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miércoles, 25 de octubre de 2023

El sentido de la arquitectura (y II)

El otro día corté mi discurso y la verdad es que no sabía exactamente cómo lo iba a terminar. Ahora, pasados unos días, ya no tengo ni idea.

Quizá tomé un mal ejemplo con las Torres de Colón. O, mejor dicho, esas torres son un magnífico ejemplo de muchas cosas, pero lo que hice mal fue poner ese título. ¿Qué sentido tiene la arquitectura? Muchos, muchos sentidos, pero precisamente en este caso no lo sé muy bien, porque, como dije, las riendas las ha tomado la ingeniería, y ha hecho (está haciendo) muy bien su trabajo.

En todo caso podría decir que la ingeniería hace muy bien lo suyo aunque todo el conjunto sea más que discutible. ¿No sería precisamente ese el papel de la arquitectura en este asunto: diseñar una buena solución, darle argumento y contenido a todo ello y pedirle a las ingenierías (estructuras, instalaciones) la ayuda necesaria para llevarlo a cabo? ¿Puede hacer algo la arquitectura, atrapada entre la normativa, la tecnología y los ambiciosos deseos de los propietarios?

jueves, 2 de febrero de 2023

Dos hitos, dos mojones

Quiero comentar aquí dos episodios paralelos y creo que muy aleccionadores para todos, pero especialmente para los arquitectos, que muy a menudo nos presentamos a concursos y que, de una u otra manera, siempre estamos sometiendo nuestro trabajo a la aprobación de los demás. 

Lo voy a ejemplarizar con dos carteles que creo que son dos hitos, dos piedras miliarias, dos mojones, dos referencias en el camino de la creación y de la apreciación de la obra de los diseñadores por el público.

Ruta de los mojones. Pina de Ebro (Zaragoza)

El primero de ellos es el de la tradicional Fiesta de la Aceituna de Martos (Jaén). Para elegir el del año 2022 se convocó un concurso, como cada año, y lo ganó la artista fuenterrobleña Silvia Viana Chaves, una ilustradora con mucha experiencia y con una gran potencia expresiva.

Hizo un cartel que a mí me parece muy sugerente (y se ve que al jurado también): un gesto insistente de rayar y rayar con lápiz de color aceituna en un movimiento elíptico, obsesivo, directo y brutal, para recordar la forma de una aceituna. Y, sobre este grafismo elemental y a la vez frenético, una buena tipografía en rojo y negro y los logos exigidos.

Ya está. Todo intención. Pura sencillez y potencia:

Silvia Viana Chaves, cartel ganador de la
XLII Fiesta de la Aceituna de Martos (Jaén)

domingo, 1 de mayo de 2022

Vestido de nazareno

No tenía intención de continuar la entrada anterior, ni la planteé como primera parte de nada, pero en ella comenté de pasada que hacía no mucho tiempo Norman Foster era un huracán que se remangaba la camisa y dije que alguna vez lo contaría aquí si no lo había hecho ya. (Obviamente, en seguida alguien me pidió que lo hiciera).

Suelo escribir tan compulsivamente que ni me paré a comprobarlo antes de publicar esa entrada. Lo hice después y vi que no lo había contado, así que creo que está bien hacerlo ahora. (También vi que no se remanga la camisa. La memoria es engañosa y, al menos en mi caso, magnifica las escenas y las hace más épicas aún de lo que ya son).

Titulo esta entrada "vestido de nazareno" para completar el dístico de Machado que transcribí el otro día, aunque los títulos resultan ahora cruzados. Hoy cuento lo del trueno y la semana pasada dije lo del nazareno.

Foster sin chaqueta y con el rotu gordo

En mayo de 2012 la empresa L&L Holding Company invitó a once estudios de arquitectura de fama internacional para que presentaran ideas para un rascacielos de oficinas que pretendían construir (conservando el 25% de la estructura del edificio existente(1)) en el número 425 de Park Avenue, en Nueva York. De esos once quedaron cuatro finalistas: Foster + Partners, Rogers Stirk Harbour + Partners, OMA y Zaha Hadid Architects, y se les pidió que participaran en una segunda vuelta para ver a quién le encargaban el proyecto.

