martes, 21 de julio de 2026

Rapidísimo

Ha sido rapidísimo, fulgurante. El jurado del concurso de arquitectura para el Museo Nacional de Ecuador eligió el proyecto que consideró mejor y en el acto "la gente" empezó a protestar con gran energía, diciendo que ese proyecto era una mierda.

Asustado por la reacción, y ayudado porque a él tampoco le gustaba el proyecto ganador, el ministro dijo en seguida que el fallo del jurado quedaba anulado y que la gente (los aficionados, la sagrada ciudadanía) elegiría otro de entre los diecisiete que habían quedado finalistas. Bueno, de entre los otros dieciséis, porque al ganador ya le daban la patada.

También muy deprisa, el director del museo y la viceministra dimitieron. Se ve que les quedaba algo de dignidad.

Y, hablando de dignidad, trece de los dieciséis estudios de arquitectura invitados a esa segunda vuelta declinaron la invitación por no considerarla ni ética ni justificable. Pero tres dijeron que sí, y se prestaron al apaño.

Dos de ellos, aparte de demostrar su nula decencia, hicieron el santo ridículo, porque estaba cantado que no les iban a dar el premio.


De entre los comentarios que entresaqué el otro día, ya se notaba que la afición se decantaba por el japonés, y ese, oh, sorpresa, ha sido el ganador. Todo rapidísimo.

Yo también estoy escribiendo de urgencia, muy deprisa, y lo hago para comentar dos cosas:

La primera es que "menos" nunca ha sido "más" ni nunca lo será. Como decía otro de los comentarios que vimos el otro día, no quieren minimalismo, sino maximalismo. Y entre un proyecto que era "una caja de cemento"[sic] y otro que son curvas y más curvas, terrazas ajardinadas y volúmenes variados, la gente se pronunciará siempre por lo segundo. Dame más y más y más: jamón y merluza y salmón y alcaparras y chocolate y cebolletas y salsa tártara y aceitunas y huevos duros y mantequilla y coco y salami y arenques. Todos sabemos que si mezclamos todo esto nos saldrá un plato delicioso, y, si mezclamos quince ingredientes más, pues mucho más delicioso.

La segunda es que me pregunto quién ha votado en esta segunda vuelta. Cómo se ha organizado el Eurovisión Bis con su voto telemático. La experiencia que tengo en cosas parecidas me demuestra que no suelen votar los más criteriosos, sino los más zumbones. Pero no lo sé. No sé cuántos votos ha habido, ni de quiénes. (No quiero decir personas concretas, sino qué tipo de personas, qué colectivos, qué cuerdas). Y, como corolario, también me pregunto cómo se ha velado por la limpieza del proceso (toda vez que se pueda intentar tener limpieza en algo que nace tan turbio).

La tercera es que esto da una puñalada más a los concursos de arquitectura y se ríe en la cara de los ingenuos estudios que se presentan a ellos. Cada vez se parece más al Premio Planeta de novela: se presentan muchas obras, pero solo una sabe de antemano que va a ganar. Todas las demás sueñan con una especie de justicia estúpida que va a caer milagrosamente sobre ellas. Y claro que cae justicia, pero no estúpida.

La cuarta es la consternación que me produce, una vez más, constatar que el sentido común de la "gente sana", de la "buena gente", no es más que un cúmulo de prejuicios y de ideas infundadas y preacuñadas. Siempre vamos a lo fácil, a desmontar cualquier obra maestra con un par de observaciones ignorantes y a elegir cualquier obra superficial precisamente por sus virtudes superficiales.

(Esta es una reseña de una de las novelas que más me ha impresionado en los últimos años. Ni siquiera es muy difícil de leer, pero reconozco que exige atención y dedicación. Demasiado esfuerzo para alguien que ni se molesta en intentar entenderla). (Esto es una muestra entre tantísimas. Últimamente me estoy aficionando a leer reseñas de lectores por puro morbo). (Ah, y en el caso de esta novela, la mayoría de las reseñas son elogiosas, pero sí que hay varias en esta línea denigrante).

Y la conclusión (no menos apresurada): Al final queda claro que los concursos de arquitectura son un buen sistema para elegir un proyecto siempre y cuando no haya favoritismos, filtraciones de la identidad de algún autor, intereses inconfesables, jurados incompetentes, días de frío, días de calor, incertidumbres, humedad alta, humedad baja, ansiedades, mucosidad, tos, fiebre, deseos de grandeza, opiniones encontradas, almácigas, rapsodas, cuchufletas, otorrinolaringología o tensión sexual no resuelta. Por lo demás, todo bien.

EL ECUADOR ¡YA ELIGIÓ!
(Ahora ya sí que sí. De verdad de la buena)
(Solo hemos tenido que hacerlo dos veces
para que saliera el que nos gustaba)

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