viernes, 20 de febrero de 2026

Supermanes con caspa

Me acaban de llamar del ayuntamiento de Tabardillo para decirme que tienen un PHH (Programa de Hactuación Hurbanizadora(1)) de hace veinte años, cuyo autor soy yo, y que yace en una especie de armarito-estantería sin que nunca nadie haya hecho nada con él, así que quieren proceder a su archivo.

Tabardillo. Sector A3. Año 2006. A nombre de Promociones Penegordo. Uf. Ni idea. No recuerdo nada. Me van dando pistas y poco a poco, muy vagamente, voy evocando aquellos años en que todos éramos supermanes con caspa. 

(La caspa entonces no nos la veíamos, pero
ahora, con la perspectiva de los años,
comprobamos que estábamos sepultados en ella)

Cuando he consultado mi archivo y he ido recordando, me ha dado incluso vergüenza retrospectiva. Tanta que, como en muchas otras ocasiones, voy a usar este blog para hacer un enésimo ejercicio de catarsis.

Me acaban de enfrentar a mi yo de hace veinte años. Un yo al que no sé si me sigo pareciendo después de tantas decepciones y de tantos nuevos propósitos. Éramos todos tan guapos... Olíamos tan bien...

¿Era yo ese? ¿Eramos nosotros esos? ¿Pero qué nos habíamos creído?

Resumo rápidamente. Tabardillo. 1500 habitantes que viven de la agricultura. Veinte kilómetros de una carreterita insufrible hasta llegar a la autovía que lleva a la remota capital. En 2006 tiene unas normas subsidiarias con más de quince años, ya por entonces claramente ineficaces, que señalan en el plano unos cuantos sectores de suelo urbanizable que nadie nunca ha intentado desarrollar. Pero estamos en la España de la locura y a unos promotores se les ocurre una brillante idea.

Tabardillo tiene que crecer, y crecer muchísimo. Su situación, en medio de... la nada, es envidiable. Y tan cerca de la capital (unas dos horas y media cuando no hay tráfico; bueno, al menos en los cien primeros kilómetros nunca lo hay). Un lugar tan atractivo, donde todo el mundo va a querer vivir.

Deciden desarrollar el sector A3, pero las normas subsidiarias solo prevén en él noventa y siete viviendas unifamiliares. Ah, no. Eso, como de verdad de verdad va a quedar bien, es con ochenta y cinco mil viviendas.

Aparecen por el ayuntamiento, se lo dicen al alcalde y a este se le caen los empastes. ¡Ochenta y cinco mil viviendas! Un alcalde sin ni siquiera sueldo, que ve de pronto a su pueblo en el mapa. Por fin. Y con un punto bien gordo. Por su parte, el concejal de obras y urbanismo, que hasta ahora solo lo ha sido de lo primero, mirando si la tía Remedios termina de enfoscar su desconchón, se dispone a ver cómo se van a levantar una porrada de rascacielos.

Porque, naturalmente, habrá que hacer una modificación puntual de las normas subsidiarias para el sector A3. Cambiarán la tipología de vivienda unifamiliar por la de vivienda multifamiliar rascacielosa. Altura máxima cincuenta plantas. Bueno, o mejor cien. Avenidas de cuarenta y siete carriles en cada sentido. Zonas verdes con lagos artificiales. O incluso naturales. Un AVE a la capital, con estación allí. Autopista de peaje. Central nuclear para dar energía a todo el sector. Un embalse. Un parque temático. Y una catedral que será consagrada por el mismísimo Papa de Roma(2).

El alcalde no se lo podía creer, pero Promociones Penegordo le enseñó un folleto que tenía hasta renders y se lo llevó a comer al único restaurante de la capital que tenía sesenta y cuatro estrellas Michelin(3).

La tarde fue deliciosa para todos, y al día siguiente ya me estaban llamando por teléfono. Acordamos una cita y me encargaron el PHH del sector A3 de Tabardillo. También me enseñaron el folleto (que era una porquería incoherente hecha con imágenes de segunda mano, de desecho de tienta y sin pies ni cabeza), me contaron todo lo que queda dicho y me pidieron un presupuesto de honorarios.