Esa ronda final se filmó y tenemos a nuestra disposición un documento valioso de cómo venden sus dotes y sus cualidades tan grandes estudios. Vamos a verlo un poco(2).

lunes, 25 de abril de 2022

Aquel trueno

El otro día el perfil de instagram officialnormanfoster ha publicado esta foto:

Y me ha dado mucha envidia. ¿Os cuento por qué? Creo que es fácil, pero aun así os lo voy a decir. Lo primero es que está trabajando en su casa. Tiene un enorme estudio en Londres (y en más sitios, claro) en el que trabajan cientos de personas, pero él está trabajando en casa. Lo segundo es que menuda casa tiene que tener, a la vista de lo poco que se atisba. ¿Habéis visto esa pradera al fondo, y esos árboles? Tanto espacio, tanta luz, tanta blancura. Lo tercero es la camisa rosa: Recién lavada y recién planchada; fresca, cómoda, ligera. No es la camisa, claro; hasta ahí llego (es a lo único que llego); es la ausencia de metro, de autobús, de prisa, de sofoco, de sudores camachiles. Veo (creo ver) que se ha levantado, ha hecho algo de deporte ligero, se ha duchado, ha desayunado una tostada con mermelada de arándanos, un zumo de naranja y un café con leche y se ha quedado tan a gusto. Yo no estoy así ni en vacaciones. Yo salgo de la ducha y ya estoy más sucio y más sudoroso que él. Lo cuarto es que está trabajando con una paz envidiable, sin teléfono, sin correo electrónico, sin molestias de ninguna clase. Lo quinto es que está trabajando en algo muy bonito y gustoso: coloreando delicadamente un dibujo, y no contestando a un requerimiento o algo así. Y lo sexto, y corolario de todo lo anterior, es que no está trabajando.

Está coloreando, sin salirse de las rayas, una perspectiva de la parte inferior de un edificio. Alguien la ha dibujado en cad y la ha ploteado, y el jefe la colorea con lápices. Un trabajo perfectamente inútil.

Quien le lleva el instagram ha insistido y nos ha mostrado la escena desde el otro lado:

Pues bueno, pues vale. Estupendo. Miradle qué aplicadito y qué mono.

Norman Foster está desde hace muchos años en un plan de 

Se hace fotos en su unicornio gigante flotante, o esquiando, o conduciendo coches de lujo, o lo que sea. Siempre algo más allá de cualquier sueño humano. Pero esto de dibujar en casa, que es con mucho lo más asequible para todos, se me antoja lo más sacachorrero: "Hala, hala, trabajad, que yo estoy aquí tan a gusto con mis cositas".

Y eso precisamente es lo peor de todo: Él está ahí con sus cositas mientras un montón de gente trabaja en un proyecto en el que él, alejado en su casa, coloreando con sus lápices, no participa en absoluto.

lunes, 4 de octubre de 2021

La venganza

En el delicioso, divertido y aleccionador libro Tendencias Compulsivas, José María Echarte nos cuenta, entre otros episodios delirantes, el del contrato de Norman Foster con la Comunidad de Madrid para aportar su grano de arena a la Ciudad de la Justicia, por el que cobró una cantidad impresionante de dinero a cambio de unos meros dibujos iniciales que finalmente no cuajaron en nada(1).

El autor del libro, visiblemente emocionado por semejante heroicidad escribe: "Norman, eres mi ídolo". Yo añado: "Gracias, Norman. Nos has vengado a todos. Nos has vengado, además, ante una política que nos odia. Y, de entre todos nosotros, has vengado especialmente a Ventura Rodríguez. Solo por eso me descubro ante ti".

Ventura Rodríguez fue un arquitecto importantísimo: Lo pintó Goya, tiene sello de correos y tiene estación de metro en Madrid. Esas son tres señales inequívocas de haber triunfado en la vida. Y sin embargo... 

Sin embargo siempre me queda la sensación de que anduvo a salto de mata, tapando agujeros, poniendo parches a encargos urgentes y mucho más tontos y anodinos de lo que su enorme talento merecía. Poco más y me lo imagino proyectando la reparación de un canalón, urgido a ello por el poder, que le negaba proyectos mucho más importantes y lucidos para que no le distrajeran de estas cagadas siempre perentorias.

Tras unos inicios muy prometedores, los reyes lo apartaron de las mejores obras para dárselas a algún arquitecto francés y a alguno siciliano. Pero, eso sí, él hacía un vallado, una puerta, una isleta para plantar en ella a La Cibeles... En mi opinión, chorradas indignas de él.

viernes, 3 de enero de 2020

La estrella y el penalti

No sé si habrá habido alguna vez alguien más torpe que yo en los deportes. Seguro que sí, porque somos muchos en este mundo y tiene que haber de todo; pero habría que buscar con muchísimo cuidado y muchísima paciencia para encontrar a una persona que me superara en patosidad y en descoordinación motriz.

Mi drama fue que, en vez de odiar y despreciar el deporte como hacen por legítima defensa todos los negados para él, a mí me apasionaba. Yo habría dado... no sé ni qué habría dado por jugar bien, por ser competente, por que al echar a pies me pidieran de los primeros.

