viernes, 28 de julio de 2023

Papel cuadriculado

Me acabo de acordar de que hace unos años vino a mi estudio un profesional sanitario a pedirme presupuesto para hacerse su vivienda-consulta.

La traía ya dibujada en plantas sótano, baja y primera en unas hojas cuadriculadas.

¡Mierda! ¡Conocía la técnica del papel cuadriculado! Durante generaciones, durante siglos, los arquitectos hemos guardado celosamente ese, nuestro más preciado secreto profesional, y nos hemos juramentado para no contarlo jamás a los profanos, pero hace unas décadas algunos idiotas se fueron de la lengua y ya se ha extendido hasta un punto de no retorno y de pérdida absoluta de control, lo que ha devenido en el actual colapso de nuestra profesión.

Sí: nuestra otrora digna y respetable profesión está muerta. Ahora ya cualquiera puede dibujar los planos de un edificio, y por lo tanto ya no nos necesita para nada.

miércoles, 19 de julio de 2023

Arquitectura con clac (y 2)

Dedicado a Eduardo Almalé, detective infalible,
y a Enrique Parra, que se emocionó en el Panteón. 


Josep Quetglas, a modo de provocación, escribió que "solo los [arquitectos] torpes viajan a ver arquitectura". Vamos, que no entendía por qué ni para qué viajamos a tal fin. Señalaba que es una pérdida de tiempo, un gasto innecesario, una confesión de incapacidad o incluso de estulticia. ¿Es que acaso no sabemos leer un plano? ¿Es que no somos capaces de hacernos una perfecta construcción mental al estudiar plantas, alzados y secciones? Pues vaya una porquería de arquitectos que somos.

El texto de Quetglas sobre los viajes.
Impagable documento conseguido por Eduardo Almalé

Yo, como todos mis colegas, sí que sé hacerme una construcción mental de un edificio viendo sus planos; lo "entiendo"; pero "vivirlo" es otra cosa. Tengo que experimentarlo. Con los planos lo entiende mi cerebro, pero al visitarlo lo siente mi corazón(1)

Por ello, y lamentándolo mucho, me voy a limitar a comentar solo algunos de los (escasos) edificios en los que he estado(2).

¿Hay arquitectura que tenga un clac, una articulación, una clave, que dé sentido a su espacio y a su idea?, preguntaba el otro día. Y me respondía que sí.

miércoles, 12 de julio de 2023

Arquitectura con clac (1)

En algunas obras "narrativas" (cine, novela, teatro...) hay un clac que articula la historia, un chispazo que o bien le da un giro a todo o bien lo hace avanzar definitivamente hacia la resolución. Es un clac lúcido, en el que el lector o espectador es sacudido por una sorpresa o por un relámpago de lucidez que de pronto lo explica todo.

(A veces este ya lo sabe, y ese clac a quien sacude es a uno de los personajes, que entonces reacciona de una forma que desencadena toda la trama).

Pongo algunos ejemplos: Empiezo por el que creo que es uno de los planos más prodigiosos de la historia del cine, en el que salta un clac gigantesco.

Se trata de El Apartamento, de Billy Wilder. El protagonista, C.C. "Bud" Baxter, asciende en su empresa (una compañía de seguros), pero no por trabajar mucho y eficientemente, como hace y merece, sino por un motivo vergonzante. Sea como sea lo consigue. Entra en el Olimpo de los directivos, y para celebrarlo se compra un sombrero hongo muy elegante. En seguida se lo muestra muy satisfecho a la ascensorista de la empresa, Fran Kubelik, de la que está secretamente enamorado. Ella se lo ladea un poco y le presta su espejito para que vea el efecto, y lo que él ve es que el espejo está roto.

viernes, 7 de julio de 2023

No es solo talento

En esta entrada voy a ser un poco como la zorra aquella de las uvas, un personaje de Esopo que no me gusta nada, a quien sufro de vez en cuando y de quien siempre procuro huir. Es un ser abominable que disimula su envidia con desprecio y se hace así triplemente repugnante por envidioso, despreciativo e hipócrita. Espero no serlo mucho y poder salir airoso de ese siniestro estado que me corroe.

La zorra y las uvas
Ilustración de Milo Winter, 1919

Este estado se debe a que soy un arquitecto mediocre (queda mejor decir "mediano") y sin talento. Creo que un buen profesional, que no es poco, pero tampoco nada más.

Conozco a algunos verdaderamente notables. Siempre he tenido relación con varios; los he visto trabajar y se me ha caído la baba. Hacen una arquitectura francamente buena, que me gustaría muchísimo ser capaz de hacer yo. Tienen un talento innegable, pero no es solo talento. Tienen una cualidad muy superior: una determinación y una seguridad tal en lo que hacen y en lo que proponen que nadie puede ponérseles por medio.

Son arquitectos poseídos por una pasión febril, y siempre dispuestos a sufrir, a trabajar más, a no conformarse con ninguna solución estándar, a buscarle tres (o cinco) pies al gato, a no acomodarse jamás y a asumir riesgos. Y a hacérselos asumir a todos en beneficio de su sacrosanta obra.