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lunes, 14 de abril de 2025

La aciaga sinceridad

Lester Young era un raro caso entre los músicos de jazz: había estudiado música y sabía leer los papeles sin ninguna dificultad. Era de familia de músicos, y para él fue natural aprender violín, trompeta y batería ya de niño.

En sus primeras actuaciones juveniles tocaba la batería, pero se cansó muy pronto de ella porque, cuando terminaban de tocar, él tenía que quedarse recogiendo el engorrosísimo instrumento mientras sus compañeros se iban libres. Así que se decidió por el saxo tenor. Era incluso más sencillo que el clarinete, y pensó que no le supondría demasiado esfuerzo hacerse con él. Y acertó. No solo se incorporó como principal saxo tenor a la famosísima orquesta de Count Basie, sino que queda en la historia como uno de los más grandes de todos los tiempos.

La orquesta de Count Basie acompañó a Billie Holiday en algunas colaboraciones esporádicas. Ahí la conoció Young, pero después siguió acompañándola en distintas ocasiones y con distintos músicos, y grabó algunos discos con ella. En esas obras Young era quien más y mejor la acompañaba, y llegaron a hacerse inseparables. Podemos distinguir entre las canciones de Holiday en las que está Young (con sus complejos y elaborados solos) y en las que no está.

domingo, 13 de agosto de 2017

Insistencia

Ayer, buscando un dato por internet, me topé con varios comentarios muy negativos hacia este blog y hacia mí. Lo asumo, claro que sí. Si yo me arrogo el derecho de decir lo que me dé la gana de quien me dé la gana tengo que admitir que quien quiera diga de mí lo que quiera. Estaría bueno.
Pero sí que reconozco que me pasó como al profesor que ya cuenta con que sus alumnos le van a poner un mote, y a veces incluso trata de adivinarlo intentando examinar sus propios defectos. Al cabo del tiempo se entera por fin del mote que le han puesto y se queda a cuadros: Nada que ver con ninguna cosa que él hubiera podido imaginarse. Y cree (como todos) que justo eso que le han puesto (lo que sea) no tiene nada que ver con él.
Pues eso me pasó ayer. Me quedé un poco desanimado porque sé que tengo muchos defectos y que merezco críticas e incluso escarnios por muchos motivos, pero jo...lines, ¡es que fueron a decir unas cosas que...!
(Además me dio mucha vergüenza que no me criticaran aquí, en mi blog, en mi casa, en la sección de comentarios que está abierta para todos, sino que lo hubieran hecho en ese otro sitio adonde yo había ido para leer una cosa. Me dio mucha vergüenza ser un tonto famoso, un bobo ecuménico).
Sí que hay un momento de desazón -ah, pero tú bien que criticas a quien quieres e incluso te burlas de quien te da la gana sin que te tiemble el pulso-, e incluso, pero sólo un momento, te dices que este blog para qué, que tanto escribir bobadas para qué. Pero sigo. Insisto. Insisto como Richard Rodgers y Lorenz Hart, que no sabéis quiénes fueron. Porque no sabéis quiénes fueron. No me vengáis ahora con que sí, con que sus nombres os suenan vagamente. No. No tenéis ni idea. Pero para eso me tenéis a mí.

Rodgers (sentado al piano) y Hart en 1936

Richard Rodgers era un músico, y Lorenz Hart era un letrista. Juntos compusieron varias canciones; entre ellas, en 1934, una para una película titulada Hollywood Party en la que aparecían un montón de estrellas capitaneadas por el Gordo y el Flaco y había un montón de actuaciones musicales. Tantas y tan buenas que esta de Rodgers y Hart se suprimió en el montaje final. No pasó la criba porque era una ñoñez: Consistía en que una joven inocente recitaba sus oraciones. (Bueno, las cantaba, pero la salmodia era tan lenta y solemne que era más un rezo recitativo que un canto). La película era, como su título, una fiesta en Hollywood, y una tierna niña rezando no pegaba y le quitaba el buen rollo a todo. A la porra la birriosa canción.

Hay canciones que no salen. No pasa nada. Se tiran las partituras a la papelera y a otra cosa, mariposa. Pero a los autores les gustaba esta y le quisieron dar otra oportunidad.

Le cambiaron radicalmente la letra y el título (ya no venía a cuento la niña rezando. (Bueno, ni antes tampoco)), que pasó a ser The Bad in Every Man (La maldad que hay en todo hombre), y la colocaron en la película Manhattan Melodrama, de ese mismo año 1934. (Fueron muy rápidos).
La película se tituló en España, con muchísimo morbo pero con mucha vista comercial y mucho oportunismo, El enemigo público número uno. Y es que es una película de gángsters que fue a ver el tristemente famoso John Dillinger, el verdadero "enemigo público número uno", a quien, cuando salía del cine, probablemente con esa dulce y todavía muy lenta melodía en la cabeza, acribillaron a tiros unos agentes del FBI que lo estaban esperando.

