El día 5 de julio de 2010 nació este blog con
esta primera entrada. Por lo tanto, hoy cumple diez años.

Empezó llamándose "Arquitectamos locos?", sin signo de apertura de interrogación, pero no fue por postureo, sino porque había diseñado uno muy aparatoso, al modo de las letras capitales de los amanuenses, que quise insertar delante y no supe. Y ya se quedó así. Al cabo de años puse el que veis. Lo que no quité fue la tilde de "sólo", que poco a poco, obediente aunque disconforme con la Academia, voy suprimiendo con esfuerzo en mis escritos. Pero en esta cabecera no he querido quitarla; al menos por ahora.
¡Diez años ya! Las primeras entradas las escribía en word y luego las insertaba aquí porque no sabía que se podía editar directamente. Tampoco sabía que se podían insertar imágenes, ni nada de nada.
Tenía cuatro seguidores, amigos y compañeros de Toledo y uno de Las Rozas (saludos si me seguís leyendo), a quienes mandaba un correo electrónico cada vez que publicaba una nueva entrada.
Y desde entonces hasta ahora. Diez años que por una parte parecen un suspiro y por otra casi una vida entera.
He celebrado ya aquí sus primeros cinco años, su primer millón de visitas (por cierto, acaba de llegar al millón y medio), etc, y siempre he contado lo mismo: las grandes alegrías que me ha dado y que me sigue dando, la cantidad de buena gente que he conocido, las oportunidades que he tenido, los eventos a los que me han invitado gracias a él... Todo estupendo. Lo empecé al poco tiempo de cumplir cincuenta años, sintiéndome un hombre derrotado, y ahora tengo sesenta y estoy renacido.
Pero hoy no quiero seguir por ahí. No quiero contaros las buenas cosas que me ha traído el blog ni lo encantado que estoy con él. No, que me pongo ya muy cansino y luego me regañan.
Por ejemplo: El otro día, como digo, he llegado al millón y medio de visitas. Lo he contado en las redes y mucha gente me ha felicitado; entre ellos, mi amigo de Facebook
Carlos Bento Company me ha hecho este gracioso meme:
Gropius, Corbu y Breuer: Fans.
Me ha encantado. Me he hinchado como un pavo. (Uy, como un pavo; qué más quisiera: Como un hipopótamo).
He puesto en seguida esa imagen en Twitter (Carlos Bento no lo trabaja) y por ella han seguido felicitándome, hasta que...
¡Zas! ¡En toda la boca! Es verdad. Y entonces he humillado las orejas y me he dado cuenta de que este blog es totalmente insignificante e inane. Me da alguna satisfacción banal y un nocivo sentimiento de plenitud, como si fuera algo importante. No lo es. En realidad no me sirve para nada.
Por ejemplo: