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martes, 24 de septiembre de 2024

La función son los padres

Dedicado doblemente a Jaume Prat,
por su tuit y por su artículo


El otro día, un poco provocativo, un poco en broma (como siempre), pero muy en serio (como siempre), mi amigo y maestro Jaume Prat ha publicado el siguiente tuit: "El gran secreto es que por mucho que nos hablen de función solo cuenta la forma. Antes y ahora".

Yo me he enganchado a parasitar ese tuit (es lo que estoy haciendo ahora) para extenderme aquí y de paso para recordar el último artículo de Jaume publicado hasta el momento: "La arquitectura son los padres".

Maldita sea. No me libro ni una vez de las tildes
que me pone el autocorrector del teléfono

Los arquitectos tenemos una especie de mala conciencia que nos lleva a justificarnos siempre en el sentido de que la forma es caprichosa, poco ética y bastante vana, y que por el contrario lo que nos redime y nos hace ciudadanos de bien y útiles a la sociedad es la función.

miércoles, 3 de enero de 2024

Tintinismos y otras filias

A mis ilustres compañeros Francisco
Gómez de Tejada
y Jaume Prat, porque
saben y están en el bando correcto. 


Estamos rodeados por grupos irreconciliables, fanáticos y terribles: concebollistas y sincebollistas, colacaístas y nesquikistas, paellistas y arrozconcosistas, solotildistas y solonotildistas... Se pertenece a uno o a otro con pasión y fiereza fundamentalistas, y, naturalmente, no solo con exclusión absoluta del otro, sino con la convencida negación de que en el otro pueda haber escondida ni siquiera alguna remota virtud.

Nos encanta pertenecer a un bando y restregárselo por la cara a los del otro, con la firme convicción de que están equivocados. Eso nos refuerza más en nuestra verdad. Ya lo he dicho: es puro fundamentalismo.

Yo me reconozco concebollista (perdón, Pumares), colacaísta ("hace grumos"; "pues que los haga"), arrozconcosista (la auténtica paella valenciana está de muerte, pero por aquí le ponemos chorizo y ohlàlà ohmygod) y empecé siendo solotildista pero me estoy quitando poco a poco (y eso es raro, porque uno pertenece irreductiblemente a un bando hasta su muerte).

Pero también hay grupos más tolerantes y enfrentamientos más amistosos, o al menos menos cruentos. De entre estos casos se me ocurre como el más claro y nítido el de los tintinistas y los asteriquistas.

martes, 14 de marzo de 2023

Arquitectura y pulpo á feira

que me hacen comprender cosas. 


Le acaban de dar el Premio Pritzker al arquitecto británico (quiero decir gallego) David Chipperfield, y lo primero que me he llevado ha sido una sorpresa: Yo creía que ya lo tenía. (Para que os fieis de este blog. Su autor no sabe qué insignes arquitectos cuentan con el galardón).

Quien sí está siempre al corriente de todo es mi admirado compañero y amigo Jaume Prat, y ha escrito esto tan sabia, documentada y provocadoramente que no tengo más que aportar; así que me limito a remitiros a su texto, lleno de conocimiento y de visión inteligente.

Yo solo quiero comentar una de las cosas que él dice, y que me animan a aportar mi torpe visión. 

El hostelero David Chipperfield en el Bar do Porto, Corrubedo (La Coruña)

Jaume dice que la arquitectura no son los objetos producidos por los arquitectos, sino un hecho complejo y multifactorial. La arquitectura no son los edificios, sino lo que los edificios permiten que pase. "La arquitectura se basa en las relaciones. Relaciones entre personas y su actividad, entre personas y un lugar acondicionado que les permite realizar actividades como habitar, tratarse entre ellos, trabajar, identificarse, emocionarse con un lugar".

viernes, 9 de diciembre de 2022

Un libro de arquitectura

El otro día una alumna ya de la segunda mitad del Grado de Fundamentos de la Arquitectura me dijo que hasta el momento había estado muy ocupada en ir aprobando las asignaturas y en ir avanzando con su carrera -lo que no es poco-, y que tenía la sensación de que no se había ocupado de pensar qué es la arquitectura, cómo la quiere entender, y no había reflexionado sobre las cuestiones principales.