John Dillinger

La película tuvo esa morbosa publicidad inesperada, pero ni por esas la canción despegó. La verdad es que nadie se había fijado en ella. (Repito que me gustaría pensar, no sé por qué, que Dillinger sí).

Pero los autores aún no se habían cansado de la canción. Le dieron una tercera vuelta -todavía en 1934- quitando todo resto de maldad y limpiando la sangre salpicada e hicieron una balada romántica a la que titularon Blue Moon.

Y entonces ya sí. Pelotazo.

La Casa Loma Orchestra la puso en el número uno de las listas en ese mismo 1934, y en seguida el gran Benny Goodman la tomó para su repertorio.
A partir de ahí todos los grandes la fueron incorporando y se convirtió en un standard.

jueves, 3 de abril de 2014

El premio de un lector

Dedicado a Sergio Andrés Uribe, Arquitecturibe.

Perdonadme la autocomplacencia (una vez más, y ya van...), pero hoy no puedo (ni quiero) dejar pasar el testimonio de un lector, porque me ha impresionado profundamente.
Ya no es que esté encantado y agradecido: Es que estoy pasmado, transtornado.
Alguna vez que he tenido un premio o una distinción he corrido a contarlo aquí. Pues lo mismo ahora, que acabo de recibir el premio de un lector.
El 8 de enero de este año, un estudiante colombiano de arquitectura, Sergio Andrés Uribe, escribió este comentario a la entrada 2013: Las cinco entradas más leídas de este blog:

Yo no comento porque voy en retrospectiva... pero en serio y con toda firmeza me estoy devorando el blog hacia el pasado (lo cual es terrible cuando son entradas que tienen continuación) pero he de decir que es, para mí, el mejor blog de arquitectura que he leído desde que comencé la U.
Ahora mismo voy en la entrada del domingo 16 de octubre del 2011, aunque mi favorita ha sido aquella donde pusieron unas gallinas en el salón de clases para que les dibujaran "el alma" a las aves. Me pasó casi lo mismo y por eso la recuerdo mucho.
Maestro... gracias... porque lo que usted comparte aquí es de lo escaso en la red y por tanto, invaluable.
Saludos de Colombia.

Impresionante. Pretendía leerse el blog entero marcha atrás. ("Bueno -pensé-. Ya se cansará. El blog es muy cansino, sobre todo tomado así").

El 31 de ese mismo mes hizo este comentario a la entrada Caín:

Genial José R!
Sigo en mi peregrinaje por tus letras y me encuentro una maravilla como esta cada tanto... Saludos de Colombia.

O sea, que seguía con ello.

Finalmente, el día 31 de marzo he recibido este mensaje por correo electrónico:

He terminado de leer tu blog.
Y me refiero al blog completo, entrada por entrada, tomando en cuenta lo que me gustó y lo que no (que fue muy poco, así que creo que no fui muy objetivo) lo tomé hacía atrás, desenvolviendo tus pasos y tus palabras y lo que encontré en el camino me gustó.
Amé tu experiencia con el dibujo de las gallinas en las épocas de academia; aprendí de jazz y de arte y me descargué la discografía completa de Billie_Holiday de quien nada sabía. Me quité el sombrero ante aquella entrada donde preguntabas si había algún voluntario para defender a Calatrava y me vi representado en tus preguntas sobre la necesidad de más Zahas en la arquitectura.
Estoy a punto de terminar mi carrera, a mis 32, rodeado de muchachos en sus 20’s que me hacen sentir un anciano, ¡pero he aprendido tanto José Ramón, tanto!
Vivo en Colombia, donde estudiar es un lujo costoso que a veces tarda y para muchos no es es más que eso, un lujo… a mí me tocó esperar mucho para poder darme ese bendito lujo que no cambió mi vida, se convirtió en mi vida.
Gracias, José Ramón, por compartir, por no ser egoísta, por entregar hasta tus malos ratos y explicar con buen ánimo lo que sabes y lo que entiendes.
Casi nunca comento (lo he hecho en un par de ocasiones) pero siempre te leo, ahora en cosas más actuales.
Yo no llegué por error, buscando tatuajes horrorosos… yo llegué buscando un blog que hablara en mi mismo lenguaje de las cosas que quería saber y fue un lujo y un honor haberlo encontrado, haberlo usado como si de un libro de cabecera se tratara, y haber extraído al máximo lo que pude de él.
Desde el otro lado del mundo, un millón de gracias José Ramón… siempre tendrás un lector de cada cosa que escribas. Tu firma ya me indica que será una provechosa lectura.

