¿Tenéis hijos? ¿Y qué queréis para ellos? (Y aunque no los tengáis, imaginaos qué querríais si los tuvierais). Pues, claramente, que sean felices. Que estén sanos. Que sean buenos. Que sean inteligentes. Que sepan ganarse la vida para vivirla sin agobios... Tantas cosas.
Roberto Fontanarrosa (el Negro Fontanarrosa) fue un escritor, historietista y humorista (en el más amplio y alto sentido de la palabra) argentino. Gran aficionado al fútbol (fanático del Rosario Central) y formidable conversador y filósofo de lo cotidiano.
Yo he estado en varios grupos amplios de compañeros (de distintos ámbitos) de los de comida mensual o bimestral, o incluso anual. Y en todos ellos (supongo que conocéis la sensación) siempre hay alguien que "ay, Dios, que no me toque con ese", porque sabes que se echó a perder la comida y se fastidió el plan, mientras que también hay varios que te alegra que hayan venido y que estás deseando que te toque a su lado porque sabes que te lo vas a pasar en grande y que vas a disfrutar mucho, y que va a fluir el cariño mutuo. Es justamente eso.
Cuando llega el momento de sentarse a la mesa hay unos instantes de tensión insoportable, de regates y recortes como en el juego de la silla, en los que a veces sales triunfador y te sientas con Paco o con Margari (son nombres supuestos), qué alegría, pero a veces la cagas y te toca con Luisa o con Juanocho (también son nombres supuestos). Qué faena. De una casualidad u otra depende que sea un gran día o un día de mierda.
Es lo que dice Fontanarrosa. Llega Fulano y giras la cabeza ilusionado, "¡Hombre, ahí está Fulano!", y se te forma una sonrisa de lado a lado de la cara. Y quieres hablarle, saludarlo, abrazarlo. Llega Mengano y "¡Ostras, Mengano! Tierra, trágame!" La fastidiamos.
Yo tengo muchísima suerte. En general detecto que la gente se alegra de verme. Y este blog también la tiene, y os lo agradezco mucho(1). Sentir esto me hace infinitamente más rico que el de los coches eléctricos y los cobetes y que el de los repartos comerciales amazónicos.
Cultivo la amistad con mimo y cuidado. Tengo amigos antiguos, de toda una vida, y también hago amigos nuevos. Es lo más gratificante del mundo. No son demasiados. (Nunca son demasiados). Les dedico tiempo, atención y cariño, y ellos a mí incluso más. Nos queremos. Nos interesamos. Nos acompañamos. Sé que se alegran cuando me ven llegar como yo me alegro cuando los veo a ellos. Alguno sé que está leyendo esto, y por lo tanto no me voy a extender más(2).
Miro a mis hijos. Sí, son buena gente. Sí, están sanos. Sí, son felices. Sí, están en camino de vivir por sus propios medios y de saber ganarse la vida. Pero, sobre todo, cada vez que llegan, sus amigos se alegran mucho. Hasta en eso he tenido suerte.
Hoy es viernes. Mañana sábado he quedado a cenar con unos amigos y ya estoy con la sonrisa colgándome de la cara pensando en ellos. Y sé que ellos también pensando en mí. (Sí que soy rico, sí).
Leo siempre tú bloj aunque sea de temas sobre arquitectura, siempre aprendo algo. Pero algunos como este me llegan especialmente. Soy de las que se alegra cuando te ve venir. Gracias
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