Me pidió que le recomendara un libro de arquitectura -porque además ahora, con las vacaciones de Navidad y con los Reyes Magos, es un buen momento para comprar alguno e incluso para leerlo- y no le supe qué decir. Le di muchas vueltas evocando qué libros de arquitectura me habían sacudido a mí y en qué circunstancias.

Me hice una lista apresurada con la convicción de que eran libros que me gustaron mucho, pero no sé si a ella le interesarían, y me sentí perdido y desorientado. Si mi misión es dar alguna orientación o alguna idea soy (de nuevo) un fraude.

La foto que he puesto es un fragmento de mi biblioteca, formada por años de amor por los libros. ¿Pero en qué se podría resumir? ¿Qué tres o qué cinco libros podría seleccionar para pasárselos ahora a alguien que está empezando a leer y a mirar? ¿Cuál fue el primer libro de arquitectura que yo leí?

martes, 23 de febrero de 2021

Coordenadas en un mapa inestable

Hace unos años (no demasiados, pero no estoy seguro de cuántos; el tiempo pasa cada vez más deprisa) Jaume Prat me propuso participar en un proyecto apasionante. Estaba en una buena situación que le permitía afrontarlo con visos de éxito, y, con el entusiasmo que le caracteriza, me lo explicó.

La cosa consistía en tomar cada una de las Seis propuestas para el próximo milenio, de Italo Calvino, y lanzarse a escribir sobre arquitectura a su hilo y a su calor. Un texto por cada propuesta, y cada uno de un autor diferente.

Me dijo que se lo había dicho nada menos que a Agustín Fernández Mallo, que había accedido, y no sé quiénes serían los otros tres autores. Tampoco sé (o no recuerdo, porque creo que sí que me lo dijo), sobre cuál de las seis propuestas tendría que escribir yo.

Pero no salió. (Por ahí debe de haber muchísimos universos paralelos con tantísimas cosas que todos íbamos a hacer y que al final no salieron en este que habitamos). Fue una pena, porque estando Jaume y Agustín, y seguro que otros autores de considerable altura, el resultado habría sido espléndido aunque los intrusos de siempre lo hubiéramos empañado un poco.

Sin embargo, aquella decepción de hace años se ha visto ahora súbitamente compensada con una alegría. Resulta que sin que lo supiéramos (al menos yo no tenía ni noción de ello), Jaume siguió aferrado a su proyecto y durante todo este tiempo ha estado escribiendo un ensayo tras otro sobre cada una de las seis propuestas de Calvino: Ligereza (L), Rapidez (R), Exactitud (E), Visibilidad (V), Multiplicidad (M) y Consistencia (C), y acaba de sacar a la luz este espléndido libro:


PRAT ORTELLS, Jaume,

sábado, 11 de abril de 2020

Horror cristalino

Con mi gratitud a Ediciones Asimétricas por la edición
y a Jaume Prat por los comentarios y el entusiasmo.


Acabo de terminar de leer El horror cristalizado, de Josep Quetglas, un viejo libro inencontrable durante muchísimo tiempo, con una vida editorial muy azarosa, que Ediciones Asimétricas ha reeditado felizmente ahora.


Me ha gustado muchísimo, y me gustaría comentar alguna cosa que me ha llamado la atención.

Ya he hablado aquí de Quetglas como crítico creativo, y he defendido que la crítica es un acto de creación. Este horror cristalizado no ha hecho sino confirmármelo.

Ya en el prólogo Rafael Moneo resalta el valor literario de este libro. De alguna manera, viene a decir, es su mayor mérito. Y mi admirado Jaume Prat lo confirma. Le digo a Jaume que Quetglas es capaz de ir a cualquier sitio con su discurso, es decir, de hacerle decir lo que sea, y él me contesta que, obviamente, es un creador, y que eso es muy hermoso.