Sergio


¡Se lo ha leído entero! ¡Y marcha atrás! (No sé cuál de las dos circunstancias me impresiona más).
Llamadme vanidoso, pensad que aprovecho la mínima oportunidad para darme autobombo. Pues sí. Pero es que esto no lo podía pasar por alto.

Amigo Sergio: Muchas gracias. Ánimo con la carrera y con los sacrificios de todo tipo que conlleva.
Amigos todos que leéis este blog: Me emocionáis. (Y me preocupáis). Este blog no ha pretendido nunca ser otra cosa que el desahogo de un arquitecto algo quemado, pasado de peso, torpón y bocazas. Que mis palabras tengan eco y que algunos las sigáis con fidelidad me sobrepasa.

(Pero también me encanta. Por eso lo escribo aquí, con legítimo orgullo).

Gracias, gracias y gracias. (Ay, Dios, me siento como una tonadillera. Qué hermosa sensación).

PD.- Borges se pasaba de humilde. Siempre lucía una humildad tan extrema que casi daba la vuelta hacia la soberbia. No quisiera yo hacer lo mismo, pero no puedo evitar acordarme de una cita suya.
Siempre decía que no era un gran escritor, pero sí un gran lector. Al menos un lector agradecido y feliz.
Uno de los escritores que le hacían más felices y por quien más gratitud sentía era Robert Louis Stevenson (gratitud y pasión que comparto hasta el punto de que colecciono islas del tesoro), de quien hablaba a menudo, y siempre con admiración y cariño.
Cuenta que una vez le paró en la calle un lector suyo y le dio las gracias porque le había dado a conocer a Stevenson.
Borges se emocionó y dijo que si sus escritos habían servido para que alguien descubriese y leyese a Stevenson entonces habían merecido la pena. Sólo por eso su obra merecía la pena.
Pues bien, Sergio. Yo digo lo mismo: Si mi blog ha servido para que conozcas a Billie Holiday bendigo la hora en que se me ocurrió hacer un blog.
Un abrazo.


(Si te ha gustado esta entrada clica en el botón g+1 que está aquí debajo. Muchas gracias).

martes, 30 de agosto de 2011

Cuando sonríes

Os propongo un ejemplo típico del jazz: Se toma una canción "popular", sin demasiadas pretensiones "artísticas" (lo que no quiere decir que no sea una obra de arte) y se "jazzea" al gusto.
Veamos cómo una canción deliciosa como When You're Smiling (compuesta por Larry Shay, Mark Fisher, y Joe Goodwin) puede versionarse de muy diferentes maneras. Cómo sobre una base melódica y rítmica muy sencilla (y muy buena) se pueden construir estructuras complejas pero muy frescas.
La letra de la canción es ésta:


WHEN YOU’RE SMILING

When you're smiling, when you're smiling
The whole world smiles with you
When you're laughing, when you're laughing
The sun comes shining through

But when you're crying, you bring on the rain
So stop that crying, be happy again
Keep on smiling, because when you're smiling
The whole world smiles with you.

(Apenas dos estrofas, que se pueden repetir y modificar ad libitum).


Una traducción podría ser ésta:

CUANDO SONRÍES

Cuando sonríes, cuando sonríes
El mundo entero sonríe contigo
Cuando te ríes, cuando te ríes
Sale el sol brillando al máximo

Pero cuando lloras traes la lluvia
Por eso, deja de llorar; sé feliz de nuevo
Sigue sonriendo, porque cuando sonríes
El mundo entero sonríe contigo.

La letra es muy sencilla y muy directa, pero muy bonita. La música también lo es.
La estructura permite dar una primera vuelta sólo presentando la melodía, otra con improvisaciones, otra con la letra, otra a orquesta completa en plan apoteosis, etc. Como se quiera.
Todo el mundo la ha cantado. Veamos algunos ejemplos. Os pido que no los escuchéis todos seguidos, porque os puede dar una sobredosis.
Quería dejar a Satchmo para más tarde, porque su interpretación no es la más "típica" para empezar. Es demasiadio lenta. Pero a ver quién le dice que no a Don Luis. Una pasada.



