que nos abre los ojos a la opulencia, a la acumulación formal, a la combinación de registros y de tonalidades, a la exuberancia y a la alegría orgiástica.
El funcionalismo no puede ser el ideal. El funcionalismo sólo cree en la racionalidad, en que los edificios respondan al programa, en que sean limpios y nítidos, en que no alojen más que frío cálculo. La gente necesita otras cosas más estimulantes, otras dimensiones por encima de las meramente racionales.
A la austeridad y a la claridad modernas, Venturi opone la complejidad y la contradicción. Y tiene razón. Las cosas importantes de la vida son complejas y se contradicen. La vida misma es compleja y contradictoria, y la gran arquitectura tiene que tener factores de complejidad y de contradicción.
Chapó.
Estoy esbozando muy por encima la caricatura de su libro, pero os recomiendo de verdad que lo leáis, aunque ya tenga cuarenta y cinco años de edad. Sigue estando vigente, y es de una finura y de una inteligencia notables. De verdad que merece la pena, repito.
Lo único malo de este libro es que al final tiene unos infaustos ejemplos de obras de Venturi. Y, cuando uno se ha ido convenciendo durante todos los capítulos de que estaba ante una obra seria, la obra de un hombre inteligentísimo, al final ve con horror la sarta de mamarrachadas que este hombre puede construir siguiendo su evangelio.