-A Igual.
-A Hortigüela.
-¡A mí, a mí! -gritaba yo.
-A Petite -seguía imperturbable uno de los capitanes.
-A Sobrino -decía el otro.
-¡A mí, a mí! -insistía yo.
Pero nada. No me elegía ninguno.
Al final yo era el único que quedaba, y el capitán que tenía ese último turno decía con tono de asco y resignación:
-A Correa.

Y yo era feliz, porque por fin me habían alineado; y me entregaba al partido. Las fallaba casi todas. Subía y bajaba corriendo sin eficacia alguna. Sudaba y acababa con la cara retinta, jadeante, sin haber hecho otra cosa que estorbar a los míos y no molestar en nada a los contrarios. Un desastre. Una rémora.

Era tan inútil y me perdía tantos partidos y tantas oportunidades (a menudo los capitanes consideraban que el cupo estaba cubierto y los más torpes nos quedábamos sin jugar) que tomé la heroica decisión de ser portero. Tampoco es que fuera bueno en eso, ni mucho menos, pero como nadie quería serlo y yo me ofrecía empezaron a contar conmigo más asiduamente. Y yo tan contento.

Lo de ser portero era tremendo: Te pasabas minutos y minutos sin hacer nada, aburriéndote tú solo, sin participar en el juego ni en las tensiones de tus compañeros (el portero de fútbol ha sido siempre un personaje extraño), y de pronto se acercaba un adversario, te tiraba un chupinazo que ni veías venir y gol.

Contado así no parece apasionante, pero para mí lo era por el mero hecho de estar ahí, de formar parte del equipo y de su épica. En cuanto a los demás, como la otra alternativa era poner en la portería a alguien que iba a estar a disgusto y que era mucho más útil en cualquier otra posición, aceptaban que estuviera yo, que me lo tomaba con entusiasmo y me tiraba planchazos al suelo y todo, y, aunque casi todas entraban, alguna llegaba a parar.

Con el tiempo y mi gran voluntad y entrega llegué a ser, si no bueno, al menos pasable. Y ocupé ese puesto de portero casi con dignidad.

Foto sin acreditar, obtenida en

Jugábamos en la vaguada del arroyo Abroñigal, debajo de un puente, años antes de que hicieran la M-30. Competíamos espontáneamente entre nosotros o contra cualquier pandilla que se prestase a dar unas patadas al balón.
Pero un día llegó mi oportunidad de brillar. Le jour de glorie est arrivé. Jugamos un partido de verdad en un campo de fútbol de verdad contra un colegio de campanillas. Yo me sentía como El Gato de Odessa. ¡Qué emoción!

El otro equipo era mejor que nosotros, pero nos defendíamos con dignidad. Hice alguna parada fácil y mantenía impenetrada mi portería. Pero la presión de ellos era alta y, en un ataque suyo, uno de mis compañeros no fue capaz de sujetar a quien llevaba el balón y le arreó una buena patada. Penalti.

A mí, lo confieso, ese castigo me emocionó: Era la oportunidad de lucirme. Los héroes épicos surgen en momentos como ese. ¿Y si lo paraba? Sería el héroe de mi equipo; sería finalmente un buen futbolista; me ganaría el respeto y el prestigio de una vez.

Sí: Estaba dispuesto a volar, a lanzarme sin miedo, a estrellarme contra el suelo con el balón atrapado en mis manos, aunque me pegara un buen golpe, aunque me doliera mucho. Lo iba a lograr. Iba a ser el momento más importante de mi vida. (Al menos de mi vida deportiva, que hasta ese momento, como digo, había sido nula).

jueves, 8 de diciembre de 2016

El Prado sin prado

Le dedico esta entrada, con más miedo que vergüenza,
al siempre lúcido Jaume Prat.
También a mi amigo Pablo, amigo del museo, que me invitó
y me acompañó, y me ayudó a abrir los ojos en muchos detalles,