Empieza la banda, muy despacio, tocando los acordes finales, la resolución. Mientras, Armstrong adorna con los duduá exquisitos de su trompeta. Y tú te quedas diciendo: "¿será posible?" Hace una transición entre el duduá y un final tranquilo (entre 0.12 y 0.18, seis segundos) y empieza a cantar. ¿A cantar? ¿Será posible? Entre 0.18 y 0.22 arranca a cantar algo así como "ban to totsi du du tsant tsa tsa" y ahí mismo un "ooh" que no deja ni un ápice de respiración al "when-you'res-miling" en un stacato inesperado. Y yo le digo: "Vale, Don Luis, cántelo como le de la gana, que sólo por esto ya merece la pena tener un blog de arquitectura: para ponerle a usted".
No sigo segundo por segundo. Sólo os repito que reparéis en la versatilidad que ofrece un esquema tan sencillo, que permite solear, bandear y cantar a placer.
Demasiado lento, ¿verdad? Pero la canción lo aguanta bien.

Vamos ahora con otro Don Nadie. ¿Quién dudaba si era o no era cantante de jazz?

Un estilo completamente distinto. Cinco segundos de entrada de gran banda y Don Francisco ataca la letra directamente. Escuchad el adorno del saxo a cada paso. (When you're smiling -dadarada tabadadá- when you're s -tariradá dabadará taratá). Muy bien, Muy buen swing.
Canta la letra con un gran dominio -como siempre- y la termina en 0.48. Ahí deja el toro dispuesto a los subalternos (¿subalternos? nadie lo diría), que tocan la melodía a toda potencia y con una alegria contagiosa. Da gusto escucharlos. Y en 1.12 empieza un solo de saxo que es como para que los que manoseamos uno lo dejemos ya de una vez. Qué frescura y qué fraseo. Dura sólo hasta 1.33. Apenas ha durado 21 segundos, pero en 21 segundos uno puede demostrar su absoluta maestría.
La banda redondea cinco segundos y el jefe vuelve a entrar y repite lo mismo que ha hecho al principio. Un esquema clásico cantante-banda-cantante, pero ahora llega a la parte final de la letra con un ritardando muy escénico, y la banda cierra de un golpe. Ya está. Así se canta y así se toca la música.

viernes, 11 de marzo de 2011

Bilie Holiday, la lady del jazz

Un día se me ocurrió poner un vídeo de Ben Webster para ilustrar la emoción de la imperfección, y desde entonces voy trufando este blog vagamente arquitectontico con admirables piezas de jazz.
La reina de las cantantes de siempre es Billie Holiday. Cumple además con el consabido cliché (vida atormentada, drogas, desgracias...), y es otro claro ejemplo de la belleza de la imperfección. Aparte de que las grabaciones de la época son malas y están llenas de ruido, se aprecia una cierta propensión chillona y una muy poco pulida dicción. Pero Lady Day tiene un raro poder de fascinación, un misterio trágico, y un dominio de su voz como si fuera un instrumento más.
Su mejor época fue 1937, y de ese año es esta maravillosa obra de arte.
La madurez de Billie Holiday coincide con la de su amigo, socio y cómplice Lester Young. Es una simbiosis perfecta, un entendimiento íntimo, artístico y personal.
Esta grabación de Foolin' Myself, del 1 de junio de 1937, está en el disco The Quintessential Billie Holiday, Vol. IV, considerado por la crítica (en general) como el mejor suyo y uno de los mejores de la historia del jazz.

La estructura es muy sencilla: Teddy Wilson desempolva su piano durante diez segundos y ahí no más empieza Lester Young con su saxo tenor, potente y sensual, elegante, grande, poderoso, jugando con el tema con enorme facilidad durante cuarenta segundos. Qué poquito: sólo desde 0:10 hasta 0:50. Pero es suficiente para apabullar. Hay que contar toda la historia en tres minutos, y la distribución de los tiempos y los papeles de cada uno es perfecta.
(Reparad en la foto que aperece fugazmente en 0:26. Lester Young mira ¿enamorado? a una bellísima Billie Holiday, sonriente, feliz, dueño de su maestría, aferrado a su saxo, que es su dominio).



Luego una transición de 20 segundos (de 0:50 a 1:10) de Teddy Wilson al piano, para dar paso a la trompeta solista (que no sé si es Cootie Williams o Buck Clayton), que vuelve a enunciar el tema, sólo durante otros veinte segundos (1:10 a 1:30). Entonces un rápido capotazo del pianista y director deja el toro en suerte para la lady, que lo recibe con autoridad en 1:32 y lo torea durante un minuto y veinte segundos (hasta 2:53), un tiempo eterno en el que nos dice que se burla de sí misma y se ve ridícula por amor, y nos vuelve locos a todos nosotros.
¿Qué hacer después de esto? Despedirse. Tocar fuerte la trompeta durante seis segundos, hasta 2:59, y morir.

Billie Holiday
la voz vibra con Lester
sigue cantando