Aquello era un despropósito sin sentido, pero cuando empecé a echar números para hacerles mi oferta y vi que el resultado no me cabía en la pantalla de la calculadora me puse nervioso de verdad. Salía la "notación científica"; ya sabéis: la que tiene exponentes de diez.

Tomé un papel y, con mucho cuidado, escribí ese 1,465557557 y corrí la coma tantos lugares como el exponente. Cuando se me acabaron las cifras empecé a añadirle ceros. Lo repetí seis veces, convencido de que me había equivocado, de que ese número que salía no podía ser. Pero estaba bien.

Desperté en una camilla del 112. Oía a alguien decir: "Las constantes se están equilibrando. Ya vuelve", y dos enfermeros me daban bofetadas en la cara.
-¡Bueno, vale; estense quietecitos!

Llamé a Promociones Penegordo para quedar y contarles lo de mis honorarios, y desde varias horas antes de la reunión ensayé lo que les iba a decir y cómo se lo iba a decir. Cuando finalmente llegó el momento les dije la inconcebible e impronunciable cifra total, y al empezar a desglosar la forma de pago -"En el momento de la firma del contrato sería un diez por ciento del total como provisión de fondos"- me interrumpieron para decirme que no estaban del todo de acuerdo con mi planteamiento(4).

No me discutieron la cantidad final total (no sé si la entendieron; yo, por mi parte, no la entendía), pero sí, radicalmente, la forma de pago, que tenía que ser "por objetivos alcanzados".

Objetivos, lo que se dice objetivos, no se alcanzó ninguno ni remotamente, porque nada más presentar el documento en el ayuntamiento llegó la crisis y todo se desinfló en un instante. El ayuntamiento lo había registrado y remitido a la comunidad autónoma, y cada una de las consejerías de esta, con el ritmo acostumbrado, fue remitiendo su informe lleno de emocionantes sugerencias, pero Promociones Penegordo había desaparecido para siempre jamás varios meses antes de que estos informes empezaran a llegar.

Creo recordar -vamos, estoy prácticamente seguro- que al menos les había conseguido sacar que me pagaran los gastos, y no tuve que poner yo dinero de mi bolsillo.

El ayuntamiento me ha llamado ahora porque después de tantos años están haciendo limpieza y se han encontrado ese expediente, en el que no se ha hecho absolutamente nada desde entonces, ni siquiera archivarlo. Me dicen que van a proceder a su archivo y que tienen que notificar a los promotores. Que si tengo yo su teléfono o algo.

Tabardillo sigue teniendo más o menos sus mil quinientos habitantes. Creo que ha bajado un poco, pero apenas nada. Y a estas alturas digo yo que la tía Remedios habrá enfoscado su desconchón. Bueno, a ver cuántos años tendrá ya la buena mujer.



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(1).- Para el concepto de hurbanismo y todo lo que conlleva, véanse esta entrada y esta.

(2).- A lo mejor estoy exagerando un poquitín respecto al PHH que redacté para el sector A3 de Tabardillo, pero os juro que en una actuación real en un pueblo real, también con una innovación bestial del planeamiento, el promotor llegó a prometer una catedral que vendría a consagrar el Papa. Os aseguro que es verdad.

(3).- En una comida como esa, y eso sí que lo he vivido yo, un alcalde pidió una botella "de un vino tinto que estuviera muy rico", y otra de gaseosa La Casera muy fría, para mezclar. Los de la promotora, sin torcer el gesto, dijeron que Vega Sicilia, y el alcalde asintió. "Ya sé que a muchos les parece una barbaridad 'estropear' un vino bueno con la gaseosa, pero si a mí me gusta el vino con gaseosa, digo yo que cuanto mejor sea el vino mejor será la mezcla". "Por supuesto. Claro que sí", contestaron los tres ejecutivos. Repito: eso sí lo he visto yo.

(4).- La expresión exacta de Antonio María de los Dolores Sánchez de Velasco y Sotacaballo de Sanchidrián, presidente de la entidad mercantil, fue "los cojones treinta y tres".

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