En ese sentido escribí ya de Quetglas y vengo a insistir hoy aquí.

¿No os parece que hay gente pesadísima que perora y perora y produce un sopor inaguantable y hay otra gente que nos hace felices con sus ideas brillantes? En un extremo tendríamos al pesado de la cola del cine en Annie Hall, y en el otro estaría Josep Quetglas.

Imaginemos a alguien que nos dice: "El Pabellón de Barcelona de Mies van der Rohe no es un espacio dinámico que fluye, sino un espacio vacío, estático y cerrado". Ufff. Lo único que nos queda es o darle un gorrazo a quien afirma semejante cosa o concederle el beneficio de la duda y la oportunidad de que desarrolle semejante temeridad.

viernes, 9 de marzo de 2018

El vulgar Pritzker

A todos estos amigos cultos e inteligentes:
por lo que más adelante digo.


El otro día se ha concedido, como cada año, el premio Pritzker. Y una vez más hemos oído cómo lo llamaban "el Nobel de la arquitectura". Y un año más algunos (los más "listos") hemos sonreído con suficiencia.

Pero tengo que reconocer que el año pasado me gustó mucho que se lo dieran a RCR, y que este me he quedado boquiabierto porque jamás había oído hablar de Balkrishna Doshi.

En seguida nos informó en twitter el siempre avisado y erudito Rodrigo Almonacid de que ya en el Benevolo y en el Curtis (dos de las biblias sobre la historia de la arquitectura moderna) aparece Doshi desde ediciones antiguas. Cotejo las mías (soy un antiguo) y viene. Inmediatamente David García-Asenjo, otro joven sabio, nos instruye con este artículo y Ekain Jiménez busca y publica en twitter las fotos con las que ilustro esta entrada, y las acompaña de muy serios y justos (y elogiosos) comentarios a la trayectoria de este arquitecto desconocido minuciosamente por mí hasta ahora




Pero quien me ha animado a escribir esta entrada ha sido Jaume Prat con este artículo en el blog de la Fundación Arquia.
Me ha dejado con el culo al aire. A mí, que me he reído siempre con desdén, como tantos arquitectos, del premio y de su banalidad y de su frivolidad.

Aparte de que el premio de marras haya acertado muchas veces a ser concedido a arquitectos magistrales y de que se haya equivocado (a mi juicio) otras muchas, es cierto que por un día la arquitectura sale en todos los noticiarios de la tele, en todos los periódicos y en todas las emisoras de radio, y, por un día, parece incluso una actividad decente y estimable, y los arquitectos, así, en general y como colectivo, parecemos seres dignos de respeto y aun de aprecio.

jueves, 27 de julio de 2017

Berlage: Un corazón con freno y marcha alante*

A Ana Moreno, por las fotos,
a Jaume Prat, por no estar de acuerdo,
y a Emilio, por el último párrafo.

Ya que me he puesto a hablar de Berlage quiero rematar la faena contando algo que me impresiona y me produce emoción. Se trata de varias cosas, pero principalmente de lo difícil que es la arquitectura y de la fuerza y el coraje que hay que tener para llevarla a cabo. Y de la vejez y la esperanza.