El otro día fui al Museo del Prado con mi amigo Pablo. Hacía muchos años que no iba; tantos que ni siquiera había visto la ampliación de Moneo (que, por cierto, no me pareció nada de nada: unas cuantas salas dispuestas para exponer, una escalera larga, unos ascensores, unos aseos... o sea, lo correcto; no sé si es para tanto, pero tampoco sé si se puede hacer mejor).
Vimos las exposiciones temporales de la metapintura, de José de Ribera y del Maestro Mateo. Fantásticas pero agotadoras. De pie derecho (y a "paso museo") más de cuatro horas. Me dolían las piernas y la espalda. Y aún tuvimos humor (y Pablo la paciencia) de subir al claustro elevado (operación pop donde las haya) de los Jerónimos para ver la exposición de las ocho propuestas finalistas para la nueva ampliación del museo, consistente en la adaptación del Salón de Reinos.
Digo todo esto para ponerme el parche antes de la herida y para pedir disculpas antes de opinar. Estaba agotado, y el análisis de los paneles requería una atención, una lucidez y un tiempo que no tenía. No obstante sí que pensé un par de cosas, y como soy un inconsciente y un irresponsable las voy a decir aquí.
Creo, para empezar, que se trata de un concurso imposible, en el que el planteamiento es más que discutible, por no decir directamente que es erróneo. Se está constituyendo un grandísimo museo por adición de cagaditas. Por lo tanto, da igual cómo se resuelva cada cagadita: son cagaditas.
El Salón de Reinos no es una gran obra arquitectónica (ni siquiera es muy buena), y no es digna del Museo del Prado. A este paso, si el museo va necesitando nuevos espacios podría ir adquiriendo cualquier local -un Palacio del Pollo Asado, un Museo del Jamón, un McDonald's...- e ir convocando concursos de arquitectura a los que se presentarían las más grandes eminencias.
Dicho lo cual, cualquiera de las ocho propuestas que se exponen me ha parecido bastante más digna que el edificio original, y a la vez todas absolutamente inútiles. Pero no es culpa de los arquitectos que las han presentado. Ha sido la convocatoria del concurso, las bases mismas, que no permitían solución.

Croquis muy elocuente e inteligente de la propuesta ganadora,

No puedo analizar una por una. Sí diré que el croquis a mano alzada de Foster-Rubio me ha parecido inteligente y pícaro, muy elocuente y muy atractivo ante tanto render 3D y tanto exceso. El gesto casi para niños, dibujando hasta la manita que quita la cubierta y la que quita dos forjados como si fueran dos naipes o dos tarjetas rojas, me ha parecido encantador, y hábilmente dirigido a un jurado cansado y saturado.
La propuesta de B720-Chipperfield me parece muy elegante, pero flojita; la de Souto-Hernández-Riaño magistral, pero como es magistral un arpegio de Bach, apenas un distraído y automático do-mi-sol-do. Es Bach, sí, pero no es la Pasión según San Mateo, sino un mero borrador, un apunte. Cruz y Ortiz también muy elegantes, como siempre... Sí: todas las propuestas son muy buenas, pero...

Pero la consabida fachadita sur es lo de siempre, la "plaza" que relacionaría en superficie el Museo inicial, la ampliación de Moneo, el Casón y este Salón del Reino es anodina -interesante la de SoutoHdezRiaño y escamoteada astutamente por FosterRubio-, y la relación subterránea entre todo ello, que a mi juicio sería la verdadera clave de cada propuesta, es evitada concienzudamente.

En la primera pasada los paneles de OMA me parecieron una salida de pata de banco. Pero reflexionando un poco me parecen los más coherentes con la incoherencia de todo el planteamiento, y si pecan de algo es de ser demasiado comedidos y de haberse quedado cortos en su pretendida provocación. Al final se peinan, quitan los codos de la mesa y hasta bendicen los alimentos que todos vamos a tomar.

Seguramente el Museo del Prado sea un problema sin solución -como lo son el Louvre, el Metropolitan, el British...-, un monstruo imposible, un terrible acúmulo del talento de la humanidad. ¿Cómo se hace un museo así? ¿Cómo se le da sentido en esta época en la que el mero atesoramiento de obras de arte y su exhibición no tienen ya tanto sentido como antaño?
Yo solo veo dos modelos de museos, y los dos me parecen muy problemáticos:

Uno sería el mamotreto monstruoso, con hectáreas y hectáreas construidas, y con previsión de más y más hectáreas ampliables. En este caso no tiene mucho sentido conseguir esa inmensa mole por adición de edificios separados que se ligan mediante galerías subterráneas. (Y, repito, ahí el verdadero proyecto son esas galerías, que en este concurso no se ven). Sería mucho mejor hacer un grandísimo edificio de nueva planta. Tal vez aún se podría reconsiderar lo de la Peineta para el Atleti y adaptarla y requeteampliarla para Museo del Prado. O hacer por fin el gran EurovegasPrado, o el inmenso ParqueWarnerPrado, en algún municipio del sur de Madrid. En el Quiñón de Seseña quedaría de miedo un enorme PoceroPrado.

