Manuel Romana ha puesto en Twitter un fragmento de Las aves, de Aristófanes, y me ha pedido que lo comente, o que le saque punta, o que haga algo al respecto. Yo soy muy de entrar a los trapos, pero es que este además me ha gustado. Dice así:
Aristófanes era un tipo muy sarcástico, que criticaba muy fuertemente la tontería y el vicio, como han hecho siempre los humoristas.
Pistetero está empeñado en la construcción de una ciudad en las nubes, Nefelococigia, para las aves, y durante su duro trabajo se le presentan todo tipo de espabilados, como este Metón, un hábil geómetra, un urbanista celeste, un arquitecto etéreo, que le ofrece planos y que, como habéis visto, dice tener el conocimiento y los medios suficientes para trazar la ciudad en el cielo.
Metón es un personaje convincente, pero Pistetero, muy inteligente, sabe que es un estafador, un impostor y hace que se vaya. (Esta crítica de Aristófanes a los vocingleros aprovechados debió de ser porque eran habituales en la Grecia clásica. Por suerte aquí y ahora no tenemos nada de eso y no nos hacemos cabal idea de lo que es).
Los humoristas siempre han tenido la santa misión de criticar lo que otros se toman en serio, de burlarse de todo y de correr el velo de la estupidez y de la credulidad para dejar la superchería al desnudo. En esta obra Aristófanes lo hace muy bien, y al personaje de Metón, aunque sale muy poquito, lo desenmascara y lo revuelca por el fango.