Empecemos por hablar de Hendrik Enno van Gelder, el hombre necesario. Este archivero y después director de las colecciones de la ciudad de La Haya hizo campaña en 1912 para que el ayuntamiento construyera un museo que reuniera todas esas colecciones dispersas. Le llevó tiempo convencer a los gobernantes municipales, pero en 1918 ya había una comisión decidida a llevar a cabo la empresa.
La ubicación de ese museo ya estaba prevista en el plan urbanístico de Berlage, al lado del parque Zorgvliet. Un sitio muy hermoso, luminoso, tranquilo... Una delicia.
Y ya que Berlage había señalado ahí la ubicación de un museo, ¿a qué otro arquitecto se lo iban a encargar? Pues a él. En agosto de 1919 ya le estaban firmando el contrato, y en la primavera de 1920 ya estaban los diseños encima de la mesa de plenos del ayuntamiento: Planos, perspectivas y hasta una maqueta de yeso.
(Van Gelder, que al principio había pensado en otro arquitecto, en cuanto le encargaron el proyecto a Berlage se puso a trabajar con él con entusiasmo, y estaba muy satisfecho de la solución propuesta).
El edificio proyectado era muy interesante: Una planta en forma de rectángulo deformado, irregular, asimétrico, que abrazaba una lámina de agua. Era una disposición de espacios muy racional y regular, pero todas las alas giraban levemente, se desviaban de la estricta simetría. El emplazamiento era muy amplio y no había ningún impedimento para utilizar ángulos rectos. No era la forma del solar, sino el gusto de "dejar correr la mano" lo que había producido esos ángulos. Un punto de frivolidad, pero en definitiva se lograba un acuerdo muy bueno entre la necesaria independencia de algunas piezas y su relación en un todo armónico.

Museo Municipal (Geemente Museum) de La Haya.
Primera versión, 1919-20. Planta baja.
Museo Municipal (Geemente Museum) de La Haya.
Primera versión, 1919-20. Planta primera.

En mi opinión las plantas son muy sencillas y correctas, con los espacios bien estructurados. Y, por lo que veo en la perspectiva del interior del vestíbulo de ingreso, los huecos y adornos seguían una línea que yo llamaría "art nouveau duro", a base de quiebros y recortes ortogonales en lugar de las curvas delicuescentes del "art nouveau ortodoxo". Pero en estos regustos por la ortogonalidad no se puede apreciar ninguna influencia de De Stijl, que en esa época estaba en su primera fase y ya se hacía oír, y eso que estoy seguro de que Berlage seguía al grupo con el interés y la curiosidad (pero también la distancia) de un padre o un abuelo.
Berlage propuso la estructura de hormigón armado, como venía haciendo en esta última etapa de su trabajo y de su vida, lo cual es un gesto de fe en el progreso y de ganas de experimentar, llamativo a su edad(1). (El vestíbulo quedaba cubierto por una cúpula de hormigón  armado aligerada por cuarterones; es decir, una cúpula formada por nervios paralelos y meridianos de hormigón armado).

La comisión municipal aprobó el proyecto en junio de 1920 y lo expuso al final de ese año y al comienzo del siguiente. Provocó reacciones a favor y en contra (como todo, como siempre).
En octubre de 1921 el comité consultivo para el museo dictaminó que tenía un tamaño muy grande y que había que reconsiderarlo todo.

lunes, 16 de mayo de 2016

Pabellón de Barcelona: El no ya lo tienes

El otro día Jaume Prat, autor del blog Arquitectura entre otras soluciones, Rodrigo Almonacid, autor del blog de r-arquitectura y yo nos pusimos a charlar en Facebook sobre el mítico pabellón de Barcelona. No tengo ni que decir que me resulta siempre estimulante charlar con estos dos compañeros. Pero es que esta vez fuimos algo más lejos y nos emplazamos a escribir un artículo cada uno y publicarlos simultáneamente, cada uno en su blog. De manera que, para mi gozo y orgullo, el artículo que sigue está ligado o emparentado a los de Jaume (aquí) y Rodrigo (aquí).


Cuando Lola Flores actuó en el Madison Square Garden de Nueva York el crítico del New York Times escribió: “Lola Flores no sabe cantar, no sabe bailar, pero no se la pierdan”.
Pues algo así me pasa con el famoso, mítico, venerable pabellón de Alemania que diseñó Mies van der Rohe para la Exposición Universal de Barcelona de 1929, una de las piezas clave de la historia de la arquitectura moderna: “No es un pabellón, no es arquitectura, pero no se lo pierdan”.