El otro sería hacer ese Museo del Prado en sedes dispersas, repartidas por toda España. Un verdadero Museo Nacional del Prado. Cada sede podría tener unos fondos fijos y existir además un gran fondo circulante, o bien que todo el fondo del museo fuera circulante a base de exposiciones temporales que se alternarían con actividades culturales, conferencias, ciclos de cine y de teatro, festival de jazz renacentista y lo que hiciera falta. Quiero decir hacer un museo marca, una especie de SuperGuggenheim, un Prado sin prado, sin el cateto Salón del Prado al que los madrileños (bizarrísimas damas y bien dispuestos caballeros) salían a pasear sin daños ni perjuicios, ni deshonestidades.

Qué viejo es todo esto, qué paleto. (Por cierto, que veo en los paneles esos cuartetos de cuerda callejeros, esos caminantes bizarrísimos, esos señores y señoras principales y noto el tufillo chulapón y castizo, y me da tiritona).

Siempre me pasa igual: Me lanzo a escribir, me entusiasmo y me pongo a disparatar. Sólo quería decir que sí, que un concurso de arquitectura más, que vigas blancas de gran canto y cerchas vistas a lo povera (junto con la más pija sofisticación), o dobles alturas con vigas en equis allá arriba, o estucos malvas, rosas, blancos, o cubiertas de chapa o de policarbonato, o chapados de granito o de uglass, o de hormigón blanco.
La verdad es que sí, que todo es muy bonito y que los arquitectos concursantes han hecho buenos trabajos.
Permanezcan atentos a las nuevas ampliaciones. Cuando lleguen a la Puerta de Alcalá va a estar muy bien.


(Si te ha gustado esta entrada clica el botón g+1 que aparece debajo. Muchas gracias).

jueves, 15 de enero de 2015

Kitschpectáculo

Los arquitectos nos quejamos de la arquitectura espectáculo, pero todos vivimos en un espectáculo total. Todo es espectáculo. ¿Cómo no iba a participar también la arquitectura en él?
Cada vez es más frecuente que en las noticias de la tele nos hablen de un "espectacular accidente", o de un "terremoto espectacular", o de un "atraco espectacular".
Es decir, esas desgracias (accidente, terremoto, atraco) nos son propuestas a todos nosotros como elementos de diversión. Todo es un espectáculo. La muerte y el hambre. La tragedia. La usura, la crueldad, la enfermedad, el mal. Todo.
A eso se reduce todo: a espectáculo.
Tal y como lo dicen en las noticias, se conoce que en tal país han muerto cientos de personas sólo para que nos divirtamos, ya que, según nos dice el pedropiqueras de turno, la matanza ha sido "espectacular".
"Espectacular" es lo propio del "espectáculo", y un "espectáculo" es una función o diversión pública.
(Sí, ya sé que el DRAE ha terminado por admitir también la desviación que yo estoy denunciando, pero el DRAE es un notario que va glosando -con retraso- los crímenes que se van perpetrando contra nuestra lengua).

Entonces, si hasta las matanzas, las guerras y los genocidios son ya espectaculares, ¿por qué no iba a serlo la arquitectura, que tiene muchos más motivos y más razones para ello?

Como ya comentamos hace poco, Frank Gehry se enfadó porque le dijeron que su arquitectura era espectáculo. Pues claro que lo es. ¿Cómo no iba a serlo?

Así se puso Frank Gehry cuando le hablaron de arquitectura espectáculo

La gente va a Oak Park a ver las Prairie Houses, o a Sidney a ver la ópera, o a Ronchamp, o a Nueva York o a Barcelona para ver edificios y plazas. ¿Por qué no iba a ser un espectáculo la arquitectura?
Claro que lo es. Es una fuente de diversión, de alegría y de placer. Pues qué maravilla y qué bendición.
Otra cosa es cuando la arquitectura es sólo espectáculo, y además malo: del nivel de "Humor amarillo" o "Sálvame de Luxe".
Puesta a ser un espectáculo, podría ser uno mejor.

El problema no es que la arquitectura sea espectáculo; el problema es que cuanto peor espectáculo es a más gente gusta.
Claro, que eso no le pasa sólo a la arquitectura. Lo mismo sucede con la novela, con la canción, con el cine... Lo malo es constatar que la aceptación popular va en sentido contrario a la calidad de las obras.

Señor Ghery: Cuando alguien hace esto

Frank Gehry, Clínica mental en Las Vegas
(Por si necesitabas una temporada de reposo: Pues te fastidias)

no puede pedir respeto después, ni enhestar el dedo corazón de la mano derecha mientras lanza miradas de monja cabreada a quien, honradamente, le ha preguntado por su arquitectura espectáculo.

Es curioso: Si te dicen que tu arquitectura es espectáculo te cabreas, pero si te dicen que es espectacular te sientes muy honrado.
-Señor Gehry: Ha hecho usted una clínica espectacular.
-Muchas gracias. (A ti no te levanto el dedito).

