domingo, 13 de septiembre de 2026

La IA (reductio ad absurdum)

Acaba de empezar el nuevo curso, y confieso que mi primera experiencia ha sido de bajona: nos hemos reunido para que nos contaran que en todos los trabajos evaluables cada vez es más frecuente la presencia de IA (Inteligencia Artificial) y que esta no se usa como una herramienta que ayude, que haga búsquedas, que proporcione datos, incluso que proponga líneas, sino directa y rotundamente como un sustituto total del estudiante humano. Es decir, que haga ella todo el trabajo y que este se presente así, sin más, para obtener una calificación suficiente y quitarse de encima la asignatura.

La IA es imparable, y avanza con una velocidad de vértigo. En meses evoluciona de forma impensable, de modo que lo que creíamos poder entender -e incluso soñábamos con ser capaces de controlar- el curso pasado, en este ha pegado tal cambiazo que vuelve a pillarnos con la guardia baja y la cara de tontos.

Hablamos de qué podemos hacer, qué estrategias podemos tomar, qué debemos exigir a los estudiantes... pero yo empiezo a disparatar y me salgo de plano con mi imaginación.

En nuestra profesión, la IA ya hace planos, y los hace con bastante buen criterio. Ya diseña, ajusta, calcula... sabe hacer de todo. Por lo tanto, no podemos tolerar que sea la IA quien le haga la carrera de arquitectura al estudiante y este pase por ella sin aprender nada ni saber hacer nada.

Pero supongamos que, en efecto, el estudiante consigue engañar a todo el mundo y superar todos los controles de la carrera (grado + máster) a base de ser permanentemente suplantado por la IA. Obtendrá su título de arquitecto y se dispondrá a trabajar haciendo proyectos de edificios, planes urbanísticos, tasaciones, informes, peritaciones, etc., dándole siempre al botoncito de la IA, que hará unos trabajos pulcros y profesionales, bien hechos e incluso sin las pequeñas (y a veces grandes) incoherencias y contradicciones de los trabajos humanos.

Yo estoy seguro de que en nada de tiempo la IA podrá hacer arquitectura mucho mejor que la que hacemos el 90 % de los humanos. Es más: le preguntará al cliente cómo quiere su casa, qué estilo le gusta, y en segundos le propondrá varias opciones. El cliente elegirá una inicialmente, sobre la que propondrá algunos cambios, e inmediatamente la IA le dará una versión corregida que ya estará plenamente a su gusto. Por supuesto que este diseño cumplirá la normativa urbanística que hay sobre el solar y todos los miles de demás normas que ningún ser humano es capaz de conocer en su totalidad.

Sobre ese diseño calculará una estructura, unos conductos de aire acondicionado, unos paneles solares, una red de desagües... todo todísimo, y bien calculado y pensado. Y dibujará los planos, escribirá la memoria con sus inacabables anexos, hará el estudio de seguridad y salud... Todo. Ya está hecho el proyecto. Voilà.

Menudo chollo.

Pero vayamos un paso más: Si eso es así, ¿entonces para qué hará falta que el cliente contrate a un arquitecto? Él mismo también tendrá acceso a la IA y le pedirá el proyecto a ella.

Tan solo hay un pequeño detalle: En España ahora (repito: aquí y ahora; no en todas partes ni todo el tiempo; en España -y otros sitios, pero no todos- y ahora) los arquitectos tenemos lo que se llama "reserva de actividad". Esto quiere decir que para hacer una casa es imprescindible contar con un arquitecto, y que ningún otro titulado (o no titulado) puede hacerlo. Por ello, si quieres construir una casa tienes que pedir una licencia en el ayuntamiento, y este te va a exigir un proyecto redactado por un arquitecto colegiado. Pero todo esto se irá a la porra en nada cuando la IA sea capaz de hacer lo que he contado antes.

¿Quién necesita un arquitecto habiendo IA? La reserva de actividad justifica que ante el acto de construir un edificio, que puede tener consecuencias muy lamentables si no se hace bien, haya técnicos RESPONSABLES a quienes se les pedirán cuentas si pasa algo no deseable. En otros países esto se solventa con un seguro. Si un particular, para hacerse su casa, demuestra que tiene suscrito un seguro que responde de todas esas eventualidades, se le concede la licencia. Es el seguro, pues, quien supervisa el proyecto para ver si se atreve a hacerse cargo de los riesgos.

Pues en cuanto las compañías de seguros tengan un listado de IAs reconocidas como fiables y tú hayas recurrido a alguna de ellas, te darán el ok. Y si has usado otra pero la del seguro lo ve todo correcto, también.

De manera que pensar si un estudiante usa la IA en su carrera me parece una cuestión bastante inane. No es ese el problema, sino el de... no lo sé. No tengo ni la menor idea.

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