Porque todo eso que no es, todas las cualidades que no tiene, todas esas negaciones son en definitiva argumentos para una afirmación ulterior.
No es un pabellón de una Exposición Universal porque no expone nada. Alemania montó en aquella Expo otro pabellón "convencional" para exponer cosas. Este era otra historia: un mero “sitio” (¿sitio?) para recibir al rey de España y para tenerlo allí un rato, incluso para que se sentara (de ahí la no menos famosísima silla Barcelona, concebida como un trono, uno de los tronos más irreverentes de la historia, en el que, por cierto, el rey no llegó a sentarse), sin el agobio de los cachivaches que se exponían en el pabellón-pabellón, en el pabellón de verdad.


Tampoco era “arquitectura” en el sentido de un recinto “cerrado”, acotado, con una función utilitaria clara. Era arquitectura en el sentido de espacio, de espacio configurado con elementos construidos. Eso sí. Pero el espacio resultante era abierto, inacotado, sutil, variable, dinámico. No era un espacio confinado. No era el interior de una caja, como solía ser lo normal. No era un espacio cartesiano (x, y, z). No; no era un “espacio”. No era “ese tipo de espacio”.
Los elementos constructivos eran la luz, el brillo, el reflejo y la transparencia.
La percepción de todo aquello era laberíntica y confusa, con recorridos laterales y soslayados.


El rey no debió de enterarse de nada. Acostumbrado a la arquitectura áulica, ese paseo que le dieron por esa construcción “inacabada” y “fría” debió de parecerle muy desagradable.




Su autor, ese “arquitecto” tan raro y tan frío, era un fervoroso lector de Oswald Spengler. Por aquella época tenía La decadencia de occidente subrayadísima y con muchas notas en los márgenes. Spengler tenía una visión muy pesimista del tiempo actual, en una cultura ya agotada, que había dejado de serlo hacía ya mucho tiempo para convertirse en civilización, y que había perdido ya la oportunidad de tener un gran arte que le diera voz. También decía Spengler que lo trágico es el tiempo, nunca el espacio.

viernes, 21 de marzo de 2014

Clasicismo, Modernidad y Metafísica china

(El post de hoy es polémico. Pero igual que no me corto en soltar coces a diestro y siniestro, también tengo buenas espaldas y buenas posaderas para recibir las vuestras. No os cortéis en los comentarios. Entiendo que me llevéis la contraria en muchas cosas, pero defiendo con vehemencia mi opinión).

El otro día por Facebook mi amiga virtual Ana Fernández del Prado hablaba de un libro que le habían mandado leer en la asignatura Clasicismo y Modernidad. ¿Cómo? ¿WTF? ¿Pero existe esa asignatura? Al parecer sí. (Lo he buscado y he puesto el enlace. Por cierto; la página está vacía, lo que me parece muy coherente con el concepto "Clasicismo ∩ Modernidad". Es decir: La intersección del "Conjunto Clasicismo" con el "Conjunto Modernidad" es un "Conjunto Vacío").
Sacrebleu! ¡Pardiez! ¡Cáspita! ¡Caracoles! ¡Clasicismo y Modernidad! ¡Y lo dicen así! ¡Y se quedan tan anchos! ¡Clasicismo y Modernidad!
¿Cómo a alguien se le puede ocurrir que la Modernidad tenga algo que ver con el Clasicismo? Es inconcebible. La Modernidad, por definición, por mera declaración de principios, es absoluta y profundamente anticlásica. Y debe serlo. Es su esencia ontológica. No cabe otra cosa.
Se me dirá: "Depende de lo que entendamos por Modernidad y lo que entendamos por Clasicismo, y hasta dónde llevemos el alcance de esos términos". Vale, de acuerdo. Puede que haya una cuestión previa de vocabulario. Entonces, para empezar mi diatriba proclamaré, para que quede muy claro, que yo (llamadme enrevesado) por Modernidad entiendo Modernidad, y por Clasicismo entiendo Clasicismo.
¿Está claro? Es que los términos pueden ser muy ambiguos a veces, sobre todo en boca de gente aviesa y malintencionada. A veces algunos son muy retorcidos, y es casi una misión de caballero andante hablar de lo obvio y decir perogrulladas. (Triste panorama en el que siempre hay que explicar lo obvio).
Aclararé previamente que la Modernidad se tiene que valer de elementos técnicos, de referencias lingüísticas, lógicas, rítmicas, constructivas, etc, que a menudo utilizan herramientas que ya utilizó el clasicismo. Sí, naturalmente. También los arquitectos modernos comen manzanas similares a las que comieron los clásicos, o caminan moviendo las piernas de manera parecida a como lo hacían aquéllos. Nada más.
Vamos a ver: ¿Que la Villa Saboya tenga cuatro fachadas con columnas la hace similar en algo al Partenón?