Incluso salvadores de la patria que propugnan una nueva sociedad ideal y revolucionaria acaban cayendo ante el espectáculo.

El rey desnudo y su sastre

Y en países que tienen serios problemas de abastecimiento y donde se nos cuenta (seguro que son insidias imperialistas) que carecen incluso de papel higiénico (por ejemplo) a sus dirigentes no les tiembla la mano para encargar arquitectura espectáculo. (O, si lo preferís y lo veis mejor, arquitectura espectacular).

El cine es puro espectáculo. El problema es que alguien considere espectacular Pepito Piscinas. Y también que valore la calidad de una película sólo por el número de helicópteros y aviones estampados.

miércoles, 7 de mayo de 2014

And the winner is...

Acabamos de enterarnos de que el frepstiguioso Premio Príncipe de Asturias de las Artes ha recaído en el frepstiguioso arquitecto Frank Gehry.
Creo que Gehry es un arquitecto que empezó haciendo cosas muy interesantes y que, como todos los arquitectos-estrella, ha terminado banalizándose y autocopiándose. Vamos, lo normal.
Pero esto ahora no viene al caso.
Pienso en la supuesta utilidad social que puede tener tal competición de egos. Y en el papel (un tanto desangelado) del "arquitecto ganador". También me interesaría saber con qué criterios se hacen esas cosas. Hombre, está claro que prima la relevancia social y el forofismo antes que cualquier otra cosa. (Pero eso pasa en este premio, en el Nobel y en todos).
Puestos ahí, en la palestra, con sus virtudes al aire, para ver a quién se escoge como vencedor, dan un poquito de grima.

Uno de esos concursos más o menos culturales que hace Tele 5.
(El presentador parece que ya ha elegido ganador).

En RNE han dado la noticia, y han dicho que Gehry se suma a la lista de arquitectos que han ganado el Príncipe de Asturias, como Niemeyer, Moneo o Foster. No pretendía ser una lista exhaustiva: El locutor los ha citado como a vuelapluma. Se le ha olvidado Calatrava (supongo que voluntariamente) y Oiza (supongo que ni lo conoce).
Lo primero que he pensado es en lo ensordecedor que era el silencio del nombre del valenciano, y en lo desubicado que estaba el navarro en esa lista de glamurosos.
Lo segundo que he pensado es en cómo se podría estructurar y articular el discurso de la arquitectura contemporánea ensartando estas figuras como cuentas de un collar: Niemeyer-Oiza-Calatrava-Foster-Moneo-Gehry (por orden de concesión del premio). Un poco caótico, ¿no?
Si vemos la lista completa también nos parece caótica, y no entendemos nada. O sí. Entendemos que esto es otra cosa. Y que no podemos pretender que sea lo que no es.
Contamos, para empezar, con que en estos premios los españoles llevan un plus. Naturalmente. De seis arquitectos mundiales tres son españoles. ¡Nos ha fastidiado! ¡Que inventen los Premios Príncipe de Beukelaer si quieren premiar a arquitecos beukelaerenses!
La composición del jurado, y la meliflua redacción del acta nos hacen pensar (una vez más) en el discurso automático y en las cabezas vacías. (No lo digo en el sentido de que los miembros del jurado sean bobos -por el contrario, son enormemente listos- sino en que, al parecer, la arquitectura no les interesa especialmente, y en que es un tremendo marrón explicar algo que no tiene fuste, y la cabeza se les queda horra de ideas ante el compromiso de a ver qué coño dicen).

viernes, 31 de enero de 2014

¿Algún voluntario para defender a Calatrava?

Hasta hace cuatro días Santiago Calatrava era el orgullo de la profesión, el objeto de deseo de los alcaldes, el yerno perfecto, el mago de la forma, el artista genial.
Era el gran arquitectingenierescultor del mundo. El megaestrella de las estrellas. El alfa y el omega.
¡Guau! ¡Cómo era! ¡Qué tío!
Y ahora, como por ensalmo, ha pasado a ser un apestado, el peor arquitecto del mundo, el ingeniero impresentable, el horror.
Nadie le quiere (ahora), y nadie pierde la ocasión de mencionarle para ponerle a parir, venga o no venga a cuento.
(Por ejemplo, en un ruborizante artículo de Vicente Verdú en el que se elogia a Foster hasta la vergüenza ajena -se menciona incluso lo bien que folla-, se aprovecha de paso, sin ton ni son, para decir que Calatrava es "un gran masturbador". Y así todo).

