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jueves, 3 de agosto de 2023

Vacaciones (L.O.V.E.)

Acabo de comenzar mis vacaciones y recuerdo que yo antes ponía alguna cosita de jazz de vez en cuando, especialmente en vacaciones, y que desde hace ya bastante tiempo no lo hago. Como el jazz se presta a todo y estoy un poco más procrastinador (y tranquilo) que de costumbre voy a aprovechar.

El motivo por el que hoy os pongo esta canción es que a Ana Amado le gustó la entrada que le dediqué e hizo un reel (lo que sea eso) mencionándome, y como fondo puso su comienzo (lo que da tiempo en un reel, sea eso lo que sea). A mí me sonaba mucho, pero no conocía su título. Eso sí, la voz era la de Andrea Motis y el estilo y la mano eran los de Joan Chamorro. Eso no admitía duda.

Empecé a ver vídeos de Youtube de esta gente y en seguida lo encontré: L.O.V.E.

miércoles, 8 de julio de 2020

Morricone, mi saxo, la arquitectura y la ciudad

Ha muerto Ennio Morricone a los 91 años, sin que le haya dado tiempo a venir a Oviedo a recoger el premio Princesa de Asturias ni a comerse una fabada y unos carbayones. Una pena.


La música de Morricone siempre me ha gustado mucho; y a quién no. Recuerdo el día en el que el director de la banda de música de Seseña nos repartió los papeles de una obra nueva: Moment for Morricone, un popurrí de composiciones suyas adaptado para banda.

Moment for Morricone. Comienzo de
la partitura-guía para el director.

Curioseé a ver qué películas suyas estaban. Todas las buenas. Y busqué con más tiento para ver si venía la maravillosa balada de Once Upon a Time in the West (traducida en España como Hasta que llegó su hora). Sí que estaba. Qué bonita. A poco que la hubieran arreglado y orquestado medianamente bien iba a ser de esos fragmentos que uno toca transido de emoción(1).


(Os pido por favor que veáis y escuchéis este vídeo entero antes de seguir leyendo, y que cuando termine lo volváis a escuchar).

Qué cosa tan bella, qué carne de gallina. Y además estaba muy bien arreglada para la banda. El énfasis de las trompetas, la dulzura de los clarinetes, la limpieza de la flauta, el jugueteo aterciopelado de los saxos... altos. Sí, altos. ¿Y qué pasaba con los tenores? (Soy saxo tenor, toco un instrumento al que los arreglistas odian). Pues los saxos tenores en esa parte solo teníamos redondas y alguna blanca. Una especie de bajo continuo o de mugido de vaca.

Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu
Fooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooooo
Muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuu

Y en ese plan.

Es cierto que los demás instrumentos tenían que regatear entre corcheas y semicorcheas, mientras que el papel de los tenores era facilísimo, pero también es cierto que si ensayabas eso en casa venían los vecinos a echarte, y ni siquiera tú sabías por dónde te andabas. Qué cosa más aburrida y más triste.

jueves, 28 de enero de 2016

Cuánto amor y qué poquito odio

Hacía tiempo que no hablaba de música, y cuando lo hago es de jazz. Pero hoy voy a hablaros de mis amigos de Mawino, un grupo de power prow rock de Toledo, porque han sacado su largamente esperado disco, y tengo que deciros que es una pasada, y que no puedo dejar de decirlo aquí.
El disco se titula so much Love & so little Hate y, antes de decir cosas más pertinentes quiero señalar que, aunque son bastante más jóvenes que yo, ya ese título indica una sabiduría provecta, una convicción que se tiene cuando ya se ha vivido mucho: Cuánto amor y qué poquito odio. Porque algo de odio siempre queda, naturalmente, pero el amor se lo come. Ese mensaje de lucidez y, como digo, de meta, empapa todo este disco que es una joya de la música, pero también de la conciencia vital y de la deseable y soñada madurez.


(Que el disco es muy bueno no lo digo sólo yo, que no dejo de ser un mero aficionado que además siente empañado su recto criterio por la amistad: Lo dice gente mucho más enterada).

Permitidme, antes que nada, que os presente a los miembros de la banda:

Seis personajes, pero sólo cinco miembros


LO PRIMERO, LOS MÚSICOS

Fernando Marín: Voz y guitarra. Fernando es el líder del grupo. El mismo nombre Mawino es un recuerdo cariñoso a la forma como le llamaba B. B. King cuando hizo su gira por España con Raimundo Amador. En aquella época Fernando era un jovencísimo y ya brillante guitarrista cuyo estilo slow cautivó al maestro misisipiano. Años después se alejó del blues, pero yo noto todavía alguna reminiscencia por aquí y por allí, especialmente en el corte 6: Updated Boy.

Pablo Alguacil: Guitarra y coros. Pablo, además de músico, es arquitecto. Y muy buen arquitecto. Pero por encima de todo es marino. Le marcó para siempre su travesía en solitario desde Portosín (La Coruña) hasta Mantoloking (Nueva Jersey, EE.UU.). Pretendía llegar a Nueva York, pero las cosas salen como salen, y podría haber sido bastante peor. Noto ese espíritu marino en ciertas cadencias, ciertos punteos... Sobre todo en el solo del corte 3: Light My Room

Ruth Pinel: Teclados. Ruth estudió piano en Olivenza (Portugal), y llegó a ser una virtuosa clasicista. Pero después fue evolucionando hacia una deconstrucción cada vez más difusa, y su estilo cambió rotundamente con los cursos que siguió en la Escuela Superior de Contrapunto de San Petersburgo (Rusia), y, aún más, en el bar Octopus de aquella lejana y fría ciudad. Todo ello ha formado a una música tan sólida como ecléctica, que domina todos los palos y les da un sello propio e inimitable. Toda su música es fascinante, pero yo muero con el tema 1: Crazy Little Head.