¿De verdad? ¿Tienen algo que ver? ¿Constructiva, técnica, funcional, formal, espacialmente, tienen algo en común?
Por más que el Corbu, buscando un apoyo culto -que, como todos los poco letrados, creía necesitar-, hiciera dibujos y dibujos de los templos griegos y cantara sus alabanzas ansiando entrar en comparación con ellos, lo que él hacía no tenía nada que ver, nada en absoluto, pero nada de nada, con aquello.
Por otra parte, ya llevan varias décadas cansando quienes quieren ver la base de Mies y su justificación en Schinkel. ¡Por favor! E insinúan que obras como la Galería Nacional de Berlín le deben tributo al Altes Museum.



¿De verdad? Arquitectamos locos? Es verdaderamente para echarse a llorar, y para gritar.
Sí: Tienen columnas rítmicamente moduladas (pero que no tienen un mínimo parentesco estructural). Tienen una escalinata de acceso. Tienen una planta simétrica (en Mies sólo la superior). ¿Y? También tienen fachadas, y cubierta. No tienen absolutamente nada que ver, y a quien no sea capaz de darse cuenta de eso tampoco voy a ser yo capaz de convencerle.
La estructura de Mies niega la de Schinkel. El espacio de Mies niega el de Schinkel. La forma de Mies niega la de Schinklel. Los materiales de Mies niegan los de Schinkel.
Sí. Mies van der Rohe visitó con interés el Altes Museum, y fue aleccionado por Behrens para apreciar la claridad constructiva de Schinkel. Sí. Cuando era muy joven. Y le sirvió de mucho. Reconozco que sus influencias son innegables. Sólo que después pasaron en su vida algunas cosas sin importancia: Conoció la obra de Wright, entró en la Bauhaus (que llegó a dirigir), se relacionó con De Stijl... Nada; cositas sin importancia que de ninguna manera pudieron borrar su apreciación inicial por Schinkel.
Naturalmente que sí: El Pabellón de Barcelona es Schinkel puro.
¡Lo que hay que oír y lo que hay que leer!

(Nota desconcertante: Jaume Prat ha publicado estos días este puñetero artículo justo cuando yo iba por aquí. Me ha dejado descolocado y sin saber cómo seguir. Permitidme que intente terminar esto y no pierda el hilo más de lo que lo he perdido ya. Ignoraré concienzudamente lo que ha escrito Jaume. No sé si por ahora o para siempre. No; para siempre no. Es tan fascinante que he de volver a ello en otro momento).

Mies es otra cosa, siempre sorprendente, incomprensible e inabarcable. Su ansia de perfección platónica es al mismo tiempo un afán de reducción, de esencialidad, de minimalismo. ¿Puede tener esto algo que ver con el clasicismo? Creo que es evidente que no. Cómo plantea los programas, cómo enfrenta los problemas, cómo enuncia los... De Mies hablaremos otro día. Pero vamos: Que no. Que no es clasicista. Quien tenga ojos que mire.
Ah, y otra cosa, que aunque no venga a cuento no puedo dejar de señalar: Mies es primerísima línea mundial, un dios, un hipermegamaxi, y Schinkel es Segunda División B, se ponga quien se ponga como se ponga. Es como si dijéramos que Ancelotti, para tomar ideas para el Real Madrid, va los sábados a ver al Juvenil de la A.D. Illescas, equipo que elijo sólo a título de ejemplo, y no porque en él juegue mi hijo Andrés. Eso no tiene nada que ver. (Anda, Carlo, échale un ojo, que nos sacas de pobres).

jueves, 6 de febrero de 2014

¡Menudo premio!