Uno se queda de piedra leyendo estas cosas.
Y constata, por enésima vez, lo miserable que es la gente.
Ya sabemos que siempre, bajo cualquier circunstancia, todo el mundo acude corriendo en socorro del vencedor. Nunca hay suficientes alabanzas, suficiente coba, peloteo y baboseo. Calatrava conoció esto y lo disfrutó. ¡Mas ay de ti si caes! Todo lo que era adulación y repugnante halago se vuelve un no menos repugnante insulto, desprecio, burla.

¿No era tan bueno Calatrava? ¿Dónde estáis los que llenabais páginas de ditirambos, los que le dedicabais monografías laudatorias? ¿Dónde os habéis metido los que le disteis el Premio Príncipe de Asturias? ¿Los que llorabais porque no estaba en vuestra mano darle el Premio Nobel, la UEFA Champions League o el Oscar? ¿Dónde os escondéis ahora?
¡Ah, que no os escondéis! ¡Que no sólo no os escondéis avergonzados sino que ahora hacéis chistes sobre él y le sacáis motes! ¡Ah!
Claro: Sois los mismos. Quienes corréis siempre presurosos a socorrer al vencedor sois los mismos que le tiráis a la adúltera la enésima piedra. Nunca la primera piedra; eso jamás; eso es arriesgado. La trigésima quinta, y sólo cuando ya esté muy malherida y, a poder ser, moribunda.
Así sois. Qué asco.

La prestigiosa revista EL CROQUIS -para una explicación urgente de lo que entiendo por "prestigiosa" en este contexto puedo decir "cara"- le dedicó a Calatrava dos números monográficos tipo tochaco: El nº 38 y, años después, el nº 57.


Dos monografías elogiosas, en las que sólo había unas palabras tímidas (y valientes) de Fernández Ordóñez que hacían alguna leve crítica (por otra parte bastante contemporizadora, pero es que le llamaron para que alabara, y al menos no lo hizo descaradamente).
Bueno, pues después de esos dos números monográficos llegó el éxtasis cuando EL CROQUIS los fundió en uno solo. El magno (y ya carísimo) 38+57.


Todo un despliegue editorial.
Fue hace tiempo. Tanto que no les queda ni un ejemplar. Nada. Si clicáis aquí y escribís CALATRAVA en el buscador no aparecerá nada. Sólo falta que os conteste: "¿Quién es ese? Por aquí no le conocemos de nada". Está descatalogado. Hombre: Era entonces tal objeto de deseo, y el colectivo de arquitectos tenía entonces tanta pasta, que supongo que se vendió absolutamente todo. Pero también imagino que si quedó algún ejemplar en el almacén lo habrán tirado por el váter.
Quienes antes le jaleaban ahora le niegan no sólo tres veces: Mil veces.

jueves, 7 de octubre de 2010

Fosteritos

Por alusiones a los comentarios de fsuarez (Francis), os muestro algunos fosteritos bilbaínos.
(Me acabo de llevar un disgusto, porque he perdido todas mis fotos de Bilbao. En uno de los trasiegos de disco duro a disco duro debí de borrar la carpeta de mi ordenador sin asegurarme de que la copia estaba bien hecha. Así que saco las fotos del google. Perdonadme si estoy un poco nervioso y cabreado conmigo mismo. Aunque esto de las fotos y de su pérdida me da ideas para una entrada; pero será otro día. Ahora no estoy de humor).


Los fosteritos son las bocas de entrada al Metro de Bilbao, diseñado por Norman Foster. Son sencillos e ingeniosos, y funcionan muy bien. Están repartidos por toda la ciudad. Tienen además la virtud de ser muy reconocibles y de tener eso tan difícil: carácter.


Su estructura recuerda el cuerpo de los ciempiés, de las cochinillas y (dejémonos de tonterías) de las cigalas. Los sucesivos anillos se adaptan a la curvatura y crean un tubo orgánico. El resultado es elegante, y a la vez nos muestra su génesis estructural. Su funcionalidad es su estructura. Para mí es un ejemplo perfecto de arquitectura.

domingo, 3 de octubre de 2010

Norman Fostaaaa firmará autógrafos a sus fans

El celebérrimo arquitecto británico Norman Foster (pronúnciese Fostaaa, y a ser posible haciendo un glisando descendente de Do a Mi) firmará ejemplares del catálogo de la exposición Norman Foster Drawings 1958-2008 el martes 5 de octubre, única y exclusivamente de 18:00 a 19:00 h en Ivorypress Art & Books, C/. Comandante Zorita, 48, 28020 - Madrid.
Se recomienda a los interesados que acudan al lugar hacia las 11:00 h, y que hagan una fila ordenada en la calle. Si hay tumultos no dudaremos en llamar a las fuerzas de orden público.
Aprovechamos para desmentir el infundado rumor de que Lady Foster repartirá tazas de té caliente entre los admiradores que hagan cola. De modo que se les recomienda que lleven sus propios termos, sus propias sillas de tijera y sus propios paraguas (paice que va a llover).

