viernes, 16 de octubre de 2026

La arquitectura como falacia

Me repito, sí, pero es que todo en mi entorno se repite mucho. Por ejemplo: He estado paseando por una urbanización de chalés y he visto que las puertas de los armarios eléctricos estaban chapadas de un falso ladrillo visto que imitaba los cerramientos de las parcelas. Pero es que en seguida he visto que uno de esos cerramientos estaba desconchado y que el pie de ladrillo visto a tizón no era tal, sino un revoco decorativo aplicado a un muro tosco enfoscado, de manera que la imitación no era solo la de las puertas, sino las de todas las tapias. Y así he constatado, una vez más, que, si no toda, casi toda la arquitectura es una falacia.

En toda o casi toda la arquitectura se tapan ciertos elementos y se cubren con otros más dignos. Solemos esconder la estructura, las canalizaciones de las instalaciones, ciertos elementos de fábrica, carpintería, remate, etcétera, en aras de la "estética" o de la "dignidad" de la obra. Son necesarios, son imprescindibles, pero los tapamos. Es como avergonzarte del trabajo de tu padre: útil, sí, capaz de conseguir el sustento de tu familia, sí, pero poco glamuroso.

Pero es que los escasos arquitectos que dejan sus obras desnudas por un afán de sinceridad, y en las que se ven todas las tosquedades e imperfecciones propias de los distintos oficios, tampoco terminan de complacernos. (Y además a casi todos se les nota un afán de suficiencia en esos gestos igualmente innecesarios). (O sea, que no hay solución: ni me vale lo uno ni lo contrario).

Ya he dicho muchas veces la frase (que, por más que he intentado comprobarlo, sigo sin saber si es de Santo Tomás de Aquino o de Platón) "la belleza es el resplandor de la verdad", y cómo, según yo la interpreto, ni admite mentiras ni tampoco la verdad desnuda, sin resplandor. Y, por lo tanto, según eso, admito la decoración, el embellecimiento incluso cosmético, pero siempre que responda de alguna manera a la esencia de la obra: a su "verdad". (¿Y eso qué porras es?)

Sobre esto, como digo, ya he escrito varias veces. Pero es que podríamos dar un paso más y cuestionarnos la arquitectura como "arte" en el peor sentido de la palabra. Quiero decir como cosa romántica, falsaria, bella (también en el peor sentido de la palabra), glamurosa, tierna, masturbatoria, mamarracha (y en ese caso me permitiría llamar "mamarrachas" incluso a las obras que más admiro, porque las admiro por la belleza, el estilo, e incluso la alegría que me transmiten, antes de reflexionar sobre el resbaladizo tema de que me provocan una serie de sensaciones -belleza, estilo, alegría- falsas, preacuñadas, prejuiciosas, que me han sido inoculadas desde la escuela por toda una tradición de sacerdotes y de beatos de una secta. ¿Y si la verdadera arquitectura, la buena arquitectura, la única tolerable, fuera otra cosa? ¿Y si la arquitectura no fuera un "arte" en el sentido en que lo interpretamos, sino un servicio público y una forma de conocimiento? O yo qué sé).

Mientras me asomo a este abismo al que no quiero asomarme me encuentro con chorradas como las de esos armarios de contadores que he dicho, que de primeras me enfadan, pero la verdad es que si las relativizo un poco me acaban haciendo gracia e incluso infundiendo ternura. Y, ya puestos a epatar, las puedo considerar tan inválidas (¿o tan válidas?) como otras cosas que siempre hemos admirado. (¿Y por qué no chapar con falso ladrillo visto las puertas de un armario, si desde el comienzo de nuestra cultura se han chapado con triglifos y metopas las testas de las vigas?) 

Y luego hay verdaderos chistes, como este:

Esta imagen me la ha proporcionado Barba Tang
(@barbatang.eurosky.social) en Bluesky.

Aquí ya te tienes que reír. Cómo es posible ser tan ridículo. Qué pretenden hacernos creer. A quién pretenden engañar.

Desde un punto de vista estético-real, el aparato de aire acondicionado es tan hermoso como el ladrillo, e incluso puede que más admirable aún porque es mucho más sofisticado y complejo. Querer camuflarlo hacíendolo pasar por ladrillo, es tan disparatado que se salta las barreras del decoro y del quedar bien y entra en una galaxia aparte. (Y lo de la moldura tapatubos tapada a su vez por el forro ladrillero es una metáfora no sé bien de qué, pero una metáfora).

Aparte de que es una mentira que quien la emplea ya sabe que no engaña a nadie. ¿Entonces por qué la emplea? Puede que para dar una vuelta extra al giro semántico. Es tal cual la estructura de un chiste. Y un buen chiste puede que sea uno de los mayores logros del intelecto y del lenguaje humanos.

Así pues, la arquitectura no parece comulgar con la antes citada frase del resplandor de la verdad, sino más bien lo hace con la falacia de la mentira.

Pero si le damos unas vueltas a los conceptos semánticos postestructuralistas que pensadores como Umberto Eco se esmeraron en explicarnos con humor y lucidez, podemos acabar concluyendo que la arquitectura no es sino una más de las actividades del ser humano, y su significado es el propio de la falacia humana.

¿Entonces, para qué la arquitectura? No lo sé. No tengo la menor idea.

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