Stepien y Barnó, siempre liderando el mundo arquitectónico virtual, las redes, la identidad digital y toda esta nueva galaxia extraña y vertiginosa, convocaron en su blog el premio al mejor blog de arquitectura del año 2013.


El premio tiene dos vertientes: la del público y la del jurado.
El jurado, formado por diez personalidades de muy alto prestigio, ha votado y ¡este blog ha quedado en segundo puesto! (ex aequo con otros dos).
Estoy alucinando, como no podría ser de otra manera.
Este es un extracto del acta del jurado. (Aquí).

(Aclaro de paso que tanto los propios Stepien y Barnó como los miembros del jurado tienen unos blogs buenísimos, que se han autoexcluido, lo que me ha allanado el camino en altísima medida. Si los suyos hubieran entrado en consideración nada de esto habría sido posible).

El primer premio, merecidísimo, ha recaído en el blog Arquitectura, entre d'altres solucions, del maestro Jaume Prat Ortells. Un blog imprescindible. Obligatorio.
(Aprovecho para citar un post suyo -aquí- en el que me hizo el gran honor de contestar a uno mío sobre la cabañita de Le Corbusier).

El segundo premio tengo el honor y el privilegio de compartirlo con La viga en el ojo, de Fredy Massad, y con tectonicablog. Blogs de quitarse el sombrero. (Y si no me creéis, echadles un vistazo).

Las cosas buenas vienen así, sin saber cómo, sin que uno crea merecerlas. Lo único que cabe es disfrutarlas.

Enhorabuena a los premiados. Es un honor estar con vosotros.

miércoles, 11 de diciembre de 2013

La cabañita y la higiene sexual

El otro día vi en el blog de stepien y barno una reseña sobre el famosísimo cabanon de Le Corbusier, que a su vez enviaba a una entrada del blog de arqui-ideas sobre aquella curiosa obra.
Estupendo. Y aquí llego yo para decir que ya está bien de tanto cabanon y de tanto cabanon.
Vale, tiene el encanto y la sabiduría de la sencillez. Es una obra limpia, optimista y muy agradable. Pero a los estudiantes de arquitectura os propongo que en uno de los ejercicios que os ponga vuestro profesor de proyectos hagáis este alzado:


Ya veréis qué risa. Menuda notaza os va a poner.
Si los profesores no supieran que ese diseño es del grandísimo Le Corbusier le suspenderían sin remisión, pero como es del maestro hay que babear y arrodillarse.

Cucú. Me asomo por la ventana.
¡Celébritiiiiiiiis!

Esto es lo más importante de la cabaña: El personaje que está dentro,
los dibujos de la pared, la presencia del genio.

Sin él, sin su presencia, ¿qué queda?

El gran poeta y editor Carlos Barral desestimó el manuscrito de Cien años de soledad de García Márquez. Le pareció una novela confusa y floja. ¿Por qué cometió un error tan garrafal un editor tan fino, tan culto y tan inteligente? Yo creo que por un solo motivo: porque no pudo prever que esa novela Cien años de soledad iba a acabar siendo Cien años de soledad, ni que su autor, aquel Gabriel García Márquez, iba a terminar siendo Gabriel García Márquez.
Nosotros jamás podremos leer esa novela como la leyó Carlos Barral, porque para nosotros ya es Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, desde antes de empezar a leer la primera página.
Con el cabanon pasa lo mismo: Antes de mirarlo con cuidado ya sabemos que es de Le Corbusier, pero si fuera de un autor desconocido no le haríamos ningún caso.


Pero, aparte de la fascinación que produce saber que el autor es un personaje muy importante, la cabaña no tiene mucho que ver con la novela: La cabaña es una obrita muy muy menor, mientras que la novela es uno de los pilares de la historia de la literatura.
Más que con Cien años de soledad, yo al cabanon le buscaría un paralelismo con la higiene sexual.