He estado mirando en Youtube para ilustrar esto con un vídeo de Celebrities de La Hora Chanante, pero no hay. Habría jurado que Joaquín Reyes le había dedicado su atención, pero al parecer todavía no lo ha hecho. Espero impaciente.

No entro a valorar a Norman Foster como arquitecto. No se trata de eso. Tal vez en otra ocasión. Ahora sólo me interesa el fenómeno mediático. Acaban de estrenar un documental sobre él (producido, entre otros, por Lady Fostaaa) en el Festival de San Sebastián, y pasado mañana firma en una galería-editora de Madrid, negocio de Lady Fostaaa. Y él, como todo arquitecto-estrella, es una figura sobrehumana tras la cual babean los alcaldes del mundo. Pónganse a la cola, y que al menos les firme un autógrafo en un catálogo (que supongo que costará un testículo).
Yo no podré ir. Ya me gustaría, pero tengo hora con el psicoanalista. Me está tratando no sé qué, que él dice que es de la envidia.

sábado, 17 de julio de 2010

Miedo

Acabo de empezar a escribir este blog hace nada. ¿Para qué? ¿Por qué? Ya me lo preguntaba el primer día. No lo sé. Pero veo que lo he empezado con miedo, agarrándome a ideas seguras sin querer afrontar la complejidad del presente. Tal vez el objeto de este blog sea mostrar mi temor, huir o buscar refugio. En ese caso, mal voy. Para ese viaje no habrían hecho falta estas alforjas. La situación arquitectónica actual preocupa y desconcierta. (No hablo de la depresión económica ni del hundimiento de las finanzas; eso es otro negociado. Hablo de cosas serias: de la creación arquitectónica). Hace muchas décadas que hemos ido derivando del manierismo post moderno al barroco, y ahora estamos ya en los estertores del tardobarroco. Constatamos que por más que Calatrava, OMA, Zaha Hadid, etc, exageren y retuerzan sus formas, varíen sus propuestas, compliquen sus planteamientos, ya no tienen nada que decir. Pero es que hurgamos un poco más y nos quedamos petrificados viendo que ya nadie tiene nada que decir. Las épocas manieristas, y no digamos las post manieristas, se caracterizan porque en ellas todos tenemos sofisticadas herramientas y medios para decir cosas, pero no tenemos nada que decir. Por ello, y para mantenernos activos y productivos, nos pasamos el día enredando, mareando la perdiz, haciendo cosas muy meritorias, muy complejas, muy sofisticadas, y totalmente inútiles y prescindibles. La arquitectura actual es una vomitona de formas vanas, tontas e innecesarias, que resuelven brillantemente problemas equivocados y mal planteados, pero lo peor es que la reacción minimalista contra ello, con sus poéticas cajitas vacías, sus sutiles hendiduras de luz en un muro ciego, constituye otro vano intento tardobarroco, igualmente innecesario. Y el high tech de Foster, y esto, y lo otro, y lo de más allá, no son sino otras bonitas distracciones, otra manera de escaquear el bulto. ¿Y qué hago yo ante esto? ¿De qué hablo en medio del caos? De maestros de los años sesenta, de la arquitectura moderna española de hace medio siglo. Pues no. Eso no vale. Ese ejercicio de morriña es una huida, una cobardía. Valga en mi defensa que intento hablar para gente no muy experta, e inculcarles el amor por la arquitectura desde una base sencilla y con una vocación pedagógica, pero eso no me autoriza a decir obviedades sobre qué es la arquitectura (a lo que he dedicado tres capítulos) cuando no tengo ni idea. O, mejor dicho, no tengo ni idea de qué es la arquitectura ahora. Envidio sinceramente a nuestro comentarista serrozar, que parece feliz en este mundo tan confuso, y encuentra motivos de placer en el caos, en la basura, en la canción del verano, en la Terremoto de Alcorcón, en los centros comerciales o en donde sea, porque es una hoja en el río, que aprovecha la corriente, navega, hace giros y trompos, viaja y crece con todo lo que le ofrece la vida. Yo, en vez de hojilla soy un zapato viejo, que intenta navegar pero se hunde. No encuentro nada por ningún sitio, y eso que me consta que la humanidad nunca se rinde, y que saldrá por algún lado. La crisis de identidad y de conciencia se resolverá de algún modo, y alguien encontrará fuerzas para hacer algo. Mientras tanto, estoy expectante. Intento pensar. Intento vislumbrar alguna cosa. Si alguien tiene una pista, que la diga.