lunes, 3 de agosto de 2026

Piscinas para idiotas - 2

Esta es la entrada que quería escribir el otro día, pero ya visteis cómo me engancharon los de la tele y me descabalaron mis planes. En todo caso, sí me dio tiempo a deciros que el agua pesa, que la estimación que hacemos los arquitectos (guiados por la norma) cuando calculamos la estructura de un edificio residencial es que sobre la terraza haya una sobrecarga de uso de 2 kN/m2, y que eso equivale a una piscina portátil con no más de 20 centímetros de altura de agua (sin tener en cuenta el propio peso de la piscina, que suele ser muy ligero).

Por lo tanto, poner una piscina no prevista ni calculada sobre una terraza existente es peligroso (ya que suelen tener bastante más de 20 cm de agua). No quiero decir que vayan a hundirse necesariamente. Es más, la inmensa mayoría de piscinas no se hunden, pero reducen el margen de seguridad que nos permite a todos dormir tranquilos y pueden producir daños de mayor o menor consideración.

En todo caso, poner una piscina portátil en una terraza y llenarla de agua es una idiotez. Son, verdaderamente, piscinas para idiotas.

El problema estructural desaparece cuando la vivienda es unifamiliar y podemos plantar la piscina en el terreno. Estupendo. Pero si no se trata de una vivienda exenta con buen parcelón, sino del típico adosadito, nos cargamos el patio para siempre.

Adosados con patios enanos de
los que se adueña la piscina. 

Claro, que para qué sirve un patio si no. En muchas casas no se sale a él nunca. Así que por lo menos una piscina se celebra durante los diecisiete meses anuales de verano a los que vamos tendiendo. Pero también estas son piscinas para idiotas. Todas las piscinas vinculadas a una sola casa son piscinas para idiotas.

No quiero insultar a nadie, pero la RAE no me permite otra opción que el insulto. A mí la etimología y la evolución de la palabra "idiota" me parecen fascinantes, pero en la actualidad el DRAE pasa de puntillas por ella y solo le da cinco acepciones a ese término, las cinco denigrantes y ofensivas:


1) Tonto, corto de entendimiento, 2) engreído sin fundamento, 3) propio de la persona idiota, 4) que padece idiocia (trastorno producido por una deficiencia muy profunda de las facultades mentales) y/o 5) que carece de instrucción. Ya digo que no era esa mi intención. Ninguna de esas acepciones va al origen y, sin embargo, todas vienen de él.

Idiota viene del griego  ἰδιώτης (idiṓtēs), que significa "lo propio" y se refiere a "lo mío particular" (de ahí, por ejemplo, idiosincrasia, idiolecto, idiográfico). En la antigua Grecia, idiota era quien no se interesaba por la política; es decir, quien solo se preocupaba por lo suyo y no por lo colectivo. Idiota es quien tiene un fuerte sentimiento de lo individual y ninguno de la colectividad. Idiota es quien prefiere no pagar impuestos, aunque no haya ningún servicio público, quien prefiere pagar el colegio de sus hijos, y también pagar el hospital vía factura el día que lo necesite, y no vía impuestos o cotizaciones cada año o cada mes.

Es fácil entender cómo esta actitud (idiota = individualista) derivó en seguida a significar la propia de un tonto, de un corto de entendimiento, de un engreído sin fundamento y de todo lo demás que dice el DRAE. Porque si no quieres que haya nada público, ¿también te vas a hacer tú tu propia carretera, comprando los terrenos que sean necesarios para pasar por ellos y construyendo la calzada, los puentes y todo lo demás, cuando quieras ir a ver a tu tío Antonio? Es tan absurdo que no merece la pena buscar más ejemplos. Y, sin embargo, muchas poblaciones han decidido ser gobernadas por gente que defiende ese tipo de cosas. Son, en el sentido etimológico del término, idiotas. (Y en los cinco de la RAE también).

Volvamos a las piscinas. Si con mi ejemplo idiota sobre los idiotas tendríamos ochenta mil carreteras Madrid-Toledo, con este de las piscinas tenemos mil en cada urbanización por cada mil viviendas. ¿Por qué no liberar espacio en los patios particulares, economizar, ahorrar trabajo y construir una gran piscina para toda la urbanización? Porque no. Porque somos idiotas.

Colectivo es comunismo. Yo quiero mi piscina para bañarme cuando me dé la gana, incluso de madrugada, no tragarme los meados de nadie y no tener que soportar a nadie. Estoy mejor solo que mezclado con mis vecinos. Soy idiota (al menos en el sentido griego clásico).

"Es que si yo quiero bañarme a las dos de la madrugada, en la de casa puedo hacerlo y en la pública no". Pero vamos a ver, Asprenato(1): ¿Cuándo te has bañado tú a las dos de la madrugada en tu piscina? Ah, sí, ese día que llegaste borracho y además te pusiste a gritar y a escandalizar a tus vecinos, que tuvo que venir la policía local y todo. (Por cierto: vecinos y policía, algo a exterminar en el universo idiota).

Ventajas: La piscina pública, pagada entre todos con nuestros impuestos, es mucho más grande y tiene muchos más servicios e instalaciones que la que podemos tener en casa. No tenemos que limpiar el fondo, cambiar los filtros, poner el cloro, comprobar el pehache ni realizar todos esos trabajos esclavizadores que conoce tan bien cualquier propietario de piscina, porque alguien los hace por nosotros. Si se rompe algo ya habrá quien lo arregle. No somos anfitriones de nadie, ni, por lo tanto, tenemos que sacar cervezas, poner el fútbol ni atender visitas. La cuenta total per capita es mucho más barata que con la privada.

Inconvenientes: Ostras, ese de ahí es Eufronio(2); voy a tener que saludarlo. Y aquel otro parece de los que se duchan solo los sábados, y si un sábado tiene cualquier obstáculo empalma quince días(3). ¿Se va a mear dentro ese gañán? La piscina cierra justo a la hora en que a mí me apetece bañarme. Uff, esto está lleno de gente; aquí no se puede ni nadar; me voy a mi piscina de 3 x 4 m2.

(Estoy pensando que quizá he hecho mal en poner primero las ventajas y luego los inconvenientes de lo público. Me quedo con el mal sabor de boca de estos últimos y me siento profundamente idiota, tanto etimológica como realacadémicamente).

Qué difícil es el equilibrio entre la libertad individual y el contrato social, entre el idiota y el civilizado, entre el homo ad proprium commodum proclivis y el homo politicus, y en menudos charcos me meto. (O en menudas piscinas tanto privadas como públicas).


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(1).- Entrada escrita el día 3 de agosto de 2026, festividad de (entre otros) San Asprenato de Nápoles (siglo III), primer obispo de la ciudad.

(2).- San Eufronio de Autun, otro de los que se celebran hoy. Siglo V. Obispo que edificó una basílica en Autun (Galia Lugdunense) en honor a San Simforiano, mártir, y embelleció el sepulcro de San Martín de Tours.

(3).- Eterno chiste de Guillermo Fesser en el programa Gomaespuma, de Antena 3 Radio, allá por los benditos años 1980s. Lo decía siempre de sí mismo: "Yo me ducho los sábados, y si un sábado no puedo empalmo quince días".

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