Iván Muñoz: Bajo y coros. Iván viene del mundo del fútbol, lo que no es ninguna tontería. Llegó a jugar en los juveniles del Manchester United, y cuando se vino a vivir a España todos le auguraban un gran futuro en alguno de los clubes punteros de Primera División, pero una lesión cruel le retiró. En todo caso, tomemos lo bueno de aquella triste circunstancia: Nos dio un bajo formidable. Toca como jugaba: Centrocampista defensivo de gran control y mesura, muy seguro y muy austero ("menos es más"), pero que cuando veía la oportunidad se lanzaba al ataque y movía a todo el equipo y lo organizaba. Así hace ahora con Mawino desde su bajo. Su capacidad estructurante está siempre presente, pero creo que se nota especialmente en el tema 8: Enough For Today.

Pablo Junquera: Batería y coros. Pablo ni se planteó siquiera ser músico hasta que no estuvo unos meses colaborando con Arquitectos Sin Fronteras en Gabón. Por las noches tenían un par de horas de relax que pasaban con la gente de la aldea, que cantaba, bailaba y hacía percusiones fantásticas, que fascinaron a Pablo. Se descubrió en sí mismo una capacidad innata para el ritmo, que desarrolló allí con gran rapidez, y que después, ya de vuelta en España, perfeccionó con Rubem Dantas. Pablo une la cualidad de ser un metrónomo perfecto, con una precisión de reloj atómico, con la de romper el ritmo y descomponerlo cuando quiere y como quiere. Parece capaz de fabricar un espejo purísimo y luego romperlo en miles de facetas con reflejos y brillos distintos y simultáneos. Su presencia es evidente siempre, pero resalto sus breaks en el corte 7: Girl.

El sexto mawino. ¿Por qué en la foto hay seis animales si los mawinos son sólo cinco? Les hice esa pregunta y me miraron con hastío. "Qué original eres, tío. Ya nos han hecho esa pregunta ochocientas diecisiete veces. ¿Qué quieres que te digamos? Que ese sexto miembro eres tú. ¿Vale? Y ese, y aquel. Es quien nos oye, quien se une a nosotros en los directos, quien baila nuestra música o quien atraca un banco mientras nos escucha por los cascos. ¿No hubo un quinto beatle? Pues un sexto mawino. Al fin y al cabo Ramón y Cajal eran solo uno". (Esto último me dejó doblado. A veces no sé si me vacilan con buen estilo o si es que las cosas son así y no hay más).

sábado, 19 de noviembre de 2011

Talibanes... Música... Alegría... ¡Yo qué sé!

El otro día el diario EL PAÍS publicó un artículo que me preocupó: Un grupo salafista se ha apalancado en Melilla y ha empezado a soltar barbaridades rigoristas que, al parecer, tienen eco y seguidores. Una de ellas es que la música es malvada, es satánica, es pecado. (Hace muy pocas décadas lo que era pecado aquí era el baile, así que tampoco estamos tan lejos).
Yo soy músico (aficionado, muy malo, pero músico al fin y al cabo. Y toco en una Big Band y todo). Me sorprendo a mí mismo diciéndome que la música es puro rigor, pura matemática, puro control del tiempo, pura precisión. ¡Qué narices! ¡La música es alegría! Señores salafistas: Alegría. Alegría.


(Puro Armstrong. Pura vida. Una vez actuó en Roma, y el Papa los recibió a él y a su esposa. Les hizo la pregunta de compromiso y de rigor: "¿Tienen hijos?", y el gran bocachancla le contestó: "No, Santidad. Pero lo pasamos muy bien intentándolo". Ese es mi Louis. ¡Salafistas a él! ¡Ja!).

(Y ahora, unos demonios que incitan a pecar a unas pobres descarriadas. ¡Virgen del Amor Hermoso! ¡En qué pocos años los demonios de antes se quedan en nada, y los horribles pecados en tiernos recuerdos!)


Es indignante que haya alguien que crea tan firmemente en un dios que es malo, que es cruel, que es un amargado y un tocapelotas de tal calibre. Y eso no es propio de ninguna religión en sí, sino de una cierta forma de entender las religiones, todas las religiones, cualquier religión.
Es una forma de ser: Apocalíptica, amargada, aguafiestas, triste. Y da igual aplicarla a la religión, a la política... o a la arquitectura.
Y me interrogo a mí mismo sobre mi forma de entender la arquitectura: ¿Es apocalíptica, amargada, aguafiestas, triste? Parece que sí. No me gusta nadie. No me gusta nada. ¡Qué horror!
Ahí fuera está la gente bailando, riendo y divirtiéndose, y yo les espío desde el interior de mi casa, a oscuras, mirando por las rendijas de la persiana, reconcomiéndome, planeando mi venganza, musitando: "Bailad, bailad, reíd, que ya vendrá el llanto y el crujir de dientes".